sábado, 15 de septiembre de 2012

Capítulo 49

Charlotte lloraba y el resto la consolábamos.
-Tranquila, no va a pasar nada.-dijo Violeta mientras le daba un pañuelo.
-No es normal que un niño nazca a los siete meses.-dijo ella.
-Yo nací sietemesino, necesitaba salir a ligar con todas las bebés del hospital.-dijo Román sacándole una tímida sonrisa.
-Y además mucha gente nace antes de tiempo y no ocurre nada.-dijo Camila, abrazándola.
-¿Y si algo sale mal?-dijo Charlotte.
-Nada va a salir mal.-dije yo.
-¿Y si tendría que haber abortado?-dijo ella triste.
-Ya has elegido, no pienses en lo que podría haber sido.-dijo Violeta.
Un señor con bata blanca se acercaba a paso tranquilo.
-¿Es usted Charlotte?-preguntó el médico.
-Sí, soy yo.-dijo Charlotte.
-Ya puede pasar.-la informó el médico.
-Oh, bien.-dijo ella. Se levanta dificultosamente y sigue al médico tranquilamente.
-Suerte, princesa.-dijo Camila.
-Gracias.-murmuró ella.
-Hay piruletas en una de las tiendas de enfrente.-dijo Román saliendo corriendo fuera del hospital. Llevábamos unos meses viviendo con Román y sabíamos algo a lo que no se podía resistir, las chicas y las piruletas. Le seguimos y esperamos a la entrada de la tienda.
-Esto es una pasada, hay piruletas naranjas.
Un vendedor ambulante vendía gafas, le cogió una sin pagar y empezó a cantar “Imagine”.

-¿Qué haces?-le pregunté riéndome de su pésima imitación.
-Imitar a John Lennon.-dijo él.
-John Lennon tiene el pelo largo.-dijo Camila quitándole las gafas y dándoselas al vendedor.
-¿Ves alguna tienda de pelucas por aquí?-dijo Román con los ojos como platos mirando en todas direcciones.
Violeta se aguantó la risa y Camila miró al cielo desesperada.
4 horas después, el bebé había nacido y estaba en la incubadora.
-Tendré que pasar aquí un tiempo.-dijo ella.
-Puedes estudiar para tu ciclo de peluquería, ¿no?-dijo Violeta animándola.
-Sí.-dice ella con una sonrisa.
El bebé era precioso, un poco amarillo, pero precioso.
-Tú hija es preciosa, ¿cómo la vas a llamar?-preguntó Violeta. Mueve aparatosamente la silla de ruedas y se acerca un poco más al bebé.
-Creo que la llamaré Estela.-dijo ella.
-Estela es un nombre precioso.-dije yo sonriéndole.
-Lo es, por cierto, gracias por no traer a vuestras parejas. Me hubiera sentido un poco incómoda.
-Oye, es tu parto no el nuestro, tu parto, tus normas.-dijo Román.
-¡Si tú no tienes pareja!-le dije a Román
-Sí que tengo.-dijo él a la defensiva.
-Esas chicas a las que traes cada noche que no sabes ni como se llaman, no cuentan.-dije yo.
-Si, que sé como se llaman, la de ayer era, era…-Román se quedó pensando.- Tú ganas.
-Siempre gano.-dije yo.
-Eso es discutible.-dijo Román.
-Os pasáis el día discutiendo, ¡¿os queréis callar de una vez?!-dijo Camila enfadada. Román y yo nos miramos y nos quedamos en silencio.
Charlotte se echó a reír.
-Os quiero.-dijo Charlotte.
-Y nosotras a ti.-dije yo, Román me dio un codazo.- Nosotros, perdona.
-No empecéis.-dice Camila arqueando una ceja.
-¿Empezar, nosotros, de qué hablas?-dijo Román, haciéndose el tonto. Yo me reí.

Cuando Charlotte te durmió, todos nos fuimos a casa, donde nos esperaban Nico, Will y Leo.
Abrí la puerta y lo primero que vi, fue como Leo y Will se peleaban.
-¡¿Qué hacéis?! -dije yo y me eché a llorar.-¿Por qué hacéis esto?
-Amelia, ese tío estaba hablando mal de ti.-me dijo Will- Lo siento, no esperaba que tuvieras que presenciar esto.
-Gracias por preocuparte por mí, pero me sé cuidar solita.-le dije a Will, aún así no pude evitar darle un abrazo.
-Lo siento, lo siento, lo siento, lo…-le interrumpí.
-Tranquilo.-acerqué su cara a la mía suavemente y le di un beso en la boca.
-He hecho pizza.-dijo Leo sonriendo, como si no hubiera hecho nada malo.
-Sé un poco valiente y dímelo a la cara, subnormal.-le dije a Leo.
-Amelia, no te pases con mi novio, piensa que le has hecho mucho daño.-me dijo Camila.
-Yo también he sufrido y aún así no voy insultándole a mis espaldas.-le dije Camila.
-Tiene derecho a estar enfadado contigo Amelia, solo digo eso.-dijo Camila.
-¿Y te parece poco? Si me insulta que me lo diga a la cara.-le dije a Camila.
-¿Me estás diciendo que nunca en la vida has hablado mal de nadie a sus espaldas? Porque yo misma puedo negarlo.-me dijo Camila.
-Tú no me entiendes, estás demasiado enamorada.-le dije yo llorando y me marché a mi habitación. Will me siguió y se tumbó conmigo en la cama.
-Déjala, no te enfades por esto. Esta mal que te insulten a tus espaldas, pero está peor enfadarte con una buena amiga.-me dijo él.
-Oh, Will, eres tan bueno.-le dije besándole.
-Yo no soy bueno, lo que soy es listo.-dijo él.
-¿Eres un chico malo?-dije yo con voz provocativa. Él se rió.
-Sí, soy un chico malo.-dijo él a su vez. Esta vez la que me reí fui yo.
-Venga, voy a disculparme, puede que haya sido un poco exagerada.-dije yo levantándome de un brinco de la cama.
Will me siguió y volví a la sala donde estaba Camila.
-Camila, lo siento. Me he portado como una cría, todo el mundo ha hecho eso alguna vez aunque no sea bueno hacerlo.-le dije a Camila arrepentida.
-Ven, aquí.-dijo Camila abriendo sus brazos para recibir un abrazo.- Yo también he exagerado un poquito.
-¿Un poquito?¿Te has pasado tres pueblos?-dije yo indignada.
Camila se rió.
-Esa es mi Amelia.-dijo volviéndome a abrazar.

El teléfono sonó y Camila se apresuró a cogerlo y ponerlo en manos libres.
-Chicas, tengo un problema.-dijo Zack al otro lado de la línea.
-¿Qué ha pasado?-preguntó Camila en tono preocupado.
-Es Elizabeth, la chica que conocí. Me he acostado con ella.
-¿Nos llamas para contarnos tu actividad sexual, o hay algo más?-dijo Camila indignada.
-No, sus padres se han enterado.-dijo Zack, su voz parecía inquieta, asustada y francamente triste.
-Se me ha ocurrido algo, pero puede que no funcione.-dijo Camila.
-Cualquier cosa, no tenemos ninguna otra oportunidad.-dijo Zack.
-¿Ella te quiere?-le preguntó Camila.
-Muchísimo, nunca la presiono, ella dicta el ritmo de la relación.-dijo Zack.
-Si ella no se pone completamente de tu parte cuando vayamos a hablar con sus padres no hay nada que hacer.-dijo Camila seria, como si estuviera en un juicio.
-Sus padres viven en vuestra misma calle, en la última puerta, en el piso 2.-dijo Zack.
-Quedamos allí dentro de dos horas, avisa a Elizabeth.-dijo Camila.-¿Queréis venir?
-No me perdería el primer juicio de Camila por nada del mundo.-dije yo sonriendo.
-Yo tampoco.-dijeron Violeta y Charlotte.
-Tengo que hacer un par de cosas, os espero a menos cuarto en el portal de los padres.-dijo Camila.
Y así lo hicimos, eran menos cuarto y estábamos esperando. El tiempo pasaba y pronto sería la hora. Zack apareció por allí.
-Hola, ¿no entráis?-preguntó.
-Tenemos un pequeño problema.-dijo Román que había vuelto de su cita con alguna chica.
-¿Y tú eres?-preguntó Zack.
-El novio de Charlotte.-dijo Román. Estaba empezando a ponerse pesado con eso de ser el novio de Charlotte.
-¿Y dónde está Charlotte?-dijo Zack.
-En el hospital con su hija.-dijo Román.- Tío, no seas pelma.
-Estamos esperando a que venga Camila.-dije yo. Will apareció detrás de mí y me dio un beso.
-Hola, ¿qué tal te va como taxista?-dijo Will mirando a Zack. Me quedé sorprendida, nunca le había hablado a Zack de Will.
-¡Cuántas cosas me he perdido! No sabía que salías con mi primo.-dijo Zack sonriendo. Miré a Zack, y luego a Will. No se parecían en nada.-¿Entráis o qué?
-No, por cierto ¿no estás nervioso?-le pregunté.
-No, sé que si Camila ha dicho que podíamos conseguirlo, es que podemos conseguirlo.-dijo Zack contento.
-No te hagas ilusiones, Camila no hace magia, simplemente convence, ¿vale?-dije yo seria.
Miré el reloj, ya eran y diez.
-¡Perdonadme, me he liado un poco!-dijo Camila agitada, estaba colorada y jadeaba por el esfuerzo.
-No pasa nada.-dijo Zack. Camila no llevaba nada encima, solo su bolso y me extrañó no verla más preparada.
-Pasad.-dijo una voz grave y seria.
Entramos en su casa y enseguida vino Elizabeth a saludarnos, era rubia y delgada, parecía Paris Hilton en versión barata, sin bolsos de Prada ni ropa de Gucci.
Parecía tirando a tonta, la novia perfecta para alguien como Zack.
-Buenos días, ¿sois los padres de Elizabeth?-preguntó Camila.
-Sí, somos nosotros.-dijeron ariscos.
-¿Les importa su hija?-preguntó Camila.
-Mucho, por eso no queremos que salga con gente como Zack, que no le conviene.-dijo su padre. Parecía que a la madre no le importaba tanto.
-Entonces es por la edad,¿no?-preguntó Camila.
-Sí, principalmente por la edad.-dijo el padre.
-¿Puedo preguntarles que edad tenía su mujer cuando se conocieron?-dijo ella.
-16.-dijo él rotundo.
-¿Y usted?
-18.-dijo él un poco avergonzado.
-Bien, no hace falta que explique nada más, pasemos al siguiente tema.-dijo ella.- He salido a la calle y he grabado a un par de chicos de 16 años, chicos de Chicago, de la zona central.
En las dos grabaciones los chicos decían sin ningún pudor que habían perdido la virginidad y que hacían el amor con todas sus novias, que tenían amigos de 18 y no había mucha diferencia. Los chicos titubeaban, repetían y a veces no encontraban palabras, así que se demostraba que no era ninguna trampa.
El padre estaba rojo como un tomate.
-Tengo más, sino os fiáis.-dijo Camila.- Solo tengo una pregunta más y os dejaré decidir a vuestras anchas.
-¿Perdiste la virginidad con Zack?-preguntó Camila.
-No.-dijo Elizabeth.- Fue con uno de mi instituto.
-Pueden comprobar el peligro de que su hija salga con cualquier chico, da igual la edad, todos piensan lo mismo y hacen lo mismo, algunos son más respetuosos y otros menos.
-Cariño, creo que tendríamos dejar que salieran juntos.-dijo su mujer.
-Puede que tengas razón, nuestra niña ya no tiene nada que perder.-dijo el padre.- Zack, no te vamos a denunciar, pero si te pasas un pelo con mi niña, eres hombre muerto.
Elizabeth corrió hacia Zack y le dio un beso. La madre sonrió y el padre se tapó los ojos.
Camila salió de allí con una gran sonrisa y enseguida fuimos al hospital a contárselo todo a Charlotte.
-Ay, que pena no haber estado allí.-dijo Charlotte.
-No te preocupes, no será la última vez.-dijo Violeta. Will me apartó a una esquina de la habitación.
-¿Te vienes conmigo a Springbrook, como en los viejos tiempos?-dijo él.
-Uff, no sé, aquí en el hospital, rodeada de enfermos se está muy bien.-dije yo, abrazándome a él y besándole.
-Pues nada, me voy con mi novia de repuesto, nos vemos.-dijo Will yéndose.
-Uy, ahora de repente me apetece mucho irme contigo a cualquier lado.-dije yo.
-Pues nada, la pobre perrita Lidia se tendrá que quedar en casa.-dijo Will cogiéndome de la mano y arrastrándome a la salida.
-Adiós, Charlotte, nos vemos mañana.
-Adiós, preciosa.-dijo Charlotte despidiéndose con la mano.


Estaba tumbada en la hierba y Will me dio su cuaderno.
-He escrito otro.
-Seguro que es precioso.-dije pasando las páginas.
-Está en la última página escrita.-dijo Will pasando las páginas rápidamente a mi lado.
Me apoyé en su hombro y empecé a leer.

Te quiero.
Quizás suene raro decírtelo por escrito, pero al contrario que a mucha gente a mi decir te quiero mi impone respeto, no puedo decírselo a cualquiera, es una palabra tan mágica, tan llena de significados como sin ningún significado, a veces quiero gritarlo, que todo el mundo lo sepa, pero no puedo porque en el fondo soy un cobarde, un cobarde que te quiere y no se atreve a decírtelo, pero es cierto, Amelia, te quiero y aunque intente hacerme el difícil no puedo resistirme a tú sonrisa, a tú carcajada, a tus caricias y quiero que lo sepas. Amelia, no sé ni tu apellido, pero te quiero.

Me acerqué a Will, le besé y sin decir nada más, sin dar explicaciones, le quité la camiseta e hicimos el amor en las bellas praderas de Springbrook.

Capítulo 50 aquí.

2 comentarios:

  1. ¡Buenas!
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    Respuestas
    1. Siento tardar tanto en responder, me parece una gran idea. Ahora mismo me apunto ;)

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