domingo, 9 de septiembre de 2012

Capítulo 46

Estaba aproximando el sándwich a mi boca cuando lo vi. Entraba en el comedor con paso tranquilo como si no llevara 1 semana sin aparecer. Desde aquel beso, aquel día en que vino a la universidad en mi coche no lo había vuelto a ver.
Me levanté de la silla dispuesta a pedirle explicaciones.
-Will.-dijo tocándole el hombro para que se girara. Él no se paró y siguió caminando.-¡Will!
Todo el comedor me miró. Realmente no me importaba, solo esperaba que se girara.
-¿Sabías que existe una cosa llamada teléfono, visita o carta?-le dije con los brazos en jarra y el ceño fruncido.
-¿Por qué tendría que haberlo hecho?-me preguntó él, girándose súbitamente.
-Porqué somos amigos.-le dije con una sonrisa dulce.- Si he dicho algo que te haya molestado dímelo.
-Esto sonará a película romántica mala, pero, no eres tú, soy yo. Tú no has hecho nada, simplemente he decidido que es mejor que dejemos de ser amigos.-dijo él muy serio.
-No lo entiendo, simplemente no lo entiendo.-dije yo pensando en cualquier cosa que le podría haber herido.
-No tienes que entenderlos solo acéptalo.-dijo él prosiguiendo su camino.
Tenía ganas de llorar, él era un chico especial, a veces podía ser agradable y genial y otras antipático y ignorante, pero daba igual como fuera porque me gustaba y. no quería perderlo así sin más, sin haberlo intentado y volver a la recia cama a llorar, a llorar como siempre he hecho.
Una idea revolucionó mi mente, era alocada, pero ahora mismo y después de haber hecho tantas cosas alocadas no me importaba lo más mínimo. Saqué el teléfono móvil y deseé que Charlotte hubiera llegado a casa después de sus clases de danza. Crucé los dedos y oí la voz de Charlotte.
-¿Amelia?-dijo ella extrañada.
-Sí, soy yo, necesito que me hagas un favor. Ven a la universidad lo antes posible, si alguna amiga te puede llevar en su coche mejor. Es urgente.-le expliqué todo mi plan y vigilé a Will.
Unos 40 minutos si se daba prisa. Cuando Will se levantó de la mesa le seguí.
Will estaba a punto de cruzar la puerta de la universidad.
-Dime por qué, si no es por mí tiene que haber otra explicación.-le dije. 30 minutos hasta que llegara Charlotte.
-Ya, pero yo no quiero contártelo.-me dijo él con una pequeña sonrisa torcida.
Sacó un cigarro y se lo quité.
-Devuélvemelo, venga Amelia, esto no tiene gracia.-lo tiré al suelo y lo rompí. Will tragó saliva.
-Todos los que saques acabaran igual si no me lo cuentas.-dije yo. Hubo un silencio, quería que durara mucho, lo suficiente para que llegara Charlotte.
-Es personal, Amelia. No quiero contártelo.-dijo él sacando otro pitillo.
-Guárdalo sino quieres que ocurra lo mismo que con el otro.-dije señalando el cigarrillo que había en el suelo. Él esbozó otra pequeña sonrisa torcida.
-Las echaba de menos.-le dije cuando vi la sonrisa. -Y sin saber porqué me eché a llorar, quizás porque él no me necesitaba y yo si a él, quizás porque no me llamaba, no contaba conmigo, no me echaba de menos.
-No llores, Amelia.-dijo él.
-Abrázame, estúpido.-dije mientras lloraba y reía a la vez.
Él me abrazó y me sentí mejor, pero no paré de llorar hasta que vi aparecer a Charlotte bajando del coche.
-Adiós, Will.-dije en un tono suficientemente alto para que Charlotte me oyera.
El resto me esperaban en el coche, una media hora después Charlotte nos envió un mensaje y fuimos a buscarla en coche.
Will vivía en la calle donde nos habíamos hecho hermanos de sangre.
-Muchas gracias, Charlotte.-le dije.
-Te debía un favor por dejarme vuestra casa.-dijo ella sonriendo.
-¿Qué vas a hacer ahora que sabes dónde vive?-me preguntó Violeta.
-No lo sé, es una información que me puede venir bien algún día.-dije yo pensativa.

Al día siguiente, por la tarde, fui a casa de Will. Una chica, en concreto la chica que acompañaba a Will aquel día de lluvia me abrió la puerta.
-Hola, ¿está Will?-le pregunté.
-No, ha salido. Seguramente esté en Springbrook.-lo último lo dijimos las dos a la vez. Nos echamos a reír.
-¿Y tú eres?-me preguntó.
-Una amiga, una amiga de Will. ¿Tú eres su novia, no es así?-le pregunté educada.
Ella rompió a reír a carcajadas.
-Pasa, tú y yo tenemos que hablar.-me dijo haciendo señas con la mano para que entrara.
-¿Quieres algo para beber?-me preguntó, mientras me señalaba una silla para sentarme.
-Un vaso de agua fría, por favor.-dije recordando mis buenos modales.
Ella trajo una garrafa de agua y dos vasos. Los llenó y empezó a hablar.
-Yo soy Samantha.-dijo ella con una sonrisa enorme.- Y soy su hermana.
No pude reprimir un suspiro. Ella se echó a reír, era muy jovial, no se parecía a su hermano, serio y misterioso.
-Yo soy Amelia.-dije yo intentando ser igual de agradable que ella.
-Estarás pensando que no nos parecemos en nada.-dijo ella volviendo a sonreír.
-Pues la verdad es que sí.-dije yo dudando.
-Mi hermano habla de ti.-dijo ella.
-¿En serio?-dije yo ilusionada.
-Sí, Amelia, ¿a ti te gusta Will?-dijo ella sin rodeos.
-Bueno, la verdad, es que , es posible, un poco.-dije yo ruborizada.-¿Por qué no vino a la universidad estos últimos días?
-Quiere alejarse de ti, no se quiere volver a enamorar.
-Eso ya lo sé, pero ¿por qué?-le pregunté con los ojos muy abiertos y una mirada triste.
En ese momento se oyó la puerta de la entrada.
-Escóndete, corre, si sabe que le he contado algo me matará.-dijo ella en un susurro.
Y acabé en el armario de su habitación.
-¿Con quien hablabas? Pensaba que estabas con una amiga.-dijo la voz de Will procedente de otra habitación.
-No, estaba hablando por teléfono.-dijo ella. Me caía bien Samantha, parecía alguien en el que podías confiar.
Se hizo un silencio y oí los pasos de alguien y una puerta que se abría. Suspiré, no era en esta habitación. Entreabrí la puerta y vislumbré una ventana. Era un bajo, así que no podía ser muy alto. Abrí la puerta del armario y de puntillas fui yendo hacia la única ventana de la habitación.


Oí unos pasos y recé en silencio que no fuera Will. La puerta se abrió.
-¡Amelia, estás loca!-dijo Samantha gritando al verme con los pies fuera de la habitación sentada en la ventana.
-Shh, no querrás que nos pille.-le dije. Pero era demasiado tarde y los pasos de Will cada vez eran más cercanos.
-No saltes. Es culpa mía.-dijo ella mirándome.
-¿Samantha, se puede saber que-dijo él, pero nada más entrar en la habitación su voz se pausó.- ¿Qué pasa aquí?
-Pues, verás, tenía una duda sobre el- Samantha negó con al cabeza y me hizo callar.
-Amelia vino aquí para hablar contigo y como no estabas empezamos a charlar.-dijo ella.
-Y no hablabais de antropología, eso está claro.-dijo él frunciendo el ceño y con la mirada fija en mí, como si le hubiera decepcionado.
-Perdona por intentar hablar contigo, averiguar donde vives y venir a tu casa simplemente por la razón de averiguar que te pasaba, lo siento debe ser una enfermedad contagiosa, es mejor que no te acerques a mí.-le dije yo intentando reprimir las lágrimas, pero no pude y me fui llorando de allí, cerré la puerta cuidadosamente y seguí mi trayecto.
Un coche negro, pequeño y ruidoso se paró enfrente de mí.
-Amelia, sube.-me dijo Will desde dentro del coche.
No subí, estaba harta de intentar que las cosas funcionaran.
-Por favor, Amelia, ¿no quieres explicaciones?-me dijo él.
-La última vez que estuvimos a solas, en un momento de sueño dijiste que me ibas a violar, no sé si puedo confiar en ti.-dije yo enfadada.
-Amelia, sabes tan bien como yo que eso era un broma.-dijo él.- Venga, no me gusta verte llorar, tú siempre estás sonriendo.
Subí al coche, sabía que le había costado hacerme el cumplido.
-¿A dónde vamos?-le pregunté poniéndome el cinturón.
-Pues a Springbrook.-dijo él.
-Tenemos una hora de camino, cuéntamelo.-dije yo.
-Prefiero contártelo cuando lleguemos.-dijo él, encendió la radio. Sonaba algo de jazz, un saxofón hacía la melodía y notaba en los ojos de Will como disfrutaba de la música.
Estuvimos una hora escuchando jazz, apenas hablamos y me ponía muy nerviosa al saber que noticia tendría que darme.
-Venga, ya estamos aquí.-dije tumbándome en el césped. Él se tumbó a mí lado.
-Mi novia, bueno mi exnovia, bueno no sé… Ella murió.-dijo él dudando y titubeando en cada una de las palabras que salían de su boca.
No dije nada, simplemente le cogí de la mano. Creí que decir lo siento o algo así no solucionaría nada. Él se giró.
-El día en que nos hicimos hermanos de sangre, era el aniversario de su muerte, venía del cementerio con mi hermana. No quiero que me hagas daño, no quiero que te pase nada y mueras, porque entonces viviría lo mismo dos veces. Y es duro, es duro saber que alguien al que quieres tanto ya no está, que ya no volverás a oír su voz, ni a acariciarla por las mañanas para despertarla, a besarla hasta el amanecer, ni simplemente a tocarla, o a saber que está ahí, a tu lado.
-Will, si no te arriesgas, sino te arriesgas a seguir viviendo, a enamorarte, a volver a besar a una chica y aunque suene mal a sustituirla por la que falleció, nunca te sucederá nada bueno. Quien no arriesga no gana, eso lo sabe todo el mundo.-hice una pausa para que pensara.- Sé que es difícil aceptarlo, aceptar que ya no está, pero ella desearía lo mejor para ti, a ella no le gustaría saber que te quedas horas llorando por ella y que no quieres rehacer tu vida.
-Supongo que tienes razón, pero aún así es difícil, porque te da miedo. Hay gente a la que le dan miedo los tiburones, a otra las abejas y las avispas, a otra cantar o tocar en público y a mí me da miedo enamorarme otra vez.
Me acerqué a él y le di un abrazo.
-¿Cómo se llamaba?-le pregunté después del abrazo.
-Sarah, se llamaba Sarah. A veces la siento, creo que está ahí y que me está sonriendo, cuando no la noto empiezo a pensar en todas las discusiones, en las veces que le dije que la odiaba por alguna razón y quiero borrarlas y que desaparezcan, que solo queden momento felices.
-Eso es imposible, Will.-le dije a él.- Y seguro que ella recordará toda la eternidad todos los recuerdos con ilusión, todos, aunque sean malos, simplemente porque eran contigo y te quería y seguro que sabe que la quieres.
-Eso también me da miedo, me da miedo que haya muerto pensando que no la quería.
-Will.-le dije mirándole a los ojos.- Realmente, ¿crees que esos sea posible?
Will se quedó en silencio. No me hacía falta su respuesta, era algo que él tenía que saber.
Después de un rato pensando Will se levantó.
-Amelia, ¿puedes ayudarme un momento?- sus pies tocaban el agua y sabía exactamente lo que iba a hacer, pero no por ello me quité la ropa.
-Creo que no.-le dije. Corrí hacia el y le empujé para que cayera en el agua. Yo también me tiré y me hundí para refrescar mi cabeza.
Se me pegaba la ropa al cuerpo, igual que a él y me pareció tan sumamente sexy, que para reprimir mis ganas de abrazarle tuve que sumergirme y empezar a nadar.
Salimos del agua del río, que estaba muy fría y nos sentamos.
-Tú tiraste el anillo por mí.-dijo él.- Toma, te la regalo.
Se quitó la pulsera que llevaba. Nunca me había fijado mucho en ella, pero siempre la llevaba. Era de cuero roja y daba tres vueltas, había visto muchas pulseras como aquella, pero sabía que aquella era muy especial para él.
-Cuéntame su historia.-dije tumbando mi cabeza en sus piernas.
-¿La de la pulsera?-me preguntó.- Pues bien, ella siempre la llevaba puesta, hasta cuando iba a dormir, cuando se duchaba, continuamente, nunca se la quitaba.
Observé su cara, miraba algún punto enfrente de él y miraba con nostalgia, deseoso de poder volver a ese momento en que ella le saludó.
-Y un día, me dijo que me casara con ella, y yo le dije que no bromeara, que aquellas cosas eran serias, entonces se quitó su pulsera y me la dio, me preguntó que si la creía ahora. Desde entonces yo tampoco me la quito nunca, pero ahora, es tuya.-dijo mientras me la colocaba en la muñeca.
Le sonreí.
-Este es un gran paso, ¿estás segura de que quieres dármela a mí?-dije yo comprensiva.
-No, no estoy seguro. Pero, quién no arriesga no gana, ¿no es así?-me dijo con una sonrisa torcida.
-Oh, ¡como echaba de menos a Will!-dije yo abrazándole, él se quedó tieso y yo me reí.
-¡Cómo echaba de menos a Amelia!-dijo él, yo me volvía reír.

Unas horas después estaba en mi cama cerrando el libro de Romeo y Julieta tras leer la palabra “fin”.
Alguien llamó a la puerta.
-Adelante.-dije yo.
-Amelia, tengo algo que contarte.-dijo ella, su rostro era serio, como si se tratase de una mala noticia.
-¿Algo malo sucede?-pregunté preocupado.
-No, es algo importante, pero no malo, no sé como decírtelo, es complicado.-dijo ella mordiéndose el labio inferior.
-Venga, Camila, cuéntame.-dije yo intentando parecer tranquila.
-SalgoconLeo.-dijo ella rápidamente.
-¿Qué?-dije yo, no porque estuviera molesta, sino porque no había entendido bien.
-Salgo con Leo.-dijo ella más lentamente.- Lo siento, pero siento que esto será más duradero, prometo no traerlo por aquí, ni besarlo si tú estás mirando, ni decirle cosas bonitas, si quieres hasta puedo pasar de él o no sé… ¡Haré lo que tú me pidas!
-Ey, ey, estoy súper contenta por ti. Quiero que disfrutes de Leo.-dije yo con una sonrisa mientras abrazaba a Camila con fuerza. Y era cierto, solo esperaba que no fuera un ligue como todos los demás, Leo era sensible y era fácil romperle el corazón.
-Lo quiero muchísimo, Amelia . Es tan dulce y romántico, nos complementamos, somos polos opuestos y a veces discutimos, pero luego el beso es aún más dulce.-dijo ella con una expresión de felicidad en la cara.
-Puedes traerlo a casa siempre que quieras, será complicado, pero hay que superarlo, no me gustaría separarme de Leo por algo así y me alegra que seas tú la que salga con él y no otra.
-Gracias, Amelia, yo no sé si hubiera aceptado que hubieras salido con uno de mis exnovios, como Zack.-me dijo ella.- Bueno, te dejo descansar.
Salió de la habitación y yo me sumí en un profundo sueño.

Capítulo 47 aquí.

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