jueves, 12 de julio de 2012

Capítulo 33

Después de llegar a Nueva York nos habíamos perdido buscando el hospital y ahora estábamos allí enfrente de él.
Leo me cogió de la mano.
-¿Quieres que entré?-me preguntó.
-Acompáñame hasta la puerta y luego ya veré, depende de cómo esté.-dije yo.
-Buenos días, vengo a ver al paciente Liam, ingresado hace poco.-le dije a la enfermera.
-Sí, ya sé, pero es mejor que no le vaya a visitar, está en reposo.
-¿Está en coma?-pregunté.
-Parece que se empieza a despertar pero no estamos seguros.
-¿Cuándo podré ir a verlo?
-Si puedes esperar unas horas, mejor. ¿Eres pariente?
-No, soy Amelia.-le dije.
-Ah, ya entiendo.-dijo ella recordando lo que había hecho Liam en su intento de suicidio.- Pues yo le recomiendo que vayan a cenar y luego vuelvan a hablar con Liam.
-Pues nada, luego volvemos.-le dije a la secretaria.
Fuimos andando y encontramos una pizzeria italiana que tenía buena pinta.
-Definitivamente me gusta más Chicago, son parecidos pero, no sé, Nueva York es demasiado grande.-le dije a Leo.
-Sí, a mí Chicago me encanta.-me dijo Leo con esa sonrisa tan bonita que tenía. El camarero se acercó a nosotros.
-Buenos días, ¿Qué quieren para cenar?-dijo un camarero con una acento italiano como el de Leo.
-Una pizza capricciosa y una Coca cola.-dije yo.
-Yo, una pizza 4 quesos y otra Coca cola, por favor.
-¿Es usted italiano, no?-le dijo el hombre.
-Sí, soy de Nápoles.-dijo Leo con una sonrisa.
-Oh,io sono di Messina, in Sicilia, come mi manca l'Italia!- que debía ser que echaba de menos Italia, o algo así.
-Anche a me.
-Sai, per me il più bello paese sará sempre l'Italia.- Leo se rió.
-Certo. Per inciso, la pasta della pizza molto sottile, non come l'americano.-dijo él, yo no tenía ni idea de que decían pero aún así me encantaba como sonaba ese idioma.
-Certo, e anche portare limoncello, sulla casa.
-Non c'è bisogno...
-Sí, lo é, non tutti i giorni sono italiani qui.
-Okey, si vince.
-Vengo ora.
-Okey.
-¿Qué te ha dicho?-le pregunté yo cuando el camarero se fue.
-Que nos invita a licor, a uno italiano.-dijo él.
-¡Qué bien esto de tener novio italiano!
-¿Sólo tiene esto de bueno?
-Mentiría si dijera que sí.-nos dimos un beso.
-Ti amo.-me dijo él y nos volvimos a besar.
-¿Estás preocupada por Liam, verdad?
-Sí, es que era un gran amigo y es una gran persona. Lo que deben estar sufriendo sus padres y todos sus amigos.
-Estamos igual.
-No, yo hace poco que conozco a Liam, lo de Giulia es mucho más fuerte. Y estás siendo muy bueno conmigo.
El camarero apareció con las bebidas.
-El limoncello de postre.-dijo sonriendo.- Te gustará.
-Eso espero, tengo que acostumbrarme a lo italiano.
-¿Te irías con él a Italia?-me preguntó el hombre.
-Por supuesto, a Italia y a cualquier parte del mundo.
-Gran chica has elegido, gran chica.-dijo él mirando a Leo.
-Eso ya lo sé.-dijo Leo, mientras me besaba.
-¡Qué pena que no me quede tiramisú! Pero en Ferragosto estáis invitados.
-No sé si podremos venir.-dijo Leo.
-¿Dónde vivís?-preguntó.
-En Chicago, hemos venido a Nueva York porque han ingresado a un amigo en el hospital.-dijo Leo.
-¡Mamma mia! Qué pena, puede que Nueva York no sea como Italia, pero es bonita.-dijo él.
-Nos gusta más Chicago.
-Nunca he estado, no me muevo mucho por América.
-Venimos de un aburrido pueblo costero.-dije yo, el camarero se rió.
-En Italia los pueblos del sur nunca son aburridos.-dijo él.
Se marchó y esperamos a que trajera la pizza.
-Buon appetito.-dijo el camarero con dos pizzas.
-Grazie.-dijo Leo.
-Gracias.-dije yo en español.
-¿Española? Tendrías que haberlo dicho antes.-dijo en un español muy gracioso.- Yo estuve trabajando allí 6 años y algo de castellano aprendí.
Nos sirvió las pizzas y se fue.
-¡Están buenísimas, súper finas!
-¿Quieres probar la mía?-giró el plato y en la pizza hecho con salami había un enorme “Ti amo”. Puede que no fuera lo más romántico del mundo pero me encantaba.- Cortesía del camarero.
-Oh, cariño, yo también te quiero.-dije acercándome a él y dándole un beso con sabor a pizza.
Nos comimos las pizzas, felicitamos al camarero y nos fuimos al hospital a vivir la cruda realidad.
-Ya ha salido del coma, pero está muy débil, piensen que solo lleva dos días en cuidados intensivos y aunque la mayoría de sus heridas más están curadas las más profundas aún no. Pero pronto se recuperará.-nos dijo el médico que había allí.
-Leo, voy a hablar con él, tú quédate aquí afuera.
El médico me abrió la puerta y le vi allí tumbado, su rostro estaba muy pálido y su pelo rubio ya no desprendía vitalidad.
Parecía dormido, pero en cuanto dije “Hola, Liam, te he echado de menos”, abrió los ojos.
-Amelia, no tenías porqué venir.
-Si no tenía que venir, ¿por qué pusiste aquello en la pared?
-Por qué yo estaba allí con vosotros en Chicago. Había oído que os habíais mudado a Chicago y fui a visitaros. Iba caminando por la calle y te vi, estabas con un chico alto y fuerte, muy moreno, tu novio supongo, y oí lo que le dijiste, lo de que a veces el “te quiero” no es suficiente, que es algo fácil de decir, que hacen falta hechos para demostrarlo y entonces os seguí por la ciudad, cogí un taxi y le pedí que siguiera al que te habías subido tú.
Subí a la “Torre Willi” y escuché lo que le dijiste a Leo, era tan bonito y pensé que yo no te lo había demostrado y que aún no era tarde. No pensaba matarme, pero después de hacerlo, me sentí deprimido y me pregunté cual era el sentido de mi vida y no lo encontré.
-Liam, hay muchas cosas de las que no estoy segura, pero estoy completamente segura de que tú me amabas, no hace falta que me lo demuestres, lo que pasa es que yo no te amo a ti, y lo siento mucho, pero yo lo amo a él, a Leo y me gusta decirle que le quiero, me gusta sorprenderle. Liam, tienes que superarlo, tú ya no eres mi novio, no puedes hacer tonterías por mí, hay otra persona que las hace. Sé que estoy siendo muy dura contigo, pero es que yo te quiero un montón, como amigo y no quiero que sufras por mí culpa. No quiero que nadie sufra por mi culpa.
-Lo siento.
-Tienes que superarlo Liam, que lo hice mal lo sé, pero a veces esas cosas suceden e igual que yo he tenido que aguantar muchos amores no correspondidos tú tendrás que hacer lo mismo. No puedes pasarte toda la vida así, sabes, a veces las cosas pasan cuando menos te lo esperas. Camila, Camila la chica con el corazón de piedra, imposible de conquistar, está enamorada, tiene un novio al que quiere un montón y yo sé que tú encontrarás a otra, pero así no, no puedes encontrar a otra si no abres tu corazón.-le di un abrazo y un beso en la mejilla.-¿Me entiendes? Y en eso yo no te puedo ayudar.
-¿Me presentas a tu novio? Porque se ha llevado a la chica más buena del planeta y quiero ver al afortunado.-me dijo con una sonrisa.
-Está fuera esperándome.-le dije.
Abrí la puerta y le dije a Leo que podía entrar.
-Tío, tienes una suerte, cuídala, ¡eh! No la dejes escapar.-dijo Liam.
-Nunca la dejaré escapar.-dijo mirándome.
-Te dejamos solos para que lo pienses, ¿vale?-dije yo.
-Sí.-dijo él.
Bajamos al jardín del hospital y nos sentamos en un árbol.
-Ese chico tenía razón, soy afortunado, muy afortunado.
-¿Escuchaste toda la conversación?-dije yo riéndome.
-Nunca se sabe cuando uno puede necesitar esa información.-me dijo guiñándome un ojo. Me dio un beso y nos tumbamos en el suelo.
-Yo también tengo suerte.-le dije volviéndole a besar.
-¿Nos besamos por la suerte? ¿Por el día en que el destino nos empujó a conocernos?-me dijo él con una sonrisa irresistible.
-Yo te besaría aunque fuera por irte con tu ex.-le dije yo besándola.
-¿Segura?
-Antes perder mi orgullo, que no un último beso tuyo.-le susurré al oído.
-¿Cuándo volvemos a Chicago?-me preguntó él.
-Pues, mañana por la mañana.
-¿Crees que Liam estará bien?-me dijo.
-Si ya ha salido del coma y puede hablar sin delirar, yo creo que sí.
-Eres un poco mala.
-Sólo lo justo.-le dije a él, mientras le besaba.
-¿Subimos a despedirnos?-le dije yo.
Leo se levantó y me tendió la mano para que me levantase del suelo. Cogidos de la mano, subimos hasta la planta dos y entramos en la habitación de Liam.
-¿Estás mejor?-le pregunté a Liam.
-Sí, mucho mejor. Una pregunta, ¿puedo mudarme a Chicago?
-Liam, por mí sería genial, pero si te mudas a Chicago te costará más olvidar esto y pasar página.
-Ya lo he olvidado.-dijo él con una gran sonrisa.
-¿Tan rápido?
-Sí, cuando habéis bajado, yo he mirado por la ventana y os he visto sentados, tan felices como dos enamorados y no sentía envidia, al contrario me alegraba, erais felices, sentados en la sombra de un árbol y yo también lo era. Mis amigos se han ido del pueblo, y ya no hay escuela de Magia. Sois los únicos amigos que me quedan.
-¿Estás completamente seguro? Porque nuestra pandilla es una pasada, ¿vale? Y cuando pases este problema y te pongas bien va a molar mucho más.-dije yo llorando de la emoción.- Bienvenido, Liam, bienvenido a nuestra pandilla. De momento somos Violeta, Camila, Zack, María, Nicolas, Charlotte, Leo y…-me volvía a echar a llorar.- y Giulia que se pondrá bien y podrá ser una más del grupo.
Leo me sonrió.
-Pues claro que sí, cariño.
-Entonces, te llamo cuando me den el alta, ¿vale?
-Llámame un poco antes, a tiempo de que vengamos todos y te abracemos.
-Claro.-dijo él, me acerqué a él y le abracé, parecía que el que estaba hasta hace poco en coma y se había intentado suicidar consolaba a la chica feliz con novio.
-Cuídate.-le dije.
-No creo que aquí se pueda hacer otra cosa.-dijo señalando el hospital, me reí, lo echaba de menos.
Fuimos a un pequeño hotel que había por la zona y nos tumbamos en la cama.
-Estoy muerta de cansancio.-dije yo, mientras me quitaba la ropa y me ponía el pijama. No podía evitar mirar a Leo y su torso desnudo.
-Princesa, esto es va a arreglar, pronto estaremos en Chicago con Liam y Giulia recuperados y con toda la pandilla al completo.
-Seremos todo parejitas, Nico con Violeta, Zack y Camila, Liam y Giulia, Charlotte y Brandon, tú y yo…-dije mirándole a los ojos.
-Tú y yo durarán más.-dijo él con una sonrisa.
-Por supuesto, ellos durarán tanto que tendrán que enterrarlos en un ataúd doble.-Leo se río, me gustaba que se riera de mis chistes.
-Leo, tú eres un buen tipo, cuida de mí, mi angelito de la guarda dejó el trabajo porque decía que era imposible cuidar de una chica con tantos problemas.
-Yo cuidaré de ti y no te dejaré nunca.-dijo abrazándome.
-Más te vale, porque tengo una amigo que es boxeador.-dije con voz de niña pequeña.
-¿A sí? Tendrás que presentármelo.
-Mejor, no, solo para casos extremos.-le susurré al oído y me dormí abrazada a él, con esos brazos grandes y fuertes que valían más que 100 angelitos de la guarda juntos.
Me desperté y decidí prepararle una sorpresa a Leo.
Me vestí corriendo y en silencio, me cepillé los dientes y salí a la calle.
Compré fresas y entré en una cafetería para que me hicieran chocolate a la taza, tuve que salir y comprar vasos de plástico.
Cuando llegué Leo se acababa de levantar.
-Buenos días, amor.-le dije yo.
-Buenos días, cariño.-me contestó, y me dio un beso.
-Tengo una sorpresa.-le dije yo.
-Me encantan tus sorpresas.-me contestó con una sonrisa pícara.
-Tápate los ojos.-le dije.- Sino no es tan sorprendente.
-Uy, cuidado, que las sorpresas tienen que ser sorprendentes.
-¡Cállate!-le dije mientras mojaba una fresa en el chocolate.-Siéntate.
Le metí la fresa en la boca.
-Buenísima, perfecta para una mañana de verano.-me dijo.-Ahora me toca a mí.
Y estuvimos tomando fresas con chocolate.
-Mmmmh, estaban buenísimas.-me dijo él besándome, sus labios sabían a chocolate y hacía que me gustara mucho más.
-Tenemos que irnos al aeropuerto-le dije separando los labios.
Recogimos las pocas cosas que habíamos traído, le escribí una nota a Liam y la dejé en el hospital. Así seguro que se levantaba con una sonrisa.
Al fin llegamos al avión y nos sentamos en los sillones.
-¿La carta no sería de amor, no?-me dijo él con una sonrisa.
-Pues sí, era una carta de amor, ¿Por qué lo preguntas?-le dije.
-¿Me estás vacilando, no?
-No, era una carta de amor.
-Amelia, prométeme que me estás mintiendo.
-Si hiciera tal cosa, te mentiría. Porque era la carta de amor amistoso más bonita que he escrito nunca.
-Eres mala.-me dijo mientras me besaba, yo torcí la cara.
-Lo siento, estos labios no están disponibles, llame en otro momento o deje un mensaje después de la señal. Piiiip.
-Amelia, te quiero como no he querido a nadie nunca, porque me encanta cuando te pones celosa y quiero que sepas que si no me das ese beso moriré en cuanto lleguemos a Chicago.
Le di un beso.
-Eres un melodramático, y que sepas que si te he besado ha sido por si acaso. Nunca se sabe cuando la va a palmar uno.-le dije con una sonrisita.
-Ves, me encanta esa sonrisa que te sale cuando dices cosas que sabes que están mal y que retirarás si ves que alguien se ofende.
-Me conoces demasiado.-le dije.
Me despedí de Nueva York al oír el mensaje de abrocharse los cinturones.
Y saludé Chicago cuando vi la torre Willis donde proclamé mi amor a los cuatro vientos.
-Me encanta ese rascacielos.-dijo Leo, señalando al torre Willis.
-Y a mí.-le dije.
-¿Qué nos une, Amelia?
-Amor, amor y mucho más…
-Sería el título perfecto para una película.
-¿Y sabes que quiero que sea?, nuestra frase. Cuando estemos mal, cuando no podamos más, cuando queramos morir, el otro dirá “¿Qué es lo que no une? Y el otro dirá “Amor y mucho más…” y entonces estoy seguro de que nos sentiremos mejor, porque recordaremos los buenos momentos.
Le di un beso, tenía un novio perfecto.

Capítulo 34 aquí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Coméntame, cuéntame que opinas y si tienes un blog, no dudes en hablarme de él. Me pasaré en cuanto pueda :3