sábado, 23 de junio de 2012

Capítulo 20

Estábamos en el aeropuerto, sentadas en unas sillas de plástico bastante incómodas comiéndonos unos bocatas, cuando oímos la llamada de nuestro avión para embarcar rumbo a París. Eufóricas, nos dirigimos a la cola, que aún no era muy larga. Leo, se acercó a mí y me besó, me encantaban sus besos… Pero, bueno, volviendo al tema estábamos completamente entusiasmadas con la idea de ir todos juntos a París, la ciudad del amor.

-No podré dormir en ese vuelo.-dijo Violeta, eso era más raro de lo que suena porque acabábamos de llegar allí, Boston, en un vuelo de unas 6 horas y hasta París serían unas pocas más.
-Tienes que intentar dormir porque si no cuando lleguemos tú te quedarás dormida mientras nosotros vamos a la torre Eiffel sin ti.
-No, eso nunca, ¿no haríais eso, verdad?-dijo Violeta preocupada.
-No, claro que no…-mentí yo, sí se pasaba todo el día durmiendo yo no iba a estar allí como una tonta esperando.
-Uf, menos mal.-dijo.
-No te confíes, ¡eh! –dijo María.
-Yo,¿confiarme? No me conoces…-dijo Violeta.

La fila se movió y nos tocó a nosotras dar la tarjeta de embarque.
Entramos en el avión y nos colocamos, María, Camila y Violeta iban juntas y nosotros en el asiento de detrás.
Fue un viaje, largo y aburrido, Leo y yo nos dormimos él uno encima del otro y de vez en cuando nos despertábamos y nos dábamos algún beso corto, pero efusivo.

Al fin, llegamos a París era precioso, la verdad.
Pedimos un taxi y le dijimos la dirección a la que queríamos ir, mientras el taxi se movía con seguridad por las calles de París, nosotros mirábamos embelesados sus calles, fijándonos hasta en el más mínimo y bello detalle que pudiera haber.
Después de unos 15 minutos subidos en el taxi, este se paró, pagamos y nos fuimos.
-Merci.-dijimos todas.
-De rien.-dijo él.

Miramos el edificio que teníamos enfrente, era muy grande y ostentoso, pero a su vez tenía detalles finos y delicados que te confundían, entramos en él.
Se llamaba Hotel de Buci, era muy elegante y acogedor.

-Buenos días, teníamos una reserva de 1 semana.-dijo María en francés.
-¿Cuántas habitaciones?-dijo el tipo en francés también.
-2, una triple y otra doble.-dijo ella.
-De acuerdo, esperen un momento en aquellas sillas y en seguida les llevaremos las maletas a sus habitaciones y les asignaremos una habitación.
-Gracias.

Nos sentamos, era precioso, todo estaba perfectamente decorado y muy cuidado, en unos pocos minutos se llevaron nuestras maletas y nos asignaron las habitaciones: 393 y 400.
Subimos en ascensor y llegamos a nuestras habitaciones, eran tal y como me las había imaginado cuando estaba en la planta baja, cogí la mano de Leo y le besé.
-Leonardo…Suena bien-dije.
-Amelia suena mejor.-dijo él sonriéndome.
-Mentira… sabes perfectamente que no.
Me tumbé en la cama, estaba agotada, sentí como Leo se colocaba a mi lado y, abrazados como tantas otras veces, nos dormíamos.

Me levanté, eran las 3 del mediodía, hora de París, oí unos chillidos en el pasillo y supe en seguida quienes eran las que chillaban. Salí al pasillo y las vi mirando con alegría la cesta de bienvenida que les había llegado, miré en nuestra puerta. Habí una igual, un poco más pequeña, pero igualmente apetitosa, me acerqué a ellas.

-¿A dónde vamos?
-A la torre Eiffel y luego a comer por ahí.-dijo Violeta.
-Despierta a tu novio.-me dijo Camila.
-Ahora, voy.-dije.

Me acerqué a la cama y le besé.
-Buenos, días. Ya es hora de levantarse.-dije.
-¿Ya? Un momento que me vista.-dijo mientras me acariciaba el pelo, que gracias al verano se había aclarado un poco más.
-Date prisa, son muy impacientes.-dije yo, fui al baño, me lavé la cara y empecé a maquillarme, me puse rimel, brillo y me hice la línea como de costumbre.

Salimos de la habitación dispuestos a ver la torre Eiffel.

-Creo que nos hemos perdido.-dije yo, mirando el mapa de la ciudad.
-Es imposible, si el hotel estaba muy cerca.-dijo Camila.
-Te daría la razón pero, hace media hora que llevamos dando vueltas a esta manzana.-dijo María.
-¿Qué hacemos?-dijo Leo.
-Preguntar, aunque Camila sea demasiado orgullosa como para hacerlo.-dije yo.
-Vale, preguntad, pero yo me alejo, no quiero que nos relacionen.
-Hay un problema.-dijo Violeta.- Por aquí no hay nadie.
Miramos a nuestro alrededor, era cierto, estábamos en unas callejuelas desiertas.
-Pues seguimos caminando y cuando encontremos a alguien, le preguntamos.-dijo Leo.
Pasados 15 minutos, entramos en un restaurante.
-Buenos días.-dijo María en francés al entrar.
-Buenos días.-le contestó el camarero.- ¿Mesa para 5?
-No, queríamos hacerle una pregunta.-dije yo.
-Lo siento, solo respondemos preguntas a los clientes.-dijo él, con una mirada perversa.
-Pues tendremos que comer aquí.-dijo Camila.

Comimos allí, bastante bien se podría decir, y después de seguir las indicaciones del camarero llegamos a la esperada torre Eiffel.

-Es auténtica.-dijo María.
-Preciosa.-dije yo.
Y nos sentamos en un banco esperando que llegara el atardecer.
Nos tomamos las típicas crepes para merendar y nos marchamos al hotel.
-Tengo que ir un momento a esta tienda a comprarle una cosa a mi hermana.-dijo Leo.
-De acuerdo, nosotras nos iremos a mirar que restaurantes hay para ir mañana a comer.
Y cuando todo parecía tranquilo, se convirtió en siniestro. Íbamos por la calle riendo, pero de repente paramos de reír y empezamos a asustarnos. No había nadie y estábamos solas por la calle. Deseaba tener a Leo a mi lado, alto, grande y seguro de sí mismo. Pero Leo no estaba, detrás nuestro vimos a unos señores, todos de negro y empezamos a correr. Mi corazón no podía palpitar más rápido y me di cuenta de que eran los del Lado Oscuro, siempre fastidiando.
-Tranquilas…-susurré, muy poco convencida.
Teníamos que organizar algún plan para perderlos de vista y escapar de allí, pero ¿Cómo, si estaban justo detrás de nosotras? Yo no tenía ni idea de que pudiéramos hacer eso, pero, de forma mágica me comuniqué con ellas mentalmente. Nos giramos a la vez y dijimos el conjuro de la parálisis.
Llamamos a Dafne, y Dafne llamó a la policía de magos francesa. En seguida aparecieron y nos pudimos ir tranquilas, éramos poderosas.

Cuando llegamos al hotel, vi a Leo en mi habitación preocupado. Cuando me vio entrar una gran alegría le invadió. Me acerqué a él y le dí un beso, él era el hombre de mis sueños, aquel al cual el mundo se le derrumbaba cuando veía que su chica tardaba mucho y aquel que cuando la veía era feliz.
-Te quiero.
-Y yo.
-¿Qué ha pasado?
-Pues que los del Lado Oscuro nos han intentado atrapar, pero les hemos paralizado.
-Sabía que ocurría algo malo, lo noté.
-Oix, que mono, no te preocupes por mí.
-Sabes perfectamente que eso es imposible.

La semana en Francia pasó volando y Camila conoció a Pierre un francesito monísimo. Visitamos montones de museos, dimos paseos por los parques y visitamos miles de veces la torre Eiffel. En definitiva, París era una pasada.
Estábamos en el taxi, de camino al aeropuerto.
-Echaré de menos París.-dije yo.
-¿Qué va a pasar con tu relación con Pierre?-dijo Violeta.
-Me ha dicho que me enviará muchas cartas y que me vendrá a visitar de vez en cuando.-dijo con voz melosa.
-¡Qué suerte que tienes! Me encantaría haber conocido a alguien…-dijo Violeta.
-No te preocupes, encontrarás a alguien, todas encontraremos a alguien.-dijo María.
-Eso es fácil de decir, pero difícil de hacer.-dijo Violeta.
-Nunca dejes de intentarlo.-dijo Camila, y entonces llegamos al aeropuerto.

Llegamos a la puerta de embarque, subimos al avión y nos colocamos como la última vez.
-¿Has disfrutado del viaje?-le pregunté a Leo.
-¿Cómo no voy a disfrutar de un viaje con mi amada?-me reí.
-Pareces de la Edad Media diciendo mi amada.
-¿Prefieres que te llame mi churri?
-No… Amada suena mucho mejor.
-Cuando lleguemos a Newport tenéis que comprar el local y empezar a montar el bar.
-Cierto, se me había olvidado por completo. Oye, ¿tú sabes que te quiero, no?
-Pues claro que lo sé, ¿por qué lo dices?
-Porque mi anterior novio no lo sabía, él sabía que yo le quería pero no creía realmente que yo le amase y nunca supe como demostrárselo.
-A mí no me tienes que demostrar nada, porque aunque no me quisieras yo estaría completamente convencido de que estamos hechos el uno para el otro.
-A veces eres cursi, y lo peor de todo es que me encanta cuando te pones cursi, eso te hace especial, eso y tu acento italiano.
-¡Mamma mia! Llevo toda la vida oyendo lo mismo.-dijo enfurruñado. Le dí un beso en la mejilla.
-Tú sabes bien que en la mejilla no me basta.
-Confórmate.
-Eso nunca.-Y me robó un beso en la boca.
El resto del camino él estuvo dibujando y yo me dormí en su hombro, estar con él me hacía sentir protegida y segura, pero sabía que en el fondo no había olvidado a Liam, tenía claro que quería más a Leo, pero Liam había formado parte de mi vida y no era tan fácil de olvidar.
-Tranquila, lo comprendo.-me dijo él, ¿me había leído el pensamiento? Pero si no era mago, ni nada de eso. En seguida me volví a dormir y después de muchas horas en diferentes vuelos, llegamos a Newport, no era para nada tan bonito como París, pero tenía algo especial.



Capítulo 21 aquí.

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