martes, 10 de julio de 2012

Capítulo 32

-¿Qué tal está Giulia?-le pregunté preocupada.
-Está mal, bastante mal, sigue viva, pero no sé cuanto tiempo tardará en curarse o si se curará, los médicos dicen que podría ser cualquier cosa, que fue una herida grave pero que como es joven tiene más oportunidades de curarse.
-¿Para qué tenía que venir?-le pregunté.
-Porque en la ambulancia dijo algo, se supone que está en coma y eso, pero dijo Amelia, muy flojito pero lo dijo y creo que puedes ir allí y hablarle. Dicen que cuando estás en coma oyes, si le dices que la perdonas y eso puede que muera más feliz, tú ya me entiendes.-me dijo.
-Ahora voy, sé que no era una mala persona.-le dije, y entré en la habitación.
Estaba tumbada en la cama, parecía que dormía porque al ser pálida no se la veía más blanca, la diferencia era que si estuviera realmente dormida no llevaría varias bolsas de suero y otras cosas y una máquina enchufada a ella.
-Hola, Giulia, soy Amelia. Me han dicho que cuando estás en coma oyes lo que te dicen por eso estoy aquí. Giulia, Leo me ha contado que eres muy importante para él, que aunque a veces haces cosas extrañas, como amenazar a personas con matarlas, eres una buena persona que ha pasado por cosas muy difíciles, no sé si esto te va a influir en algo, pero quiero que sepas que yo quiero ser tu amiga, que yo te perdono y que si en algún momento necesitas algo yo estaré allí para ayudarte.
Creo que me escuchó porque movió ligeramente la comisura de los labios.
-Giulia, quiero que si consigues salir de esta sepas que hay gente que te quiere, que no estás sola, que tienes amigos, como Leo y yo que te ayudarán a superar todo esto, te llevaremos a un psicólogo para que arregles tus problemas mentales, puedes volver a Calabria y encontrar a alguien, enviarnos postales, cambiar tu vida y empezar de nuevo cuando estés totalmente recuperada.
Otra vez la misma sonrisa. La acaricié y me marché.
-¿Has hablado con ella?-me preguntó Leo.
-Sí, creo que me ha perdonado. Creo que empieza a estar mejor. ¿Has hablado tú con ella?
-Sí, le he dicho que pese a lo que ha hecho y que hizo mal yo siempre estaré ahí con ella. No como pareja, pero ahí.-me dijo. Entonces empecé a llorar, Leo me abrazó.
-¿Por qué lloras?
-Porque yo siempre la odié, porque ella estaba enamorada de ti y te tiraba los tejos con total naturalidad, y nunca la traté como una amiga sino como un incordio.
-Yo también lo hubiera hecho, si un amigo tuyo te tirara los tejos descaradamente y fuera de superior intentando ser el centro de atención hubiera hecho lo mismo que tú. Ahora lo sabes, y lo has solucionado, ya no puedes hacer nada más, el destino elegirá su muerte o su vida.
-Tienes razón, no solo pintas bien sino que además eres inteligente.-le dije a Leo.
-¿Y tú qué? Aquella chica a la que la mejor amiga de su novio intenta matar y se pone a llorar porque ha sido cruel con ella.-me echo a reír, y le doy un beso.
-Tú siempre lo cuentas todo de forma que parezco una heroína.-le dije.
-Es que lo eres, una heroína, la mía. Tú eres mi heroína, rescataste mi corazón de la monotonía y le enseñaste a enamorarse, a besar a la chica de tus sueños con amor, de tratarla como una princesa.
-Eso lo aprendiste tú solito, porque eres así de genial.-nos dimos otro beso y salimos del hospital.
Íbamos caminando por la calle cogidos de la mano, hablando de todo y nada, de mucho y poco.
-Hay algo que nunca me cansaré de decirte, te quiero.-me dijo él de repente.
-Y yo. Pero no crees que no es suficiente, que a veces las personas necesitan decirse algo más, porque te quiero es tan simple, ni siquiera es difícil de pronunciar. Si hubiera que decir algo como “Doctor, anúlemelo” pues entonces habría que decir, “un respeto, que acaba de decir doctor, anúlemelo o esternocleidomastoideo”.
-Tienes razón, ¿y tú que crees que se podría hacer para demostrar amor eterno?
-Pues…-empecé a pensar.-escribir con una avioneta “Te quiero” o “Te amo” como en las películas. O subirse al Empire State de Nueva York y chillar “Yo amo a Leo Bianchi”, no sé… hay tantas formas.
-Un día te sorprenderé.-me dijo él.
-No si yo lo hago antes.-dije, subí a un taxi corriendo, detrás de mí subió Leo.
-A la calle South Wacker Drive, por favor.-le dije al taxista.
Llegamos allí y Leo supo donde lo llevaba, lo llevaba a la Torre Willis o Torre Sear, que durante 20 años fue el edificio más alto del mundo y que ahora mismo era el más alto de América.
-Eres de lo que no hay.-dijo mientras bajábamos del taxi.
-Lo sé.
Subimos al último piso, a la terraza, había bastante gente, pero no me importó, las vistas eran espléndidas y lo hice:


-Buenos días América, estoy en el edificio más alto de Chicago y de toda América y quiero decirle a Leo Bianchi que estoy enamorada de él y que me hace feliz, que me hace la mujer más feliz del mundo, que cuando me mira y me dice que me quiere, se detiene el tiempo, que nuestros besos son más románticos que los de las películas de amor y sobre todo quiero decirle a toda América, que le quiero como jamás he querido a nadie y que sería capaz de hacer 100 locuras como esta o más con tal de que me diga con esa sonrisa suya que estoy loca, y lo estoy, loca de amor, loca por él. Leo Bianchi, yo, Amelia Darío, te quiero.-dije yo chillando.
Y todo el mundo que estaba allí empezó a aplaudir, pero yo solo quería verle la cara a Leo. Estaba sonriendo, me miraba con la cara de enamorado que tenía, tierna, dulce y a la vez sexy y provocativa.
-Yo también te quiero, y voy a ser original y en vez de imitarte lo haré en otra ocasión, ya pensaré como.
-Por mí perfecto.-dije mientras él se inclinaba y me besaba.
Bajamos de ese edificio, que nunca olvidaría y continuamos nuestro paseo hacia casa. Tenía hambre y cuando llegué el pastel de carne se había reducido a menos de la mitad. Leo y yo nos lo comimos y los llamamos a todos para comernos el pastel de chocolate juntos.
Llegó toda la pandilla que había estado en la terraza bañándose en la piscina y empezamos a tomar el postre.
-¡A qué no sabéis lo que ha hecho Amelia!-dijo Leo.
-¿Hacer puenting?
-No, declarar su amor por mí en el edificio más alto de Chicago.-dijo.
-¡Qué romántica que eres!-dijeron todos.
-Lo que hizo Zack tampoco estuvo mal, cantar en el Grant Park mi canción favorita.-dijo Camila.
-¡Era el edificio más alto de América, Camila!-dijo Violeta.
-Tienes razón, pero a mí me encantó.-dijo sonriéndole a Zack.
-Un día de estos os tengo que presentar a mí novio.-nos dijo Charlotte de repente.
-¿Cómo se llama?-preguntó Camila.
-Brandon. Es pelirrojo, con los ojos verdes.-dijo ella.
-¿Guapo?-preguntó María.
-Para mí sí, pero cada uno tiene sus gustos.-dijo señalando a Zack, a Nicolas y a Leo. Me fijé en que eran muy diferentes, Leo y Zack se parecían por el carácter, pero físicamente eran muy diferentes. Zack y Nico se parecían un poco físicamente y sin embargo sus caracteres eran muy diferentes. Nico y Leo no se parecían en nada.
-Tienes razón.-le dije a Charlotte.
Zack y Nicolas se fueron y Leo los acompañó, supongo que para hablar de cosas de tíos.
María y Camila se acercaron a mí, mientras Charlotte y Violeta charlaban en la cocina.
-Tienes que leer la novela de Violeta, ya.-me dijo Camila.
-¿Por qué?-pregunté yo extrañada. Ellas pasaron de mí y encendieron el ordenador, abrieron la carpeta de “Mis documentos” y me dieron el portátil para que empezara a leer.
Empecé a leer la primera página y la verdad es que la novela era un auténtico, Camila y María me interrumpieron.
-¿Te gusta?-me preguntaron ellas.
-Mmmmh, no.-dije yo.
-¿Cómo se lo decimos?-me dijo María.
-Pues, podemos esperar a que alguien se atreva.
-Es que es aburrida hasta decir basta, es todo plano, no expresa emociones y todo pasa demasiado rápido. Muchas cosas que pasan son copias de películas. En definitiva, que es una mierda.-dijo Camila, un poquito drástica pero totalmente sincera.
-Podemos escribir una nota.-dije yo.- La dejamos por ahí y cuando la lea lo sabrá.
-No somos tantos, en seguida sabrá quien la ha escrito. Pero, se me ha ocurrido una idea.-dijo María.
Creo una cuenta de Hotmail de una escritora famosa y empezamos el plan.
-Violeta, puede que te hagas famosa, ¿Por qué no le envías un correo a algún autor famoso como por ejemplo: Stephany Mayer, la de la saga de crepúsculo
-¡Es verdad! Pero no me sé su dirección electrónica.-dijo ella.
-Me he tomado la molestia de conseguirla para ti.-dijo Camila, dándole un papelito donde estaba apuntado stephanymayerwriter@hotmail.com .
-Oh, muchas gracias, sois las mejores.-dijo ella dándonos un abrazo. Aunque sabía que se le iba a partir el corazón cuando recibiera la respuesta así era mejor.
-¿Escribes una novela?-preguntó Charlotte.
-Sí, ya la he acabado, si quieres puedes leerla, está en la carpeta “Mis documentos” y se llama Una noche en el River: 100 que nunca deberían pasar.
-La empezaré a leer cuando pueda. Chicas, tengo un problema.-dijo Charlotte.- Necesito una sala para practicar ballet, sino practico suspenderé y en el conservatorio solo puedes pedir una sala para ensayar una vez a la semana.
-Tengo una idea.-dije subiendo a la terraza.- Aquí arriba hay un trastero enorme que no usamos para nada. Lo podemos adaptar y llenarlo de espejos, con una barra para que tú puedas bailar.
-Muchas gracias.-dijo ella con una gran sonrisa.- ¿Puedo ver el sitio?
-Sí, mira, es ahí.-dije indicando una especie de caseta que había a un lado de la terraza.
-Es bastante grande.-dijo Charlotte al entrar.- Me llega para practicar.
Medimos las paredes y encargamos espejos del mismo tamaño en una de las tiendas de la ciudad. También compramos una barra en una carpintería.
-Con esto quedara genial.-dijo ella.- Pero hay que esperar a que acaben de hacer los espejos.
Entramos en casa y Leo ya había llegado, estaba sentado leyendo el periódico.
-Cariño, sé que preferirías no saber esto, pero te lo tengo que decir. Liam se ha intentado suicidar.-dijo Leo a mi lado, que leía un suceso que ocupaba una página entera del periódico.
-¿Sigue vivo?-le pregunté a Leo.
-Sí, pero es mejor que le vayas a visitar, lo han trasladado a Nueva York a un centro especial.
-Puedes leer la noticia en voz alta, yo no me veo capaz de leerla.-dijo llorando.
-Está bien.- se aclaró la garganta.- Joven de 19 años intenta suicidarse en una de las callejuelas de un pequeño pueblo de la costa norte americana, Newport. El joven se hizo un corte en las venas y con su propia sangre puso en el muro, “Amelia, siempre te amaré”. El joven se hizo cortes por todas las partes de su cuerpo como modo de tortura y ahora mismo está en Cuidados Intensivos en Nueva York.
-¡Oh, no! Pensé que lo había superado, pero tengo que ir a Nueva York a verle.-dije yo. Cogí uno de mis bolsos más grandes y metí un par de camisetas unos shorts y mi cartera.
-¿Quieres que te acompañe?-me preguntó él. Me quede en silencio pensando, no era lo mejor pero yo sola en Nueva York era algo que no es que me hiciera mucha ilusión, por otra parte podría llevar a alguna de mis amigas pero en el fondo echaría de menos a Leo y él no tenía porque entrar en la sala del hospital.
-Sí, prefiero que me acompañes.-le dije.- ¡Prepárate, no sé cuantos días estaremos allí¡
-Llámanos todas las noches, como si fuéramos tu madre.-dijo Camila mientras sacaba una masa de empanada de la nevera y empezaba a freír un poco de cebolla en una sartén.
-Os llamo a las 10.-les dije.
-Adiós.-dijeron todas, nos dieron dos besos a Leo y a mí y siguieron a su rollo como si no conocieran a Liam.
Nos fuimos en autobús hasta el aeropuerto y allí cogimos un vuelo a Nueva York.
Nos subimos en el avión y nos acomodamos en nuestros asientos.
El viaje duraba unas 3 horas y empecé a pensar en que le diría a Liam al verlo.

Capítulo 33 aquí.

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