sábado, 7 de julio de 2012

Capítulo 29

Habíamos pasado una noche fantástica en un sitio VIP de Chicago, y todo esto solo en el segundo día en Chicago. Habíamos conocido mejor a Nicolas y a Zack, que se había hecho muy amigo de Leo, cosa que me alegraba. Eran las 3 de la madrugada y acabábamos de dejar con el coche de Zack a Nicolas en su casa, se había vuelto muy amigo de Violeta y de mí.
Ahora Zack nos dejaba en nuestra casa.
Llegamos a casa y Camila le susurró algo al oído que le hizo mucha gracia.
-Ya tenemos chófer para mañana.-dijo ella sonriendo.
-Muy bien.-dije yo, chocándole los cinco.
Todos nos fuimos a la cama y al tumbarme en la cama le di un beso a Leo y me quedé dormida.
Eran las 12 de la mañana, me levanté y miré el panorama de Chicago por la ventana. Hacía buen día. Me dirigí a la cocina.
En la cocina estaban Camila y Leo hablando de baloncesto para mi sorpresa.
-María y Violeta están duchándose en los dos baños.-dijo Camila cuando me vio.
-Genial.-dije yo adormilada.
Cogí una taza y me puse un poco de café, me sentó bien, cogí un cruasán y lo mordí. ¡Estaba riquísimo!
-Son de una pastelería cercana.-dijo Leo al ver mi cara de gusto.
-Están buenísimos.-dije yo.
Violeta apareció por la puerta y cogió un cruasán.
-Hay que empezar a organizar los muebles.-dijo ella.
-Llamaré a Zack para que nos recoja más tarde.-dijo Camila levantándose de la mesa.
Me duché, me vestí y me maquillé ligeramente.
La casa ya parecía la típica de las Elegidas, en todas las habitaciones estaban nuestras lámparas preferidas. Esas que tienen dentro como una especie de globos de colores que suben y bajan muy despacio.
Después de comer, subimos a la terraza, se veía todo Chicago, era preciosa. Nos bañamos en la piscina y mientras Leo bajaba a pintar estuvimos tomando el sol.
-¿A qué hora viene Zack?-preguntó María.
-A las 5 de la tarde.-dijo Camila.
-¿Y a dónde nos llevará?-preguntó Violeta.
-A una galería de arte.-dijo Camila.- Leo también quiere ir.
-Yo creo que no iré. Voy a comprar un espejo para el baño.-dije, ya que lo necesitábamos con urgencia.
-Sí, mi espejo de mano no da para mucho.-dijo María.
-¿Iréis con Nicolas?-pregunté.
-Sí, seguramente, le he dejado un mensaje. Es muy dulce.-dijo Camila.
-Sí, es encantador.-dijo María.
-¿A ti te gusta Zack?-preguntó Violeta, directa.
-No, ¡es un pervertido, me cae fatal!-dijo ella a la defensiva.
-¿Y por qué sigues diciéndole que venga?-preguntó confusa Violeta.
-Porqué nos debe un favor, y aunque me caiga mal, debe cumplir su promesa.
-Lo que tú digas…-dijo María.
-Es cierto, es un prepotente, chulo, malcriado.-dijo Camila y yo esperaba oír un “pero me gusta” que no dijo. Ella era así, se le había metido en la cabeza que no y aunque se muriera por sus huesos sería que no.

Cuando fueron las 5 y todos se habían ido con Zack, yo fui a la tienda de espejos dispuesta a encontrar uno perfecto para nuestro baño.
Después de mucho buscar lo encontré, era redondo y estaba adornado con un marco rojo brillante de metal y con forma de ondas. Un poco extraño, pero perfecto para nuestro baño, demasiado común para ser nuestro.
Salí de la tienda, solo tenía que andar unos 15 minutos hasta llegar de nuevo a casa. Miré el reloj, ya eran las seis. Caminaba rápidamente por la acera cuando vi a un chica, llevaba un moño alto y era delgada, no demasiado pero lo era, tenía el pelo negro y los ojos azules muy claros, y parecía tener unos 18 años. Iba muy cargada, con un montón de hojas , unas zapatillas de ballet y un traje precioso para una bailarina. Y mientras la observaba con curiosidad, vi como todo lo que llevaba se le caía. No había mucha gente por la calle, osea que cogí el montón de hojas y las zapatillas de ballet.
-Muchas gracias.-dijo ella con una sonrisa.- ¿Me podrías hacer un favor?
-Sí, claro.
-Podrías acompañarme hasta el conservatorio con todo esto, es que no creo que mi trabajo sobre la danza contemporánea llegue sano y salvo con este viento.-dijo ella.
-¡Claro, no te preocupes!-dije acomodando lo que llevaba en mis brazos.
-¿Estudias ballet, no?-pregunté.
-Sí, danza, en el conservatorio y tengo que entregar este trabajo si quiero pasar al grado superior, que sería como una carrera universitaria.-dijo con la mirada soñadora.
-Espero que entres.-la animé.
-Eso espero. Por cierto, me llamo Charlotte, encantada.-dijo ella.
-Yo me llamo Amelia.-dije esbozando una sonrisa.
-¡Qué nombre tan bonito, nunca he conocido a nadie con ese nombre!-dijo, se parecía un poco a Violeta, pero ella no era tan tímida y parecía mucho más segura.
-Yo este año empezaré la universidad.-dije cambiando de tema.
-¿Qué carrera?
-Periodismo.
-Oh, que bien. ¿Eres de Chicago?-preguntó.
-No, soy de España, aunque vivía en Newport, hasta que hace menos de una semana me mudé con mis amigas y mi novio.
-Yo hace mucho que vivo aquí, mi padre era inmigrante ilegal mexicano y mi madre nació en Chicago. Viví unos años en México y luego me vine a Chicago con 4 años. No recuerdo nada de nada.
-Osea que eres mexicana, increíble.-musité.
-Sí, mexicana.
-¿Te gusta el guacamole y esas cosas?
-Sí, me encanta el guacamole, pero no me gusta la música mexicana, me gustan los Beatles.-dijo sonriendo.- Y la música clásica para ballet.
Y entonces supe que esa chica estaba destina da a ser amiga nuestra.
-¿Me das tu teléfono, así un día podemos quedar y te presento a mis amigas y a mi novio?-le dije.
-Sí, últimamente casi no salgo, mis amigas están de veraneo o no salen de su casa de tanto practicar ballet.-dijo ella con una sonrisa.
Me dio su número y llegamos al conservatorio.
-¡Hasta luego, Charlotte!-dije dándole dos besos y todas sus cosas.- Espero que no se te caigan por el camino.
-Esperemos…¡Adiós!-dijo ella, que estaba realmente preocupada mirando el montón de hojas.
Seguí caminando y decidí coger un autobús, allí me encontré con Nicolas que volvía de la galería. Me acerqué a su asiento y le saludé.
-Hola, Nico.-le dije contenta de ver a alguien conocido.-¿Te vas a casa?
-Sí, a casita. ¿Tú también?-me preguntó.
-Sí, si quieres te puedes venir, voy a ver Sirenas, que hoy la echan en la tele y me encanta esa película.
-No puedo, tengo que preparar la cena para cuando vengan mis padres y ordenar la casa y… un montón de cosas más.-dijo mordiéndose los labios.
-Pues nada, tú te lo pierdes.-dije haciendo ademán de enfadarme.
-No te enfades.-dijo Nico preocupado.
-¿Cómo me voy a enfadar con el chico más mono del universo?-dije dándole un abrazo.
Nos soltamos y se abrieron las puertas del autobús.
-Mi parada, ¡nos vemos!-dijo él, mientras se despedía con la mano.
-Hasta pronto.-dije sonriéndole.
A los cinco minutos se abrieron las puertas de mi parada y bajé del autobús.
Entré en casa y pensé en aquella chica. Me alegraría mucho saber que algún día sería una famosa bailarina, era una chica muy simpática.
En seguida llegaron todos, y lo que creía que sería un día feliz, acabó en desastre.
Primero, subió Violeta con Leo.
-¿Y Camila y María?-pregunté yo.
-María está hablando con Zack en el portal, y Camila ha ido a comprar yogures y azúcar para hacer un bizcocho.-dijo Violeta.
Me asomé al balcón, curiosa por saber que hacían Zack y María en el portal.
En un principio, solo hablaban, pasaron cinco minutos hablando y supongo que tirándose los tejos.
Vi a Camila salir del 24h que había muy cerca de nuestra casa y justo cuando Camila cruzó el semáforo, los labios de María se acercaron a los de Zack y se besaron, con pasión, pero a simple vista sin amor. A Camila, en un principio no le gustaba Zack, pero todo el mundo sabía que sí, y María había hecho mal, muy mal. Camila al verlos, entró corriendo en el portal mientras se secaba las lágrimas.
Zack le dijo algo e intentó cogerla, pero ella sacudió la mano y se fue corriendo. Zack se quedó parado, también sabía que lo había estropeado todo.
Abrí la puerta corriendo y abracé a una Camila llorosa, deprimida y sin ganas de hablar de nada.
Nos sentamos en el sofá y le conté a Violeta que había pasado, Violeta bajó al portal dispuesta a reñir a María y a Zack.
Segunda vez que María y Camila se peleaban por un chico, en el fondo, eran parecidas; atrevidas y alocadas.
María entró por la puerta.
-Camila, lo siento mucho, no debía haberlo hecho.-dijo María.
-Ya es tarde para disculpas, hiciste mal, lo fastidiaste todo.-dijo Camila rompiendo a llorar.
María se acercó a ella.
-Por favor, vete, no quiero hablar contigo.-dijo Camila.
-Camila, tenemos que solucionarlo.
-Ahora mismo, si te acercas te meteré un guantazo osea que aléjate sino quieres una marca roja en esa carita traidora que tienes.-dijo Camila malhumorada.
María se alejó triste, pero antes de empezar a subir las escaleras se giró y dijo.
-Camila, no te enfades con Zack, él te quiere, yo simplemente quería probarle, no estoy enamorada de él, pero es guapo y quería intentarlo, tendría que haberlo pensado mejor, pero quiero que sepas que él me rechazaba, no quería nada y ese beso, fue frío, con lengua porque yo quise, pero te puedo asegurar que él no participó en ese beso.
Camila pareció alegrarse.
-¿Se ha ido Zack?-preguntó ella.
-No, está abajo, esperando a que tú quisieras hablar con él.
Camila se fue al baño, se limpió la cara, se peinó y bajó las escaleras que conducían al portal.
Allí estaba Zack, apoyado en los buzones. Seguramente en una postura irresistible para cualquier chica, y por supuesto irresistible para Camila.
-¡¿En qué pensabas cuando la besaste?! Porque yo no soy tan tonta como para creerme las mentiras que me ha dicho María para cubrirte.
-Camila, yo te quiero, y creo que no he querido nunca nadie como te quiero a ti, no de esta forma, por favor dame una oportunidad, no te arrepentirás, sal conmigo, al menos un día, vamos al cine, como una pareja y nos besamos en las oscuras salas que hay. Y si no te gusta ese beso, sino te gustaría que todos los días que saliéramos fueran así, entonces te dejaré ir, pero no puedo irme de tu vida sin haberlo intentado. No te fallaré.
Camila se puso a llorar.
-¿Te crees que yo no te quiero? Que cuando te miraba a los ojos y me perdía en ellos no tenía unas ganas terribles de besarte y decirte que te quería. Y además yo te quiero, desde que te vi en ese coche mirándome mientras te chillaba supe que eras mi hombre.
Zack se arrodilló, como si fuera a pedirle a Camila matrimonio y le dijo:
-Camila, Camila Shamhala ¿me das la oportunidad de hacerte soñar conmigo, mañana a las 5 en el cine más cercano posible?
Camila que aún lloraba se rió por la ocurrencia de Zack y se quedó impresionada por saber su apellido.
-Sí, Zack Nicholson, pero si rompes con tu novia.
-Rompí con ella la misma noche que te conocí.-dijo él.
Y juntos se dieron un abrazo, Zack quería un beso, pero Camila le puso un dedo en los labios y le dijo:
-Esta vez no lo quiero estropear, iremos despacio.
Y así empezó la historia de amor de Zack, un ricachón de Miami y Camila, una loca de Newport, esa historia que nunca se hubiera iniciado si nosotras no nos hubiéramos mudado a Chicago, a esa casa, y hubiéramos decidido dar un paseo por ese mismo camino, sino nos hubiéramos parado en esa zapatería y si ese chico, al ver a aquella chica tan guapa no hubiera decidido ir más rápido y acercarse a nosotras, manchando la ropa de Camila y provocando una ira que hiciera perseguir ese coche donde estaba el chico del que se enamoró Camila Shamhala.

-Destino.-dijo Violeta sonriendo, mientras seguramente pensaba que algún día ella pasaría por la misma historia de amor.
-Así lo llaman.-dije yo.
Zack se marchó guiñándole un ojo a Camila y nosotras subimos al piso de arriba, donde Camila le dio un gran abrazo a María olvidando su rencor y recordando lo más importante, la amistad que las unía.
Empezamos a hacer un bizcocho de yogur con extractos de nuez, nuestro fruto seco favorito y gotas de chocolate.
Y Leo metió en el horno una pizza margarita.
Me acerqué a él y le abracé, lo miré a los ojos y le di un beso. ¡Que bonito era el amor y cuanto sufrimiento conllevaba encontrarlo, lo que había llorado cuando le fui infiel a Liam por ese chico del que estaba perdidamente enamorada y que había encontrado gracias al incansable destino!

Capítulo 30 aquí.

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