lunes, 2 de julio de 2012

Capítulo 24


-¡Despierta, dormilona!-oí que me chillaba María.
-Tu novio te está esperando abajo.-me dijo Camila.
-¡Oh, no, Leo!-dije, saltando de la cama. Me duché mientras pensaba en que me iba a poner, me vestí corriendo y sin maquillar bajé a bajo.
-Me permites que te diga que estás mucho más guapa recién levantada y sin maquillar que cuando te maquillas y te pasas horas arreglándote.
-Pues claro que te lo permito, ¿a dónde me llevarás?
-Te lo diría pero no creo que tenga nombre.
-¿Al paraíso?
-Parecido.
-¿Qué hora es?
-Las 11 de la mañana.
-Normal que estuviera durmiendo, ¿a qué hora te has levantado?
-A las 6 de la mañana, no podía dormir.
-Vaya, que pena… ¿tienes sueño?
-No, tranquila.
-A veces creo que no te merezco.-dije, oí la moto arrancar y le abracé suavemente, observaba el paisaje y como Newport iba desapareciendo…
-No tardaremos más de 2 horas.-me dijo, contemplé la costa, el mar. Las olas eran bastante altas y no había demasiada gente bañándose. Entonces giró y dejé de ver el mar, ahora un inmenso y frondoso bosque aparecía ante mis ojos.
-Ya sé a donde me llevas, y sí que tiene nombre.
-Para mí no, no creo que un lugar así pueda tener nombre. Solo he ido una vez, pero después de ti creo que es lo que más me gusta.
-Es un bosque enorme, ¿a qué parte me llevas?
-A lo desconocido, porque es lo más bonito.
-Pero, si nosotros vamos a lo desconocido, ya no será desconocido.
-Tienes razón, habrá que conocerlo.
-Rumbo a lo desconocido.- grité.
-Rumbo a lo desconocido.- gritó él, en mi cabeza sonaba la canción “Perfect” de Fairground Attraction. Al cabo de unos minutos la moto paró en medio de la carretera.
-Lo desconocido no es alcanzable en moto, hay que ir andando.
-De acuerdo.- estuvimos caminando durante una hora y llegamos a un lugar precioso con un río, espectacular.
-Me encanta.-dijo acercándose al río y metiendo su mano en él.
-Ten cuidado, en lo desconocido hay especies terribles que puede que intenten comerse tu mano.-le dije.
-Es verdad.- apartó la mano y me besó.
-A mí también me encanta.
Me senté y me fijé en cada pequeño detalle, no había ningún fallo de la natura, todo era perfecto.



Vi como Leo se levantaba y empezaba a investigar, parecía en su salsa, como si se hubiera criado allí. Desvié la vista y cuando volví a mirar donde minutos antes estaba, lo perdí.
No estaba allí, decidí echarme una siesta mientras escuchaba el ruido del agua brotando, pero no podía. No podía dormir pensando que Leo estaba por ahí solo, quizás en apuros y que yo estaba allí durmiendo.

Empecé a caminar hacia donde yo creía que se había ido y al oírle empecé a correr, cuando creía estar cerca de su voz oí unos pasos detrás de mí y cuando iba a girarme noté unas manos grandes y masculinas, las manos de Leo y un tierno beso en los labios.
-Me habías asustado.-le dije.
-Shh, ven.-me dijo mientras me cogía de la mano y se alejaba invitándome a seguirle. Le seguí y lo que vi me dejó con la boca abierta, una enorme catarata, una cascada de agua, era imposible describirlo con palabras, imponente, bello.
-Es…-le dije.
-No hables, a veces las palabras estropean la magia.-me dijo. Me acerqué a él y le besé muy despacio en los labios, en esos labios que cualquier chica en sus cabales desearía besar.
-Vámonos, tengo hambre.-le dije al cabo de media hora.
-Despídete del bosque y saluda a la civilización.
-A veces das un poco de miedo, ¿a dónde vamos a comer?
-Hay un restaurante que me han recomendado en Newport.
-Pues vayamos a ese.
Cuando estábamos a media hora de Newport oí mi móvil sonar.
-Hola, María.-dije.
-Nada de irte por ahí de rositas con tu novio. Tenemos cosas que hacer, dile que te deje en casa.
-OK, ahora se lo digo.-le dije a María- Leo, no puedo ir a comer contigo, tengo que ir a la casa de la herencia.
-Bueno, pues te dejo allí, ¿quedamos para cenar?
-Venga, ven a recogerme a las nueve y media.
-Adiós, nena, que te lo pases bien.
-Adiós.
Bajé de la moto y subí rápidamente por las escaleras hasta mi habitación.
-Muy bonito eso de tener novio y irte por ahí, nos hemos encargado solas del bar, creo que tenemos que poner un horario porque sino, no va a funcionar.-dijo Camila.
-Lo siento, pero me ha llevado a un sitio precioso.
-Claro, todo es bonito para una enamorada, ahora vámonos. ¿Has comido algo?-dijo María.
-No.
-Pues habrá que comprar un bocadillo por el camino.-dijo Violeta.
-¡Cuántos problemas nos das!-dijo Camila.
-Pero me queréis…
-Eso está más que claro-dijo María.

Subimos al escarabajo y me comí el bocadillo por el camino.
-¿Está muy lejos la casa?-pregunté.
-No, está en la calle Corvallis Newport Highway.-dijo Violeta.
-Eso no es una calle, es una carretera.-dije yo.
-Pues está por ahí, pero según las indicaciones hay que meterse por el bosque , en el quilómetro 20.-dijo Violeta.
-En pocas palabras, que no tenemos ni idea de donde está.-dijo Camila.
-Pues la llevamos clara.-dije yo.
-Tiene que estar por aquí.-dijo María, señalando un  bosquecillo.
-Creo que hay un camino por ahí.-dijo Violeta.
-Pues vamos por allí.-dije yo.
Entramos por un caminito de tierra, no era un sitio muy bucólico que digamos pero tenía su gracia.
Y cuando estábamos pensando en dar la vuela y vender la casa perdida, la vimos.
Era enorme y parecía la típica casa que aparecía en las películas de terror.
-Creo que es la casa versión real de Monster House.-dijo Camila.
-No exageres, seguro que es muy chula por dentro.
-Por dentro, muy, muy , muy por dentro.-dijo María.
-Venga, hay que entrar.-dije yo.
-Pues, tú primera, valiente.-dijo Violeta.
-Si no os atrevéis…-dije yo.
-¿Qué no nos atrevemos? Estás hablando con Camila La Atrevida, deja paso.-dijo Camila.
Entramos poco a poco, era una casa antigua y enorme, no me extrañaba que la chica hubiera dicho que era cara. Tenía 3 pisos repletos de salas y habitaciones. Nos perdimos 2 veces, con eso lo digo todo.
-¡Mirad esto chicas!-dije yo, sosteniendo una fotografía.- Juraría que estos son mis padres.
-Y yo que estos son los míos- dijo Camila señalando a una pareja muy morena y con el pelo negro.
-Yo creo que estos son mis padres.-dijo Violeta, señalando a otra pareja rubia y con la piel muy clara.
-Y estos son los míos.-dijo María señalando a la pareja restante.
-Están todos con la señora que nos pagaba todos los años.-dije yo.
-Conocía a nuestros padres. Y sabía que íbamos a acabar aquí.-dijo María.
-O a lo mejor simplemente fue el destino.-dijo Violeta.
-Aquí hay respuestas a todas nuestras preguntas.-dijo Camila, abriendo un cajón.
-Tenemos que mudarnos a esta casa, el destino lo quiere así.-dijo Violeta.
-Pues tenemos que volver a la Academia y recoger nuestras cosas.-dije yo.
-Una nueva aventura para las Elegidas.-dijo Camila sonriente.
-Chicas, ¿os importa recoger mis cosas por mí?, he quedado con Leo.-dije.
-Nos merecemos una medalla, que conste.
-Gracias, de verdad, sois las mejores.

Volvimos el coche y llegamos a la academia.
-Llegará dentro de poco así que me quedo aquí hasta que llegue.-dije.
-Vale, nos vemos.-dijeron ellas a coro.
-Adiós, chicas.-dije yo.

Estuve esperando y justo cuando la manecilla se movió hasta el seis, que indicaba que eran y media, oyó el sonido inconfundible de su moto y lo vio.

-Te he echado de menos.-le dije.
-Y yo a ti, sube.-me dijo.
-¿Qué has estado haciendo?-le pregunté.
-Nada, hablar con Dino. Me ha dicho que lo de María va enserio.
Pero aún así, dile que tenga cuidado, por favor te lo pido. No quiero que sufra.
-Tranquilo… Creo que sabe a lo que se enfrenta, o no, pero tiene que intentarlo. Yo la avisaré, ¿vale?
-De acuerdo. Mira , es ese.-me dijo señalando un restaurante que parecía caro y elegante.
-Parece caro…-susurré, pero aún así me oyó.
-¿Te gusta?
-Sí, está muy bien.-le dije, le dí un beso.- Vamos.

Después de una velada fantástica en un restaurante elegante enfrente del mar salimos del bar a las 12 de la noche, estaba todo oscuro y sólo se oían los pasos de algún vagabundo perdido en la noche, o las patitas de un gato sobre la acera.

-Te acompaño a tu casa perdida, ¿no?-me dijo mientras me besaba.
-Sí, está todo muy oscuro.-dije mientras me recorría el cuerpo un escalofrío.
-He aparcado un poco lejos, pero no te preocupes.

Íbamos caminando y cuando vi la moto me relajé, pensé que ya no había nada de lo que preocuparse, pero entonces, un señor alto y gordo, que iba vestido de negro sacó una navaja y dijo:
-Bonita, sino vienes conmigo vamos a tener un problema.-dijo señalándome.
-Ella no va a ningún lado.-dijo Leo a mi lado, abrazándome.
-Uy, yo creo que sí. –dijo acercando la navaja a él.
-Por favor, no…no le, le hagas nada.-dije yo, llorando.
-Si tú vienes conmigo, no pasará nada.
-Ella no va contigo, que te quede claro.-dijo  Leo, y la navaja se movió rápidamente hacia él provocándole un profunda herida. Entonces recordé lo que hacía tiempo que no afectaba mi vida, la magia. Tenía que ser rápida.
Alcé las manos y se quedó completamente paralizado.
Vale, ahora tenía que llevarlo a un  hospital, y no podía moverlo. Tenía que conducir en moto.
Subí a la moto e imité todo lo que había visto que hacían los motoristas.
La moto arrancó, intenté no caerme y lo conseguí. Iba dando tumbos y de vez en cuando me chocaba con alguna farola, no a mucha velocidad. Conseguí llegar al hospital y les conté todo lo sucedido a los doctores y me dijeron que no preocupara.

Llamé a mis amigas y les conté lo sucedido mientras lloraba.
-Venid pronto.-dije llorando.- Os necesito.

Vinieron lo más pronto posible y la noche pasó, lenta y tenebrosa, en silencio.
No podía verlo así, él era fuerte, él era la razón de que me levantara con una sonrisa todas las mañanas. Ese sinvergüenza le había hecho daño, y él lo único que había hecho era salvarme, intentar ser más príncipe de lo que era y demostrarme que cuando me decía te quiero lo decía realmente.

Capítulo 25 aquí.

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