viernes, 3 de agosto de 2012

Capítulo 36

Me desperté preocupada por Charlotte. Quizás había sido demasiado dura y había otra forma de solucionar las cosas, puede que Brandon estuviera irritado por algún motivo y yo lo había juzgado mal. Me levanté de un salto, algo raro en mí y vi que Leo seguía durmiendo, eran las 9 de la mañana.
Decidí volverme a acostar pero no podía dormirme, no paraba de dar vueltas en la cama.
-Cariño, ¿qué te pasa?-me dijo Leo abrazándome con una voz adormilada.
-Nada, que estoy preocupada.-le dije.
-¿Qué ha pasado?-me dijo él muy relajado.
-Pues que ayer estuve hablando con Charlotte porque la oí llorar y le dije que lo mejor era que cortara con Brandon, pero ahora creo que puede que no sea tan buena idea.
-Nena, te estás metiendo donde no te llaman, todo pasa por alguna razón. Si Charlotte sale con Brandon será por algo.
-¿Pero tú no crees que es un cretino?-le dije yo.
-Sí, pero el mundo está lleno de ellos y aún así sigue habiendo chicas que pican en su anzuelo.-me dijo él.
-Leo, no me puedo quedar sentada mientras Charlotte sufre.
-No está sufriendo, está enamorada y le preocupa lo que pensemos de su novio. Tranquilízate, ¿vale?
-Está bien, pero no puedo dormir.-dije levantándome y dándole un beso de buenos días.
Leo parecía tan maduro a mí lado, y eso que teníamos la misma edad. Era tranquilo e inteligente y siempre sabía que había que hacer en cada momento, en cambio yo era más impetuosa y nerviosa, todo lo contrario a él.
Se levantó de la cama mientras me vestía y se empezó a vestir también. Cuando acabamos, me rodeó de la cintura y me dirigió al sofá.
-Espera aquí.-me dijo.
-Vale.
Estuvo en la cocina preparando algo y vino con una tarrina de helado, dos tazas de café y dos boles.
-Esto es lo que tomo yo para relajarme.-me dijo él besándome.
-¿Mis besos?-le pregunté confusa.
-También, pero sobre todo café y helado.-dijo él señalando lo que había traído.
-¿Juntos?-le pregunté extrañada.
-Hay que explicártelo todo, nena.-me dijo él.
-Aix, perdón.-dije yo haciéndome la ofendida.
-Y por eso me gustas tanto.-me dijo volviéndome a besar.
Cogió uno de los boles que había traído y puso una bola de helado, cogió la taza de café y echó al delicioso helado de Stracciatella un poco de café por encima. Me tendió una cuchara y probé un poco.
-Mmmmh, está buenísimo.-le dije yo saboreando el dulce y cremoso helado mezclado con el amargo y líquido café, que hacían una combinación perfecta, como Leo y yo.
-Lo sé, me lo preparaba mi madre en Italia, con helado casero y café, me decía que era para que me fuera acostumbrando al sabor del café y yo siempre lo tomaba cuando estaba tenso, agobiado, nervioso.
-Pero el café se utiliza para activarte, no para relajarte.-le dije yo.
-Lo sé, pero para mí esa combinación era tan mágica, que daba igual lo que llevara, cocaína, café, marihuana, tabasco… Me relajaba y punto.
-¡¿Le has echado marihuana?!-chillé despertando a todo el edificio.
-No, digo que da igual lo que lleve, como si lleva cocaína que te activa muchísimo, a mí me relaja.-dijo él.
-Me has dado un susto de muerte.-le dije yo.
-Si eres tú, que no entiendes las cosas.-me dijo él riéndose.
-Eres malo…-le dije yo, mientras se acercaba a mí y me besaba.
-No, solo soy hijo de Satán, nada más.-me dijo él ironizando.
Poco a poco el salón se llenó otra vez, estaban todas menos Charlotte que solía subir a la terraza a practicar para el examen que se acercaba de danza.
Nico llegó a casa con unos croissants.
-¡Nicooo!-le saludamos todas.
-¡Hola, chicas!-nos dijo él.- Os he traído croissants.
Los dejó encima de la mesa y se fue a saludar a Violeta con un beso.
-Nosotros nos vamos al cine, que por la mañana hay sesión matinal y es más barato.-dijo Violeta.
-¿A cuál os vais?- les pregunté.
-Puf, al quinto pino, en bus.-dijo Nico.
-Pues nada, ya volveréis para cenar, ¿no, parejita?.-dijo Camila.
-Sí.-dijeron los dos, abrieron la puerta y despidiéndose con la mano se marcharon.
-Son súper monos.-dijo María.
-Monísimos.-dijo Leo con sarcasmo.
-¿Qué vais a hacer esta mañana?-les pregunté a María y a Camila.
-¡Nos vamos de compras!-dijeron las dos chillando.
-Jo, yo también quiero ir.-dije yo.
-Pues ven.-dijo Camila.
-¿Tú que harás, Leo?-le pregunté cogiéndole de las manos.
-Pintaré, no te preocupes.-me dijo.
-¿Seguro?-le pregunté mientras María y Camila movían los pies impacientes.
-Sí. –dijo él, me besó y se fue hacía su estudio de pintura.
-¿Avisamos a Charlotte?-les pregunté.
-Sí, aunque no creo que venga. Está muy ocupada practicando para el examen.-dijo Camila.
Subimos arriba y observamos a Charlotte bailar en silencio.
Lo hacía genial, sus movimientos eran limpios y delicados, elegantes.
Cada paso que daba lo vivía, lo sentía, se le veía en la cara, en los ojos, en cómo se movía y era precioso verla bailar con tanto sentimiento.




Cuando acabó de bailar empezamos a aplaudir, ella se ruborizó y su cara se volvió roja.
-Lo hago fatal.-dijo ella.
-Eso es mentira, lo haces genial.-dijo Camila.
-¿Quieres venir con nosotras de compras?-pregunté yo.
-Me encantaría pero tengo que practicar para el examen.-dijo ella triste.
-Seguro que te sale genial.-dijo María.
-Gracias.
-Bueno, adiós Charly.-dijimos todas y nos fuimos de allí.
Estuvimos en prácticamente todas las tiendas de la zona, las caras, las baratas, las pequeñas, las grandes, en todas y en ese momento vimos el impacto de un autobús contra un coche. Rápidamente llamamos a la ambulancia y vimos a duras penas a Nicolas moviéndose dentro del autobús.
La parte de delante estaba totalmente aplastada y la de atrás parecía en buen estado, pero la preocupación se palpaba, ¿estaría bien Violeta?
-¡¿Estará bien Violeta?!-preguntó Camila.
-No sé…-dijo María.
-¡Mira, ahí está la ambulancia!-dije yo.
Estuvimos media hora allí intentando identificar a Violeta y finalmente tuvimos que preguntar a la policía.
-¿Han identificado a los heridos?-preguntó María con pose sería.
-No, pero todos van al hospital más cercano, a la sección de urgencias, si veis a algún conocido informadnos.
-De acuerdo, gracias.-dijimos todas yendo hacia donde nos había indicado que estaba el hospital.
-Rezad para que esté bien, si le pasa algo a Violeta yo me muero.-dije yo.
-Yo también, con lo buena e inocente que era.-dijo María.- Que es, perdón.
-Puf, seguro que está bien, si iba con Nicolas y él estaba bien ella estará bien.-dijo Camila.
-¡Chicas!-dije poniéndome la mano en la frente.- No le hemos preguntado a Nicolas.
-¡Llámalo!-le dijo María a Camila, que sacó precipitadamente su Iphone y empezó a buscar a Nicolas entre sus contactos.
Puso el altavoz y todos oímos lo pitidos.
-Este es mi contestador, si ves que no contesto es que estoy muy liado, pero no te preocupes, déjame un What’s App o tu mensaje después de la señal.-se oyó que decía la voz de Nico desde el contestador.
-Pues nada, debe estar “muy liado”.-dijo Camila.
-Sí, sigamos andando.
Al fin llegamos a la puerta del hospital y entramos.
-Pido por favor que no esté aquí.-dijo María.
-Buenos días, estamos buscando a Violeta.-le dijo María a la enfermera.
-Esperad un poco, le están haciendo unas radiografías y unos análisis. Os podéis sentar en esas sillas de allí.-dijo la secretaría señalando una sillas de plástico.
Al fin la secretaría nos dijo que podíamos pasar y fuimos pasando todas las habitaciones donde estaban los heridos ocasionados por el accidente y llegamos a una habitación igual que cualquiera, con diferencia que en aquella habitación estaba nuestra amiga Violeta. Tenía los ojos cerrados, pero en cuanto entramos los abrió.
-Hola, Violeta.-dije yo muy bajito, pero lo suficiente para que me oyera.
-Hola, chicas.
-¿Qué tal estás?-le preguntamos.
-Muy bien, pero estoy cansada.
-¿Te han dicho algo los médicos?-le preguntó María.
-No.-
-¿Qué pasó en el autobús?-le preguntó Camila.
-El conductor iba borracho, en un principio pensé que era el coche de enfrente, pero era el conductor. Cuando subí al autobús yo ya notaba algo raro, olía a alcohol y parecía un poco ido. Todas mis dudas se resolvieron cuando vi como se golpeaba con aquel coche, yo estaba consciente, me dolían terriblemente las piernas por el golpe del metal contra mí, pero lo vi todo.
-¿Y Nicolas?-pregunté yo.
-Tuvo suerte, íbamos los dos delante, sentados justo detrás del conductor y entonces a él le pareció ver a una compañera suya de clase del instituto al que iba en su pueblo y me dijo que la iba a saludar. Y justo en ese momento, cuando él ya estaba hablando con su amiga, chocamos.
-¿Contra qué te diste?-le preguntó Camila.
-Contra el separador de metal que hay entre el conductor y el cliente. Esa barra se deformó por el choqué y me aplastó las piernas, o al menos eso supongo.
-Lo importante es que ahora estás bien.-le dijo Camila.
-Sí, echo de menos a Nicolas.
-Le hemos intentado llamar y no contesta.-dijo María.
-Jo, quería hablar con él.
-Gracias, ya vemos que aquí molestamos.-dije yo.
-Ay, no, vosotras sois lo mejor que tengo y sé que estaréis siempre ahí dándolo todo por mí, pero también sabéis que Nicolas es muy importante para mí.-nos dijo ella, ¿cómo te podías enfadar con una persona así?
-Pues claro que sí, mujer. Era una broma.
Entonces apareció Nicolas preocupado y en cuanto vio a Violeta se abalanzó sobre ella y le dio un beso intenso y largo, que no parecía propio de él.
-No sabía dónde estabas y unos policías me han acribillado a preguntas, no he podido llegar antes. ¿Te encuentras bien?
-Sí, han estado cuidando de mí.-dijo ella.- Tengo hambre.
-Voy a llamar a una enfermera.-dijo él corriendo.
Nos asomamos a la puerta para ver la conversación de Nico con la enfermera.
-No puedo, ya le he dicho antes que la cena no se sirve hasta las nueve, y son las siete.
-Pero señora, no puede hacer pasar hambre a una paciente.
-Hable con un médico.-dijo la enfermera entrando en otra habitación.
Nico no se rindió y buscó a un médico, el médico le dijo lo mismo, que esperara y finalmente Nico volvió a la habitación con la cabeza gacha.
-¿Te traigo una hamburguesa del McDonalds?-dijo él utilizando su último recurso.
-No, cariño, un poco de agua irá bien.-dijo Violeta.
-Ahora vengo.-dijo él.
-Tienes que llamar a Charlotte y a Leo.-me dijo Camila.
-OK, ahora los llamo.-dije yo mientras llamaba por teléfono a casa.
-Buenas, nena, ¿qué ocurre?-dijo Leo al otro lado de la línea.
-Que Violeta ha tenido un accidente.-dije yo.
-¿Es grave?-me preguntó Leo.
-No creemos, pero aún no hemos hablado con el médico. Avisa a Charlotte, estamos en el hospital que hay cerca del cine.
-Ahora vamos, adiós cariño.
-Adiós amor.-le dije mientras marcaba la tecla roja.
-Se me ha olvidado contaros lo que pasó ayer con Charlotte.-les dije a todos y empecé a explicarles que Charlotte lo había oído todo y que yo le había dicho que cortara con Brandon.
-Puede que lo que le hayas dicho sea lo mejor.-dijo Camila.
-Pero puede que no.-siguió María.
-Puede que hayas hecho algo fantástico o que la hayas cagado absolutamente.-dijo Violeta.
-Puf, así no me animáis.-les dije.
-No nos has dicho que te animemos.-dijo María.-Nos has contado algo y nosotras te hemos dado nuestra opinión del asunto.
Aparecieron Charlotte y Leo por la puerta de la habitación.
-¿Te encuentras bien, Violeta?-le preguntó Leo.
-Sí, sobre todo con todos vosotros aquí.-dijo ella sonriendo.
-¡Qué pelota eres!-dijo Camila riéndose.
-No soy pelota, soy sincera.
De repente entró el médico que se encargaba de Violeta.
-Las pruebas ya han dado los resultados. ¿Son parientes?
-Sí, somos hermanas.-dije yo señalándonos a todas. No sé porque lo hice, pero pensé que si al médico le daba por hacerse el difícil y no contarnos lo que le pasaba a Violeta por no ser familiares, me suicidaría allí mismo.
Todas asintieron y el médico sentenció.
-Tengo malas noticias.

Capítulo 37 aquí.

2 comentarios:

  1. Hola!!, te escribo desde el blog literario

    La Biblioteca de la Morgue,

    un blog en el que podrás encontrar reseñas literarias, críticas de películas, concursos y muchas secciones más, ¿Te unes?. Yo te sigo desde ya. Espero que te guste mi espacio ^^

    ¡Nos leemos!

    Bisous

    La Biblioteca de la Morgue

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    1. Perdona por tardar tanto en responderte.
      Ya mismo te sigo.
      P.D.:Gracias por leerme :)

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