miércoles, 12 de septiembre de 2012

Capítulo 48

Estaba sentada en las escaleras del portal esperando a Will.


-¿Cómo está mi pijita?-me preguntó Will.
-Imbécil.-le dije enfada.
-Yo también te quiero.-me dijo él con su sonrisa torcida. Y me cogió de la cintura por detrás. Me gustaba que lo hiciera, el día anterior habíamos vuelto a quedar y habíamos flirteado con ganas. Pero estaba molesta y no me valían unas caricias.
-Will, siempre llegas tarde.-dije mirándole a los ojos.
-Lo siento, es que estaba por la calle saliendo a tiempo cuando me doy cuenta de que me falta algo y entonces, me giro y vuelvo a por él.- sacó una rosa.- Ten cuidado con las espinas.
-Oh, ¿es para mí?-le dije dando saltos como una colegiala.
-No, ¿a dónde vas? Son para la pared, la veo muy apagada últimamente.-me dijo él riéndose. Se acercó a mí.
-¿Quieres salir conmigo?-me preguntó. Y me besó, de forma brusca como solía hacerlo y con fuerza. Aquel momento que tanto ansiaba por fin había llegado, no fue algo inesperado, de echo fue predecible, pero aún así me encantó.
-¡Au, que mierda de espinas!-dije yo mirando mi dedo.
Él me cogió el dedo y lo lamió, luego me miró provocativamente y yo me reí.
-Están todos esperándote, sobretodo Román que tiene cara de estar aburriéndose.
-Quien me diría que pasaría la Navidad contigo.-me dijo él mirándome.
-Espero por tú propio bien que eso sea un cumplido.-le dije, mirándole.
Subimos por las escaleras y de repente me acordé de que Leo estaba allí arriba.
-¿Te pasa algo?-me preguntó.
-Sí, mi exnovio está ahí arriba, y es muy celoso y posesivo.-le dije.
-¿Y para que lo invitáis?-me preguntó él frunciendo el ceño.
-Porque ahora sale con Camila.-le dije yo.
-No sé como lo hacéis, pero siempre lo complicáis todo.-me dijo él.
-Lo sé, pero bueno, siempre podemos quedarnos aquí a celebrar la Navidad.-le dije señalando la escalera.
-Uf, sí, es un sitio perfecto.-me dijo él. Le pegué una torta.
-¿Se puede saber que haces?-me preguntó tocándose la cara donde le había pegado el bofetón.
Me reí a carcajadas.
-Cada día estás peor, tendremos que ir juntos al psicólogo.-me dijo él.
-Verás, es que estaba tensa y…-él me interrumpió.
-Mi cara estaba ahí, tan sin moraduras y tan preciosa y dijiste hay que estropeársela antes de que me denuncie por acoso.
Me reí y él me sonrió.
-Sí, se puede decir que fue algo así.
-No vuelvas a hacer eso nunca, serás una tía, pero caray como pegas.-dijo él tocándose la mejilla. Le di otra torta.
-¿Se puede saber por qué ha sido esta vez, querías igualarme la cara?-me dijo él irónico.
-No, ha sido por machista.-le dije seria. Él se echó a reír.
-Yo tengo más fuerza que tú.-dijo él.
-Eso no es cierto.-dije yo orgullosa, aunque sabía que tenía razón.
Me cogió de los pies y bocabajo me subió al ascensor.
-Suéltame, no me esforzaré en darte patadas porque solo voy a perder el tiempo. ¿Por qué no hablamos esto en el suelo?-le pregunté.
Un vecino entró en el ascensor.
-Buenas tardes.-dijo Will con tranquilidad. Él seguía llevándome como un saco y el vecino me miró extrañado.
-He herido su ego masculino.-expliqué al vecino.
-Entiendo.-dijo él silbando para disimular.
Los dos nos echamos a reír. La puerta del ascensor se abrió y salimos a la puerta de nuestra casa.
Will llamó al timbre y entró en casa.
-¿Cuándo me bajarás de aquí?-dije yo cansada.
-Antes tienes que decir, “mi novio es un cachas y tiene más fuerza que yo”.-me dijo él.
-Me niego a decir eso.-le dije.
-Como quieras.-dijo él mientras saludaba a Román.
-¿Qué le haces a tú…-Román esperaba información acerca de nuestra relación.
-¿novia? Muy fácil, ha herido mi ego y hasta que no admita que soy más fuerte que ella así se quedará.
Román se rió a carcajadas y le chocó las cinco a Will.
-¿Te traigo algo?-dijo Román.
-Sí, por favor, un chocolate caliente.-dije yo.
-No se lo traigas.-me dijo él.
-Está bien, mi novio es un cachas y tiene más fuerza que yo.- me gustaba como sonaba aquello y me gustaba que a Will no le diera vergüenza ir anunciándolo por ahí, lo de novio, está claro.
Will me dio una palmada en el trasero.
-Quedas libre de la maldición.-dijo él serio, me reí con ganas y fui a por un vaso de chocolate caliente mientras Will y Román hablaban.
-¿Ya estáis saliendo?-me preguntó Violeta sonriendo.
-Si.-dije contenta.
-Oh, cuánto me alegro.-dijo Violeta abrazándome, como si le hubiera dicho que me iba a casar con él.
Llamaron al timbre y supe que sería Leo.
Camila corrió a abrir y Leo pasó lanzándome una mirada de odio.
-Se está pasando con tu chica, tío.-le dijo Román a Will.
Camila corrió a besar a Leo y Román se metió dos dedos en la boca e hizo como que vomitaba. En el fondo añoraba aquella sensación de que alguien te quisiera tanto, quizás demasiado, pero era tan tierno que no podías como mínimo pensar que era algo muy dulce. Me puse melancólica y intenté disimular mirando hacia otra parte, pero Will que siempre me miraba fijamente lo notó y se acercó a mí. Me rodeó con sus brazos y cuando mi cabeza estaba en su hombro me susurró:
-Nadie es perfecto.
-Creo que tendré que conseguir una novia, esto está lleno de parejitas.-le dijo Román a Charlotte. Ella se rió y asintió.
-Tienes toda la razón del mundo, con el tiempo las arcadas se irán debilitando hasta acostumbrarte a tanto romanticismo.-dijo ella como si se tratara de alguna enfermedad.
-¿Mi hermana tiene novio?-le preguntó Román a Charlotte.
-No, hace mucho que no tiene novio.-dijo ella negando con la cabeza.
-¿Y tú?-le preguntó Román.
-No, me dejó hace unos meses.-dijo ella y rompió a llorar.
-Tía, ¿por qué siempre os ponéis sentimentales cuando habláis conmigo?-dijo Román abrazándola.
Charlotte rió.
-Tendrás un encanto personal.-dijo ella y Román sonrió satisfecho.
Después de una bonita víspera de Navidad, Román se fue a su sofá y todos se marcharon a sus habitaciones, Will a la mía, Leo a la de Camila y Nico a la de Violeta.
Estaba ya en pijama cuando Will entró en la habitación.
-Vaya, me he perdido la mejor parte.-dijo él. Yo sonreí.
-¡Qué poco romántico eres!-dije enfatizando todas las palabras.
Él se quitó la camiseta y pude ver en su espalda, debajo del hombro una frase escrita con letra cursiva “Nadie es perfecto”, la frase que me dijo cuando me conoció.
-Tienes la cremallera abierta.-iba a proseguir diciendo “¿Te acuerdas?” pero me interrumpió.
-No sé como te quitas tu los pantalones, pero yo suelo bajarme la cremallera.-dijo él irónico.
-Quería saber si te acordabas.-le dije.
-Claro que me acuerdo.-dijo metiéndose debajo del edredón.- ¿Cómo no me iba a acordar?
-Pero si es Will haciéndose el romántico, tendré que grabarlo en video.-dije yo riéndome.
-Ey, va enserio.-me dijo, él se giró y me miró a los ojos, me apartó un mechón del pelo y se acercó a mí. Me dio un beso, apasionado y suyo, completamente único y especial. Me mordió el lóbulo de la oreja y siguió bajando, tenía los pelos de punta y me encantaba, pero no sé si fue el cansancio o el qué que cuando me besó en la boca me quedé completamente dormida.

Unos rayos de sol entraban por la ventana y Will estaba de pie vistiéndose, yo abrí los ojos y miré hacia él.
-Ayer por la noche me dejaste mal.-me dijo él con una sonrisa torcida.- En un momento de pasión como ese y te quedaste dormida.
-Estaba cansada, Will, lo siento. Pero me gustaron tus besos.-le dije con una sonrisa mientras me levantaba de la cama.
Salí de la habitación y una Charlotte mareada y pálida me apartó de su camino hacia el baño.
-Me voy, nena, llámame.-me dijo Will dándome un corto beso en los labios y dándole una calada a su cigarro antes de salir por la puerta.
Charlotte estuvo un buen rato en el baño y cuando salió sus ojos estaban abiertos como platos y parecía que deliraba.
Todas estábamos en la sala de estar cuando se sentó.
-Chicas, creo que estoy embarazada.-dijo Charlotte. Román interrumpió el silencio.
-La primera vez que oigo eso y no tengo nada que ver.-dijo alzando las manos como si fuera inocente. Yo esbocé una pequeña sonrisa.
-¿Vas a abortar?-le preguntó Camila.
-Lo cierto es que no lo sé, a veces pienso que sería un problema tener un hijo, pero luego me imagino a mí misma con el bebé en los brazos y se me enternece el corazón.
-Sea lo que sea lo que elijas, nosotros te apoyaremos.-dijo Román, todas le miramos.- ¿Es lo que se dice en estos casos, no?
-Román tiene razón, nosotras te apoyamos pase lo que pase.-le dije yo abrazándola.
-¿Quién es el padre?-preguntó Camila mordiéndose las uñas.
-Brandon.-musitó ella.
-¡Qué horror!-se me escapó. Todas se rieron excepto Román, que no entendía nada.
-Si tienes el hijo no podrás seguir yendo a clases de danza.-le dijo Violeta.
-Lo sé, pero puedo aprovechar los 9 meses haciendo otras cosas.-dijo Charlotte, iba camino de tener el hijo y poco a poco se iba convenciendo de que podría buscar solución a los problemas.
-¿Por qué no lo solucionas a la antigua usanza?-dijo María.- Haz una lista de los pros y los contras de tener un hijo.
-Esa es una buena idea.-dije yo.- Aunque luego decidas algo diferente, te ayudará a guiarte.
-Pues hoy mismo empiezo con la lista.-dijo Charlotte, se levantó y después de coger un trozo de papel y un boli, empezó a escribir.

Las vacaciones se habían acabado y Román ya había denunciado a sus tutores por maltrato después de golpearse con una ventana.
Román les había pedido a los de servicios sociales que le dieran la custodia a su hermana, que estaba de acuerdo y ellos aceptaron.
Aún así, era algo temporal ya que tenían que hablarlo con los anteriores tutores y pensarlo bien. Román había conseguido plaza en un instituto cercano.
Todas estábamos allí, en su instituto, viendo como entraba en el instituto sonriendo a todas las chicas, ellas solían sonrojarse y nosotras supimos que a Román no le costaría integrarse.

Nos subimos al coche y llegamos a la universidad. Las horas pasaron y pronto llegó el final de ellas. Will estaba allí, saliendo por la puerta principal y fui corriendo a saludarle.
-Hola.-dije yo dándole un beso.
-Hola, Amelia. ¿Te vienes conmigo?-dijo él señalando su coche.
-¿Por qué no?-dije yo y subí al coche.- Will, hay algo que te tengo que preguntar.
-¿El qué?-dijo él.
-Verás, es sobre tu libreta, ¿qué escribes en ella? Me paso noches pensando en lo que podrías estar escribiendo.-dije yo.- Sé que es algo personal y siento entrometerme.
-Nunca le he enseñado a nadie lo que ponía.-dijo él.
-Eso suponía, no hace falta que me lo enseñes sino quieres.-dije yo.
-Ni a mi hermana.-Will proseguía con su anterior frase.- Ni siquiera a Sarah. Pero a ti te lo voy a enseñar, porque si te pasa algo y no lo has leído me arrepentiré toda la vida.
Le sonreí y le di un beso en la mejilla.
-Gracias por confiar en mí, sé que te cuesta salir conmigo, que es difícil afrontar una muerte.-le dije con la voz entrecortada.
El coche se paró, estábamos delante de un bosque.
-¿Dónde estamos?-le pregunté.
-Nunca me he parado a mirar el nombre.-dijo él.- Hay una zona donde nos podemos sentar.
Me cogió de la mano y fuimos caminando hasta una zona más despejada y con una fina capa de hierba y musgo.
Me acerqué a él y lo incliné despacio hasta que se quedó tumbado en el suelo, conmigo encima.
Le besé apasionadamente y él me devolvió el beso. Me agarró de la cintura y me estrechó contra sus brazos. Entonces vio mi pulsera roja y paró, como sino pudiera seguir.
-Tranquilo, te entiendo.-le dije acariciándole suavemente la mejilla mientras me tumbaba a su lado.
Él se incorporó y sacó de su mochila su famosa libreta.
-Toma.-me dijo él volviéndose a tumbar.
La primera página estaba llena de palabras, de palabras que no tenían mucho sentido juntas, ni siquiera estaban ordenadas y rectas, estaban espolvoreadas por toda la página. Las siguientes páginas eran parecidas y pasaron muchas páginas hasta que encontré una que me llamó la atención.

LIBERTAD
A veces, siento que estoy encerrado, que no puedo hacer nada sin ti, que te necesito y si estás lejos me muero. Entonces me imagino un prado verde, completamente verde, infinito, sin límites, y sueño que estoy allí corriendo, nada duele. Solo siento frescor y la libertad parece más cercana. No quiero parar de correr, cada vez lo hago más rápido, hasta que me da la sensación de que estoy volando, no hay barreras, no hay límites, solo tú y yo, porque tú también estás ahí, a mi lado, corriendo junto a mí y te deseo tanto que aunque me canso sigo corriendo para estar junto a ti.

-Este es precioso, me encanta.-le digo señalando la página.
-Ese lo escribí cuando te conocí, en el comedor.-me dijo él.
Le di un suave beso en los labios y seguí leyendo hasta que Will me dio un beso en la mejilla y noté que necesitaba mi atención.
Me acerqué a él y dejé la libreta a un lado, y nos besamos hasta que llegó el atardecer.

Capítulo 49 aquí.

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