martes, 14 de agosto de 2012

Capítulo 37


-¿Qué le ocurre?-preguntamos.
-Que debido a la presión del metal en sus piernas no tiene ninguna
sensibilidad en ellas. No las siente, como si no tuviera.
-Entonces, ¿tendrá que ir en silla de ruedas?
-Los primeros años sí, pero si poco a poco vamos operando y va a
rehabilitación tiene un 25% de posibilidades de recuperarse y poder
caminar.
-Pero ese porcentaje es muy bajo.-dije yo.
-Hay porcentajes más bajos, señorita.-dijo el médico resignado.
-¿Cuál es la mejor clínica de Chicago? Porqué puede que en otra sea un
50%.-dijo Camila.
-Eso es imposible.-dijo el médico y se fue.
Tan centrados en el médico no nos habíamos dado cuenta de que Violeta
estaba llorando.
-Nunca más volveré a caminar.-dijo ella.
-Sí, nosotros te ayudaremos y te llevaremos al mejor médico.-dijo Nicolas.
-Todo se arreglará.-dijo Camila.
-Estáis muy equivocados, ¿no habéis oído al médico? Creéis que soy tonta,
pero lo he oído, 25% de poder caminar, y sabéis, ahora lo echo de menos.
Antes para mí caminar era algo normal, lógico y cada vez me gustaría más
poder mover las piernas.
-Cariño, ¿no crees que es mejor pensar que algún día se arreglará que estar
toda la vida sabiendo que nunca lograrás caminar?-le preguntó Charlotte.
-Sinceramente, prefiero saber la verdad y no una mentira que puede que
nunca se haga realidad. Puede que a vosotros no os afecté, pero yo, queridos
amigos no puedo caminar.
-No digas eso, por favor. Todos te queremos mucho y nos gustaría que esto
no hubiera sucedido, pero el destino es cruel en algunas cosas.-dijo María.
-La hora de visita se ha acabado.-dijo la enfermera con un plato de comida.
-Adiós chicos, venid mañana.-dijo ella.
Íbamos todos en el autobús de camino a casa, tristes por lo que le había
sucedido a Violeta cuando recibí un mensaje de Liam.
-Mañana me dan la libertad. Siento no haber avisado antes, pero me lo han
dicho hoy mismo, ¿podrás encontrarme un hotel barato para pasar allí una
semana? Mientras tanto buscaré un piso. Llego en avión a las 5 de la tarde.
Resoplé, ahora tenía que buscarle hotel a Liam, cada vez las cosas iban peor.
Cinco minutos antes de llegar a casa vi un hotel, contenta, entré corriendo y
me acerqué a la secretaria.
-Buenos días, ¿Qué desea?
-¿Podría reservar una habitación individual para mañana, durante una
semana?
-Sí, ¿7 noches?
-Sí, por favor. Es para un amigo.
-¿Cómo se llama?
-Liam Evans.
-De acuerdo.
-¿Admiten tarjetas de crédito?
-Sí.
Pagué y me marché de aquel hotel, decidí hacer otra ruta diferente que
creía más corta.
En una esquina, pidiendo limosna, una pelirrojilla muy guapa enseñaba la mano
para conseguir alguna calderilla, y gracias a una sonrisa la mayoría de los
señores dejaban caer alguna. Decidí dejar unas moneditas y al agacharme
me encontré con su cara y no pude evitar dar un salto hacia tras y
sorprenderme.
-¿¡Lidia?! –dije mirando a la que había sido una de mis grandes amigas y a la
que no reconocía.
-¿Amelia?
-¿Qué haces en la calle pidiendo limosna?
-No tenía dinero, no tenía nada.
-¿Y tú novio?
-Nos iba muy bien, vivíamos en una comuna hippie y no necesitábamos dinero
para sobrevivir, pero tuvimos muchas discusiones fuertes y rompimos, yo me
enamoré de nuestro camello y era alucinante. Ya no sabía ni cuantos días
habían pasado ni donde estaba, y no sé cuantos gramos de droga tomaba,
estuve a punto de morir un par de veces, me ingresaron en el hospital.
Conocí a un médico del proyecto de desintoxicación, jovencito y que parecía
que era el definitivo, pero era un poco depresivo e iba por camino de ser
alcohólico, me pegaba y entonces fue cuando decidí irme de Indianápolis,
que era a dónde había llegado.
-¿Estuviste en Indianápolis?
-Sí, y por favor no les cuentes a las chicas que estoy pidiendo limosna.
-¿Y qué vas a hacer?
-¿Con qué?
-Con tu vida, cariño, eres una yonqui que pide limosnas por las esquinas, no
tienes dinero. ¿Eres feliz?
-Nunca lo he sido, solo la droga me ha ayudado a serlo, echo de menos a mi
Harrison. Sabes, yo estudiaba porque creía que llegaría a ser importante,
que la gente conocería mi nombre, que saldría en las enciclopedias y los
chicos tendrían que estudiarme, y ahora me doy cuenta de que todo eso no
vale para nada.
-¿A qué quieres dedicarte?
-A ser rica.
-¿Eso es lo único que te interesa? ¿El dinero?
-Sí.
-Pues tengo a un chico para ti.-dije pensando en alguien.- ¿Y quieres volver a
ser amiga nuestra?
-¡No! Eso nunca.
-¿Por qué?
-Porque no soy como vosotras, nunca lo vas a entender por mucho que te lo
explique, me lo dice mi conciencia.
-Puede que te mienta.
-Ella no cree en la mentira, siempre dice la verdad.
-Pues, si quieres salir con el chico rico, tendrás que ducharte y arreglarte.
-No te preocupes, robaré ropa en la tienda cara que hay a dos calles,
siempre está llena y no tiene detector.
-¿Y para ducharte?
-Me colaré en el campo de rugby y me ducharé en los vestidores.
-Mmmh, de acuerdo, si necesitas algo llámame, no he cambiado el número.
Hoy a las nueve en el bar de aquí al lado.
-De acuerdo.
Fui a casa y pese que había dicho que no contaría nada se lo conté todo a las
chicas, el siguiente plan solo se lo conté a Camila, ya que supuse que le
gustaría.
-¿Te parece bien?-le pregunté.
-Sí, pero no podríamos buscar a un chico feo y rico en vez de a él.
-No, porque creo que están hechos el uno para el otro, me lo dice el corazón.
Personas superficiales que no creen en la felicidad y que son muy
cambiantes de opinión.
-Está bien, haz lo que quieras.-dijo Camila.
Nerviosa, le llamé, se me había ocurrido un plan, pero me arriesgaba a que
no funcionase.
-Hola, cariño.-dije en tono sensual.
-Hola.-dijo él algo confuso.
-Te deseo desde el día en que te vi con Camila.-dije con el mismo tono
sensual.
-¿Ah, sí?-dijo él animado.
-Uff, sí, no sabes cuánto.
-Camila se enfadará contigo.
-¿Crees que me importa lo que diga esa estrecha?
-No conocía esa parte de ti. ¿Y Leo?
-¿No sabes que me da morbo lo prohibido?
-Y a mí.
-¿Sales con alguien?
-No, pero tú sí, soy su cuerno, formo parte de esto.-me reí de su ocurrencia.
-Muy bien, ¿quedamos en el bar que hay cerca de mí casa, a las nueve?
-Allí estaré.
Colgué el teléfono y esperé que Lidia tuviera, cuando marqué su número.
-¿Qué quieres pesada? Ya he “comprado” el vestido y voy de camino a los
vestidores del campo de rugby.
-Para estar de segura de que irá me he puesto sensual con él y le he dicho
que iré yo, tú haz lo mismo y dile que no voy a ir, que te enseñe su casa y tal,
liga con él.
-Mmmh, me gusta el tema.
-Te envió una foto suya, para que sepas quien es cuando vayas al bar.
-OK.
Envié una foto.
-Es el que abraza a Camila.
-Pues nada, adiós.-dijo ella y colgó.
Asunto resuelto, ya había emparejado a dos personas más.
-Cariño, Leo lo ha oído todo.-dijo Camila.
-Se acaba de marchar corriendo.-dijo Violeta.
-¿Qué? No ha oído la segunda parte de la conversación.-dije yo cogiendo mi
bolso y marchándome enseguida.
-Adiós, guapa.
-Camila, cuéntaselo a todas.
Camila asintió y bajé las escaleras rápidamente.
¿A dónde podría haber ido? ¿A la torre Sears?
Decidí probar suerte y fui allí, subí en el ascensor y allí no estaba.
También fui al puerto, a la estación de trenes, a la de autobuses, al
aeropuerto, al hospital de Giulia y a todos los sitios en los que habíamos ido
juntos. Estaba yendo hacia casa cuando me pareció verlo, seguí a aquel señor
que no se parecía a él y pasé enfrente del bar en el que habían quedado
Zack y Lidia, asomé la cabeza para ver si habían llegado y vi a Leo sentado
en la barra.
Miré el reloj, eran las nueve menos diez, llegarían enseguida y ni Leo ni yo
podíamos estar allí. Entonces apareció Zack, agarré la mano de Leo y le metí
en el baño de chicas.


-¿Qué haces aquí?-le pregunté mientras le metía en una de las puertas al
váter.
-Quería hablar con el chico que había logrado enamorar a Amelia Darío.
-Leo, solo me has conseguido enamorar tú. No hay nadie más.
-Amelia, soy muchas cosas pero no retrasado mental, oí como hablabas con
él por el móvil y nunca en la vida le has hablado a un hombre con tanto
deseo.
-Estaba fingiendo, Leo. He encontrado a Lidia pidiendo limosna en la calle.
-Eso ya me lo has contado.
-No me interrumpas. Me ha dicho que lo único que le interesaba era ser rica
y he pensado que Zack era el mejor para hacerla feliz, porque es
inmensamente rico, pero he pensado que no aceptaría ir a una cita a ciegas
con una de las amigas de su ex novia, así que fingí eso para que viniera hasta
este bar y luego Lidia se encargaría de engatusarle.
-Vamos, que yo soy un estúpido posesivo de mierda que no confía en que su
novia se pasa todo el día haciendo que los demás sean felices.
Me reí. Ese era el chico al que quería.
-Tú no eres ningún estúpido.
-Pero posesivo, y desconfiado, sí, ¿verdad?
-Mmmh, creo que…
-No lo estropees, bésame.-dijo él.
Y le besé, y en ese mismo baño hicimos el amor, cómo en la típica película
americana, con una diferencia. No éramos dos actores fingiendo un amor
inexistente, éramos dos enamorados que habíamos convertido un baño en el
lugar más romántico del mundo.
-No puedes salir conmigo.-le dije.
-¿Qué, no quieres ser mi novia?
-No, tonto, no puedes salir conmigo del baño.
-Alarmista.
-Posesivo.
-Pero me quieres.
-Más que a nada en el mundo.
Oímos un “Oh” de las chicas del baño y le dije que saliera.
Esperé 5 minutos, en los que aproveché para hacer mis necesidades y salí
del baño. Tenía ganas de hacer una cosa, algo que siempre había querido
hacer.
Cuando salí del baño, Lidia estaba sentada enfrente de Zack diciéndole
cosas bonitas. Le hice una señal de que lo besara. Y cuando lo besó…
Le planté una torta en toda la cara.
-Pervertido.-chillé.- Vas preñando a todas las mujeres y luego les haces los
cuernos.
Todas las chicas le miraban mal y yo sonreí para mis adentros, me había
vengado del cochino de Zack.
Leo estaba esperándome fuera y para rematar más la cosa, en una posición
en la que solo nos podía ver Zack, besé apasionadamente a Leo y le enseñé el
dedo corazón a Zack, esperaba que leyera la nota que le había dejado
encima de la mesa, decía “Nunca juegues con el corazón de una mujer, puede
ganar él”.

Capítulo 38 aquí.

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