sábado, 30 de junio de 2012

Capítulo 22

-Han quedado perfectos.-dijo María.
-¿Tú crees?-dije mirando los carteles. Los leí por enésima vez, ponía:

¿Tienes un grupo y quieres que la gente lo conozca?

Pues entonces te recomendamos que vayas este viernes
a las 17h al Bar River a hacer un casting de grupos.

El mejor podrá tocar en nuestro local todas las noches.

-Pues ahora hay que colgarlos.-dije yo.
-Uy, yo estoy muy liada.-dijo Camila.
-Y yo.-dijo María.
-Yo con la novela y todo eso tampoco puedo.-dijo Violeta.
Entonces apareció mi salvación, Leo.
-Ya es hora de cerrar, ¿no?-me dijo.
-Sí, ¿me llevas a un par de sitios?-le dije.
-¿A ti? A ti te llevaría hasta a dar la vuelta al mundo y además me he comprado una moto.
-¿En serio? ¡Qué guay!-dije con la voz más infantil del mundo.

Salimos juntos del bar River.
-Venga, sube.-me dijo.
-¿A la moto? Creo que mejor pido un taxi o… o corro detrás.
-No es nada, nena, tienes que acostumbrarte a ella.-me dijo.
-¡Qué no! Prefiero ir andando.-dije, y cuando me giré una montaña cachas llamada Leo me levantó del suelo ligeramente y me abrazó.
-Hazlo por mí, es solo una moto.
-Ya, pero impone un poquito, ¿a que velocidad vas a ir?
-Muy despacio.-Yo seguía en sus brazos sin tocar el suelo y le besé.
-Esta bien. Pero lo hago por ti.- me colocó detrás de él, rodeé mis manos por su cintura y arrancó más rápido de lo que creía.
-¡Cuando baje de esta moto te mataré!-dije yo.
-No serías capaz, me echarías demasiado de menos.
-Me conoces demasiado.-susurré.
-Lo sé.-me dijo en un susurro casi inaudible.
-Para, aquí.-le dije tras unos 10 minutos subida a la moto. Paró la moto y colgué un cartel.- Ahora tienes que cruzar el puente.
-Allá voy.-dijo arrancando y yendo con una rapidez increíble.
-No hagas tonterías para impresionarme, más lento, no estamos en una película de acción ni eres Mario Casas.
-Tranquila… yo controlo.
-Eso dicen todos los drogadictos y mira como les va.
-¿Me estas llamando drogadicto?
-No, te estoy llamando temerario.
-De acuerdo, iré más despacio.
-Gracias a Dios.
-No, gracias a mí.
-Es una expresión.
Volví a colgar otro cartel y pasamos así un par de horas. Cuando íbamos de camino a casa una pregunta extravagante se me pasó por la cabeza.
-¿Tú me quieres?
-Más que a la vida.
-¿En serio? ¿Arriesgarías tu vida por mí?
-Por supuesto.
-Pero dilo en serio, si hubiera un incendio y al salvarme pusieras en peligro tu vida, ¿me salvarías?
-Pues claro que sí. ¿Por qué lo dices?
-Pues porque hay muchas parejas que se prometen amor eterno y acaban tan rápido o incluso amigas. Y luego hombres y mujeres que mienten a su pareja y que le dicen que la quieren un montón y luego lo hacen todo por alguna razón.
Odio a esas personas.
-Y yo, hipócritas se llaman, ¿no?
-Exacto, te quiero.
-Hoy estás muy rara.
-¿No te puedo decir que te quiero?
-Sí, pero no sé, hoy estás filosófica.
-¿No te gustan las mujeres filosóficas?
-Uf, no sabes como me encantan.-me dijo, bajamos de la moto y como en toda típica película romántica me dio ese beso de despedida que todas las chicas anhelan del chico de sus sueños. Ese beso con las que todas las chicas hemos soñados miles de veces.
-Buenas noches, cariño.
-Buenas noches, nena.
-Bésame, bésame mucho.- tatareé la canción de los Beatles mientras subía las escaleras. Entré en la habitación.
-¿Y ese buen humor? No todos los días se oye a una Amelia cantando…-dijo Camila.
-¿Cómo? Si yo canto muchísimo.
-Claro que sí, tú di que sí.-dijo María.
-¿Fue romántico?-dijo Violeta.
-¿Qué si fue romántico? Creo que me empieza a gustar ir en moto.-todas se rieron.
-¿Habéis hecho algo de cenar?-dije.
-Sí, se está haciendo una pizza en el horno.-dijo María.
-Ah, OK.-dije, oímos el teléfono sonar.
-¿Quién será?-dijo Camila.
Cogí el teléfono y me respondió una mujer de edad avanzada.
-Hola, soy Margarita.
-Hola, creo que se ha equivocado.
-¿Vosotras sois Amelia, Camila, Violeta y María?
-Sí…
-Entonces no me he equivocado.
-Dígame, ¿Qué quiere?
-Pues, traigo malas noticias. ¿Os acordáis de aquella señora que os pagaba un dinero cada mes?
-Sí, más o menos.
-Pues ha muerto y como no tenía ni hijos, ni marido y sus parientes más cercanos han muerto vosotras os quedaréis con su herencia. Tenéis que venir mañana a las 12 a Northeast Couch Street número 7.
-De acuerdo, nos vemos mañana.

-Chicas, nos os lo vais a creer. ¿Os acordáis de la señora que nos ingresaba dinero?
-Sí.-dijeron todas.
-Pues ha muerto.
-¿Cómo?-dijo Camila.
-Lo que oyes.
-Eso significa que… ¡vamos a ser ricas!-dijo María.
-Hay una canción perfecta para este momento.-dijo Violeta sonriente.
Encendió su portátil y escuchamos la canción “Billionare” de Bruno Mars.
-Me encanta este chico.-dijo Camila.
-Y a mí.-dije yo.
Y a lo tonto acabamos bailando “I’m sexy and I know it” con la música a tope y unas cuantas cervezas de más, la pizza esparcida por toda la mesa y prefiero no seguir.

-Resaca, tengo algo que decirte, te odio.-dijo Camila.
-Dile, ya que estás, que yo también la odio.-dije yo.
-Puf, que dolor de cabeza…-dijo Violeta tumbada en la cama.
-Somos un poco raras, no nos emborrachamos en una discoteca, no, en nuestra propia habitación bailando “I’m sexy and I know it”.-dijo María.
-No lo puedes negar, María, moló.-dijo Camila, levantándose de la cama.
-Tengo una mala noticia.-dijo Violeta.
-¿Qué ha pasado?-dije yo.
-Pues que son las 11’30h, aún estamos en pijama y nos apesta el aliento a alcohol y hemos quedado dentro de media hora para que nos den un pastón.
-¡Ostras! Es verdad.-dijo María, levantándose de la cama. En 15 minutos estábamos lo más arregladas posible después de una resaca.
-Subid al coche, ¡vamos!-dije yo, subieron al coche y arranqué.
-Tus pelos, Camila, asustan un poco.-dijo María riéndose.
-No tenía tiempo de ducharme y plancharme el pelo.
-Excusas, excusas baratas…-dijo Violeta riéndose.
Llegamos a la calle Northeast Couch Street con 5 minutos de retraso.

-Buenos días, perdone el retraso.
-Tranquilas, sentaos allí.
-De acuerdo.
-Bueno, pues hablemos de la herencia que ha dejado nuestra querida señora.
-¿Qué ha dejado?
-Nada de dinero, simplemente la casa donde vivía y todo lo que hay allí.
-¿Sólo una casa?-dijo Camila.
-Sí, pero no es una casa normal y corriente, os recomiendo que vayáis a verla y decidáis que hacer con ella. Podéis mudaros allí y así no pagaréis el alquiler de vuestro piso o podéis venderla.
-¿Es chula?-dijo María.
-La verdad es que no la he visto, pero es muy cara osea que supongo que será enorme.
-Nos ha dejado un casoplón.-dijo Camila.
-Bueno, pues ahora solo tenéis que firmar unos cuantos papeles y de lo demás ya me encargo yo como notaria de la difunta.
-Pues muchas gracias.-dijimos todas, empezamos a firmar un montón de papeles durante una hora y al fin acabamos.
-Ya está, muchas gracias chicas. Si la queréis vender avisadme que os ayudaré con los papeles. Por cierto ¿Cuántos años tenéis?
-Algunas 18 y otras 17. Pero los cumplimos este año todas.
-De acuerdo, aquí tenéis las llaves.-dijo la chica.
-Adiós.
-Adiós.
Subimos al coche.
-¿Cuándo la vamos a ver?-dijo María.
-¿Mañana por la tarde?-dijo Camila.
-Sí, mañana la vamos a ver.-dije yo.
-Estoy impaciente.-dijo Violeta.
-¿Cómo será?-dijo María.
-Ni idea.-dije yo.

Llegamos a nuestra habitación y oí mi teléfono sonar.
-Hola, cari.
-Hola, nena. Quiero que vengas tú y tus amigas a la fiesta que celebro esta noche.
-Un momento, que les pregunto si pueden ir.-dije yo.- ¿Podéis ir a la fiesta de Leo esta noche?
-¿Leo es tu novio guapo, no? Y tendrá amigos guapos, ¿tú que crees?-dijo María.
-Sí que pueden ir.-dije.
-Perfecto, nos vemos hoy a las 10 en mi casa.
-¿Dónde vives?
-Ay, sí, en la calle Oceanview número 3.
-¿Te has mudado a Oceanview? Pero, ¿tú eres rico?
-Eso no tiene importancia ahora mismo, pero tienes que venir, la casa te va a encantar.
-De acuerdo, ¿podemos ir a hacerte compañía? Traemos un poco de comida y eso para comer.
-No hace falta que me lo preguntes, podéis venir cuando queráis.
-Ay, cariño, te quiero.
-Yo más.
-Adiós, nos vemos.
Colgué el teléfono móvil.
-Ahora es cuando nos explicas en que lío nos has metido o a donde tenemos que ir.-dijo Camila.
-Pues tenemos que comprar un tiramisú e ir a comer a casa de Leo.
-¿Por qué tenemos que ir nosotras?-dijo María.
-Si no queréis venir allá vosotras.-dije yo, mientras me maquillaba y cogía mi bolso.
-Ve tú sola, necesitáis estar a solas. Que hace mucho que no lo estáis.-dijo Violeta con una enorme sonrisa.
-Pues nos vemos a las 9, calle Oceanview número 3.
-Nos vemos.-dijeron todas lanzándome un beso.

Cerré la puerta y bajé las escaleras corriendo. Me subí a mi querido escarabajo y pensé a que pastelería ir. Se me ocurrió una que había cerca del parque y que se llamaba “Pasticceria” que significa confitería en italiano. Encendí la radio y en seguida supe cual era la canción que sonaba, “I want to break free” de ,evidentemente, Queen.
Estaba tatareando la canción cuando entré en la pastelería y compré el tiramisú.
Volví otra vez a subir al coche, esta vez con la canción “16 añitos” de Dani Martín.

Capítulo 23 aquí.

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