martes, 3 de julio de 2012

Capítulo 25

Seguía sentada en una cutre silla de plástico, un enorme dolor en la espalda quería que me levantara de la silla. Me levanté y miré por la ventana. Newport no era tan bonito como yo siempre había creído. Era el típico pueblo estadounidense aburrido. ¿Y si nos mudábamos a otra ciudad? Empezar de nuevo, conocer a gente, salir de copas (cosa imposible en Newport).
Desvié la mirada de la ventana y miré a Leo.
Era tan apuesto, era grande y por eso parecía que te iba a proteger en todo momento, tenía una espalda enorme y unos brazos fuertes.
Su piel era morena, pero no por el uso de bronceadores, sino porque tenía un increíble tono de piel típico italiano.
Entonces para mi sorpresa abrió los ojos. Me acerqué a él.
-¿Llevas aquí toda la noche?-me preguntó.
-Sí, pero tranquilo no tengo sueño.- mentí.
-Eso no es verdad. ¿Quieres dormir conmigo?
-Te rozaré la herida y además estarás incómodo.
-Te puedo asegurar que estaré mucho más incómodo sino te tumbas a mi lado.
-Está bien, me tumbo.
Me acerqué muy despacio a la cama y me tumbé a su lado. El roce de su piel me encantó, echaba de menos sus caricias.
-He soñado contigo.-me dijo.
-¿A sí?
-Sí, estábamos en una nube enorme, suave y esponjosa y yo te pintaba. Creo que estábamos en el paraíso.
-¿Había alguien más?
-No, tú y yo, simplemente. Disfrutando.
-Es mejor que duermas, así saldrás antes.-le dije.
-Necesito una cosa para dormirme.
-¿Él qué?
-Un abrazo de amor.- Y entonces le abracé, suavemente recorrí su ancha espalda e intenté no tocar su herida. Pero entonces recordé las clases de magia y me acerqué a la herida. La toqué e intenté pensar mentalmente una rima:
Esta herida que tiene mi enamorado
Quiero que no sea más que un morado.

Sonaba tonto e infantil, pero aquél día no estaba inspirada. Y ante mis ojos vi como la herida desaparecía y se convertía en un pequeño moratón.

Lo abracé y me dormí en sus brazos.
Cuando me desperté eran las 2 del mediodía, me levanté de la cama y fui a avisar a las enfermeras de que el paciente se había curado.

-Tienes razón, sólo tiene una pequeña moradura.- me dijo una enfermera.
-¿Puede salir del hospital?-le dije.
-Por supuesto, en cuanto se despierte le daremos el alta.
-Gracias por todo.
-No es nada.

Llamé a mis amigas a las que me había costado convencer ayer por la noche de que ya se podían ir.
-¿Estáis bien por ahí?-me respondió Violeta.
-Todo lo bien que se puede estar en un hospital.
-¿Cuándo volvéis?
-Hoy por la tarde seguramente, yo voy a comprarme algo de comer y él sigue durmiendo.
-¿Habéis hablado?
-Sí, hoy por la mañana se ha despertado.
-Pues nada, nos vemos luego.
-Nos vemos.

Leo se despertó pasada media hora y nos fuimos.
-¿Condujiste mi moto por mí? Mi novia, la que hace una semana no se quería subir a una moto, se ha montado a mi moto a altas horas de la noche y ha conducido por el pueblo hasta el hospital.
-Si lo dices así suena muy complicado de hacer, pero realmente no fue tan difícil.
-Cariño, siento que no hayas podido dormir por mi culpa.
-¿Por tu culpa? Me has salvado. Eres mi príncipe azul, aquél que cruza el confín del mundo para salvar a su princesa, aquél que lucha contra el dragón y vence.
Osea que deja de decir tonterías.-le dije, me acerqué a él y le di el beso más merecido de la historia.- Me has salvado, has evitado que muriera en las fauces del dragón.
-Te quiero.-me dijo, y eso bastó, eso lo explicó todo. Algunos no lo entenderán, ¿cómo un te quiero puede bastar para dar una explicación a tan larga historia? Otros ya lo habrán descubierto.
-Y yo, nunca lo dudes.-le dije y subida a su moto pensé que ese verano tenía que sacarme el carnet de moto.
Llegamos a nuestra casa.
-¡Qué casa más siniestra!-me dijo.
-Yo ya me empiezo a acostumbrar.-oí a Camila detrás de mí. Vi a Violeta y a María corretear hasta nosotros.
-¿Os lo habéis pasado bien en el hospital?-dijo María irónica.
-Nuestra mejor cita.-dije yo sonriendo.
-Yo me tengo que marchar, ¿me invitáis esta noche a cenar?-dijo Leo.
-Uf, nos lo tendremos que pensar, tenemos mucho invitados.
-Bueno, pues ya me llamáis y eso.-dijo Leo despidiéndose con la mano.

-Dentro de poco es el casting, ¿vamos todas, no?-dijo Violeta.
-Sí, apuntaremos lo que nos ha parecido cada grupo y cuando hayan tocado todos decidiremos.-dije yo.
-Pues vamos ya, porque queda media hora. Por cierto, hemos contratado a una chica para el bar.-dijo María.
-¿Y eso?-dije yo.
-Porque a veces surgen cosas y va bien tener a alguien allí. Va todas las tardes.
y cobra poco, se llama Alice.-dijo Violeta.
-¿Es simpática?-dije yo.
-Sí, aunque es un poco reservada.-dijo Camila.
-Bueno, pues vamos allá.-dije yo.

Íbamos por la carretera escuchando muy alto “Help” de los Beatles y entonces vi a Liam, iba de la mano riendo con aquella chica… ¡Sussy! Aquella chica de la que estuve tan celosa. Los vi pararse y entonces me dio por hacer la mongola y chillé: ¡Un beso! Y no sé si fui yo u otra vez el destino pero vi el amor fluir en sus ojos y también vi ese beso, un beso de amor y supe que Liam lo había conseguido, me había olvidado. Estaba contenta porque sabía que Liam ya no estaba enamorado de mí y me alegraba tanto por él, pero por un momento vi como miraba el escarabajo que conducíamos y no lo tuve tan claro como antes.

-¿Ese era Liam, el exnovio de Amelia?-dijo Camila, tan discreta como siempre.
-Creo que sí.-dijo María.
-Está más guapo que antes, está más cachas.-dijo Violeta sonrojándose.
-Violeta, veo que vas aprendiendo de mí.-dijo Camila, Violeta se rió.
-Pues claro que sí.-dijo ella.

Finalmente llegamos al “bar River”, nuestro bar.
-Buenas tardes, Alice.-dijimos todas.
-Buenas tardes, chicas.-dijo ella, con una voz aguda e inocente.
-¿Ha llegado alguien preguntando por un casting?-dijo Camila.
-Sí, les he dicho que esperaran sentados, ¿dónde vais a hacer el casting?-preguntó ella.
-Pues la verdad, ni idea. ¿La cocina es muy cutre?-dijo ella.
-¿Hay cocina?-pregunté yo.
-Sí, pero no la usamos porque no preparamos comidas.-dijo María.
-Pues si está vacía pueden actuar ahí, ¿no?-dijo Violeta.
-No nos queda otra.-dije yo, para mi sorpresa Camila se subió a una mesa y empezó a chillar:
-¡Atención, atención! ¡Escuchadme! Todos los que hayan venido por el casting que entren en esa habitación de grupo en grupo.- unas 20 personas se levantaron y empezaron a hacer cola, a mi lado, Violeta me dijo:
-¡Qué guay, como en las pelis!-me reí de su comparación.
-Tienes razón.
Cogimos 4 sillas, una mesa, papel y bolígrafos. Camila se asomó a la puerta y comenzó a llamar a los grupos uno por uno. Todos lo hacían bien, algunos mejor que otros, pero no había ninguno que nos llamara la atención.
-Voy a llamar a Pierre un momento.-dijo Camila.-¡No me ha dicho a que hora venía!
Camila se apartó sus largos y negros cabellos y empezó a marcar el número que se había memorizado en Francia y que nunca se había atrevido a marcar.
En cuanto se lo puso al oído unas lágrimas le recorrieron su preciosa carita. Puso el altavoz y nos dejó oír a todas lo que ninguna hubiera esperado: “El teléfono marcado está fuera de cobertura o no existe”
-Puede que esté fuera de cobertura…-dije yo.
-No, porque en la carta me dijo que llegaría a Newport entre las 3 y las 5 de la tarde y son las 6, he mirado los vuelos y ninguno llega a esa hora, pero pensé que no podía ser, que seguramente venía en avión privado, pero ahora esta todo dicho, ese tío es un capullo.-todas nos acercamos y le dimos un abrazo.
-Encontrarás a otro, a alguien que esté a tu altura.
-¿Cómo se pudo resistir a mis encantos?-dijo Camila llorando.
-¿Que te parece si vuelves a casa con alguna de nosotras y las otras dos graban los castings que faltan por grabar que están allí esperando su turno y en casa los miramos y elegimos el que más nos guste?
-Vale.-dijo sonriendo.
-Voy yo con ella.-dijo Violeta, acariciándole la cara.
-Pues María, llama al siguiente.-dije yo.
-Ahora voy.-dijo levantándose.
Y seguimos escuchando grupos de pop, indie, rap, blues, jazz…
Cuando creía que ninguno destacaba especialmente, aparecieron 2 chicos y una chica, los dos chicos eran bastante guapos y la chica era despampananante, rubia con el pelo largo, los ojos azules y una increíble voz.
Los otros dos chicos tocaban la batería y la guitarra.
-Perdonad, ¿queda alguien más por tocar?-les pregunté.
-No, no queda nadie.-dijo uno de los chicos mirando hacia fuera.
-Pues nada, ya os llamaremos si eso…-dijo María, mientras los echaba fuera.
-¡Han sido increíbles!-dije yo cuando cerró la puerta.
-Exactamente lo que te iba a decir yo.-dijo María.

Llamé a Leo para que nos fuera a recoger, y allí vino él tan servicial como siempre.
-Gracias por recogernos.
-De nada, veo que tenéis una camarera nueva.-dijo mirando a la chica que salía del local.
-Sí, se llama Alice.-dije yo.
-¿Y qué tal lo hace?
-Bien, pero es un poco tímida. Hemos hecho un casting, tienes que verlo cuando lleguemos a casa, hay unos que tocan genial.
-Y además están…-le tapé la boca a María para que no acabara la frase.
-muy sincronizados.-dije yo.
-Y también están buenos.-dijo él.
-¿Tanto se nota?-le pregunté yo.
-Un poco.-le dí un beso en la boca.
-¿Me perdonas?- él se río.
-Pues, no sé, puede que no…-le di otro beso más largo.
-Hola, estoy aquí viendo como os enrolláis delante de mí.-dijo María.
-No nos enrollamos.-dije yo.
-Venga, subid a la moto.-dijo él.

Y fuimos hacia nuestra nueva casa escuchando “We are young” de Fun.
No preguntéis como cabíamos 3 personas en una moto, menos mal que no nos paró ningún policía. Yo iba sentada encima de María, que iba detrás de Leo.
-¿Qué tal con Dino?-le pregunté.
-Bien, ¿le invito a cenar?-preguntó.
-Venga, así será más divertido.-dije.
María marcó el número y le salió una risita nerviosa cuando oyó la voz de Dino al otro lado del teléfono. Al cabo de un rato colgó el móvil.
-No puede venir...-dijo ella triste.
-Ya llegamos.-dijo Leo, que ya se había aprendido el camino de memoria.
Bajamos de la moto y aparecieron Violeta y Camila corriendo.
-Estábamos muriéndonos de aburrimiento.-dijo Camila, mientras le daba dos besos a Leo.
-Pues nosotras hemos escuchado a un grupo genial.
-¿Cómo se llaman?-preguntó Violeta.
-Pues… ni idea.-dijo María.
-Al menos tendréis su número de teléfono.-dijo Camila.
-Tan tontas no somos…-murmuré.
-Hemos estado cocinando para divertirnos y hemos hecho mousse de chocolate.-dijo Violeta.
-Seguro que está buenísimo.-dijo Leo.
-No lo dudes.-dijo Camila guiñándole el ojo. Que pronto se había recuperado de lo de Pierre.
-¿Vemos los videos de los del casting?-dije yo, cambiando de tema e intentando no ponerme celosa.
-Vamos.-dijo Leo, cogiéndome de la cintura. Prometo solemnemente que no sabéis como me gustaba que me cogiera de la cintura, como si quisiera mantenerme alejada de todo mal, o simplemente porque le gustaba tenerme cerca.
Después de ver todos los videos quedó decidido que los mejores eran los últimos.
-¡Los tíos están súper buenos!-dijo Camila. Esta tía, en definitiva, no era normal, acababa de descubrir que su novio le ponía los cuernos y empezaba a pensar en como ligarse a los de la banda.
-¿Los llamamos mañana por la mañana?-preguntó María.
-Sí, mañana.-dije yo.
-Bueno, pues empecemos a comer, nos espera un plato de ensalada César, como al principio.-dijo Violeta.
-Cuándo Lidia comía con nosotras.-dijo María melancólica.
-María, ella eligió eso.-dijo Camila tajante y empezamos a comer.
-Tenemos que investigar todo lo que hay en esta casa.-dije yo.
-Quizás sea mejor no hacerlo.-dijo Violeta.
-¿Por?-dijo Camila.
-Puede que sea mejor así, no nos hace falta esa información, no es relevante. Llevamos mucho tiempo así, ¿Por qué complicarlo todo ahora?
-Necesitamos respuestas.-dijo María.- Llevamos ya mucho tiempo así, tienes razón, ¿por qué no saber a que se dedicaban nuestros padres? ¿Por qué no saber como eran: simpáticos, egoístas, introvertidos? ¿Por qué no saber como se conocieron? ¿A qué hora nacimos? Yo quiero saberlo, quiero ser por una vez en mi vida una chica normal, no la rarita que no conoce a sus padres, la rarita a la que una señora que no conoce le ingresa dinero en su cuenta. Hacedlo por mí, al menos, yo busco las respuestas de las preguntas que llevo buscando toda la vida.
-Yo si queréis os puedo ayudar a buscar, y a ordenar esta casa.-dijo Leo.
-Yo estaré encantada de que me ayudes, pero realmente chicas, creo que después descubrir lo que sea, deberíamos cambiar de aires, ir a vivir aventuras a otra ciudad, pedir un cambio a esa universidad y empezar de nuevo allí.
-¿Y el bar?-preguntó María.
-Lo dejamos de alquilar, chicas, llevamos mucho tiempo encerradas aquí.
Tenemos que elegir una ciudad y comprar una casa con él dinero de esta.-dije yo.
-Yo estoy de acuerdo con ella-dijo María.
-Y yo iré con vosotras.-dijo Leo sonriente.
-Yo me marcho de este pueblo.-dijo Camila.
-Y yo también.-dijo Violeta.
Todo estaba decidido, nos cambiábamos de sitio, nos mudábamos, fuera monotonía, solo quedaba elegir destino.

Capítulo 26 aquí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Coméntame, cuéntame que opinas y si tienes un blog, no dudes en hablarme de él. Me pasaré en cuanto pueda :3