viernes, 25 de mayo de 2012

Capítulo 3


Entramos en la escuela de la Magia, era un edificio gótico precioso, un poco oscuro, pero bonito. Estaba lleno de cuadros de pintores modernistas, cosa que llamaba mucho la atención ya que no pegaba nada con el resto del edificio, serio y poco colorido.
Tras decir nuestros nombres y demás datos, nos sentamos todas en unas butacas rojas de cuero.

-Es un edificio precioso del gótico,-susurró Lidia- es de estilo artístico comprendido entre el románico y el renacimiento, que se desarrolló en Europa Occidental, en la Baja Edad Media, desde finales del siglo XII hasta el siglo XV, aunque más allá de Italia las pervivéncias góticas continuaron hasta los comienzos del siglo XVI.

Después de hablarnos sobre el gótico como si fuera la mismísima Wikipedia entró una señora de edad avanzada, no era bella pero tenía algo que la hacía especial.

-Vosotras debéis ser la nuevas alumnas-dijo aquella señora- yo soy Dafne, la directora, encantada de conoceros, seguidme, os voy a enseñar vuestra habitación. Hay habitaciones de muchos tamaños, grandes para muchas personas y pequeñas para solo un par. Creo que preferiréis una para vosotras cinco, pero si preferís puedo daros individuales.

-Por mí la de cinco va perfecto-dije.
Todas asintieron y me sentí como una mama pato, con todas sus hijitas asintiendo y siguiéndola.
Había 4 enormes plantas, el rellano donde estaban algunas de las clases más grandes, el primer piso donde estaban el resto de las clases, el segundo piso donde se alojaban las chicas, el tercer piso donde se alojaban los chicos y el último piso donde estaban los profesores.

Entramos en la habitación, era perfecta, sensacional, era antigua y delicada, las paredes estaban pintadas de color crema, el suelo tenía baldosas de color blanco y negro, en el techo había unos bellos frescos de ángeles. Había unas estanterías de madera y una estantería llena de libros, dos literas de hierro forjado y una litera con estudio por debajo. Un enorme armario empotrado de madera que ocupaba toda una pared y una mesa redonda con cinco sillas de madera también. Sobre la mesa había un jarrón con amapolas rojas y había un gran ventanal que daba al patio interior de la escuela. Había una puerta, que debía dar al baño y otra puerta que debía dar a un salón o algo así.
Fuimos por aquella puerta y había otra mesa, esta era cuadrada y tenía 6 sillas, al lado había una pequeña cocinita muy mona, y una ventana que daba a la calle.


-Es preciosa.-exclamamos las cinco a la vez.
-Sabía que os iba a gustar-dijo Dafne- podéis poner los cuadros,pósters, collages o lo que queráis para adornar las paredes. Mañana empiezan las clases tenéis en el cajón del escritorio el formulario de las optativas y acordaos de que hay que entregarlo hoy.
Recordad que aquí no hay comedor vosotras tenéis que hacer vuestra propia comida con cuidado. Los horarios estarán hechos mañana por la mañana, que disfrutéis de la escuela de la Magia.

-Adiós Sr. Dafne.-dijimos.

Cuando se fue empezamos a hablar.

-Yo quiero la litera apartada con estudio- dijo Violeta.
-De acuerdo, pues solo queda desmontar toda la maleta,darnos una ducha y empezar a investigar que asignaturas tendremos- dijo María.
-¡Qué nervios!- dijo Camila.
-Ya te digo-dijo Lidia, sonando muy poco a ella.

Empezamos a desmontar las maletas, a poner cuadros y pósters, a rellenar estanterías con libros, y después de descubrir que la nevera y la despensa estaban llenas de comida nos sentamos en la mesa y abrimos los sobres donde figuraban las optativas. Lidia leyó en voz alta:
-Iniciación a los hechizos o aprendizaje acerca de brebajes mágicos, Iniciación al vuelo o al tele-transporte.
-Yo elegiré hechizos y vuelo.- dijo Camila.
-Yo, eh...hechizos y tele-transporte -dijo Violeta.
-Brebajes y vuelo-dijo Lidia.
-Brebajes y tele-transporte- dijo María.
-Hechizos y vuelo como Camila- dije yo.

Bajamos, entregamos los papeles y nos dirigimos al patio en busca de vida social.
Había chicos guapos, indudablemente pero, estaban bastante centrados no saludaban ni tenían curiosidad por conocer a nadie nuevo. Entonces vi a David, me acerqué a él y le pregunté que hacía allí.
-Verás, no soy vampiro, soy mago, fue una bromita que te quería gastar.
-Pues las ''bromitas'' te las puedes meter por el culo- dije de mala manera, estaba cabreada, y entonces recordé lo que me dijeron mis amigas ''que tontas son las enamoradas'' puede que él me estuviera utilizando, el amor nunca surge tan rápido ni con alguien que has elegido expresamente para enamorarte.

Le enseñé el dedo y le dejé allí plantado, noté una gota húmeda en mi mejilla, levanté la

vista, no, no llovía, era yo que lloraba desconsolada por mi gran tontería. Mis amigas me siguieron y al llegar me dieron ánimos y me dijeron que encontraría a alguien mejor que él en poco tiempo. Saqué el teléfono y con una sonrisa entre de maldad y alegría vi que era de John, decía así:
Amelia, tenemos que hablar, sé que te enfadaste por lo que te hice pero no podemos acabar así de mal, dime día y hora y te esperaré allí aunque llueva y truene.
Besos, John.

Le respondí: ''Parque Central, 17'00h, mañana''. Quería verle, quería besarle y sobre todo restregarle por toda la cara que se había equivocado.

Cenamos una ensalada gigante César con queso de cabra, ingrediente espontaneo de la cosecha de Camila y unos pastelitos hechos por María, me fui a la cama pensando en John y en los chicos en general, ¿se podía confiar en ellos?, supongo que si, que todo el mundo tenía a su pareja ideal esperándole.

Capítulo 4 aquí.

1 comentario:

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