sábado, 16 de junio de 2012

Capítulo 18

Me desperté, las clases habían acabado y lo único que hacía la gente era estudiar, se pasaba horas y horas estudiando.

-Vamos, Amelia, ¡a estudiar!-dijo María a mi lado.
-¡Qué perezón!-dije yo.
-Ya, pero hay que estudiar.-dijo ella.
-Venga, lo hago por ti, eh.-dije.
-Por mí no, por ti.
-Valee…-dije yo medio dormida.

Todas estaban sentadas estudiando, otras más que estudiar parecía que se dormían encima del libro, pero bueno…
-Camila, cariño, estudia, ¡no duermas!
-¿Qué? Claro…-dijo Camila abriendo los ojos.

Estuvimos toda la mañana estudiando, el tiempo pasaba lentamente y cada vez tenía menos cosas que estudiar, y cuando hasta me parecía divertido estudiar filosofía oí un pitido, eran las 3 del mediodía. Era un mensaje de Leo “No has aparecido, pero no me preocupa porque sé que cuando llegues me contarás que cosa tan importante te ha retrasado, besos Leo”.
-Me voy, chicas, ya son las 3.-dije yo.- ¡Acordaos de comer, es bueno para la salud!
-Si.-dijeron todas con un susurro, estaban todas concentradísimas en sus respectivos libros.

Iba por la calle pensando en Leo y de repente casi me doy contra una farola cuando me acuerdo de que tengo un novio, Liam, romántico y apuesto, celoso y que si supiera a donde voy se tiraría encima de mí y me encerraría en una jaula.
Pero, quería saber que podía pasar con Leo, quería conocerle, no quería pensar que nunca lo había intentado.
Y ahí estaba él, con una sonrisa preciosa, mirándome como si él llegara tarde y no yo.
-Buenos días, princesa.-me susurró al oído.
-Buenos días, príncipe.-le dije.

Cuando entré en su habitación lo primero que pensé fue, es rico, pero sin embargo era humilde.

-Coge, sitio.-me dijo, con otra preciosa sonrisa.
-En seguida.
Nos sentamos y empezamos a comer.
-¿Qué pasó esta mañana?-me dijo.
-Estaba estudiando para selectividad y se me pasó el tiempo, cuando recibí el mensaje dije “Mierda”.-le dije.
-No te preocupes, lo dijo por curiosidad.-me dijo.
-Tengo que contarte algo.-le dije de repente.
-Dime.
-Pues, que tengo novio, pero tú también me gustas y él también y… estoy confusa, él está de viaje y me siento malvada estando aquí contigo.
-Yo no haré nada que tú no quieras hacer, esperaré lo que haga falta, yo solo sé que me gustas, no invito a todas las chicas a pasta.-me dijo, yo me reí y él conmigo, ¡Dios mío, qué sonrisa! Y yo que puta.
-Yo también te quiero, pero entiéndelo, estoy confusa.
-Ya te lo he dicho, estoy dispuesto a esperar.
-Aconséjame.
-Eso tendría que hacerlo tus amigas.-me dijo.
-Ya, pero quiero un variado de opiniones.
-¿Qué piensan tus amigas?
-Ni idea.
-Vamos a dar un pase, ¿vale?
-Bien.

Acabamos de comer y salimos a la calle, paseamos por el puerto.
-¿Qué carrera quieres hacer?-le pregunté.
-Bellas artes.
-¿Me pintarás un cuadro?-le dije.
-Ya te he pintado 2, pero no han quedado bien, tienes que estar tú delante, para iluminarme.
-Oh, que mono, cuando quieras.-le dije.
-¿Mañana a las cinco en mi hotel?-me dijo.
-Por supuesto.- ¡Puta, puta, puta! y… zorra, eso era lo que era, pero me encandilaba su acento italiano, su mirada, su sonrisa…- ¿Qué es lo que más te gusta de mí?
-Todo, me gusta todo.- me dijo.
-Di algo, más concreto, lo mejor de lo mejor.
-Pues…tus ojos, porque aunque no son verdes, ni azules, son grandes y expresan lo que sientes, son abiertos, te cuentan historias, cuando hablas se iluminan y te cuentan parte de la historia, te cuentan lo que sentiste en aquel momento sin palabras y sobre todo me gustan porque son tus ojos, no los de esa chica que cruza, son los tuyos y eso los hace especiales y mágicos.
-Eres completamente un romántico empedernido, y sabes cuanto me gusta eso…- Y entonces me di cuenta de que estábamos solos, en frente de la playa, en una puesta de sol, demasiado cerca y en el momento perfecto para un beso, y como si el destino también se hubiera dado cuenta nuestras bocas se acercaron, muy poco a poco y se tocaron, no como con Liam, él me hacía sentirme fuerte y no indefensa como con Liam. El beso continuó y se convirtió en algo increíble, poco a poco su mano subió y no la quise parar, quería que continuará pero los dos nos dimos cuenta de que estábamos en un sitio público por el que cualquier persona nos podía ver. Paramos.
-No debería, esto ha estado mal, tú, tú tienes novio, seguro que has pensado en él cuando me besabas y has querido parar y yo… -entonces, más flojito y en su idioma natal-¡Mamma mia, sono stupido. Perche lo ho fatto? Adesso se ne andra e si dimenticara di me. Questo è perche sono troppo veloce, sempre lo faccio male.
-No sé lo que acabas de decir, pero a lo primero que has dicho, te contesto, yo he seguido besándote, yo no quería parar, yo he imaginado mil historias contigo mientras me besabas, y para nada en Liam, si alguien ha hecho algo mal soy yo, osea que ¡Por dios! No te culpes, ¿vale?
-Yo soy el que debería desaparecer, estoy estropeando una bonita historia de amor.
-Soy yo, yo soy la estúpida que besa a otro cuando sale con alguien. ¿Y sabes qué? Que mañana mismo voy a aparecer y quiero que hagas el cuadro más bonito de la historia, que te olvides de mi novio y de que intentes pintar algo único, el amor.
-Te quiero, mañana nos vemos.- me dio un beso en la frente y se marchó.

Creo que se podría inventar una canción con una palabra que me definiera y sería un éxito “guarra, guarra, guarra” ese sería el estribillo y todos mis ex la cantaría haría un videoclip y me haría famosa. Ya me lo imaginaba, ¡que horror!
Llegué a mi habitación.
-¿Habéis estudiado mucho?-les pregunté.
-No, en cuanto te fuiste dejamos de estudiar, ¿qué tal ha ido?- me preguntó Camila.
-Pues, me he comportado como una guarra, le he besado y casi pasa algo más.
-Puf, que vida más movidita.-dijo María.
-¿Qué haríais vosotras si os pasara esto?
-Yo, me quedaría con el pimpollo italiano.-dijo Camila.
-Yo con Liam, pobrecito…-dijo Violeta.
-Yo les dejaría a los dos y estudiaría más.-dijo Lidia, yo pensé “Claro que sí, campeona”.
-Te voy a decir algo un poco profundo-me dijo María- Lo leí una vez en un libro y creo que te irá bien, “Si te gustan dos chicos, quédate con el segundo en el que te fijaste, porque si te gustara realmente el primero, no te habrías fijado en el segundo”.
-Pues voy a hacer eso.-dije convencida, me dirigía al teléfono.
-¿Estás loca?-me dijo Violeta al verme coger el teléfono.
-¿Qué pasa?
-No lo puedes dejar por teléfono, es de las formas más dolorosas.
-Si no lo hago, le pondré los cuernos con Leo y creo que eso es peor.
-No, porque si le llamas le estropearás toda la semana en Dallas.-dijo María.
-Pero imagínate que le invitan a una fiesta y él no va por mi culpa y no conoce a la chica de sus sueños, a su media naranja.
-Déjate de paranoias y piensa que si cortas con él se quedará destrozado y no saldrá por ahí a ligar, si no cortas puede que le pegué por hacer una cosa alocada y vaya a un cabaret o algo, no sé…-dijo Lidia.
-Elemental mi querido Watson-dijo Camila, haciendo como que fumaba una pipa.
-Bueno, pues nada, no llamo.-dije cogiendo la pipa invisible de Camila y empezando a fumar también.
-No, yo por mi pipa M-A-T-O.-dijo Camila.
-Bueno, pues te la devuelvo, pero con tranquilidad, ¡eh!
-Cambiando de tema, he comprado el vuelo a París y he alquilado una casa para todas.-dijo Violeta.
-Pues, solo te falta encontrar a tu media naranja y creo que ya podrás morir tranquila.-dijo María riendo, vi como Violeta se entristecía pero intentando disimular siguió hablando:
-Pues que sep…-la interrumpí y le di un abrazo.
-Tranquila, la encontrarás, hay una por ahí para todas.- le susurré, me sentía la madre que nunca tuve, no porque no tuviera madre, sino porque mi madre era una prostituta de barriada y nunca le quedaba cariño para mi.
Violeta me sonrió.
-Gracias.-Y todas, que habían escuchado la conversación dijeron:
-Siempre nos quedará París.-nos dimos un abrazo de grupo y pronto nos fuimos dispersando.
-Me voy con mi novio.-dijo Lidia.
-¡Adiós preciosa!-nos despedimos.
-¿Preparamos algo especial?-pregunté.
-Por supuesto.-chillaron todas.
-Voy a comprar unas cuantas cosas, Violeta intenta descargarte la película “Orgullo y prejuicio”, ¿vale?
-De acuerdo.

Compré lo necesario para montar una fiesta de pijamas increíble.
-¿Qué has comprado para cenar?-me dijo Camila.
-Tacos con queso y hamburguesas del MacDonald para todas.
-Mmmh, ¿Violeta, que tal va la descarga?-dijo María.
-Ya está.
-María, ¿palomitas?-dijo Camila.
-Preparadas.-dijo ella.
-¿Coca Cola?
-Preparada.-dijo ella.
-¿Comida rica?
-Lista.-dije yo.
-¿Película cursi y absolutamente romántica?-dijo Camila, Violeta conectó el USB a la pantalla que hacia poco había llegado a todas las habitaciones.
-Preparada.

Y comenzamos a divertirnos como adolescentes desmadradas.

Al día siguiente, después de mucho tiempo estudiando y zamparnos una ensalada César como era normal, me fui al hotel dispuesta de ver a mi príncipe azul.

-Buenos días, cariño.-dije mientras entraba en la habitación, estaba muy cambiada, todo estaba lleno de pintura (en botes) y de caballetes.
-¿Cómo quieres ponerte?
-Eso lo decides tú.
-Ponte en esa esquina.-me dijo- Mira la ventana como si quisieras escaparte con alguien hasta el cielo por ella.
-De acuerdo, ¿en qué postura?
-Natural.
-Natural…-me senté estirando las piernas y miré la ventana, ciertamente mientras él me pintaba, miraba la ventana y soñaba que me escapaba con él, que nos íbamos juntos hasta el cielo, que volábamos muy alto y que tocábamos las nubes y nos sentábamos en ellas, que eran tan esponjosas y agradables como siempre me las había imaginado. Y entonces sentí una mano en mi hombro, me giré y le vi allí, arrodillado, mirándome como si fuera una diosa del Olimpo. Me acerqué a él y le besé.
-Eres mi musa.-me dijo muy bajito en su peculiar acento italiano.
-¿Me enseñas el cuadro?-le dije.
-No te hace justicia, tú eres mucho más bella, pero bueno…

Lo vi, y juro por Dios que era el cuadro más bonito que había visto en mi vida.
Era realista, pero la chica que había sentada allí no era yo, era más guapa, más madura, su expresión era serena y a la vez soñadora y entonces me fije y después de mucho rato, la vi, era yo, era exactamente yo, pero como él me veía.

-Me encanta.-le dije.
-Y a mí me encantas tú.-me cogió de la cintura y me empezó a besar, primero en la frente, bajó, llegó a los labios y poco a poco fue bajando.
La ropa estaba en el suelo arrugada y pensé en ella como algo que siempre había estorbado, si con Liam había sido maravilloso, con él no había palabras y lo digo completamente en serio, no como excusa para no detallar. Lo miré, estaba mirando el techo, pensando y soñando. Me acerqué a él, lo abracé y lo besé en los labios, sus labios sabían a fresa y a amor, a pasión, sé que suena extraño, pero para mí era a lo que sabían. Muchos pensaran como alguien que estuvo tan enamorada de Liam puede cambiar tan rápido de opinión y la verdad, yo misma también me hacia esa pregunta, pero Leo, era simplemente, maravilloso, exquisito, no había ningún adjetivo lo suficientemente exacto para describirlo.

-¿En qué piensas?- le pregunté.
-En ti.- me dijo, le besé.- ¿Esto es la recompensa?
-No, tonto, esto es una muestra de cariño.
-¿Y tú, en qué piensas?
-En ti.
-Mientes.
-Yo nunca miento.
-Otra vez mientes.
-Vale, a veces miento, pero sí que pensaba en ti.
-¿Y exactamente, en qué pensabas?
-En lo increíble que eras, dime una cosa ¿Por qué te acercaste a mi en la parada de autobús?
-Porqué desde que te vi me enamoré de ti. No quería perder la oportunidad, no quería pensar que si me hubiera atrevido a decirte algo hubieras sido mi mujer.- Cuando dijo mujer se puso colorado. Yo también, lo quería mucho, pero aún no nos conocíamos lo suficiente como para hablar de boda.

-Me tengo que ir, principito.-le dije, nos dimos un beso y pensé en lo genial que era como para salir conmigo sabiendo que tenía novio.
-Adiós, princesa.

Me marché por la calle muy contenta, sin saber lo que iba a pasar…

Capítulo 19 aquí.

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