miércoles, 1 de agosto de 2012

Capítulo 35

Me levanté de la cama y vi la cama vacía, Leo ya se había levantado. Miré el reloj, eran las 10 de la mañana, la hora a la que me solía levantar todos los días. Charlotte y María aún no se habían levantado y Violeta no estaba en casa. Estaba sola con Camila.

-He roto con Zack.-me dijo tranquilamente mientras miraba la pantalla de su Iphone.
-¿Y por qué?-le pregunté alarmada.
-Porque era un subnormal.
-¿Y por qué era un subnormal?
-Montó todo el numerito aquel por una cosa, sexo.
-No me lo puedo creer. ¿Estás segura?
-Sí, le oí hablando con un amigo por teléfono y si para él sólo soy eso creo que no me conviene, además ya no había tanta química, era una relación aburrida. No salíamos juntos, casi nunca venía por aquí, no era un buen novio.
-¿Y qué vas a hacer?-le pregunté.
-Pues lo que he hecho toda la vida, envidiarte mucho por tener novio y beber demasiado.
-Camila, tú eres una chica fantástica y si alguien tiene que envidiar a alguien creo que esa soy yo, tú eres más guapa, divertida y simpática que yo.
-¿Y entonces porque tu encuentras millones de veces al chico perfecto y yo no lo logro encontrar ni una puñetera vez?-dijo ella llorando. La abracé.
-Al chico perfecto basta con encontrarlo una vez, y yo he sufrido mucho para encontrarle, he tenido que hacerle los cuernos a mi novio, portarme con una cerda con otros y hacer millones de cosas más para encontrar a Leo. Seguro que logras encontrarlo. Dentro de unas semanas empieza la universidad, puede que esté allí.
-¿Tú crees?-me dijo secándose las lágrimas.
-Por supuesto que lo creo.

Recibí un mensaje de Leo. Lo leí, ponía “Nos vemos en el muelle Navy Pier”. Le contesté que estaba de camino y cogí mi bolso dispuesta a ver que había preparado Leo.
Estaba sentado en un muelle hablando con una chica y por curiosidad me escondí para oír de qué hablaban.

-¿Entonces conocías a Giulia?
-Sí, trabajábamos juntas en un restaurante cercano.
-¿Y qué tal le iba?
-Pues bastante bien, tenía muchos ligues de un día y tal.
-Bueno, te podrías ir es que estoy esperando a mi novia para darle una sorpresa.
-Ah, de acuerdo.-dijo ella triste y la oí murmurar, “Para uno guapo que había…”
Me coloqué bien el pelo y me acerqué a Leo.
-Hola, cariño.-le dije y le di un beso.
-Hola, amor.
-¿Qué querías?-le dije sentándome a su lado.
-Principalmente besarte, ahora que ya lo he hecho solo quiero que veas una cosa.-me señaló el cielo y me quedé mirándolo, estaba despejado y era muy azul. Hacía un día precioso. Y cuando estaba a punto de preguntarle por qué tenía que mirar el cielo una avioneta blanca pasó con la típica pancarta publicitaria, pero la pancarta era diferente, en letra cursiva ponía “Amelia, te amo”.
-Oh, Leo, me encanta.-le dije y nos dimos un beso. La avioneta estaba justo encima de nosotros y de ella cayó algo, era de color granate y tenía una forma cuadrada, cayó lentamente gracias a un mini paracaídas rojo. Una vez en el suelo pude ver con la claridad lo que era, una cajita de terciopelo granate, de esas que dentro guardan joyas caras. Estaba nerviosa, ¿qué habría dentro?
-Ábrela, es para ti.-me dijo él con una sonrisa. Antes de abrirla le di un beso.
-Gracias.- le dije mientras cogía cuidadosamente la cajita y poco a poco la abría. Cuando vi lo que había allí dentro me quedé a cuadros.- ¡Oh, Dios mío! Es precioso Leo.
Era un bellísimo anillo de plata con un diamante en el centro. Justo el tipo de anillo que siempre había pensado que algún día tendría.





-Mucho menos que tú, porque más guapa que tú no hay ninguna.-me dijo, me acerqué a él despacio y le besé.
-Tú sí que eres guapo.-le dije dándole un segundo beso en la mejilla.
-No mientes bien.-me dijo él.
-Pues no estaba mintiendo, imagínate cómo debo mentir.-le dije riéndome con él.
-Puff, fatal.-me dijo él.
-No miento tan mal…-le dije yo.
-“No molestas, Violeta”-dijo él intentando imitar mi voz.
-Para empezar, no lo dije en ese tono y además imitas fatal.-le dije.
-Venga, vamos.-me dijo él cogiéndome de la mano y levantándome del suelo.
-¿Más sorpresas? Vas a dejar mi detalle de la declaración de amor por los suelos.-dije pensando en aquella gran sorpresa que me había preparado. Me puse el anillo en el dedo anular y me levanté de la mano de Leo.
Empezamos a pasear en silencio.
-¿Sabes que significa el anillo?-me preguntó.
-Creo que sí.-le dije.
-Entonces, ¿te quieres casar conmigo?-me preguntó, arrodillándose como en las películas y con una sonrisa sarcástica.
-Leo Bianchi, yo Amelia Darío quiero casarme contigo.-dije yo con el tono que usan las novias en las iglesias, los dos nos empezamos a reír.
Me arrodillé frente a él.
-¿Y tú, te quieres casar conmigo?-dije más seria.
-Por supuesto.-me dijo él.
Nos miramos mutuamente y acercamos nuestras bocas hasta besarnos.
-Te quiero.-dijimos los dos a la vez.
Entramos en una cafetería italiana que se llamaba “Caffe per due”.
-He encargado un tiramisú para los dos.-dijo él con una sonrisa sensual.- Giulia trabajaba aquí.
Ahora entendía porque estaba hablando con esa chica.
En seguida apareció la chica de antes y le sonrió.
-¿Os traigo algo más aparte del tiramisú?-preguntó ella.
-Mmmh, ¿batido de chocolate?-pregunté yo mirando a Leo.
-Sí, 2 batidos de chocolate.-dijo Leo cogiéndome de la mano.
-Ahora los traigo.-dijo la chica con una mirada cargada de odio hacia mí. ¿Por qué?
-Creo que le caigo mal.-dije yo.
-Será envidia.-me respondió Leo con una sonrisa.
-Será eso.-dije más pícara acercándome a él y dándole un beso.
Entonces de la nada apareció aquella chica con los batidos.
-Leo, aquí está el tuyo.-dijo agachándose lo suficiente para que Leo pudiera ver su escote de cerca.- Y aquí está el tuyo.
Me atravesó con una mirada vacía y se marchó moviendo mucho las caderas con la intención, supongo, de llamar la atención de Leo.
-Y ahora es ella la que me cae mal a mí.-dije enfadada.
-Cariño, disfruta de nuestro día, yo solo te quiero a ti, da igual lo que haga esa zorrita para llamar mi atención, no lo va a conseguir porque no puedo desviar mi mirada de ti.
-Lo sé, pero aún así me parece muy mal por su parte que haga esto sabiendo que tienes una novia y que está justo delante de ti.
-Nena, déjalo, enserio, no vale la pena.-dijo acercándose a mí y dándome un beso antes de que yo dijera “Vale” resentida.
Volvió a aparecer con el tiramisú, tenía un corazón en medio hecho de nata. Empezamos a comérnoslo mientras hablábamos.

-Leo, te esfuerzas demasiado.-le dije besándolo.
-Por ti esto no es nada, nena.-me dijo él con una sonrisa.
-¿Ah, no? ¿Qué serías capaz de hacer?-le pregunté.
-Puff, por dónde empezar, por ti haría cualquier cosa, y no hay más. Da igual lo que me pidas, por ti, hasta la Luna te traería, envuelta en el papel dorado más bonito del mundo y con un lazo rojo.
-¿Y si quiero el Sol?-le pregunto.
-Pues moriría en el intento, pero sé que tú eres buena y no me pedirás el Sol.
-Hay muchas cosas de mí que no conoces.-le dije yo sensualmente.
-¿Ah, sí?-me dijo él con una sonrisa.
-No, lo conoces absolutamente todo sobre mí, ¿qué poco misterio, no?
-¡Qué va, tú eres una misteriosa de cuidado, como con lo de Nico!-me dijo él.
-Eso era necesario.-le dije yo.
Oí el tono de llamada de mi teléfono y lo cogí, era Charlotte.
-Cari, no quiero cortaros el rollo, pero Brandon llega en 15 minutos y me gustaría que estuvierais aquí.-dijo ella.
-Ahora, vamos, guapa, adiós.-dije mientras colgaba.
Ya no quedaba nada de tiramisú en el plato.
-Tenemos que volver, cariño.-le dije.
-Pues, espera un momento que pague y ya está.
-OK.
En el mismo instante que Leo dijo eso apareció la camarera.
-Tú no pagas, nunca has oído lo de “los chicos bonitos no pagan dinero”.-dijo ella sonriendo.
-No, nunca lo he oído.-dijo él tajante y no sé si para demostrarme algo o para dejar mal a esa vaca-burra, pero me plantó un beso con lengua que flipé en colores. La camarera se fue y después de quedarme sin respiración nos levantamos de allí y nos fuimos.
Subimos al piso y saludamos a toda la pandilla que ya había llegado para conocer a Brandon, allí estaban; Nico y Violeta, Camila, María y Charlotte.
-Llegara en muy poco tiempo.-dijo Charlotte nerviosa.
-Tú tranquila, cari, que nosotros somos muy moldeables. Seguro que se adapta bien a la pandilla.
-Ya, pero, no sé… Estoy nerviosa.-dijo ella.
Estuvimos esperándolo media hora y cuando decidimos que no vendría y empezamos a sacar la comida para comer, oímos el timbre.
-Buenos días, nena.-dijo él cuando ella le abrió la puerta y se abalanzó a ella como si fuera un mamut. Empezó a besarla por muchos sitios y parecía que iba a por más, cuando se dio cuenta de que había seis personas de piedra observándole. Era bastante normalito, tal y como me lo había descrito Charlotte, pero normalito.
-Hola, Brandon.-dijimos todos como si fuéramos una clase de parvulitos y no seis jovencitos llenos de personalidad.
-Eheem, hola.-dijo él.
-Charlotte nos ha hablado mucho de ti, pero se ve que ha dejado algunos detalles para sí misma.-dijo Camila cabreada por la personalidad de Brandon.
-Sí, eso parece.-dije yo.
-Me había dicho que tenía una sorpresa, no sabía que estaríais todos aquí y además es mi novia y puedo hacer lo que quiera con ella, ¿no?¿O aquí todos sois unos angelitos?-dijo Brandon, que cada vez que habría la boca me caía peor.
-Brandon, déjalos.-dijo ella en voz baja.
-¡Los dejaré en paz cuando dejen de meterse conmigo!-dijo él chillando.
-Por favor, no chilles.-dijo ella.
Brandon la miró y decidió callarse.
Nos sentamos a comer y todos decidimos pasar de Brandon un poco.
Cada vez que hablaba era para insultar algo o decir alguna guarrada, era un cretino total, pero Charlotte parecía tan enamorada de él. Charlotte le miraba con cara de amor y él la miraba a ella con desprecio, pero Charlotte no se daba cuenta.
-Bueno, yo me piro de aquí, estoy harta de compartir mesa con pardillos.- oí que le decía a Charlotte antes de irse sin despedirse.
Seguimos comiendo sin decir nada.
Cuando Charlotte se fue al baño aprovechamos para dar nuestras opiniones acerca de Brandon.
-Es un cretino total.-dijo Camila.
-No se merece estar con Charlotte.-dijo Violeta.
-Ni siquiera es guapo.-dije yo.
- Un pervertido.-dijo Nicolas mirándonos a todos con una sonrisa porque acababa de insultar a alguien. Todos nos reímos.
-¿Y qué le decimos a Charlotte?-dijo Leo.
-Está claro que no le podemos decir que su novio es un cero a la izquierda, un cretino, un pervertido y lo peor que pueda haber.-dijo Camila.
-¿Entonces?-dijo Violeta.
Y apareció Charlotte, disimulamos un poco.
-Entonces no podremos ir Violeta, si es tan caro.-dije yo.
-¡Con la ilusión que me hacía!-dijo Camila.
-¿De qué habláis?-dijo Charlotte.
-De que queríamos ir a Arizona de viaje, pero el vuelo es muy caro y tal.-dijo Leo.
-Pues vaya pena.-dijo ella.
-Sí.
Por la tarde nos fuimos a dar un paseo y fuimos a un café, fue fantástico.
Cuando ya habíamos llegado a casa y todo el mundo estaba en su habitación, oí un lloriqueo leve y como sorbidos de la nariz. Seguí caminando por el pasillo hasta llegar a la habitación de Charlotte que era de donde procedía el sonido. Llamé a la puerta y pasé.
Charlotte estaba en la cama llorando con una caja de pañuelos al lado.
-¿Qué pasa, cariño?-le pregunté acercándome a ella y abrazándola.
-Pues…-me dijo ella mirándome y rompió a llorar otra vez.
-Ahora vengo.-le dije a ella.
Fui a la cocina y preparé un chocolate caliente, cogí un par de nubes y se las llevé a Charlotte. Al llegar a Chicago habíamos decidido tener un cajón de la tristeza, donde metíamos helado, chuches, chocolate, chocolate fondant, bollos… Para cuando estábamos tristes poder tener algo en lo que desahogarnos, también había pañuelos, cosa que a todos nos había parecido bien tener.
-Toma, esto siempre consuela.-le dije dándole el chocolate caliente y poniendo las nubes en su mesilla de noche.
-Gracias.
-¿Qué pasa?-dije volviéndome a sentar a su lado.
-Que sé lo que pensáis de Brandon.
-¿Nos oíste?
-Sí, y sé que es normal que penséis eso después de cómo se comportó, pero es que a veces le pasa eso, y tuvo que pasarle ese día, normalmente es un chico súper amable y bueno, pero de vez en cuando bebe y ya no es persona.
-¡¿Bebe?!-dije yo exaltada.
-A veces…
-Ese chico no te conviene.-le dije yo a Charlotte.
-¿Tú crees?
-Es que yo… Yo, yo le quiero. Aunque sea un estúpido alcohólico de mierda, le quiero y no lo puedo evitar.
-Tienes que cortar por lo sano.
-¿Cómo?
-Rompiendo.

Capítulo 36 aquí.

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