viernes, 6 de julio de 2012

Capítulo 28


-Hemos conocido a un chico estupendo.-les dije a Camila y a María.
-¿Gay?-dijo Camila con suficiencia.
-Posiblemente.-al decir eso, oí un pequeño suspiro corto que provenía de la boca de Violeta.
-Violeta, tienes un problema.-dijo María que también se había percatado de su suspiro.
-¿Por?-dijo alarmada.
-Porque te gusta ese chico, y ese chico es gay.-dijo Camila abrazándola.
-No me gusta, me pica.
-Si te pica, ráscate.-dijo María riéndose.
-Va muy bien tener un novio cocinero.-dijo María mirándome.
-Es que yo tengo buen gusto y lo otro son tonterías.-dije riéndome.
-No nos lo restriegues.-dijo Violeta sonriendo.
-Ahora en serio, ser soltera tiene cosas buenas, podéis salir de fiesta y ligotear con quien os dé la gana, acabar a las 4 de la madrugada con alguien que no conoces en tu cama.
-Supongo, pero ya empezamos a madurar, llevamos mucha adolescencia tentando y ahora queremos un noviete.-dijo María.
-Aunque no dure mucho, aunque sepas que se terminará, aunque no te quieras casar con él, simplemente porque te gusta que te bese, que te diga que hoy estás preciosa.-prosiguió Violeta soñadora.
-¡Chicas, la comida ya está!-dijo Leo saliendo de la cocina sin la camiseta, mostrando a quien quisiera su tableta y provocando unos silbidos entre mis amigas.
-No puedes ir por la casa provocando.-dijo Camila sonriendo pícara.
-Sois malvadas.-dijo él mientras se ponía la camiseta.
-Ya ves…-dijo María.
-Hemos conocido a un chico súper amable.-dijo Violeta.
-¿Así, como se llama?-dijo Leo tranquilo, ¿y los celos que se supone que tendría que tener?
-Nicolas.-dijimos yo y Violeta.
-¿Y?-dijo Leo mirando a Violeta a los ojos.
-…¡me gusta!, ya lo he dicho.-dijo Violeta.
-Tranquila, no te vamos a matar.-dijo Camila dándole golpecitos en las espalda como si se fuera a atragantar.
-¿Ponemos música?-pregunté yo.
-Yo tengo que ir a pintar.-dijo Leo con un semblante serio. Me acerqué y le di un beso.
-Pinta, pinta mucho.-le dije al oído, cosas sin sentido que a él le gustaba que le dijera.
En cuanto se fue todas me miraron.
-¡Tienes que hablar con él!-me dijeron preocupadas.
-¿Por qué?-pregunté.
-Porque no se ha puesto celoso, ni un poco, ni siquiera ha preguntado si era guapo.-dijo María.
-Ya…-dije yo mirando el suelo.
-¿A qué esperas? Ya estás yendo a hablar con él.-me dijeron todas empujándome hacia su estudio.
-Ahora voy.-dije mientras abría la puerta de su estudio y oía como mis amigas reían poniendo la canción de los Beatles “With a little help from my friends”, les enseñé el dedo corazón y cerré la puerta.
-¿Qué pasa cariño?-dijo mirándome con preocupación. Primero lo intenté besándole, si no le apetecía algo raro pasaba. Me acerqué despacio y le besé, él se mostró receptivo y como no podíamos pasarnos 5 minutos así para ver si quería o no, decidí que eso no era.
-¿Por qué no te pones celoso por lo de Nicolas?-le dije dejando de besarle.
-Porque confío en ti.-me dijo y me sonó a miel, confiaba en mi y yo no en él, pensaba que no me quería o algo por el estilo, acostumbrada a Liam, que si le decía gracias al dependiente de alguna tienda se preocupaba por la relación.
-Lo siento.-dije rompiendo a llorar.
-¿Qué lo sientes por qué?-dijo extrañado.
-Por no confiar en ti, por pensar que pasaba algo por lo que no te pusieras celoso.-dije aún llorando, se agachó y me limpió las lágrimas con su enorme mano, como si fuera mi padre y una niña me hubiera roto y mi muñeca favorita, la diferencia es que mi padre no era tan atractivo ni tampoco me hubiera levantado la barbilla y me hubiera besado.
-Hay algo que no te he dicho.-le dije con una sonrisa melosa.
-¿El qué?-me respondió él. Me acerqué mucho a él, nuestras narices se rozaban y le dije mientras le miraba a los ojos, a esos preciosos ojos marrón oscuro que tiene:
-Te amo.
Y entonces surgió otro beso. Salí de la habitación y le dejé pintando.
-¿Arreglado?-dijeron mis amigas, que estaban espatarradas por el sofá escuchando “Yellow Submarine”, ellas compartían mi afición por los Beatles.
-Sí, Leo confía en mí.-dije, se escuchó un sonoro “Oooh, que mono” y pusimos la canción de “El secreto de las tortugas” de Maldita Nerea.
-¿Llamamos a Nicolas para quedar esta noche y así lo conocemos?-nos dijo Camila.
-Sí, Violeta, llámalo.-le dije.
-OK.-dijo ella y empezó a marcar, puso el manos libres y escuchamos los pitidos de la llamada.
-Hola.-se oyó la voz de Nicolas.
-¡Hola!-dijo Violeta.- Soy Violeta, ¿tienes plan esta noche?
-No…
-Pues podemos quedar y así conoces a toda la pandilla, ¿quedamos en el Grant Park a las 10?
-Sí, nos vemos allí.-dijo tímido.
Se oyó el pitido que indicaba que se había acabado la llamada.
-¿Qué hora es?-preguntó María.
-Las 4 de la tarde.-le respondí.
-¿Y qué hacemos hasta las 10?-preguntó Camila aburrida.
-¿Pasear?-dijo Violeta.
-Sí y si quieres nos tomamos un helado de nueces de macadamia como las desesperadas o no, mejor, vamos a GAES a revisar el oído como los viejecitos.-dijo Camila sarcástica.

Y pese a todo, salimos de paseo y empezó a llover.
-Es que lo venía venir, hoy no había que pasear.-dijo Camila.
-Cállate un poco.-nos sentamos en la acera esperando al autobús y entonces como en las películas un coche pasó a toda velocidad y nos manchó a todas.
A todas, y nadie, y digo nadie, mancha a Camila.
-Será imbécil el tío ese.-dijo Camila echando a correr calle abajo.
-¿Qué hacemos?-dijo María mirando a Camila correr.
-Perseguirla, aún la perderemos y tendremos un problema.-dije yo echando a correr.
El coche que perseguía Camila se paró, por suerte para ella y salió un chico alto, rubio y con los ojos azules, perfecto para Camila, si no le hubiera manchado de arriba abajo.
-¿Tú quien te crees que eres? Un macarra que pasa a toda velocidad y ni siquiera se disculpa.-dijo Camila enfurecida.
El chico parecía divertido y simplemente la miraba, a los ojos y muy profundamente.
-¿Me vas a responder o es que eres mudo?-dijo Camila, perdiendo los cabales. Me acerqué a ella y le dije que se relajase.
-Imagínate que es mudo, no queremos que se sienta mal.-le susurré.
-Sí queremos.-dijo Camila con una mirada terrorífica de asesina.
-Tranquilízate.
-No, ahora tengo que hablar con él.-dijo Camila acercándose a él, demasiado cerca de él.
-Escúchame, ahora mismo nos vas a acompañar a todas mis amigas y a mí y nos vas a comprar un precioso vestido de fiesta, después de eso, nos vas a acompañar en tu coche, a donde te digamos y te vas a quedar de guardaespaldas y chofer, ¿entendido?
Cuando creíamos que no iba a responder, dijo:
-Sí, entendido.- Abrió la puerta trasera del coche y nos dejó pasar a todas menos a Camila, a la que le abrió la puerta delantera.
-Bien, a lo mejor te doblo el sueldo.-dijo Camila, que se había empezado a relajar y ahora, incluso sonreía.
-¿Tú no eres muy hablador, no?-le dije yo.
-Bueno, tengo mis momentos, pero no creo que a mi novia le haga gracia que no la acompañe a ella de compras y sí a 4 completas desconocidas.-Todas nos quedamos sorprendidas al oír su voz, era preciosa, profunda y grave, muy armónica.
-¿Eres cantante?-dijo María.
-Era, ahora solo soy aficionado.-dijo él.
-Pues deberías hacerte profesional porque tienes una voz preciosa.-dijo Violeta.
-Muchas gracias, ¿cómo os llamáis?
-Yo soy Amelia, la loca es Camila, Violeta es la rubita dulce y María la morena de los ojos verdes.
-Ah,¿y tú que eres?-me preguntó.
-La afortunada con novio.-dijo Camila.
-¿Sois nuevas en Chicago?-preguntó el chico.
-No, nacimos todas aquí. En una de las calles que dan al Grant Park.
-¡Qué suerte! Yo vine aquí hace dos años para estudiar en la universidad de Chicago.
-¿Cómo te llamas?-preguntó María.
-Yo me llamo Zack.
-¿Cómo Zack Efron? ¡Qué guay!-dijo Violeta, profunda admiradora de Zack Efron.
-Sí, como Zack Efron.-dijo él.- Aquí está Prada, ¿os vale?
-Bueno, podría ser peor.-dijo Camila, con un gesto de desprecio. Yo y seguramente todas pensábamos “¡Ha dicho Prada!”.
Bajamos del coche, un precioso descapotable, eso no lo había dicho y entramos en Prada por primera vez en la vida.
Nos compramos unos vestidos preciosos y carísimos y él ni se inmutó, aunque yo me fijé en como miraba a Camila y creo que sentía algo por ella.
-Son las 8, ¿a dónde queréis ir?-dijo él.
-La pregunta es ¿a dónde irías tú?-dijo Camila, que no sabía a donde ir.
-Pues, creo que iría a mi casa, a ducharme y a tirar unas canastas.-dijo él, con una sonrisita.
-Pues entonces, iremos a tu casa, y jugaremos a baloncesto, luego te irás a duchar y nos llevaras otra vez al centro de la ciudad.
-Está bien.-dijo mientras conducía hacia las afueras.
Cuando llegamos a su casa, nos quedamos impresionadas. Era enorme, tenía un jardín gigantesco, una cancha de baloncesto y una casa enorme en medio de todo aquello.
Nos dejó unas camisetas suyas para cambiarnos y poder jugar a baloncesto y nos dirigimos a la cancha.
-Este es el trato, si ganamos nosotras nos llevas a un sitio VIP a tomar algo y si ganas tú…-dijo Camila esperando que él prosiguiera-.
-Si gano yo…-se quedó pensativo y sonrió- Si gano yo, me devolveréis los vestidos de Prada.
Todas pusimos cara de circunstancias, pero a Violeta se le ocurrió una idea algo malvada para una mente como la suya.
-Es injusto 4 contra 1.-dijo Violeta intentando parecer buena- Yo jugaré con él, así seremos 3 contra 2.-dijo sonriendo.
-De acuerdo.-dijo Camila.- Aún así vamos a ganar.
Sus miradas se encontraron, parecía como si quisieran esconder su amor, sus ojos decían que era una mirada desafiante, pero su corazón decía que era una mirada de amor.
-¡Qué empiece el partido!-dijo él.
Al principio íbamos perdiendo, pero llego el momento final y Violeta empezó a utilizar su gran plan, por los vestidos de Prada.
Empezó a jugar como si fuera de nuestro equipo, metía canastas donde no tocaba y cuando Zack la reñía se ponía a gimotear.
Al final ganamos nosotras, haciendo trampas, pero ganamos.
-Sois unas tramposas.-dijo él con una sonrisita.
-No dijiste nada de que no se pudieran hacer trampas.-dijo Camila, mirándole con picardía.
-¿A dónde nos llevarás?-pregunté yo.
-A un sitio que hay cerca del parque Harrison.-dijo él.
-Bien, pues nos vestimos, llamamos a Nicolas y a Leo. Y quedamos a las 10 en el Harrison Park.
Subimos a vestirnos y juraría que mientras nos vestíamos nos miraba por la ventana. Camila se percató y, en ropa interior, miró por la ventana.
Y allí estaba él.
-¡Eres un pervertido!-dijo ella, chillando. Él sonreía, simplemente sonreía.
-Voy a bajar a hablar con ese mindundi.-dijo ella.
Nos asomamos a escuchar lo que decían, ella estaba muy cerca hablándole enfadada.
-Nos debes otra, Nicholson.
-¿Cómo sabes que me apellido Nicholson?
-Lo pone en el buzón, tampoco es muy difícil.
-Estabas deseando que mirara por esa ventana.-dijo él, con una sonrisa.
-Eso no es cierto.-dijo ella, más enfadada aún, pero acercándose a él.
Entonces sus bocas se unieron y parecía perfecto, pero Camila se alejó y le día una bofetada.
Fue increíble, nunca la había visto pegarle a un chico, mentira, la había visto varias veces, pero parecía increíble.
Subió muy digna mientras gritaba “y no lo vuelvas a hacer”.
Nos acabamos de vestir, con las cortinas corridas y bajamos. Él llevaba un traje, muy bonito.
Llamé a Leo y a Nicolas para avisarlos de donde habíamos acabado y de que fueran elegantes.
Y estuvimos escuchando, evidentemente y gracias a la presión de Camila, “Heres comes the sun” de los Beatles hasta llegar al parque Harrison.
Un parque del cual me encantaba su nombre, por ya sabéis que…
Si no lo sabéis es que no os gustan los Beatles osea que os haré el vacío y seguiré mirando el paisaje de Chicago.

Capítulo 29 aquí.

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