domingo, 1 de julio de 2012

Capítulo 23

Llegué a la casa de mi novio, me encantaba llamarle así.
Llamé al timbre, tenía un enorme jardín y podía oler el mar desde allí.
Me abrió y me dio un beso.
-Traigo algo para ti. Espero que esté tan bueno como el de tu madre.
-¿Qué es, nena?
-Sorpresa.-dije yo.
-No me dejes con la emoción.
-Lo siento.
-¿Dónde están las chicas?
-Vendrán a las nueve, no te preocupes.
-¿Alguna novedad?
Y entonces le conté toda nuestra infancia, que era huérfana y que gracias a aquella mujer pudimos vivir, las lágrimas surgieron por inercia y cuando me abrazó noté cuanto me quería, todo lo que se preocupaba por mí, y eso me hizo quererlo más aún.
-No llores, ya ha pasado, si te ocurre algo me moriré por ti, ¿vale? No te preocupes.
-Nos ha dejado una casa.
-¿Una casa? No está mal, podéis quedárosla y no tendréis que pagar el alquiler. Y si quieres puedes venir a vivir conmigo.
-¿En serio?
-Totalmente.
-Hacen falta más chicos como tú en este mundo.
-Prométeme una cosa.
-¿El qué?
-Que pase lo que pase, cuando acabemos la universidad te casarás conmigo.
-Ni aunque quisiera podría decir que no, porque eres absolutamente perfecto, hasta cuando me subes a la moto y me dices que irás despacio.
-Te quiero, no lo olvides.
-Yo más, mucho más.
-No quiero comenzar una discusión donde se ve clara la respuesta, que yo te quiero más.
-Mentira.- nos dimos un beso y comenzamos a comer.
-¿Me vas a decir cuál es tu sorpresa?
-No, tienes que adivinarla. Cierra los ojos.
-De acuerdo.
-Ahora vengo, amor.
Cogí el tiramisú , lo puse en un plato y cogí una cuchara.
-Ya estoy. ¿Tienes los ojos cerrados?
-Sí.
Cogí una cucharadita de tiramisú y muy despacio se la acerqué a la boca.
-Adivina, ¿qué es?
-Oh, ¡por dios! Desde que llegué que no he comido ninguno. Tiramisú.
-Premio.
-¿Cuál es el premio?
-Acércate a mí y lo comprobarás.-dije yo. Prefiero no contar como acabó, los más pervertidos lo supondrán y a los más inocentes les digo que estuvimos jugando al ajedrez.
-¿Bajamos a la playa?-le dije.
-A donde tu quieras bajamos.-me dijo.
-Leo, eso ha sonado mal.
-Tú, que tienes una mente muy pervertida…
-Claro, será eso.

Estábamos tumbados en la arena mirando las nubes.
-¿A qué se dedican tus padres?
-Pues lo cierto es que proveníamos de una familia tirando a pobre pero mi padre tenía unas tierras en Asturias y un día le dijeron que seguramente esas tierras tenían oro y plata y se fue a Asturias a trabajar en sus propias minas como minero, nos dejó a mi madre y a mí solos en Roma y nos enviaba un poco de dinero cada mes, pero cada vez nos enviaba más dinero y mi madre decidió comprar viviendas para poder vivir de rentas y que mi padre dejara de trabajar. Ella trabajaba de camarera y cuando ya tenía un montón de casas alquiladas, llamó a mi padre para que volviera, mi padre duró 2 semanas con nosotros y murió de cáncer de pulmón. En la herencia de mi padre había un montón de fincas y viviendas que también había comprado. Entre las de mi padre y mi madre nos hicimos millonarios y aquí he acabado, contándole mi historia al amor de mi vida.
-Alguna vez te han dicho que eres la cosa más mona del mundo.
-Aparte de mi madre, no.-me reí y le besé.
-Tienes que dejar de burlarte de mí, pintor.
-Yo no soy pintor.
-Pero lo serás, lo digo enserio, pintas genial.
-Estoy empezando a pintar un cuadro de las vistas que tiene esta casa.
-Seguro que te queda precioso.
-Contigo a mi lado, es inevitable.
-A veces eres muy pelota.
-Eso dicen.-le besé.
-Y un poco capullo.
-Eso no.
-Mientes.
-Mamma mia, soy un mentiroso, ¿cómo lo sabes?
-Intuición femenina.-se rió, su carcajada era justo la que te imaginabas de alguien así. Entonces los dos nos quedamos callados escuchando el silencio, no era incómodo, era simplemente silencio.
-¿Cuál es tu canción favorita?-dije yo.
-Mmmmh, creo que el Preludio n.15 de Chopin.
-¿Música clásica?
-Sí, música clásica, sé que no es normal, pero mi madre otras cosas no, pero era una excelente violinista y me enseñó a apreciar la música clásica.
-Eres mi ídolo.
-¿Y eso?
-Yo prefiero el pop y eso, pero la música clásica también me gusta, siempre me dio pena que la gente no la entendiera, pocas personas buscan en YouTube “vals del minuto”.
-Desgraciadamente, cierto. ¿Cuál es tu canción favorita?
-Creo, y seguramente me acabe cansando de ella, que “Summer Paradise” de Simple Plan.
-Tengo que ir preparándolo todo para la fiesta, faltan dos horas.
-¿Ya son las ocho? Como pasa el tiempo.
-¿Me ayudas?
-Sí, un momento, tengo que llamar a Camila.
-Te espero en la cocina.
Marqué el número de teléfono de Camila y oí los pitidos.
-Hola, Amelia, ¿te lo has pasado bien?
-Genial, tienes que traerme un vestido para la fiesta y mi maquillaje.
-OK, te lo traigo a las nueve cuando lleguemos.
-Adiós.
-Adiós, cari.
Me fui hacia la cocina.
-¿Por dónde empezamos?-le dije.
-Empieza haciendo canapés. Yo voy a preparar el spritz.
-¿Qué es un spritz?
-Es una bebida típica del norte de Italia.
-Ah, bueno, voy a empezar a hacer canapés.
-Perfecto.
Entre bromas y risas pasó una hora y llegaron mis amigas.
-Hola, ¿Dónde dejamos este regalito?
-Déjalo en la cocina, al fondo a la izquierda.
-Vale.
-¿Mi vestido y mi maquillaje?
-Aquí, venga, sube a cambiarte.
Subí las escaleras y entré en una de las miles de habitaciones que había. Empecé a cambiarme y me puse el vestido, era precioso, rojo, corto y escotado. Me maquillé, me puse el collar, unos zapatos de tacón negros y bajé, ya había un par de personas y mis amigas iban revoloteando por toda la sala.

-Estás increíble.-me dijo Violeta.
-Gracias.-dije yo, sonriéndole.- ¿Ha venido alguien interesante?
-No, muchas parejitas y algún que otro chico gay.
-Ah… Falta poco para la hora punta.
-Sí. ¿A que no sabes lo que le hemos traído? Unos cupcakes, para que se vaya integrando en América.
-Seguro que le encantan.
-Eso espero.
Leo se acercó con un bellezón de chico.
-Este es Dino, mi mejor amigo.-dijo Leo.
-Encantada.-le di dos besos.
-Dino, esta es Amelia, mi novia.
-Supongo que eres italiano.
-Supones bien, he decidido venir a vivir a Newport como mi colega.-tenía el mismo acento italiano que Leo, gracioso y despierto.
-Pues bienvenido a Newport.
-Gracias, una gran recibida, veo que mi amigo no ha perdido el tiempo.-dijo mirándome.
-Eso espero, que no lo haya perdido, porque la vida son dos días.
-Certo, avere una ragazza molto intelligente.-dijo dirigiéndose a Leo.
- Tu sai che io cerco qualcosa di più della bellezza.
-So molto bene.-Parecía una subnormal asintiendo sin saber lo que decían.- Penso che la tua ragazza è a disagio.
-Certo. Dejemos de hablar en italiano.-dijo Leo.
-No me he enterado de nada, va muy bien si quieres hablar de una persona sin que se entere.
-Sí, ven, te quiero presentar a más gente.-dijo Leo. María aprovechó la oportunidad y se acercó a Dino, oí algo así como “si quieres yo te puedo enseñar la ciudad”.
-Estos son Angelica y Jake.-dijo Leo.
-Encantada, ¿de que conocéis a Leo?
-Yo iba a la escuela con él y Jake es mi novio.
-¡Qué bien que coincidáis en Newport, un pueblo tan pequeñito!
-Sí, la verdad es que tenemos mucha suerte de habernos encontrado.
-Ven, Amelia.-me dijo Leo.
-Esto es una exposición de novias o algo así, ¿no?
-Ya sé que es un poco brusco, pero quiero que conozcas a mis amigos.
-Pues me sé de una que esta conociendo muy a fondo a Dino.-dije mirando a María y a Dino.
-Sería genial que salieran juntos.-añadí.
-No, no sería genial, Dino es un rompecorazones, nunca ha estado más de un mes con una chica.
-Hay que arriesgarse para conseguir lo que quieres. Si tú no te hubieras atrevido a acercarte a mí, ahora yo no estaría aquí.
-¿Ponemos una lenta para que se acerquen?-dijo él.
-Todo hay que intentarlo.-y pusimos “Forever Young”, bailé pegada a Leo, me encantaba esa canción y con él era aún más especial, le besé y miré a María. Estaba bailando con Dino. Violeta y Camila bailaban juntas demasiado rápido e iban guiñándole el ojo a todos los chicos, incluso a Leo.
La noche pasaba y llegó la hora de marcharnos.
-Ven a buscar a una princesa, mañana a las 12 y llévala a vivir aventuras.-le dije a Leo al oído.
-La raptaré.
-Esta bien, pero oblígala a dejar la rutina atrás.
-Eso haré, adiós, princesita.
-Adiós, mi pintor.

Esperaba que me hiciese caso, porque era cierto, quería vivir aventuras, desatarme de la rutina.

-María, creo que tienes muchas cosas que contarnos.-dije mientras conducía.
-Tenéis que conocerlo, no, mejor no, que no quiero que os enamoréis de él.
-No creo que le llegue ni a la suela de los zapatos a Pierre.-dijo Camila.
-Pues yo creo que se lo comería si pudiera.-dijo María.
-¿Caníbal? María, cada día eliges peor.-dijo Violeta.
-Era una metáfora, incultas.-dijo María.
-Por ahí se empieza María, y cuando no te das cuenta estás metida en REC o algo por el estilo.

Y se pasaron bromeando hasta que cayeron rendidas en sus respectivas camas.

Capítulo 24 aquí.

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