lunes, 10 de septiembre de 2012

Capítulo 47

Estaba pensativa mientras conducía en el coche, faltaban unos poco días para las vacaciones de Navidad y después de tantos meses Will y yo éramos únicamente amigos, pasábamos tardes entera con Lidia correteando por ahí y hablando de cosas sin importancia que nos hacían reír. Lo peor de todo era que no sabía como dar el siguiente paso, las cosas entre yo y los chicos siempre habían ido tan rápido que ni siquiera tenía que pararme a pensar como llegar al siguiente nivel, pero con Will era diferente, él estaba en una situación difícil y había superado algo horrible o puede que ni lo hubiera superado. Había llegado al punto de ser su mejor amiga, su segunda hermana, pero yo no quería eso.

-¡Amelia, te has pasado el garaje!-me gritó Camila sentada en la silla del copiloto.
-Oh, vaya, lo siento.-dije yo avergonzada.- Iba pensando en mis cosas.
-En las nubes de otro país en el que no hay garajes.-dijo Violeta riéndose, Nicolas le rió la broma y Camila sonrió.
Todo el mundo estaba de mejor humor cuando tenía novio. Y encima había olvidado que hoy Camila había decidido invitar a Leo a casa y a cenar para ir superando nuestros problemas.
Camila solía quedar con Leo en el parque, en el portal de la calle o como mucho en la puerta de nuestra casa.
Estaba acercándome al portal para subir a nuestra casa cuando un chico, de unos 16 años se acercó a nosotras.
-¿Vosotras sois María, Camila, Amelia y Violeta?-preguntó el chico con un marcado acento español que me recordó a mi lejana infancia.
-Sí.-dijo María.-Somos nosotras.
-Bien, pues tengo algo que contaros.-dijo el pequeño mientras nos observaba.
-Venga, cuenta.-dije yo, impaciente.
-Veréis, no sé si me creeréis pero soy vuestro hermano, bueno más bien soy tu hermano.-dijo señalando a María.
El chico era más bien moreno, un poco más que María y sus ojos verdes eran exactamente iguales que los de María, su pelo era castaño oscuro, casi rozando el negro.
-¿Os importa que os hable en castellano?-dijo él en castellano. Nosotras solíamos hablar en inglés, por inercia, además no queríamos parecer más extrañas de lo que éramos comunicándonos en castellano. El primer años si lo hacíamos, pero poco a poco fuimos adaptándonos a hablarnos en inglés.
-Claro, puedes hablar en castellano.-dije yo en castellano.
-Menos mal, sé inglés, pero no sé si sabría mantener una conversación tan larga con vosotras.
Abrí la puerta y todos, incluido el hermano de María, entraron.
-Tenemos que hacerte unas preguntas para averiguar que eres mi hermano realmente.-dijo María más animada de lo normal.
-Una pregunta cada una.-dijo Violeta.
-Empiezo yo.-dijo Camila levantando la mano.- Esta es fácil, ¿de que ciudad somos?
-Pues, de la increíble y alucinante Valencia.-dijo él sonriendo, todas asentimos, correcto.
-Ahora yo.-dijo Violeta que estaba cogida de la mano de Nicolas.- ¿Cómo murieron nuestros padres?
-Según me han dicho, tuvieron un accidente aéreo.-dijo él serio. Volvimos a asentir, dos de cuatro.
-¿Por qué has venido aquí?-dije yo pensando en la razón.
-Porque vivo con una asquerosa familia de acogida, donde soy “el adoptado” y aunque intenten cambiarlo son 5 chicos y yo soy el único adoptado. Esta es la segunda familia, antes estaba con otra chica que me quería, era hijo único, pero perdió su empleo y me trasladaron. Los que viven ahora conmigo están podridos de dinero y les dije que una hermana mía de 25 años me había invitado a su boda en Chicago, que me vendría a buscar al aeropuerto y tal. Si supierais lo que tuve que hacer para llegar hasta aquí.-dijo él con una sonrisa de orgullo.
-Última pregunta.-dijo María.-¿Qué quieres?
-Que me adoptéis, quiero sentir que tengo una familia de verdad, una hermana biológica, que no todo el mundo ha muerto para mí, que no tendré que ir de casa en casa toda la vida. Tengo un plan tranquilas, no os meteré en líos, iré al instituto yo solo y no os tendréis que preocupar por mí.
-¿Bromeas? Nos vamos a preocupar por ti, te llevaremos al instituto, te ayudaremos a hacer los deberes, te contaremos un cuento para que te duermas si hace falta.-dijo María abrazando a su hermano.
Charlotte apareció bajando por las escaleras.
-A que adivino, es un hermano vuestro que se perdió al nacer y os lo habéis encontrado en el bosque de camino a casa.-dijo ella riéndose.
-No vas desencaminada.-dije yo mirándola. Se quedó con la boca abierta.
-¿Habla inglés?-me preguntó.
-Pregúntaselo a él.-dije yo señalando al chico.
-¿Cómo te llamas?-le preguntó ella.
-Me llamo Román.-dijo él sonriendo a aquella chica que sin duda le parecía atractiva.
-Yo me llamo Charlotte.- Charlotte hablaba despacio y pronunciaba bien todas las sílabas.
-¿No me entiende si hablo en castellano, verdad?-preguntó él en castellano.
-No, pero si te burlas de ella en castellano, mientras tu vayas a clases de inglés, ella irá a castellano.
-De acuerdo.-dijo él.
Entonces sonó el timbre, era Leo. Estaba muy nerviosa, hacia meses que no le veía y no sabía como iba a reaccionar.
-¿Quién es?-preguntó Román.
-El novio de Camila, Leo.-le respondí.- Que antes era mi novio.
Él se rió a carcajadas, tenía una risa encantadora.
-Menudo lío, chica.-me dijo él.
-Ese de ahí.-dije señalando a Nicolas.- Es Nicolas, el novio de Violeta.
-Y también fue tu novio.-dijo él.
-No, ese no fue mi novio.-él siguió riéndose.- ¿Tenías novia?
-Querrás decir si tenía novias.-dijo alargando la ese de novias.- Montones.
Y se volvió a reír. Yo le sonreí con ternura, iba a ser divertido tener a Román con nosotras.
Camila estaba en la puerta esperando y Violeta y Nicolas estaban en la cocina. María nos miraba conversar y pensé que querría hablar con su hermano, así que me aparté y les dejé hablar.
Leo apareció por la puerta y Violeta sacó del horno el pollo asado.
Me senté al lado de Román y de Violeta. Leo acabó sentado justo enfrente de mí por alguna razón del destino. Todos estábamos en silencio y Román empezó a hablar en inglés.
-¿Qué tal va la empresa en la que trabajas?-dijo Román, no pude evitar reírme.
-No trabajo en ninguna empresa.-dijo él extrañado.
-Para una palabra que me sé en inglés.-dijo, exagerando, con una sonrisa.
-Soy estudiante de Pintura.-dijo él y recordé que Camila me había contado que se había trasladado a otra universidad para no toparse conmigo por los pasillos.
-Yo estoy en 1º de Bachiller.-dijo él como si aquello fuera todo un orgullo.- No sé si aquí tenéis Bachiller añadió.
-¿Tú eres el novio de Amelia, no?-dijo Leo, yo me puse roja y antes de que pudiera decir nada, Román contestó.
-No, yo soy el novio de Charlotte.-dijo él pasándole el brazo a Charlotte por la espalda.
Charlotte puso los ojos en blanco y yo reprimí una risa.
-¿Enserio?, Camila no me contó nada.-dijo Leo, ahora que ya no era mi novio lo veía con otros ojos, demasiado dulce e inocente, casi tanto como Nicolas, prefería a Will.
-Es que Román ha aparecido hoy mismo en mi vida.-dijo Charlotte intentando hablar como en una tele-novela.
Román se rió.
-Me estáis tomando el pelo.-dijo Leo.
-¡Qué va!-dijo Román y le plantó un beso largo a Charlotte allí mismo.
-Román estás mal de la cabeza.-le dijo María que intentaba parecer una hermana mayor.
-¿No puedo besar a mi novia, hermanita?-dijo con retintín.
-Charlotte no es tu novia.-dijo María.
-Eso depende de ella, ¿Charlotte quieres salir conmigo?-dijo Román mirándola.
-Román, hace menos de una hora que te conozco, no quiero-Román la interrumpió.
-No te enrolles, en esta mesa hay muchas tías.-dijo él mirándome a mí.
-Ni se te ocurra.-le dije a Román.
-No te hagas ilusiones, se lo iba a pedir a Violeta.-dijo él con una sonrisa torcida que me recordó a Will. Mierda, me estaba obsesionando.
Acabamos de cenar, la mayor parte del tiempo Román era el protagonista y empezaba a hacerme una idea de cómo era.

-¿Dónde voy a dormir?-preguntó Román cuando vio que todas desaparecíamos en nuestras habitaciones.
-La única que tiene cama de matrimonio es Amelia.-dijo María.
Leo me miró como si fuera un monstruo.
-Puedes dormir en el sofá como todos los invitados. Quédate ahí, ahora te bajo las sábanas.
-Prefiero una manta, son más suaves.-dijo él mientras cerraba los ojos como si pudiera sentir la manta entre sus dedos.
Subí, cogí la manta y se la bajé.
-Gracias, Amelia.-me dijo muy serio.
-De nada, supongo.-dije extrañada por tanta seriedad por una simple manta.
-Me refiero por ser tan buenas conmigo y acogerme aquí, creo que no os lo he dicho.
-Eres nuestro hermanito pequeño, aquí todas somos como hermanas y nos encantan las visitas inesperadas.-dije mientras me reía.
-Por cierto, ¿me dejas un cojín?-dijo él.
-Tienes un montón en el sofá.-dije yo.
-Pero esos no son de cama, son de sofá y-le interrumpí.
-Te aguantas.-le dije y me metí en mi habitación.
Al día siguiente fuimos a la universidad y como de costumbre saludé a Will que estaba fumándose un cigarrillo.
-Buenos días.-dije como si saludara al panadero del barrio.
-Buenos días, Amelia, cuando puedas pásate por la panadería a por la barra.-me dijo él leyéndome el pensamiento.
Me reí a carcajadas.
-Tengo que presentarte a un amigo, te caerá genial.-dije yo, pensando en Román.
-¿Un amigo?-dijo él con su sonrisa torcida y arqueando las cejas.
-El hermano de María.Will, no pienses mal.-le dije yo poniendo los ojos en blanco.
-Uy, perdone señorita inocencia.-dijo él burlándose de mí.
-Que venga a Springbrook, seguro que le gusta.-añadió cuando estaba a punto de irme.
-A las 5 estamos allí, parece que hablemos de un bar.-dije yo sonriendo.
Él sonrió, pero no dijo nada y sacó su libreta para apuntar algo.
Que ganas de quitársela y saber que ponía, me resistí y entré en mi clase.

Después de contarle la larga historia de mi amor por Will, llegamos a Springbrook y nos sentamos en la sombra del árbol.
Will llegó tarde cómo de costumbre.
-Hola, soy Román, el hermano de Amelia.-dijo él sonriente.
-Yo soy Will, el, el, el.-Will se quedó pensativo.- Yo soy Will.
Román se rió a carcajadas y me pareció ver algo de simpatía en los ojos de Will.
-Estoy rodeado de mujeres, tío, no sabes cuanto sufro.-le dijo Román, como si yo no estuviera justo a su lado escuchándole.
-Yo vivo con mi hermana y sufro a veces, imagínate tú que tienes 5 hermanas.-dijo él riéndose.
-Ya ves, estoy desesperado y encima no sé como quitarme de encima a mis tutores, me llaman a todas horas.-dijo él, Román no me había contado nada de eso y estaba un poco extrañada, pero realmente yo nunca había estado con dos chicos sola, para mí aquello era toda una novedad.
-No te atreves a bañarte.-dijo Román, en una conversación en la que ya me había perdido. El cielo estaba nublado y hacía frío, todos estábamos abrigados con bufandas y abrigos gruesos y aquella idea me pareció la más tonta del mundo.
Will sonrió desafiante.
-Los dos a la vez.-dijo.
-Está bien.-dijo Román con la misma mirada.
-Chicos, os recuerdo que estamos en diciembre.-les dije alarmada.
-Pues vamos allá.-dijo Will, haciendo caso omiso de lo que acababa de decir.
-Me niego a que os tiréis.-dije yo estirando los brazos para que no pasaran al río.
-Venga, Amelia, no seas aguafiestas.-me dijo Román.
-No es ser aguafiestas, es que soy yo la que tengo que llevaros al hospital y Román, tú eres menor de edad.-le dije gritando.
-Amelia, quítate de ahí o te caerás con nosotros.-me dijo Will.
-No seréis capaces de tiraros.-dije yo frunciendo el ceño.
-Te avisamos.-dijo Román. Los dos cogieron carrerilla y se tiraron al agua, empujándome a mi y cayendo al agua junto a ellos.

Will me cogió de la cintura mientras nadaba.
-Estás loca, ¿por qué no te apartaste?-me preguntó.
-Porque no quería que os hicierais daño, ni que os pasara nada.-dije yo triste. Will tiritaba, al igual que yo y Román estaba cerca de nosotros mirándonos.

Will me miró a los ojos,y entonces me di cuenta de que estábamos muy cerca, demasiado y de que él me cogía y me mantenía a su lado. Román me guiñó un ojo, como si hubiera sido cosa suya y me alegré de tenerlo como hermano. Nuestras respiraciones se aceleraron y poco a poco se acercó a mí, con la mirada fija en mis ojos y su sonrisa torcida. Rozó suavemente mis labios y me besó, quise que ese momento durará toda una eternidad y quería quedarme abrazada a él mucho más tiempo, pero pese al ardor de ese beso tenía frío.



Él me ayudó a salir y Román salió junto a nosotros.
-A nadie se le ha ocurrido traer una manta, ¿verdad?-dije yo tiritando de frío.

Will sacó su paquete de cigarrillos y le ofreció uno a Román, yo le fulminé con la mirada, pero Román aceptó. Will se sentó cerca de mí y pasó su brazo por mi espalda, dándome calor. Encendió un pitillo y le dio una calada, me lo dio a mí y yo me sentí mucho mejor rodeada por los brazos de Will y con un cigarro que me daba algo de calor. Will encendió otro y los tres nos quedamos mirando el río y pensando en la gran tontería que acabábamos de hacer.

Capítulo 48 aquí.

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