jueves, 26 de julio de 2012

Capítulo 34

Cuando abrí la puerta de nuestro piso se abalanzaron sobre mi 4 chicas maravillosas: Charlotte, Camila, Violeta y María.
-Te hemos echado mucho de menos.-dijo Camila.
-Sí, nos hemos aburrido sin ti, sin vosotros.-corrigió Violeta.
-No preguntéis por Liam ni nada de eso, está en el hospital y eso.-dije yo riéndome. Violeta hizo una mueca de horror al ver que no se había acordado de Liam.
-¿Está bien?-dijeron todas.
-Sí, se empieza a recuperar y ha salido del coma.-dije yo con una sonrisa.
-¿Qué te ha dicho?-pregunto Camila.
-¿Has hablado con el de lo vuestro?-pregunto María curiosa.
-Sí.-dije.
-Chicas, os dejo con vuestro interrogatorio.-dijo Leo.- Voy a ver a Giulia.
-Si quieres te acompaño.-le dije yo acercándome a él y dándole un beso en los labios.
-No, es mejor que te quedes aquí contándoles toda la historia.-me dijo él con una sonrisa. Era un chico increíble, me acompañaba a Nueva York por mi ex y luego me decía que no hacía falta que yo lo acompañara al hospital más cercano.
-De acuerdo, pero si necesitas algo, llámame.-le dije.
-Pues claro, no te preocupes.-me dijo. Abrió la puerta y desapareció del piso.
-¿¡Qué ha pasado?!-dijeron Camila y María remarcando cada palabra y chillando.
-Pues que Liam me ha dicho que ya no siente nada por mi.-dije yo, esperando algún comentario.
-Eso no me lo creo ni yo.-dijo Violeta
-Completamente de acuerdo.-dijeron las demás.
-Una persona normal no puede dejar de sentir algo por una persona por la que ha intentado suicidarse en un día o menos.-dijo María.
-Cierto.-dijeron Camila y Charlotte.
-Pues lo que os voy a decir no os va a gustar.-dije yo.- Me ha dicho que quiere venir a Chicago, porque en Newport se siente muy solo. Sus amigos se han ido a la universidad y además nos echa de menos.
-Estás loca, y además yo no voy a dejar que lo cambies por Leo.-dijo Camila.
-¿Qué?! No lo iba a cambiar por Leo, yo estoy enamorada de Leo, no de Liam.
-Por que le dijiste que si?-pregunto Charlotte.
-Porque me dio pena, y además parecía triste y cansado. Quería darle una oportunidad.
-Todas las oportunidades acaban siendo errores.-dijo Camila mordiéndose las uñas.
-Lo dices porque eres una cínica.-dije yo riéndome.- Y además parecía sincero, no parecía mentir.
-Los chicos son grandes actores, son capaces de no llorar a pesar de sufrir profundos daños en su corazón.-dijo Violeta como si se tratara de una especie en peligro de extinción y no un chico.
-Simplemente, ten cuidado.-dijo Charlotte.
-Él no es un chico mas, fue mi novio. Estuve enamorada de él, es especial y no se va a comportar como un estúpido.
-Permanece alerta.-susurro Charlotte. Resople, si se les había metido en la cabeza que Liam era una amenaza iba a ser así hasta que se demostrara lo contrario.
-¿Qué día viene?-pregunto Violeta.
-En cuanto se recupere, hay que encontrarle un piso por la zona.-dije yo.
-Hablando de encontrar, mañana viene a comer Brandon. Quiero que lo conozcáis.-dijo Charlotte.-En poco tiempo os habéis convertido en grandes amigas para mi, y sería algo importante que lo conocierais.
Todas soltamos un "Oh" y le dimos un abrazo. Oí el tono de llamada de mi móvil. Era Leo.
-Hola, cariño.-dije yo.- ¿Algún problema?
-Sí, ven al hospital, rápido.-dijo él con brusquedad.
-Adiós, chicas. Parece que hay problemas en el hospital.-dije yo disponiéndome con la mano.
-Cuando puedas nos informas.-dijo María haciendo el símbolo del teléfono con la mano y acercándosela a la oreja.
Cogí mi bolso y baje rápidamente las escaleras para llegar a la parada de autobús.
En cuanto llegue al hospital vi a Leo apoyado en uno de los muros del hospital.
-Giulia se ha escapado del hospital.-dijo él con una mirada triste.
Le di un abrazo con energía.
-Tranquilo, ella sabe cuidarse. Seguro que está bien allá donde este.
-¿Tú crees?-dijo Leo como si fuera el niño más inocente del mundo.
-Pues claro que si.- me acerque a su cara y cuando iba a besarle pensé que no era adecuado, no en ese momento tan triste para él. Me aleje y le di la mano mientras me ponía a su lado y me apoyaba al muro.
-¿Por qué no?-me pregunto. Arquee las cejas, me hablaba del beso o de que estuviera bien?
-¿Por qué no qué?
-¿Por qué no me besas y como en las películas me susurras a la oreja que para ser felices solo nos necesitamos el uno al otro?-me dijo él con una sonrisa.
Me acerque a él y recordé algo, puede que una buena idea.
Le besé y lo más cerca posible de su oreja le dije;
-¿Qué nos une?
-Amor y mucho más...-dijo él con una sonrisa, y por extraño que parezca los dos nos sentíamos mejor.
-Se me olvida decirte que nos ha dejado una nota, una a ti y una a mí.-me dijo rompiendo el silencio.
-¿Las has leído?
-No, quería leerla contigo.-me dijo con una mirada dulce, muy dulce.
-Pues dámela.
Del bolsillo de su pantalón saco dos cartas dobladas por la mitad.
Me tendió una, donde ponía: "Para Amelia".
-¿La leo en voz alta?-le pregunte.
-No.-me señaló el césped para que me sentara y me senté junto a él.
Abrí la carta y leí mentalmente lo siguiente:

Querida Amelia:
Los médicos me dijeron que había mejorado mucho y decidí que era el momento de largarme y dejar un sitio libre en el hospital. He decidido escaparme a mi pueblo, Calabria, donde nadie me hace preguntas y simplemente soy yo misma, sin necesidad de esconder mi verdadera personalidad. Volveré en cuanto me libere y me sienta feliz.
Intentare ir a un psicólogo para desahogarme y por favor cuida a Leo y no le cuentes nada de esto. No quiero que se preocupe por mí.
Abrazos de Giulia.
P.D.: Escuche todo lo que me dijisteis cuando estaba en coma y tus consejos me van a ser muy útiles, espero que seáis felices juntos.

Las lágrimas recorrieron mis mejillas, no sé porque, pero sentía que Giulia era una gran persona y estaba haciendo todo eso para que Leo no sufriera, para que no la viera yendo al psicólogo y deprimida.
Leo se acercó a mí preocupado y pasó un brazo por mi espalda. Eso me hizo sentirme mejor y cuando le iba a explicar lo que ponía la carta recordé que Giulia no quería que Leo supiera todo aquello.
-En mi carta pone que decidió escaparse y viajar a algún lugar donde no le hagan preguntas, y dice que se encuentra mejor y no se suicidará, que irá al psicólogo para ponerse bien.
-¿Lo dices en serio?-dijo Leo con una sonrisa.
-Sí, y dice que volverá cuando se recupere.
-En mi carta ponía que no me preocupara, que fuera feliz y que disfrutara de la vida.-dijo él.
-Pues tiene mucha razón.
-Ella siempre tuvo razón, excepto cuando se volvía una loca.
-¿Nos vamos de aquí?-le pregunté mirando el hospital.
-Sí.-dijo él, me cogió de la mano y fuimos paseando hasta el piso otra vez.
-Que sepas que cuando menos te lo esperes te daré una gran sorpresa.-dijo él acentuando el gran.
-¿En serio? Seguro que es mejor que la mía.
-¡Qué va! Es mucho peor.-me dijo él riéndose.
-Así no quedas bien.-le dije haciéndome la enfadada y separándome de él.
Él volvió a cogerme de la mano y se acercó a mí, a mi boca y me dio un beso.
-¿Me perdonas?-dijo él.
-No sé…-dije dejándole con la duda. Él me dio otro beso, esta vez más apasionado y romántico.- Te perdono.
-Menos mal, pensaba que tenía que hacerte el amor en medio de la calle.-me dijo el riéndose.
-¡No seas pervertido!-le dije yo riéndome.
Y entre risas y bromas llegamos al piso.
Nico a había llegado y en seguida corrí a abrazarlo.
-¡Nicoo!-dije yo.
-Hola, Amelia. Te he echado de menos.-me dijo él con una sonrisa. Me reí de su forma de ser, tan agradable.
-Pues qué bien, yo también te he echado de menos.-le dije.
-Tengo que hablar contigo en privado.-dijo señalando las escaleras de la terraza.
-Vale.-dije subiendo las escaleras.
Al principio no dijo nada y simplemente contempló las vistas, yo le imité.
-¿Qué era aquello tan importante?
-Pues, Amelia, eres una persona muy importante para mí y confío en ti y lo que te voy a decir también es importante y necesito tu ayuda.-me dijo mirándome a los ojos. Yo solo rezaba para que no se me declarara allí.
-Muy bien, ya sabes que me tienes para todo lo que necesites.-dije sonriéndole.
-Pues, veras, sabes que yo soy muy tímido y que me cuesta expresar mis sentimientos.-me dijo bajando la mirada y mirando el suelo.
-Sí, lo sé.
-Necesito que me ayudes a pedirle salir a Violeta.-dijo él, con la mirada fija en el suelo, tartamudeando. Una gran sonrisa apareció en mi rostro.
-¡Pues claro que sí, para eso están los amigos!
-No sé como pedírselo, porque quiero que sea romántico, pero soy incapaz de decírselo cara a cara y un mensaje o una llamada quedaría muy cutre.-dijo él mirándome.
-Pues se me ha ocurrido una gran idea.-dije yo.
-¿Cuál?-me preguntó animado.
-Puedes escribirle una carta, yo bajaré a por el correo y tú me la darás. En la carta podrás poner lo que sientas por ella de forma bonita y sin atragantarte y tartamudear, y además es romántico. Pero la carta tiene que ser como las antiguas, ósea que tienes que empezar a buscar la carta perfecta para declararte.
-De acuerdo.-dijo él y los dos bajamos las escaleras con una gran sonrisa.
Me alegraba tanto por Violeta, al fin tendría un final feliz. Sabía que desde lo de David estaba diferente y seguro que eso la alegraba.
Comimos toda la pandilla junta, la pareja Zackila (suena fatal, ¿no?),Leo y yo, los que iban a ser Vicolas, Charlotte y María. Últimamente María solía ir a la discoteca con la que se había convertido en su mejor amiga, Charlotte. Aún no había encontrado a su chico, pero tenía la sensación de que faltaba poco para que lo encontrara.
Nicolas se fue pronto, supongo que para preparar la carta de amor a Violeta, Zack y Camila se fueron de cena romántica y Charlotte y María salieron de fiesta, bastante temprano, otra vez. Violeta también se fue a una cafetería para inspirarse en su siguiente novela. Finalmente habíamos decidido no enviar aquel correo tan crítico acerca de su novela y esperábamos el momento de decirle que era horrible.
Leo y yo nos quedamos solos en casa.
-¿Crees que Liam es una amenaza?-le pregunté.- Para nuestra relación y eso…
-Yo confío en ti, y sé que si le dijiste eso fue porque sabias que era importante para él que tu le dijeras que sí en un momento así, que le ayudaras en el momento más difícil de su vida.
-¡Qué profundo!-dije yo sonriendo. Leo se rió y nos sentamos en el sofá.
Hice un poco de zapping y no vi nada interesante en la televisión.
-He estado pensando en intentar convencer a algunas galerías cercanas para que expongan mis cuadros.-me dijo él.
-Sería fantástico.-le dije, noté preocupación en su mirada.- Cariño, ¿qué te pasa?
-Pues que a veces hay cosas que no me cuadran.-me dijo mirándome directamente a los ojos.
-¿Qué es lo que no te cuadra?-le pregunté extrañada.
-¿Qué hiciste en la terraza con Nicolas?-me preguntó.
-No te lo puedo decir, es un secreto. Pero no hicimos nada malo.-dije, y pensé que parecía que había dicho “Nos estuvimos besando, pero no te lo voy a contar”.
-¿Y por qué saliste tan contenta?-me preguntó.
-Porque es una buena noticia.-le dije sonriendo.
-¿Y por qué no me la puedes contar?
-Porqué él no quiere que nadie se entere hasta que sea el momento.-le dije, ¿por qué la verdad sonaba tan falsa, tan mentira?
-Cariño, por favor, dime la verdad.-me dijo él al oído.
-Esa es la verdad, antes has dicho que confiabas en mí, ahora es cuando tienes que demostrarlo, si no te fías ni del inocente Nicolas, ¿cómo te vas a fiar de mi ex?-le pregunté alterada.
-Tienes razón, lo siento.
-A veces eso no lo arregla todo.-le dije y vi su mirada de tristeza.- Pero esta vez sí.
Se acercó a mí y me besó, los besos fueron cada vez más apasionados y nuestras respiraciones se agitaban. Él metió su mano por debajo de mi camiseta y entonces apareció Violeta.
-Oh, vaya lo siento.-dijo ella con la cara completamente roja y retrocediendo.
Leo apartó la mano de mí y yo me alisé la camiseta.
-No pasa nada, tranquila, pasa.-dijo Leo con una sonrisa encantadora.
-De verdad, yo no, no quiero interrumpir-nos dijo.
-Cariño, ya has interrumpido, ahora pasa y cuéntanos qué tal va tu novela.-le dije dando una palmadita al sofá.
-Está bien, vi a Nicolas comprando una carta preciosa en un quiosco y me sentí alicaída pensando que era para alguna amante suya o algo por el estilo, como vosotros ya sabéis, a mí me gusta y no sé, no quería seguir allí.
-No te preocupes, seguramente sea para su madre.-le dije yo con mi sonrisa más falsa.
-Puede que sí, pero es un chico encantador, podría gustarle alguna chica y sin duda tendría muchas posibilidades.-dijo y tenía razón, Nicolas era un chico estupendo.
-Tú piensa siempre en positivo, si yo hubiera pensado que no tenía ninguna oportunidad con Amelia porque tenía un novio y estaba enamorada, ahora no estaría en Chicago y tú no me hubieras pillado metiéndole mano.-dijo él sereno. Al decir “metiéndole mano” Violeta se sonrojó y sonrió débilmente.
Al día siguiente yo esperaba un pitido en mi móvil que me indicara que Nicolas estaba abajo con una carta que cambiaría su vida.
Y cuando me comía una deliciosa magdalena sonó el pitido y asegurándome de que estuvieran todas despiertas bajé a por la carta.
-¿Nervioso?-pregunté yo.
-Muchísimo.-me respondió Nicolas y me tendió una preciosa carta.
-Suerte, aunque no la necesitas porque eres un tío fantástico y sé que ella te va a decir que sí, ¿pero cómo te va a contestar?
-Ya verás, he pensado en todo.-me dijo él con una sonrisa nerviosa.
Le di un abrazo y subí corriendo.
En el centro del sobre ponía Para Violeta: en letra cursiva y parecía escrito con tinta o algo parecido. Abrí la puerta y me dirigí a la cocina donde estaban todos desayunando.
-Traigo una carta para Violeta.-dije dándosela a Violeta cuidadosamente.
-Es preciosa, me suena de algo.-dijo Violeta, leyendo las letras que había escritas.
Abrió el sobre lentamente y empezó a leer en voz muy baja:

Violeta, me gusta todo de ti, hasta tu nombre me parece de los más bonitos que hay, cada vez que sonríes soy un poco más feliz, te miro y solo pienso en cómo deben saber tus labios y en los afortunados que pudieron saborearlos. Sé que esto suena muy cursi, pero es lo que siento y no me gusta mentir. Violeta, en pocas palabras yo te quiero, te amo, daría todo lo que tengo por ti, daría mi vida si me la pidieras. No sé si aún no has descubierto quien soy pero por si lo dudabas.
Tú amante secreto, Nicolas.
P.D.: Si sientes lo mismo que yo estoy en el portal esperándote, te he preparado una sorpresa.
¡Qué romántico era! Los ojos de Violeta empezaron a llorar, digo los ojos porque Violeta estaba sonriendo y riéndose, era feliz y sus ojos lloraban de emoción estoy segura.
Bajó corriendo al portal y se reunió con su enamorado.

Capítulo 35 aquí.

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