viernes, 29 de junio de 2012

Capítulo 21


Después de una semana en París, estaba agotada, me lancé a la cama (me golpeé con el hierro de la cabecera) y me dormí, como todas las demás.
Cuando me desperté eran las 5 de la tarde, Camila estaba despierta escribiéndole una carta de amor a Pierre. María y Violeta seguían durmiendo.
-Buenas tardes, ¿qué le cuentas a tu enamorado?
-Nada.-dijo ella, cuando alguien decía nada era que ocurría algo.
-¿Qué le cuentas, pillina?
-Nada, venga, llama a Leo y déjame en paz.
-No lo voy a llamar, tiene que liberarse un poco de estar rodeado de chicas.
-Como quieras, pero es importante, no molestes.
-De acuerdo.- fui a la cocina a hacerme algo de merendar y escuché los pasos de alguien acercarse.
-Buenas tardes. Que cansancio…-dijo María.
-Tenemos que llamar para alquilar el local.
-Pero no tenemos el local elegido.
-Ayer, cuando veníamos hacia aquí, vi un local con un cartel de “se alquila”, parecía bonito y además era cercano.
-Pues podemos llamar, ¿apuntaste el número?
-Sí, está en mi bolso, ¿llamo ahora?
-Sí, cuanto antes mejor.
Fui a por el bolso y cogí el papelito con el número.
Después de hablar con el dueño y quedar en una hora en el local, despertamos a Violeta para ir yendo.
Mientras andábamos íbamos pensando en como negociar con el dueño y conseguir un buen precio.
Al llegar, casi me desmayo al ver a Liam vivito y coleando. Mis amigas estaban igual de sorprendidas que yo. Al verme una gran sonrisa inundó su rostro.
-¡Amelia!-fue corriendo hacia mí y me dio un beso francés en la boca, me aparté, todo había cambiado.
-Tú… tú, ¿tú no estabas muerto?-dije armándome de valor.
-No, fui el único en sobrevivir, pero lo descubrieron después y no lo anunciaron por las noticias nacionales.-me respondió.
-¿Porqué no me llamaste ni nada?
-Te llamé pero no estabas y cuando fui a la Escuela de Magia tampoco estabas, te habías ido de viaje, otro día te llamé al teléfono y cuando llamé me contestó un hombre, pensé que me había equivocado y colgué.
-Tengo algo que decirte, te lo habría dicho antes pero, pensé que sería lo mejor.
-Dímelo después, ahora tenemos que negociar.-dijo él.
-¿Eres el dueño?
-No, soy el nieto del dueño.
-Te lo tengo que decir ahora.
-Pues lo siento pero tendrás que esperar.

El local era precioso, estaba perfectamente decorado y estaba lleno de ventanas, la puerta era de cristal y estaba protegida con otra puerta que hacía un dibujo con hierro forjado.
Por fuera era también bonito, con unos taburetes de madera y un pequeño toldo por si llovía.

El precio era bueno y decidimos empezar a trabajar en él en de una semana.
-¿Qué era lo que me tenías que decir?-dijo Liam después de haber firmado el contrato.
-Sé que hice mal y que cuando te lo cuente te va a doler, pero quiero ser honesta.
-¿Qué ha pasado?
-Todo empezó el día que te fuiste, un chico italiano me preguntó por una dirección y como era cercana le dije que le acompañaba, nos hicimos amigos y empezamos a quedar, pero la cosa se nos fue de las manos y nos enamoramos, nos besamos y mucho más.- Liam se levantó.- Por favor, déjame acabar, luego, cuando acabe haz lo que quieras, pero por favor, escucha hasta el final.
-Está bien.-dijo y se sentó.
-Yo quería contártelo, pero pensé que si lo hacía te estropearía el viaje y que valía la pena esperar a que acabase el viaje. Yo estoy enamorada de él y no le quiero dejar, porque aunque te quiero a él más, con él todo es especial, es mágico, hasta dormir con él me hace más feliz y cuando me enteré de que habías muerto me sentí fatal, pues nunca sabrías la verdad, estuve llorando mucho tiempo, y él aún así siguió conmigo, él me ayudó a superarlo, no se aprovechó de mí, solo estaba sentado a mi lado consolándome. Entonces comprendí mejor que nunca que le quería a él, que cuando pensaba en hijos, pensaba en que nombre quedaría mejor con su apellido, que cuando pensaba en amor veía su cara, que cuando pensaba en sufrimiento le veía a él a mi lado consolándome, que cuando pensaba en futuro me veía con él. Sé que duele que te digan esto, pero ya he mentido bastante y quiero que sepas la verdad.

-Yo te quiero, Amelia, dame una oportunidad, me da igual que te fueras con él.
-Lo siento, te diría que podemos ser amigos, pero eso sería imposible. No es el mejor momento para dar consejos, pero te recomiendo que conozcas gente, que te vayas de fiesta, que te emborraches y que intentes olvidarte de mí.
-Sabes que no podré.
-Tienes que intentarlo.
-Por ti, lo que sea.
-No lo hagas por mí, hazlo por ti. Por tu felicidad, por una buena vida.
-De acuerdo.
-Adiós.
-Te echaré de menos, pero cuando te deje o cualquier cosa, aquí estoy yo, ¿vale? Cuenta conmigo.
-Ok.

Llamé a Leo y se lo conté. Pude ver su sonrisa a través del teléfono cuando le contaba lo del futuro, los hijos…
-¿Arreglado?
-Sí.

La semana pasó, y estábamos preparados para abrir el bar, estábamos esperando a que fueran las 9’30h para abrir, Leo, María , Violeta, Camila y yo mirábamos el reloj y cuando la manecilla se movió abrimos la puerta.

-¿Dónde está la mercancía?-dijo Violeta.
-El camión llegara pronto, no te preocupes.-dije yo, y apareció un enorme camión.
-Bien, ya ha llegado.-dijo María. Empezamos a meter todas las bebidas en la nevera del bar y llegó el camión con los aperitivos.
A las 10 todo estaba preparado y algunos curiosos entraron a pedir unos refrescos. Aunque acabábamos de empezar parecía que el negocio marchaba bien.
-Chicas, he decidido comenzar a escribir una novela. Desde lo de David, me siento inspirada, creo que me ayudará. –dijo Violeta.
-Eso está genial.-dije yo.
-Sí, seguro que te ayuda un montón a superarlo.-dijo María, y es que aunque ella nos quisiera hacer creer que lo había superado, algunas noches, oíamos llorar a Violeta.
-Puedes publicarlo en un blog para que puedan leerlo otras personas…-dijo Leo.
-Ya, lo he estado pensando, pero creo que en un principio no, porque es algo personal y primero quiero verlo y escribirlo y quizás cuando lo haya acabado me vea con ganas.
-Quiero ser la primera en verlo cuando lo hayas escrito.-le dije mientras la abrazaba.
-Seréis las primeras.-nos dijo- Tú también Leo.
-Me siento alagado.-dijo Leo, era tan mono… Un cliente nos lanzaba miradas asesinas para que le sirviéramos su Coca Cola.
-En seguida.-dije yo, cogí una Coca Cola y rellené un vaso con cubitos de hielo. Lo malo de trabajar allí era que cada vez que rellenabas una Coca Cola te daban ganas de bebértela.
-Gracias.-dijo sonriendo, entonces me fijé de que era joven y guapo, y que hubiera preferido que la dulce Violeta se hubiera acercado a servirle la bebida.
Y pensé que esas cosas solo pasan a veces, pero vi como la miraba y tuve que hacerlo. Derramé toda la Coca Cola sobre su preciosa camiseta de Prada.
-Violeta, puedes ayudar a este chico, soy una torpe.-dije yo.
-Ahora voy.-cogió un trapo y corrió hacia allí, pude ver una sonrisa en el rostro de aquel chico. Le guiñé un ojo y pude ver una mirada de agradecimiento.
-A que adivino, has visto un lazo de amor entre ellos dos.-dijo Camila.
-No lo he visto, lo he sentido.
-Amelia, cariño, no puedes ir por ahí tirando Coca Colas a la gente porque crees que pueden tener un vínculo emocional con una amiga tuya. El amor a primera vista no surge tan rápido.-dijo Camila.
-Lo sé, pero yo creo en el destino y no me gustaría que por no haber derramado esa Coca Cola Violeta no encontrara al chico de sus sueños.
-Amelia, despierta, esto es el mundo real, las cosas pasan y punto tu no puedes provocarlas.-dijo María.
-De acuerdo.-dije, miré a Violeta, ya había acabado de limpiarle la camiseta al chico y venía hacia nosotros.
-Es una monada.-dijo ella.
-Sí, una monada…-dijo Camila dirigiéndome una mirada.
-Espero que venga más por aquí.-dijo Violeta mientras le sonreía.
-Eso esperamos…
Me acerqué a Leo.
-¿Pasa algo, amor?- le susurré al oído, estaba muy callado.
-No, simplemente creo que este sitio no es para mí. Es para vosotras, es el momento en que no tenéis que soportar a los novios de cada una. Puedo venir de vez en cuando pero creo que no encajo, te vengo a buscar más tarde, ¿vale?
-Tú no sobras.-le dije dándole un beso en los labios.
-Mientes, este es vuestro momento, el momento en que estáis solas. Me voy, nos vemos luego.- nos dimos un beso y se marchó.
-¿Qué le pasa a Leo?-dijo Violeta.
-Que dice que este sitio es para que nosotras estemos solas y que él molesta aquí.-dije.
-Novios así hacen falta más.-dijo Camila sacando un chicle de su bolso.
-Creo que voy a empezar a escribir. Me voy a esa esquina, ¿vale, chicas?
-OK.-dijimos, pusimos la radio y empezó a sonar “Marry you” de Bruno Mars.
-¿Qué pasa con Pierre?-dijo María.
-Ay, es verdad. ¡Me ha dicho que vendrá el fin de semana que viene!-dijo emocionada Camila.
-¡Cuánto me alegro!-dijo María.- Por cierto, he pensado en apuntarme a un cursillo de teatro, dura 2 meses, julio y agosto, y el 1 de septiembre haríamos la representación, ¿me vendréis a ver?
-Pues claro que sí.-dijimos Camila y yo.
-¿Qué obra representaréis?-dijo Camila.
-Ese es el problema, que hay dos cursos. En uno representan “Romeo y Julieta” y en “Mucho ruido y pocas nueces”.-dijo María dubitativa.
-Yo creo que “Mucho ruido y pocas nueces” porque aunque las dos son muy conocidas, yo diría que esa menos.
-Pues vuelvo en media hora. Voy a apuntarme.-dijo ella.- ¿Y a que papel me presento?
-Beatriz.-dije yo.
-Y tú, Camila, ¿Qué harás este verano?
-Pues no lo sé, ¿tú?
-Yo tampoco lo sé, pero creo que intentaré buscar algún grupo musical con talento y poca fama para que vengan a tocar a este bar por las noches.
A ver si así viene más gente.
-Yo te ayudo, podemos hacer como una especie de casting. Ponemos anuncios por toda la ciudad y este viernes hacemos el casting. ¿Qué te parece?
-Me parece que tenemos 3 días para colgar todos los carteles.
-¿Cómo hacemos los carteles?
-Ve a por muchas hojas y dos rotuladores.
-Ahora vengo.-dijo Camila.
Miré a Violeta, estaba completamente inspirada, los ojos le brillaban y si no supiera que estaba escribiendo la hubiera tomado por una loca porque a veces reía otras parecía que estaba a punto de llorar. Y pienso, ¿y si Violeta se vuelve una gran escritora? ¿Y si María consigue hacerse un hueco en el mundo de las actrices de fama y gana un Oscar? Estaría tan orgullosas de ellas, hay algo que no he contado, algo más bien importante. Nosotras nos conocemos desde que éramos pequeñas y pensaréis ¿Cómo puede ser nunca y digo nunca hablen por teléfono con sus padres? Pues lo cierto es que nos conocimos en un orfanato y decidimos fugarnos, cogimos un barco y llegamos a América, teníamos 10 años y casi no recordábamos nada de nuestros padres, por eso nunca nos dio pena no tenerlos porque no podemos echar de menos algo que prácticamente no tuvimos.
Una señora nos encontró y nos metió un internado a todas, a penas recuerdo como se llamaba, nunca nos vino a ver pero yo sé que en el fondo era una gran mujer. Empecé a notar un picor en los ojos. Puede que no lo hubiera superado.
En el fondo, siempre había soñado con ser una chica normal y la verdad no lo había conseguido. Una señora que no conocía nos ingresaba dinero a todas en nuestra cuenta bancaria de forma casi mágica. Por eso estábamos tan unidas, éramos lo único que teníamos. Lidia era la única que no era huérfana por eso nunca se llegó a adaptar. Pero aún así la queríamos mucho.
 Vi entrar a Camila acercarse con un montón de hojas y dos rotuladores enormes.
-¿Te pasa algo cari?-me dijo mientras me secaba las lágrimas con sus manos.
-No, solo recordaba cosas…-dije yo.
-Venga, empecemos a trabajar.-dijo ella, me levanté a servir unos aperitivos a unas chicas y comencé a hacer carteles.

Capítulo 22 aquí.

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