sábado, 30 de junio de 2012

Capítulo 22

-Han quedado perfectos.-dijo María.
-¿Tú crees?-dije mirando los carteles. Los leí por enésima vez, ponía:

¿Tienes un grupo y quieres que la gente lo conozca?

Pues entonces te recomendamos que vayas este viernes
a las 17h al Bar River a hacer un casting de grupos.

El mejor podrá tocar en nuestro local todas las noches.

-Pues ahora hay que colgarlos.-dije yo.
-Uy, yo estoy muy liada.-dijo Camila.
-Y yo.-dijo María.
-Yo con la novela y todo eso tampoco puedo.-dijo Violeta.
Entonces apareció mi salvación, Leo.
-Ya es hora de cerrar, ¿no?-me dijo.
-Sí, ¿me llevas a un par de sitios?-le dije.
-¿A ti? A ti te llevaría hasta a dar la vuelta al mundo y además me he comprado una moto.
-¿En serio? ¡Qué guay!-dije con la voz más infantil del mundo.

Salimos juntos del bar River.
-Venga, sube.-me dijo.
-¿A la moto? Creo que mejor pido un taxi o… o corro detrás.
-No es nada, nena, tienes que acostumbrarte a ella.-me dijo.
-¡Qué no! Prefiero ir andando.-dije, y cuando me giré una montaña cachas llamada Leo me levantó del suelo ligeramente y me abrazó.
-Hazlo por mí, es solo una moto.
-Ya, pero impone un poquito, ¿a que velocidad vas a ir?
-Muy despacio.-Yo seguía en sus brazos sin tocar el suelo y le besé.
-Esta bien. Pero lo hago por ti.- me colocó detrás de él, rodeé mis manos por su cintura y arrancó más rápido de lo que creía.
-¡Cuando baje de esta moto te mataré!-dije yo.
-No serías capaz, me echarías demasiado de menos.
-Me conoces demasiado.-susurré.
-Lo sé.-me dijo en un susurro casi inaudible.
-Para, aquí.-le dije tras unos 10 minutos subida a la moto. Paró la moto y colgué un cartel.- Ahora tienes que cruzar el puente.
-Allá voy.-dijo arrancando y yendo con una rapidez increíble.
-No hagas tonterías para impresionarme, más lento, no estamos en una película de acción ni eres Mario Casas.
-Tranquila… yo controlo.
-Eso dicen todos los drogadictos y mira como les va.
-¿Me estas llamando drogadicto?
-No, te estoy llamando temerario.
-De acuerdo, iré más despacio.
-Gracias a Dios.
-No, gracias a mí.
-Es una expresión.
Volví a colgar otro cartel y pasamos así un par de horas. Cuando íbamos de camino a casa una pregunta extravagante se me pasó por la cabeza.
-¿Tú me quieres?
-Más que a la vida.
-¿En serio? ¿Arriesgarías tu vida por mí?
-Por supuesto.
-Pero dilo en serio, si hubiera un incendio y al salvarme pusieras en peligro tu vida, ¿me salvarías?
-Pues claro que sí. ¿Por qué lo dices?
-Pues porque hay muchas parejas que se prometen amor eterno y acaban tan rápido o incluso amigas. Y luego hombres y mujeres que mienten a su pareja y que le dicen que la quieren un montón y luego lo hacen todo por alguna razón.
Odio a esas personas.
-Y yo, hipócritas se llaman, ¿no?
-Exacto, te quiero.
-Hoy estás muy rara.
-¿No te puedo decir que te quiero?
-Sí, pero no sé, hoy estás filosófica.
-¿No te gustan las mujeres filosóficas?
-Uf, no sabes como me encantan.-me dijo, bajamos de la moto y como en toda típica película romántica me dio ese beso de despedida que todas las chicas anhelan del chico de sus sueños. Ese beso con las que todas las chicas hemos soñados miles de veces.
-Buenas noches, cariño.
-Buenas noches, nena.
-Bésame, bésame mucho.- tatareé la canción de los Beatles mientras subía las escaleras. Entré en la habitación.
-¿Y ese buen humor? No todos los días se oye a una Amelia cantando…-dijo Camila.
-¿Cómo? Si yo canto muchísimo.
-Claro que sí, tú di que sí.-dijo María.
-¿Fue romántico?-dijo Violeta.
-¿Qué si fue romántico? Creo que me empieza a gustar ir en moto.-todas se rieron.
-¿Habéis hecho algo de cenar?-dije.
-Sí, se está haciendo una pizza en el horno.-dijo María.
-Ah, OK.-dije, oímos el teléfono sonar.
-¿Quién será?-dijo Camila.
Cogí el teléfono y me respondió una mujer de edad avanzada.
-Hola, soy Margarita.
-Hola, creo que se ha equivocado.
-¿Vosotras sois Amelia, Camila, Violeta y María?
-Sí…
-Entonces no me he equivocado.
-Dígame, ¿Qué quiere?
-Pues, traigo malas noticias. ¿Os acordáis de aquella señora que os pagaba un dinero cada mes?
-Sí, más o menos.
-Pues ha muerto y como no tenía ni hijos, ni marido y sus parientes más cercanos han muerto vosotras os quedaréis con su herencia. Tenéis que venir mañana a las 12 a Northeast Couch Street número 7.
-De acuerdo, nos vemos mañana.

-Chicas, nos os lo vais a creer. ¿Os acordáis de la señora que nos ingresaba dinero?
-Sí.-dijeron todas.
-Pues ha muerto.
-¿Cómo?-dijo Camila.
-Lo que oyes.
-Eso significa que… ¡vamos a ser ricas!-dijo María.
-Hay una canción perfecta para este momento.-dijo Violeta sonriente.
Encendió su portátil y escuchamos la canción “Billionare” de Bruno Mars.
-Me encanta este chico.-dijo Camila.
-Y a mí.-dije yo.
Y a lo tonto acabamos bailando “I’m sexy and I know it” con la música a tope y unas cuantas cervezas de más, la pizza esparcida por toda la mesa y prefiero no seguir.

-Resaca, tengo algo que decirte, te odio.-dijo Camila.
-Dile, ya que estás, que yo también la odio.-dije yo.
-Puf, que dolor de cabeza…-dijo Violeta tumbada en la cama.
-Somos un poco raras, no nos emborrachamos en una discoteca, no, en nuestra propia habitación bailando “I’m sexy and I know it”.-dijo María.
-No lo puedes negar, María, moló.-dijo Camila, levantándose de la cama.
-Tengo una mala noticia.-dijo Violeta.
-¿Qué ha pasado?-dije yo.
-Pues que son las 11’30h, aún estamos en pijama y nos apesta el aliento a alcohol y hemos quedado dentro de media hora para que nos den un pastón.
-¡Ostras! Es verdad.-dijo María, levantándose de la cama. En 15 minutos estábamos lo más arregladas posible después de una resaca.
-Subid al coche, ¡vamos!-dije yo, subieron al coche y arranqué.
-Tus pelos, Camila, asustan un poco.-dijo María riéndose.
-No tenía tiempo de ducharme y plancharme el pelo.
-Excusas, excusas baratas…-dijo Violeta riéndose.
Llegamos a la calle Northeast Couch Street con 5 minutos de retraso.

-Buenos días, perdone el retraso.
-Tranquilas, sentaos allí.
-De acuerdo.
-Bueno, pues hablemos de la herencia que ha dejado nuestra querida señora.
-¿Qué ha dejado?
-Nada de dinero, simplemente la casa donde vivía y todo lo que hay allí.
-¿Sólo una casa?-dijo Camila.
-Sí, pero no es una casa normal y corriente, os recomiendo que vayáis a verla y decidáis que hacer con ella. Podéis mudaros allí y así no pagaréis el alquiler de vuestro piso o podéis venderla.
-¿Es chula?-dijo María.
-La verdad es que no la he visto, pero es muy cara osea que supongo que será enorme.
-Nos ha dejado un casoplón.-dijo Camila.
-Bueno, pues ahora solo tenéis que firmar unos cuantos papeles y de lo demás ya me encargo yo como notaria de la difunta.
-Pues muchas gracias.-dijimos todas, empezamos a firmar un montón de papeles durante una hora y al fin acabamos.
-Ya está, muchas gracias chicas. Si la queréis vender avisadme que os ayudaré con los papeles. Por cierto ¿Cuántos años tenéis?
-Algunas 18 y otras 17. Pero los cumplimos este año todas.
-De acuerdo, aquí tenéis las llaves.-dijo la chica.
-Adiós.
-Adiós.
Subimos al coche.
-¿Cuándo la vamos a ver?-dijo María.
-¿Mañana por la tarde?-dijo Camila.
-Sí, mañana la vamos a ver.-dije yo.
-Estoy impaciente.-dijo Violeta.
-¿Cómo será?-dijo María.
-Ni idea.-dije yo.

Llegamos a nuestra habitación y oí mi teléfono sonar.
-Hola, cari.
-Hola, nena. Quiero que vengas tú y tus amigas a la fiesta que celebro esta noche.
-Un momento, que les pregunto si pueden ir.-dije yo.- ¿Podéis ir a la fiesta de Leo esta noche?
-¿Leo es tu novio guapo, no? Y tendrá amigos guapos, ¿tú que crees?-dijo María.
-Sí que pueden ir.-dije.
-Perfecto, nos vemos hoy a las 10 en mi casa.
-¿Dónde vives?
-Ay, sí, en la calle Oceanview número 3.
-¿Te has mudado a Oceanview? Pero, ¿tú eres rico?
-Eso no tiene importancia ahora mismo, pero tienes que venir, la casa te va a encantar.
-De acuerdo, ¿podemos ir a hacerte compañía? Traemos un poco de comida y eso para comer.
-No hace falta que me lo preguntes, podéis venir cuando queráis.
-Ay, cariño, te quiero.
-Yo más.
-Adiós, nos vemos.
Colgué el teléfono móvil.
-Ahora es cuando nos explicas en que lío nos has metido o a donde tenemos que ir.-dijo Camila.
-Pues tenemos que comprar un tiramisú e ir a comer a casa de Leo.
-¿Por qué tenemos que ir nosotras?-dijo María.
-Si no queréis venir allá vosotras.-dije yo, mientras me maquillaba y cogía mi bolso.
-Ve tú sola, necesitáis estar a solas. Que hace mucho que no lo estáis.-dijo Violeta con una enorme sonrisa.
-Pues nos vemos a las 9, calle Oceanview número 3.
-Nos vemos.-dijeron todas lanzándome un beso.

Cerré la puerta y bajé las escaleras corriendo. Me subí a mi querido escarabajo y pensé a que pastelería ir. Se me ocurrió una que había cerca del parque y que se llamaba “Pasticceria” que significa confitería en italiano. Encendí la radio y en seguida supe cual era la canción que sonaba, “I want to break free” de ,evidentemente, Queen.
Estaba tatareando la canción cuando entré en la pastelería y compré el tiramisú.
Volví otra vez a subir al coche, esta vez con la canción “16 añitos” de Dani Martín.

Capítulo 23 aquí.

viernes, 29 de junio de 2012

Capítulo 21


Después de una semana en París, estaba agotada, me lancé a la cama (me golpeé con el hierro de la cabecera) y me dormí, como todas las demás.
Cuando me desperté eran las 5 de la tarde, Camila estaba despierta escribiéndole una carta de amor a Pierre. María y Violeta seguían durmiendo.
-Buenas tardes, ¿qué le cuentas a tu enamorado?
-Nada.-dijo ella, cuando alguien decía nada era que ocurría algo.
-¿Qué le cuentas, pillina?
-Nada, venga, llama a Leo y déjame en paz.
-No lo voy a llamar, tiene que liberarse un poco de estar rodeado de chicas.
-Como quieras, pero es importante, no molestes.
-De acuerdo.- fui a la cocina a hacerme algo de merendar y escuché los pasos de alguien acercarse.
-Buenas tardes. Que cansancio…-dijo María.
-Tenemos que llamar para alquilar el local.
-Pero no tenemos el local elegido.
-Ayer, cuando veníamos hacia aquí, vi un local con un cartel de “se alquila”, parecía bonito y además era cercano.
-Pues podemos llamar, ¿apuntaste el número?
-Sí, está en mi bolso, ¿llamo ahora?
-Sí, cuanto antes mejor.
Fui a por el bolso y cogí el papelito con el número.
Después de hablar con el dueño y quedar en una hora en el local, despertamos a Violeta para ir yendo.
Mientras andábamos íbamos pensando en como negociar con el dueño y conseguir un buen precio.
Al llegar, casi me desmayo al ver a Liam vivito y coleando. Mis amigas estaban igual de sorprendidas que yo. Al verme una gran sonrisa inundó su rostro.
-¡Amelia!-fue corriendo hacia mí y me dio un beso francés en la boca, me aparté, todo había cambiado.
-Tú… tú, ¿tú no estabas muerto?-dije armándome de valor.
-No, fui el único en sobrevivir, pero lo descubrieron después y no lo anunciaron por las noticias nacionales.-me respondió.
-¿Porqué no me llamaste ni nada?
-Te llamé pero no estabas y cuando fui a la Escuela de Magia tampoco estabas, te habías ido de viaje, otro día te llamé al teléfono y cuando llamé me contestó un hombre, pensé que me había equivocado y colgué.
-Tengo algo que decirte, te lo habría dicho antes pero, pensé que sería lo mejor.
-Dímelo después, ahora tenemos que negociar.-dijo él.
-¿Eres el dueño?
-No, soy el nieto del dueño.
-Te lo tengo que decir ahora.
-Pues lo siento pero tendrás que esperar.

El local era precioso, estaba perfectamente decorado y estaba lleno de ventanas, la puerta era de cristal y estaba protegida con otra puerta que hacía un dibujo con hierro forjado.
Por fuera era también bonito, con unos taburetes de madera y un pequeño toldo por si llovía.

El precio era bueno y decidimos empezar a trabajar en él en de una semana.
-¿Qué era lo que me tenías que decir?-dijo Liam después de haber firmado el contrato.
-Sé que hice mal y que cuando te lo cuente te va a doler, pero quiero ser honesta.
-¿Qué ha pasado?
-Todo empezó el día que te fuiste, un chico italiano me preguntó por una dirección y como era cercana le dije que le acompañaba, nos hicimos amigos y empezamos a quedar, pero la cosa se nos fue de las manos y nos enamoramos, nos besamos y mucho más.- Liam se levantó.- Por favor, déjame acabar, luego, cuando acabe haz lo que quieras, pero por favor, escucha hasta el final.
-Está bien.-dijo y se sentó.
-Yo quería contártelo, pero pensé que si lo hacía te estropearía el viaje y que valía la pena esperar a que acabase el viaje. Yo estoy enamorada de él y no le quiero dejar, porque aunque te quiero a él más, con él todo es especial, es mágico, hasta dormir con él me hace más feliz y cuando me enteré de que habías muerto me sentí fatal, pues nunca sabrías la verdad, estuve llorando mucho tiempo, y él aún así siguió conmigo, él me ayudó a superarlo, no se aprovechó de mí, solo estaba sentado a mi lado consolándome. Entonces comprendí mejor que nunca que le quería a él, que cuando pensaba en hijos, pensaba en que nombre quedaría mejor con su apellido, que cuando pensaba en amor veía su cara, que cuando pensaba en sufrimiento le veía a él a mi lado consolándome, que cuando pensaba en futuro me veía con él. Sé que duele que te digan esto, pero ya he mentido bastante y quiero que sepas la verdad.

-Yo te quiero, Amelia, dame una oportunidad, me da igual que te fueras con él.
-Lo siento, te diría que podemos ser amigos, pero eso sería imposible. No es el mejor momento para dar consejos, pero te recomiendo que conozcas gente, que te vayas de fiesta, que te emborraches y que intentes olvidarte de mí.
-Sabes que no podré.
-Tienes que intentarlo.
-Por ti, lo que sea.
-No lo hagas por mí, hazlo por ti. Por tu felicidad, por una buena vida.
-De acuerdo.
-Adiós.
-Te echaré de menos, pero cuando te deje o cualquier cosa, aquí estoy yo, ¿vale? Cuenta conmigo.
-Ok.

Llamé a Leo y se lo conté. Pude ver su sonrisa a través del teléfono cuando le contaba lo del futuro, los hijos…
-¿Arreglado?
-Sí.

La semana pasó, y estábamos preparados para abrir el bar, estábamos esperando a que fueran las 9’30h para abrir, Leo, María , Violeta, Camila y yo mirábamos el reloj y cuando la manecilla se movió abrimos la puerta.

-¿Dónde está la mercancía?-dijo Violeta.
-El camión llegara pronto, no te preocupes.-dije yo, y apareció un enorme camión.
-Bien, ya ha llegado.-dijo María. Empezamos a meter todas las bebidas en la nevera del bar y llegó el camión con los aperitivos.
A las 10 todo estaba preparado y algunos curiosos entraron a pedir unos refrescos. Aunque acabábamos de empezar parecía que el negocio marchaba bien.
-Chicas, he decidido comenzar a escribir una novela. Desde lo de David, me siento inspirada, creo que me ayudará. –dijo Violeta.
-Eso está genial.-dije yo.
-Sí, seguro que te ayuda un montón a superarlo.-dijo María, y es que aunque ella nos quisiera hacer creer que lo había superado, algunas noches, oíamos llorar a Violeta.
-Puedes publicarlo en un blog para que puedan leerlo otras personas…-dijo Leo.
-Ya, lo he estado pensando, pero creo que en un principio no, porque es algo personal y primero quiero verlo y escribirlo y quizás cuando lo haya acabado me vea con ganas.
-Quiero ser la primera en verlo cuando lo hayas escrito.-le dije mientras la abrazaba.
-Seréis las primeras.-nos dijo- Tú también Leo.
-Me siento alagado.-dijo Leo, era tan mono… Un cliente nos lanzaba miradas asesinas para que le sirviéramos su Coca Cola.
-En seguida.-dije yo, cogí una Coca Cola y rellené un vaso con cubitos de hielo. Lo malo de trabajar allí era que cada vez que rellenabas una Coca Cola te daban ganas de bebértela.
-Gracias.-dijo sonriendo, entonces me fijé de que era joven y guapo, y que hubiera preferido que la dulce Violeta se hubiera acercado a servirle la bebida.
Y pensé que esas cosas solo pasan a veces, pero vi como la miraba y tuve que hacerlo. Derramé toda la Coca Cola sobre su preciosa camiseta de Prada.
-Violeta, puedes ayudar a este chico, soy una torpe.-dije yo.
-Ahora voy.-cogió un trapo y corrió hacia allí, pude ver una sonrisa en el rostro de aquel chico. Le guiñé un ojo y pude ver una mirada de agradecimiento.
-A que adivino, has visto un lazo de amor entre ellos dos.-dijo Camila.
-No lo he visto, lo he sentido.
-Amelia, cariño, no puedes ir por ahí tirando Coca Colas a la gente porque crees que pueden tener un vínculo emocional con una amiga tuya. El amor a primera vista no surge tan rápido.-dijo Camila.
-Lo sé, pero yo creo en el destino y no me gustaría que por no haber derramado esa Coca Cola Violeta no encontrara al chico de sus sueños.
-Amelia, despierta, esto es el mundo real, las cosas pasan y punto tu no puedes provocarlas.-dijo María.
-De acuerdo.-dije, miré a Violeta, ya había acabado de limpiarle la camiseta al chico y venía hacia nosotros.
-Es una monada.-dijo ella.
-Sí, una monada…-dijo Camila dirigiéndome una mirada.
-Espero que venga más por aquí.-dijo Violeta mientras le sonreía.
-Eso esperamos…
Me acerqué a Leo.
-¿Pasa algo, amor?- le susurré al oído, estaba muy callado.
-No, simplemente creo que este sitio no es para mí. Es para vosotras, es el momento en que no tenéis que soportar a los novios de cada una. Puedo venir de vez en cuando pero creo que no encajo, te vengo a buscar más tarde, ¿vale?
-Tú no sobras.-le dije dándole un beso en los labios.
-Mientes, este es vuestro momento, el momento en que estáis solas. Me voy, nos vemos luego.- nos dimos un beso y se marchó.
-¿Qué le pasa a Leo?-dijo Violeta.
-Que dice que este sitio es para que nosotras estemos solas y que él molesta aquí.-dije.
-Novios así hacen falta más.-dijo Camila sacando un chicle de su bolso.
-Creo que voy a empezar a escribir. Me voy a esa esquina, ¿vale, chicas?
-OK.-dijimos, pusimos la radio y empezó a sonar “Marry you” de Bruno Mars.
-¿Qué pasa con Pierre?-dijo María.
-Ay, es verdad. ¡Me ha dicho que vendrá el fin de semana que viene!-dijo emocionada Camila.
-¡Cuánto me alegro!-dijo María.- Por cierto, he pensado en apuntarme a un cursillo de teatro, dura 2 meses, julio y agosto, y el 1 de septiembre haríamos la representación, ¿me vendréis a ver?
-Pues claro que sí.-dijimos Camila y yo.
-¿Qué obra representaréis?-dijo Camila.
-Ese es el problema, que hay dos cursos. En uno representan “Romeo y Julieta” y en “Mucho ruido y pocas nueces”.-dijo María dubitativa.
-Yo creo que “Mucho ruido y pocas nueces” porque aunque las dos son muy conocidas, yo diría que esa menos.
-Pues vuelvo en media hora. Voy a apuntarme.-dijo ella.- ¿Y a que papel me presento?
-Beatriz.-dije yo.
-Y tú, Camila, ¿Qué harás este verano?
-Pues no lo sé, ¿tú?
-Yo tampoco lo sé, pero creo que intentaré buscar algún grupo musical con talento y poca fama para que vengan a tocar a este bar por las noches.
A ver si así viene más gente.
-Yo te ayudo, podemos hacer como una especie de casting. Ponemos anuncios por toda la ciudad y este viernes hacemos el casting. ¿Qué te parece?
-Me parece que tenemos 3 días para colgar todos los carteles.
-¿Cómo hacemos los carteles?
-Ve a por muchas hojas y dos rotuladores.
-Ahora vengo.-dijo Camila.
Miré a Violeta, estaba completamente inspirada, los ojos le brillaban y si no supiera que estaba escribiendo la hubiera tomado por una loca porque a veces reía otras parecía que estaba a punto de llorar. Y pienso, ¿y si Violeta se vuelve una gran escritora? ¿Y si María consigue hacerse un hueco en el mundo de las actrices de fama y gana un Oscar? Estaría tan orgullosas de ellas, hay algo que no he contado, algo más bien importante. Nosotras nos conocemos desde que éramos pequeñas y pensaréis ¿Cómo puede ser nunca y digo nunca hablen por teléfono con sus padres? Pues lo cierto es que nos conocimos en un orfanato y decidimos fugarnos, cogimos un barco y llegamos a América, teníamos 10 años y casi no recordábamos nada de nuestros padres, por eso nunca nos dio pena no tenerlos porque no podemos echar de menos algo que prácticamente no tuvimos.
Una señora nos encontró y nos metió un internado a todas, a penas recuerdo como se llamaba, nunca nos vino a ver pero yo sé que en el fondo era una gran mujer. Empecé a notar un picor en los ojos. Puede que no lo hubiera superado.
En el fondo, siempre había soñado con ser una chica normal y la verdad no lo había conseguido. Una señora que no conocía nos ingresaba dinero a todas en nuestra cuenta bancaria de forma casi mágica. Por eso estábamos tan unidas, éramos lo único que teníamos. Lidia era la única que no era huérfana por eso nunca se llegó a adaptar. Pero aún así la queríamos mucho.
 Vi entrar a Camila acercarse con un montón de hojas y dos rotuladores enormes.
-¿Te pasa algo cari?-me dijo mientras me secaba las lágrimas con sus manos.
-No, solo recordaba cosas…-dije yo.
-Venga, empecemos a trabajar.-dijo ella, me levanté a servir unos aperitivos a unas chicas y comencé a hacer carteles.

Capítulo 22 aquí.

sábado, 23 de junio de 2012

Capítulo 20

Estábamos en el aeropuerto, sentadas en unas sillas de plástico bastante incómodas comiéndonos unos bocatas, cuando oímos la llamada de nuestro avión para embarcar rumbo a París. Eufóricas, nos dirigimos a la cola, que aún no era muy larga. Leo, se acercó a mí y me besó, me encantaban sus besos… Pero, bueno, volviendo al tema estábamos completamente entusiasmadas con la idea de ir todos juntos a París, la ciudad del amor.

-No podré dormir en ese vuelo.-dijo Violeta, eso era más raro de lo que suena porque acabábamos de llegar allí, Boston, en un vuelo de unas 6 horas y hasta París serían unas pocas más.
-Tienes que intentar dormir porque si no cuando lleguemos tú te quedarás dormida mientras nosotros vamos a la torre Eiffel sin ti.
-No, eso nunca, ¿no haríais eso, verdad?-dijo Violeta preocupada.
-No, claro que no…-mentí yo, sí se pasaba todo el día durmiendo yo no iba a estar allí como una tonta esperando.
-Uf, menos mal.-dijo.
-No te confíes, ¡eh! –dijo María.
-Yo,¿confiarme? No me conoces…-dijo Violeta.

La fila se movió y nos tocó a nosotras dar la tarjeta de embarque.
Entramos en el avión y nos colocamos, María, Camila y Violeta iban juntas y nosotros en el asiento de detrás.
Fue un viaje, largo y aburrido, Leo y yo nos dormimos él uno encima del otro y de vez en cuando nos despertábamos y nos dábamos algún beso corto, pero efusivo.

Al fin, llegamos a París era precioso, la verdad.
Pedimos un taxi y le dijimos la dirección a la que queríamos ir, mientras el taxi se movía con seguridad por las calles de París, nosotros mirábamos embelesados sus calles, fijándonos hasta en el más mínimo y bello detalle que pudiera haber.
Después de unos 15 minutos subidos en el taxi, este se paró, pagamos y nos fuimos.
-Merci.-dijimos todas.
-De rien.-dijo él.

Miramos el edificio que teníamos enfrente, era muy grande y ostentoso, pero a su vez tenía detalles finos y delicados que te confundían, entramos en él.
Se llamaba Hotel de Buci, era muy elegante y acogedor.

-Buenos días, teníamos una reserva de 1 semana.-dijo María en francés.
-¿Cuántas habitaciones?-dijo el tipo en francés también.
-2, una triple y otra doble.-dijo ella.
-De acuerdo, esperen un momento en aquellas sillas y en seguida les llevaremos las maletas a sus habitaciones y les asignaremos una habitación.
-Gracias.

Nos sentamos, era precioso, todo estaba perfectamente decorado y muy cuidado, en unos pocos minutos se llevaron nuestras maletas y nos asignaron las habitaciones: 393 y 400.
Subimos en ascensor y llegamos a nuestras habitaciones, eran tal y como me las había imaginado cuando estaba en la planta baja, cogí la mano de Leo y le besé.
-Leonardo…Suena bien-dije.
-Amelia suena mejor.-dijo él sonriéndome.
-Mentira… sabes perfectamente que no.
Me tumbé en la cama, estaba agotada, sentí como Leo se colocaba a mi lado y, abrazados como tantas otras veces, nos dormíamos.

Me levanté, eran las 3 del mediodía, hora de París, oí unos chillidos en el pasillo y supe en seguida quienes eran las que chillaban. Salí al pasillo y las vi mirando con alegría la cesta de bienvenida que les había llegado, miré en nuestra puerta. Habí una igual, un poco más pequeña, pero igualmente apetitosa, me acerqué a ellas.

-¿A dónde vamos?
-A la torre Eiffel y luego a comer por ahí.-dijo Violeta.
-Despierta a tu novio.-me dijo Camila.
-Ahora, voy.-dije.

Me acerqué a la cama y le besé.
-Buenos, días. Ya es hora de levantarse.-dije.
-¿Ya? Un momento que me vista.-dijo mientras me acariciaba el pelo, que gracias al verano se había aclarado un poco más.
-Date prisa, son muy impacientes.-dije yo, fui al baño, me lavé la cara y empecé a maquillarme, me puse rimel, brillo y me hice la línea como de costumbre.

Salimos de la habitación dispuestos a ver la torre Eiffel.

-Creo que nos hemos perdido.-dije yo, mirando el mapa de la ciudad.
-Es imposible, si el hotel estaba muy cerca.-dijo Camila.
-Te daría la razón pero, hace media hora que llevamos dando vueltas a esta manzana.-dijo María.
-¿Qué hacemos?-dijo Leo.
-Preguntar, aunque Camila sea demasiado orgullosa como para hacerlo.-dije yo.
-Vale, preguntad, pero yo me alejo, no quiero que nos relacionen.
-Hay un problema.-dijo Violeta.- Por aquí no hay nadie.
Miramos a nuestro alrededor, era cierto, estábamos en unas callejuelas desiertas.
-Pues seguimos caminando y cuando encontremos a alguien, le preguntamos.-dijo Leo.
Pasados 15 minutos, entramos en un restaurante.
-Buenos días.-dijo María en francés al entrar.
-Buenos días.-le contestó el camarero.- ¿Mesa para 5?
-No, queríamos hacerle una pregunta.-dije yo.
-Lo siento, solo respondemos preguntas a los clientes.-dijo él, con una mirada perversa.
-Pues tendremos que comer aquí.-dijo Camila.

Comimos allí, bastante bien se podría decir, y después de seguir las indicaciones del camarero llegamos a la esperada torre Eiffel.

-Es auténtica.-dijo María.
-Preciosa.-dije yo.
Y nos sentamos en un banco esperando que llegara el atardecer.
Nos tomamos las típicas crepes para merendar y nos marchamos al hotel.
-Tengo que ir un momento a esta tienda a comprarle una cosa a mi hermana.-dijo Leo.
-De acuerdo, nosotras nos iremos a mirar que restaurantes hay para ir mañana a comer.
Y cuando todo parecía tranquilo, se convirtió en siniestro. Íbamos por la calle riendo, pero de repente paramos de reír y empezamos a asustarnos. No había nadie y estábamos solas por la calle. Deseaba tener a Leo a mi lado, alto, grande y seguro de sí mismo. Pero Leo no estaba, detrás nuestro vimos a unos señores, todos de negro y empezamos a correr. Mi corazón no podía palpitar más rápido y me di cuenta de que eran los del Lado Oscuro, siempre fastidiando.
-Tranquilas…-susurré, muy poco convencida.
Teníamos que organizar algún plan para perderlos de vista y escapar de allí, pero ¿Cómo, si estaban justo detrás de nosotras? Yo no tenía ni idea de que pudiéramos hacer eso, pero, de forma mágica me comuniqué con ellas mentalmente. Nos giramos a la vez y dijimos el conjuro de la parálisis.
Llamamos a Dafne, y Dafne llamó a la policía de magos francesa. En seguida aparecieron y nos pudimos ir tranquilas, éramos poderosas.

Cuando llegamos al hotel, vi a Leo en mi habitación preocupado. Cuando me vio entrar una gran alegría le invadió. Me acerqué a él y le dí un beso, él era el hombre de mis sueños, aquel al cual el mundo se le derrumbaba cuando veía que su chica tardaba mucho y aquel que cuando la veía era feliz.
-Te quiero.
-Y yo.
-¿Qué ha pasado?
-Pues que los del Lado Oscuro nos han intentado atrapar, pero les hemos paralizado.
-Sabía que ocurría algo malo, lo noté.
-Oix, que mono, no te preocupes por mí.
-Sabes perfectamente que eso es imposible.

La semana en Francia pasó volando y Camila conoció a Pierre un francesito monísimo. Visitamos montones de museos, dimos paseos por los parques y visitamos miles de veces la torre Eiffel. En definitiva, París era una pasada.
Estábamos en el taxi, de camino al aeropuerto.
-Echaré de menos París.-dije yo.
-¿Qué va a pasar con tu relación con Pierre?-dijo Violeta.
-Me ha dicho que me enviará muchas cartas y que me vendrá a visitar de vez en cuando.-dijo con voz melosa.
-¡Qué suerte que tienes! Me encantaría haber conocido a alguien…-dijo Violeta.
-No te preocupes, encontrarás a alguien, todas encontraremos a alguien.-dijo María.
-Eso es fácil de decir, pero difícil de hacer.-dijo Violeta.
-Nunca dejes de intentarlo.-dijo Camila, y entonces llegamos al aeropuerto.

Llegamos a la puerta de embarque, subimos al avión y nos colocamos como la última vez.
-¿Has disfrutado del viaje?-le pregunté a Leo.
-¿Cómo no voy a disfrutar de un viaje con mi amada?-me reí.
-Pareces de la Edad Media diciendo mi amada.
-¿Prefieres que te llame mi churri?
-No… Amada suena mucho mejor.
-Cuando lleguemos a Newport tenéis que comprar el local y empezar a montar el bar.
-Cierto, se me había olvidado por completo. Oye, ¿tú sabes que te quiero, no?
-Pues claro que lo sé, ¿por qué lo dices?
-Porque mi anterior novio no lo sabía, él sabía que yo le quería pero no creía realmente que yo le amase y nunca supe como demostrárselo.
-A mí no me tienes que demostrar nada, porque aunque no me quisieras yo estaría completamente convencido de que estamos hechos el uno para el otro.
-A veces eres cursi, y lo peor de todo es que me encanta cuando te pones cursi, eso te hace especial, eso y tu acento italiano.
-¡Mamma mia! Llevo toda la vida oyendo lo mismo.-dijo enfurruñado. Le dí un beso en la mejilla.
-Tú sabes bien que en la mejilla no me basta.
-Confórmate.
-Eso nunca.-Y me robó un beso en la boca.
El resto del camino él estuvo dibujando y yo me dormí en su hombro, estar con él me hacía sentir protegida y segura, pero sabía que en el fondo no había olvidado a Liam, tenía claro que quería más a Leo, pero Liam había formado parte de mi vida y no era tan fácil de olvidar.
-Tranquila, lo comprendo.-me dijo él, ¿me había leído el pensamiento? Pero si no era mago, ni nada de eso. En seguida me volví a dormir y después de muchas horas en diferentes vuelos, llegamos a Newport, no era para nada tan bonito como París, pero tenía algo especial.



Capítulo 21 aquí.

sábado, 16 de junio de 2012

Capítulo 19

Llegué a casa como cualquier otro día, estaba nerviosa porque faltaban un día para que llegase Liam de Dallas. Y cuando entré, vi a todas mis amigas con la mayor cara de disgusto que pueda haber.

-¿Qué ha pasado?-dije yo.
-Es Lidia.-dijo María, casi llorando.
-Ha dejado una nota.-dijo Camila.-Léela María.
-Queridas Elegidas:
Llevamos muchos años juntas y sé que os echaré de menos, pero dentro de mí siento que debo cambiar, que debo madurar y dejar esta amistad.
Yo siempre fui la menos integrada en el grupo, pero aún así siempre os quise, el problema es que he encontrado al grupo que necesito, con ellos estoy mejor, más tranquila y aunque preferiría no elegir, sé que en el fondo no puedo porque mis nuevos amigos los he conocido a través de mi novio y mi novio es del Lado Oscuro ,os resultara un golpe bajo, pero de alguna forma creo que pienso como ellos, vosotras nunca lo comprenderéis pero aquí os dejo mi carta de despedida.

4 abrazos, Lidia.

P.D: Os he dejado un detalle en la cocina.

-No puede ser, Lidia, en el Lado Oscuro…- nos dirigimos todas a la cocina y abrimos el paquete.
-Una tabla periódica, ¡yupi!-dijo Camila, con falsa ilusión.
-Lo ha hecho con cariño, Camila…
-Leamos la nota.-dije yo.
-Seguro que esto jode mucho a Camila, ajajaja!!-leyó Violeta.
-Es terrible, pero la hecho de menos.-dijo Camila.
-Tranquila… Algún día entrará en razón, verás que las cosas no son de color rosa y se dará cuenta de que amigas como nosotras, pocas…-dijo Violeta.

Entonces se oyó el teléfono sonar.
-Voy yo.-dije.
Miré quien era, Liam. No sabía si podría seguir mintiéndole, pero quería que disfrutara de su viaje.
-Hola, amor.-me dijo en tono meloso.
-Hola.-dije yo un poco cortada.
-Mañana a las 2 estaré de vuelta, espero verte en la estación.
-Claro, que sí.
-Te echo de menos, echo de menos lo bien que lo pasábamos juntos, este viaje es horrible sin ti.- Mi corazón dio un vuelco y me entraron ganas de vomitar, había sido una pésima persona, romperle el corazón a alguien así… ¿Cómo se me había ocurrido? Pero si algo tenía claro en aquel momento, era que aunque Liam me gustase, Leo le daba 3 vueltas y mi corazón no podía eludir sus encantos.
-Yo también te he echado de menos.- ¡Menuda mentira acababa de soltar, no sabía ni como me había salido!- Espero verte pronto, tengo que contarte muchas cosas.
-Yo también quiero verte pronto, te he preparado una poesía de Miguel Hernández, para que me recuerdes hasta mañana.

Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos,
Que son dos hormigueros solitarios,
Y son mis manos sin las tuyas varios
Intratables espinos a manojos.

No me encuentro los labios sin tus rojos,
Que me llenan de dulces campanarios,
Sin ti mis pensamientos son calvarios
Criando cardos y agostando hinojos.

No sé que es de mi oreja sin tu acento,
ni hacia qué polo yerro sin tu estrella,
y mi voz sin tu trato se afemina.

Los olores persigo de tu viento
Y la olvidad imagen de tu huella,
Que en ti principia, amor, y en mí termina.

-Precioso.-dije llorando, no porque me conmoviera, sino porque él era una gran persona y no se merecía esto, pero habría que aguantar hasta mañana.
-Prefiero no hacer esta llamada más larga, adiós.
-Adiós, cariño.-y oí como su respiración se aceleraba al oír de mis labios ese común piropo.
-Te quiero.-dijo en un susurro y colgó.

Oí los pitidos constantes de la línea que señalaban que la llamada había acabado y cerré los ojos con fuerza. De mis ojos calló una lágrima, pequeña y remolona iba bajando por toda mi cara.

-¿Muy duro?-dijo Camila dándome un abrazo.
-Sí.-dije yo.
-No te preocupes, mañana se lo contarás todo y te sentirás mejor.-dijo Violeta detrás de ella.
-Ya verás como se olvida de ti y no sufre, engañar no es tan malo.-dijo María.
-No, no es tan malo…-dije ironizando.- Solo le he estropeado la vida a un chico, ah, y por cierto no lo sabe, osea que no solo le he engañado sino que también le he mentido.
-Más o menos mentir y engañar es lo mismo osea que cuenta como una.-dijo María.
-Es verdad, exagerada, que eres una exagerada, se le acabará pasando, además chicos tan sensibles no te convienen, que luego hay peligro y se ponen a llorar.-dijo Camila.
-Sabes que no es cierto para nada…-dije yo riendo.
-Sé que es completamente verdad.-dijo, nos dimos un abrazo de grupo, un poco más pequeño que otras veces, pero igual de unido.

Pusimos la radio y empezamos a cantar “Forever Young” de Alphaville.

-Forever young, I want to be forever young…

Cenamos en un mexicano y nos fuimos a dormir.

Al despertarme, miré el reloj, eran las nueve y media. Me levanté y me hice unas tostadas con mermelada y mantequilla.

-Buenos días, Amelia.-me dijo María somnolienta, con un libro en a la mano.
-¿Ya empiezas a estudiar?-le dije.
-No… Lo voy a guardar para el año que viene, ¡pues claro!-me dijo.
-Hoy te has levantado de mal humor…
-No, simplemente no está de buen humor.-dijo Camila por detrás.- ¿Y el beso de buenos días que, se perdió por el camino?-acercó la mejilla a nuestros labios y el beso se dio solo.

La mañana pasó rápidamente, le envié un mensaje a Leo diciéndole que hoy cortaba con Liam y empecé a estudiar.

No sé porque, a la 13’30h la televisión se encendió y justo, como si alguien lo hubiera querido así, cuando desvié la mirada de mis apuntes de Geografía en la pantalla dijeron:
-Buenos días, hoy ha ocurrido algo, muy grave, un tren que iba desde Dallas hasta Newport ha tenido un problema en el motor y ha ocasionado la muerte de todos los estudiantes de Newport que estaban de viaje de estudios en Dallas y que tenían que llegar a Newport hoy a las dos.

-Es él, seguro, se ha muerto, se ha muerto y yo…-me puse a llorar.
-Estas cosas pasan.-dijeron ellas.
-Tenéis razón, todos los días alguien engaña a su novio, le esconde la verdad hasta que cuando se lo va a decir su tren tiene un problema y se muere.
-Bueno, vale, estas cosas no suelen pasar muy a menudo pero… a alguien le tienen que pasar y se ve que el destino te ha elegido a ti.-dijo Violeta.
-Llama a Leo, él te ayudará, los novios siempre suelen ser de gran ayuda.-dijo Camila.
-¿De gran ayuda? Pero si le puse los cuernos a Liam con él.
-Me estás diciendo que no tienes ganas de verlo, de abrazarlo, de besarlo…-dijo María.
-De acuerdo, no sigas. Le llamaré.

Marqué el número de teléfono de Leo y en seguida oí su acento italiano.
-Hola, nena, ¿qué ocurre?
-Pues…verás-y se lo conté todo, TODO, me desahogué, eran tan…
-Ahora vengo, ¿vale?, no te preocupes.
-Date prisa.

En 10 minutos oí la llamada a la puerta y, al entrar, María, Camila y Violeta se le quedaron con una cara sorpresa enorme. Les oí susurrar “Como se luce Amelia ligando”. Les sonrió como solo él sabia sonreír y se acercó a mí.
Le besé en los labios, mojados de las lágrimas, que aún seguían cayendo y él me cogió de la cintura con sus firmes y fuertes manos, me sentía especial cuando estaba con él, pero tampoco podía disfrutar mucho de aquello sabiendo que mi novio se acababa de morir.

-No te preocupes, ¿cuándo es el funeral?-me dijo.
-No lo sé, la esquela saldrá mañana y seguramente allí ponga cuando es.
-¿Le querías?
-Sí.
-¿Cuánto?
-Mucho.-me miró con cara de tristeza disimulada.- pero a ti más, a ti te quiero hasta el infinito.
-Ya lo sé, pero es que yo te quiero más aún. Porque yo no te quiero, no puedo querer a alguien, puedo querer algo y yo a ti te amo.- nos fundimos en un beso.
Y empecé a llorar por Liam, nos pasamos toda la tarde abrazados, yo llorando y él mirándome, a veces pensaba que mentalmente me estaba pintando y otras, simplemente que se había quedado empanado y que estaba a punto de dormirse.

Mis amigas pasaron unas cuantas veces, como dirían ellas “mirando el paisaje”.

Todas las tardes eran parecidas, por la mañana estudiaba mucho, bastante, demasiado y por la tarde lloraba por Liam abrazada a Leo, él era bueno como él pan, yo le contaba lo maravilloso que era y como siempre se había preocupado por todos, como se ponía celoso y rompíamos, y Leo en vez de ponerse celoso, me sonreía y me decía que le hubiera gustado conocerlo.
El tiempo pasaba y llegó la selectividad, fue dura, pero cayeron temas que todas nos sabíamos bastante bien y las notas fueron buenas.
Ya no lloraba por Liam, había comprado una vela gigante de color rojo, porque siempre había pensado en él como rojo. Y la vela lloraba por mí, la vela se quemaba y me representaba a mí aquellas tardes perdidas y rutinarias.

-Falta una semana para París, ¿Leo viene?-dijo Violeta.
-Sí, pero él se irá antes para dejarnos a solas haciendo bobadas femeninas.-dije yo.
-No son bobadas, son técnicas de diversión.-dijo María.
-Pues claro que sí María.-dije yo.

Apareció Camila cantando Price Tag de Jessie J.

-Que chicas, ¿hablando de París? Yo quiero ir a la torre Eiffel.
-Tú no, Camila, todo el mundo quiere ir a la torre Eiffel.

Y entre sueños, ideas, poemas y canciones, nosotras, las ya no tan Elegidas, más mayores pero no tan maduras planeábamos el viaje de nuestros sueños, ese viaje que todo el mundo tiene, cada persona diferente, algunos a Australia a ver un canguro, otros a Japón a comer sushi y otros, como nosotras a París, a enamorarse.



El día se acercaba y nosotras ya estábamos preparadas para emprender cualquier aventura, para superar los obstáculos y, incluso si hacía falta, pilotar el avión.

Capítulo 20 aquí.

Capítulo 18

Me desperté, las clases habían acabado y lo único que hacía la gente era estudiar, se pasaba horas y horas estudiando.

-Vamos, Amelia, ¡a estudiar!-dijo María a mi lado.
-¡Qué perezón!-dije yo.
-Ya, pero hay que estudiar.-dijo ella.
-Venga, lo hago por ti, eh.-dije.
-Por mí no, por ti.
-Valee…-dije yo medio dormida.

Todas estaban sentadas estudiando, otras más que estudiar parecía que se dormían encima del libro, pero bueno…
-Camila, cariño, estudia, ¡no duermas!
-¿Qué? Claro…-dijo Camila abriendo los ojos.

Estuvimos toda la mañana estudiando, el tiempo pasaba lentamente y cada vez tenía menos cosas que estudiar, y cuando hasta me parecía divertido estudiar filosofía oí un pitido, eran las 3 del mediodía. Era un mensaje de Leo “No has aparecido, pero no me preocupa porque sé que cuando llegues me contarás que cosa tan importante te ha retrasado, besos Leo”.
-Me voy, chicas, ya son las 3.-dije yo.- ¡Acordaos de comer, es bueno para la salud!
-Si.-dijeron todas con un susurro, estaban todas concentradísimas en sus respectivos libros.

Iba por la calle pensando en Leo y de repente casi me doy contra una farola cuando me acuerdo de que tengo un novio, Liam, romántico y apuesto, celoso y que si supiera a donde voy se tiraría encima de mí y me encerraría en una jaula.
Pero, quería saber que podía pasar con Leo, quería conocerle, no quería pensar que nunca lo había intentado.
Y ahí estaba él, con una sonrisa preciosa, mirándome como si él llegara tarde y no yo.
-Buenos días, princesa.-me susurró al oído.
-Buenos días, príncipe.-le dije.

Cuando entré en su habitación lo primero que pensé fue, es rico, pero sin embargo era humilde.

-Coge, sitio.-me dijo, con otra preciosa sonrisa.
-En seguida.
Nos sentamos y empezamos a comer.
-¿Qué pasó esta mañana?-me dijo.
-Estaba estudiando para selectividad y se me pasó el tiempo, cuando recibí el mensaje dije “Mierda”.-le dije.
-No te preocupes, lo dijo por curiosidad.-me dijo.
-Tengo que contarte algo.-le dije de repente.
-Dime.
-Pues, que tengo novio, pero tú también me gustas y él también y… estoy confusa, él está de viaje y me siento malvada estando aquí contigo.
-Yo no haré nada que tú no quieras hacer, esperaré lo que haga falta, yo solo sé que me gustas, no invito a todas las chicas a pasta.-me dijo, yo me reí y él conmigo, ¡Dios mío, qué sonrisa! Y yo que puta.
-Yo también te quiero, pero entiéndelo, estoy confusa.
-Ya te lo he dicho, estoy dispuesto a esperar.
-Aconséjame.
-Eso tendría que hacerlo tus amigas.-me dijo.
-Ya, pero quiero un variado de opiniones.
-¿Qué piensan tus amigas?
-Ni idea.
-Vamos a dar un pase, ¿vale?
-Bien.

Acabamos de comer y salimos a la calle, paseamos por el puerto.
-¿Qué carrera quieres hacer?-le pregunté.
-Bellas artes.
-¿Me pintarás un cuadro?-le dije.
-Ya te he pintado 2, pero no han quedado bien, tienes que estar tú delante, para iluminarme.
-Oh, que mono, cuando quieras.-le dije.
-¿Mañana a las cinco en mi hotel?-me dijo.
-Por supuesto.- ¡Puta, puta, puta! y… zorra, eso era lo que era, pero me encandilaba su acento italiano, su mirada, su sonrisa…- ¿Qué es lo que más te gusta de mí?
-Todo, me gusta todo.- me dijo.
-Di algo, más concreto, lo mejor de lo mejor.
-Pues…tus ojos, porque aunque no son verdes, ni azules, son grandes y expresan lo que sientes, son abiertos, te cuentan historias, cuando hablas se iluminan y te cuentan parte de la historia, te cuentan lo que sentiste en aquel momento sin palabras y sobre todo me gustan porque son tus ojos, no los de esa chica que cruza, son los tuyos y eso los hace especiales y mágicos.
-Eres completamente un romántico empedernido, y sabes cuanto me gusta eso…- Y entonces me di cuenta de que estábamos solos, en frente de la playa, en una puesta de sol, demasiado cerca y en el momento perfecto para un beso, y como si el destino también se hubiera dado cuenta nuestras bocas se acercaron, muy poco a poco y se tocaron, no como con Liam, él me hacía sentirme fuerte y no indefensa como con Liam. El beso continuó y se convirtió en algo increíble, poco a poco su mano subió y no la quise parar, quería que continuará pero los dos nos dimos cuenta de que estábamos en un sitio público por el que cualquier persona nos podía ver. Paramos.
-No debería, esto ha estado mal, tú, tú tienes novio, seguro que has pensado en él cuando me besabas y has querido parar y yo… -entonces, más flojito y en su idioma natal-¡Mamma mia, sono stupido. Perche lo ho fatto? Adesso se ne andra e si dimenticara di me. Questo è perche sono troppo veloce, sempre lo faccio male.
-No sé lo que acabas de decir, pero a lo primero que has dicho, te contesto, yo he seguido besándote, yo no quería parar, yo he imaginado mil historias contigo mientras me besabas, y para nada en Liam, si alguien ha hecho algo mal soy yo, osea que ¡Por dios! No te culpes, ¿vale?
-Yo soy el que debería desaparecer, estoy estropeando una bonita historia de amor.
-Soy yo, yo soy la estúpida que besa a otro cuando sale con alguien. ¿Y sabes qué? Que mañana mismo voy a aparecer y quiero que hagas el cuadro más bonito de la historia, que te olvides de mi novio y de que intentes pintar algo único, el amor.
-Te quiero, mañana nos vemos.- me dio un beso en la frente y se marchó.

Creo que se podría inventar una canción con una palabra que me definiera y sería un éxito “guarra, guarra, guarra” ese sería el estribillo y todos mis ex la cantaría haría un videoclip y me haría famosa. Ya me lo imaginaba, ¡que horror!
Llegué a mi habitación.
-¿Habéis estudiado mucho?-les pregunté.
-No, en cuanto te fuiste dejamos de estudiar, ¿qué tal ha ido?- me preguntó Camila.
-Pues, me he comportado como una guarra, le he besado y casi pasa algo más.
-Puf, que vida más movidita.-dijo María.
-¿Qué haríais vosotras si os pasara esto?
-Yo, me quedaría con el pimpollo italiano.-dijo Camila.
-Yo con Liam, pobrecito…-dijo Violeta.
-Yo les dejaría a los dos y estudiaría más.-dijo Lidia, yo pensé “Claro que sí, campeona”.
-Te voy a decir algo un poco profundo-me dijo María- Lo leí una vez en un libro y creo que te irá bien, “Si te gustan dos chicos, quédate con el segundo en el que te fijaste, porque si te gustara realmente el primero, no te habrías fijado en el segundo”.
-Pues voy a hacer eso.-dije convencida, me dirigía al teléfono.
-¿Estás loca?-me dijo Violeta al verme coger el teléfono.
-¿Qué pasa?
-No lo puedes dejar por teléfono, es de las formas más dolorosas.
-Si no lo hago, le pondré los cuernos con Leo y creo que eso es peor.
-No, porque si le llamas le estropearás toda la semana en Dallas.-dijo María.
-Pero imagínate que le invitan a una fiesta y él no va por mi culpa y no conoce a la chica de sus sueños, a su media naranja.
-Déjate de paranoias y piensa que si cortas con él se quedará destrozado y no saldrá por ahí a ligar, si no cortas puede que le pegué por hacer una cosa alocada y vaya a un cabaret o algo, no sé…-dijo Lidia.
-Elemental mi querido Watson-dijo Camila, haciendo como que fumaba una pipa.
-Bueno, pues nada, no llamo.-dije cogiendo la pipa invisible de Camila y empezando a fumar también.
-No, yo por mi pipa M-A-T-O.-dijo Camila.
-Bueno, pues te la devuelvo, pero con tranquilidad, ¡eh!
-Cambiando de tema, he comprado el vuelo a París y he alquilado una casa para todas.-dijo Violeta.
-Pues, solo te falta encontrar a tu media naranja y creo que ya podrás morir tranquila.-dijo María riendo, vi como Violeta se entristecía pero intentando disimular siguió hablando:
-Pues que sep…-la interrumpí y le di un abrazo.
-Tranquila, la encontrarás, hay una por ahí para todas.- le susurré, me sentía la madre que nunca tuve, no porque no tuviera madre, sino porque mi madre era una prostituta de barriada y nunca le quedaba cariño para mi.
Violeta me sonrió.
-Gracias.-Y todas, que habían escuchado la conversación dijeron:
-Siempre nos quedará París.-nos dimos un abrazo de grupo y pronto nos fuimos dispersando.
-Me voy con mi novio.-dijo Lidia.
-¡Adiós preciosa!-nos despedimos.
-¿Preparamos algo especial?-pregunté.
-Por supuesto.-chillaron todas.
-Voy a comprar unas cuantas cosas, Violeta intenta descargarte la película “Orgullo y prejuicio”, ¿vale?
-De acuerdo.

Compré lo necesario para montar una fiesta de pijamas increíble.
-¿Qué has comprado para cenar?-me dijo Camila.
-Tacos con queso y hamburguesas del MacDonald para todas.
-Mmmh, ¿Violeta, que tal va la descarga?-dijo María.
-Ya está.
-María, ¿palomitas?-dijo Camila.
-Preparadas.-dijo ella.
-¿Coca Cola?
-Preparada.-dijo ella.
-¿Comida rica?
-Lista.-dije yo.
-¿Película cursi y absolutamente romántica?-dijo Camila, Violeta conectó el USB a la pantalla que hacia poco había llegado a todas las habitaciones.
-Preparada.

Y comenzamos a divertirnos como adolescentes desmadradas.

Al día siguiente, después de mucho tiempo estudiando y zamparnos una ensalada César como era normal, me fui al hotel dispuesta de ver a mi príncipe azul.

-Buenos días, cariño.-dije mientras entraba en la habitación, estaba muy cambiada, todo estaba lleno de pintura (en botes) y de caballetes.
-¿Cómo quieres ponerte?
-Eso lo decides tú.
-Ponte en esa esquina.-me dijo- Mira la ventana como si quisieras escaparte con alguien hasta el cielo por ella.
-De acuerdo, ¿en qué postura?
-Natural.
-Natural…-me senté estirando las piernas y miré la ventana, ciertamente mientras él me pintaba, miraba la ventana y soñaba que me escapaba con él, que nos íbamos juntos hasta el cielo, que volábamos muy alto y que tocábamos las nubes y nos sentábamos en ellas, que eran tan esponjosas y agradables como siempre me las había imaginado. Y entonces sentí una mano en mi hombro, me giré y le vi allí, arrodillado, mirándome como si fuera una diosa del Olimpo. Me acerqué a él y le besé.
-Eres mi musa.-me dijo muy bajito en su peculiar acento italiano.
-¿Me enseñas el cuadro?-le dije.
-No te hace justicia, tú eres mucho más bella, pero bueno…

Lo vi, y juro por Dios que era el cuadro más bonito que había visto en mi vida.
Era realista, pero la chica que había sentada allí no era yo, era más guapa, más madura, su expresión era serena y a la vez soñadora y entonces me fije y después de mucho rato, la vi, era yo, era exactamente yo, pero como él me veía.

-Me encanta.-le dije.
-Y a mí me encantas tú.-me cogió de la cintura y me empezó a besar, primero en la frente, bajó, llegó a los labios y poco a poco fue bajando.
La ropa estaba en el suelo arrugada y pensé en ella como algo que siempre había estorbado, si con Liam había sido maravilloso, con él no había palabras y lo digo completamente en serio, no como excusa para no detallar. Lo miré, estaba mirando el techo, pensando y soñando. Me acerqué a él, lo abracé y lo besé en los labios, sus labios sabían a fresa y a amor, a pasión, sé que suena extraño, pero para mí era a lo que sabían. Muchos pensaran como alguien que estuvo tan enamorada de Liam puede cambiar tan rápido de opinión y la verdad, yo misma también me hacia esa pregunta, pero Leo, era simplemente, maravilloso, exquisito, no había ningún adjetivo lo suficientemente exacto para describirlo.

-¿En qué piensas?- le pregunté.
-En ti.- me dijo, le besé.- ¿Esto es la recompensa?
-No, tonto, esto es una muestra de cariño.
-¿Y tú, en qué piensas?
-En ti.
-Mientes.
-Yo nunca miento.
-Otra vez mientes.
-Vale, a veces miento, pero sí que pensaba en ti.
-¿Y exactamente, en qué pensabas?
-En lo increíble que eras, dime una cosa ¿Por qué te acercaste a mi en la parada de autobús?
-Porqué desde que te vi me enamoré de ti. No quería perder la oportunidad, no quería pensar que si me hubiera atrevido a decirte algo hubieras sido mi mujer.- Cuando dijo mujer se puso colorado. Yo también, lo quería mucho, pero aún no nos conocíamos lo suficiente como para hablar de boda.

-Me tengo que ir, principito.-le dije, nos dimos un beso y pensé en lo genial que era como para salir conmigo sabiendo que tenía novio.
-Adiós, princesa.

Me marché por la calle muy contenta, sin saber lo que iba a pasar…

Capítulo 19 aquí.

Capítulo 17

-No te preocupes, ya verás como con el tiempo esto se olvidará.-dijo Lidia.
-Tú sabes perfectamente que no es así.-dijo Violeta llorando.- Y más aún si te ibas a casar con él.
-No sabía como afrontarlo, tienes que entenderlo, el amor es incontrolable, no le puedes culpar por desenamorarse, sería como culparle por ser gay, él no lo eligió.-dije yo.
-¿Es gay?-dijo ella chillando.
-¿No te lo había dicho?-dijo Camila.
-No, solo me dijo que no podíamos continuar, no me dijo porque y…-Violeta hizo algo muy extraño, sonrió, él chico con él que salía y del que estaba perdidamente enamorada, aparte de que se iba a casar con él, la dejaba y ella sonreía.
-¿Por qué sonríes?-dijo María.
-Porqué eso significa que el destino tiene a otro hombre preparado para mí, no he sido yo la que he actuado mal, por tanto es que mi destino no era casarme con él.
-Si eso te hace feliz…-murmuré yo.
-Ya no podemos ir al café de los Hechizos de Amor…-dijo Violeta cambiando radicalmente de tema.
-¿Por qué?-dijo Camila.
-Porqué no sabemos si Charly es malo, tenemos que encontrar otro sitio por aquí cerca.
-Podríamos montar un local.-dijo María.
-Es cierto.-dijo Violeta.
-¿Estáis locas?-dijo Camila- Nos arruinaremos, habrá que contratar a gente y además ¿qué montaríamos?
-Una cafetería-bar.-dije yo.
-¿Y cómo la podemos llamar?-dijo Lidia.
-Uff, no sé…¿qué tal “Helado para dos”?
-¡NO!-dijo María.
-Pues…¿qué tal?…Café “Cuento de Hadas”.
-Sí, ¿y que más?-dijo María.
-Vale, piensa tú, lista.-dije yo.
-River-dijo convencida.
-Suena bien, ¡nos vamos al River!-dijo Camila.
-Sí, nos vemos en el River.-dijo Violeta.
-Pues, River será, pero tenemos que encontrar un local en alquiler.-dijo Lidia, pisoteando nuestras esperanzas.
-Voy a por el periódico que hay en la planta baja.-dije yo.
-Súbelo y mañana lo miramos, que ya son las 3 de la madrugada y me estoy muriendo de sueño.-dijo Violeta.
-De acuerdo, ahora vuelvo.-dije yo.
Me encontré con Liam, por un momento adopté mi pose de inafectiva pero me acordé de que lo habíamos arreglado y salté a sus brazo, salté literalmente, casi se cae al suelo.
-Que agradable sorpresa.-me dijo.
-Ooh, cuanto te echaba de menos…hace mucho que no oigo poesías de Miguel Hernández de tu boca.
-Hace mucho que no oigo nada positivo de tu boca.-me hice la enfurruñada, pero acercó su cara a la mía y nos besamos.
-Bueno, ahora tengo una cosa que hacer, nos vemos mañana.
-Adiós, cariño.

Cogí el periódico y leí en sucesos, estaba pasado, no era del día, joven loca persigue ardilla por el parque para arrancarle el pelo. ¡Qué vergüenza! Menos mal que era el periódico local, que nadie leía, porque sino…
Subí corriendo las escaleras y llegué a la habitación rápidamente, todas estaban durmiendo profundamente, dejé el periódico encima de la mesa y me puse el pijama. Me metí dentro de la cama y empecé a soñar, con un mundo rosa y perfecto donde no había cosas feas ni perversas donde todo era paz y amor, sin tristeza y me hizo sentirme verdaderamente feliz.

Cuando me desperté oí a alguien duchándose y decidí preparar mis cosas para ducharme luego.
Violeta salió reluciente de la ducha.
-Voy a empezar a subrayar los anuncios que nos interesen.-dijo Violeta, al principio pensé ¿qué anuncios? Y luego me acordé del River.
-Vale, cuando acabe te ayudo.-dije mientras entraba en la ducha, una mano me tapó los ojos.
-¿Quién soy, preciosa?-dijo el hombre misterioso.
-Liam.-dije, que bien me sonaba esa palabra, sonaba dulce y romántica, Liam.
-Correcto, su premio es… ¡un beso!
Nos dimos un beso y me metí en la ducha, oí como Violeta le explicaba lo del River y empecé a cantar la canción “Strangers in the night” de Frank Sinatra, me encantaba mi gusto musical, suena extraño pero me gustaba poder apreciar canciones antigua como aquella, me gustaba que también me gustaran las del momento, suena a trabalenguas pero es lo que hay.
Salí de la ducha, me vestí y empezamos a mirar los locales que nos fueran bien, después llamaríamos y miraríamos que tal estaba.

Lidia se despertó y nos contó con gran entusiasmo a quien había conocido:
-Es el chico perfecto para mí, es inteligente, razonable, pensativo y solitario pero anda buscando a su amor verdadero. Además es guapo, no es el típico empollón con gafitas, es monísimo.
-Nos alegramos mucho por ti-sonreí- al fin superas lo de Harry.
-Él era el amor de mi vida, y nunca lo superaré no habrá nadie como Harry pero aprenderé a vivir sin él.-dijo Lidia, melancólica.
-No sabia que sentías tanto por él.-dijo Violeta.
-Llevo enamorada de él antes de conocerlo, lo veía en sueños, él era para mí.
-Bueno, seguro que con él te va bien.-dijo Camila.
-¿Cómo se llama?-dijo María.
-Mark.
-¿Mark? No me gusta su nombre.-dijo Violeta.
-Pues menos mal que no es el tuyo.-dijo Lidia enfadada.
-Sabéis, creo que iría genial que a final de curso nos fuéramos a Paris de viaje.-dijo María, soñadora.
-Sería increíble, seguro que conocéis a alguien especial.-dije yo.
-Especial significa que sepa hacer el mejor beso francés, ¿no? Para mí eso es muy especial.-dijo Camila, juguetona.
-Venga, ahora en serio, ¿os apetece?-dijo María
-Yo nunca he salido del país y dicen que Europa es muy bella.-dijo Violeta.
-Yo me apunto, tenemos que empezar a comprar el billete porque el tiempo se va acabando, solo faltan 2 semanas para que se acabe el curso.-dije yo.
-Y hay que estudiar para selectividad.-dijo Lidia.
-¿Qué día iríamos?-dije yo.
-Puf, no sé.-dijo María.
-Una semana después de que se acabe el curso.-dijo Camila.- Así nos da tiempo a celebrarlo y cuando nos cansemos de Newport volvemos.
-Está bien, hay que comprar el billete.-dijo Violeta.
-Yo me apunto, ¡eh! Que sino hacéis burradas.-dijo Liam, abrazándome.
-¿Cuánto tiempo nos iremos?-dije yo.
-¿Una semana?-dijo María.
-Sí, una semana está bien.-dijo Camila.
-Por cierto, pasado mañana me voy a Dallas.-dijo Liam.
-¿A Dallas? ¿Para qué?-dije yo.
-De viaje de estudios, vamos allí a perder un poco el tiempo.-dijo Liam.
-¿Cuánto tiempo?-dije.
-5 días, no te abandonaré, tranquila.-dijo él.
-Ya lo sé, me quieres demasiado.
-Y tú te lo crees demasiado.
-Sabes que no es verdad.-le di un beso en la boca, corto.
-¿Ves? Siempre me tientas, me das una mierda de beso y luego ¿qué?
-Una mierda, ¿a qué no te doy más besos? Ya verás lo que es una mierda, ya… Te la meteré en la boca.-todas se rieron.
-Amelia siempre gana en las peleas.-dijo Camila.-lo siento, tiene demasiado talento.
El día transcurrió rápidamente y en cuanto me di cuenta estaba en la estación de autobuses dándole un beso de despedida a Liam.
-Cariño te echaré de menos.-le dije.
-Sabes que yo también.
-Tú mucho menos, yo prácticamente, muero sino estoy cerca de ti.
-No seas exagerada, aquí el romántico soy yo.
-Lo siento, te robo la personalidad, ahora me toca a mí.
-¿Y como se roban personalidades?-me preguntó.
-Así.-le di un beso- Venga, guapo súbete que no llegarás a Dallas por mi culpa.
-Por tu culpa nunca, gracias a ti.-se marchó a paso lento como si quisiera hacer ese momento más largo y se subió al bus.
Vi como me mandaba besos en el aire y me despedí de él con la mano.
Y entonces, de la nada, apareció un chico, alto, moreno, con los ojos oscuros y pinta de extranjero.
-Hola.-dijo en un precioso acento italiano.
-Hola, ¿Puedo ayudarte en algo?-dije con una enorme sonrisa, él me miró y me sonrió, casi me desmayó cuando lo vi sonreír, era guapísimo.
-Más bien en muchas cosas, me he perdido, ¡mamma mia! Es imposible encontrar mi hotel en el mapa.- me reí de su gran expresividad.
-No te preocupes, llevo viviendo aquí desde que nací y otras cosas no, pero Newport me lo conozco bastante bien.
-Está en el puerto, pero no sé como llegar, el número 13 enfrente del mar.
-Creo que ya sé cual dices, está un poco lejos, pero tranquilo, te acompaño, no tengo nada mejor que hacer.
-Muchas gracias, de verdad, no tenía ni idea.- Pero supe enseguida que era un chico especial, que aquello lo había hecho él a propósito para conocerme y la verdad es que había dado resultado.
-Eres italiano, ¿no?-le pregunté.
-Sí, soy de Sicilia, y desde pequeño siempre he querido ir a America, me he venido a vivir aquí, porque voy a empezar en la universidad de Newport cuando empiece el curso y, hasta que mi casero no tenga el piso libre tengo que ir a un hotel.
-Se me ha olvidado preguntarte algo muy importante, ¿Cómo te llamas?-dije yo.
-Ah, sí, me llamo Leonardo, pero me puedes llamar, Leo.
-Yo me llamo, Amelia.
-Amelia no es un nombre americano.
-Ya, es que mis padres son hispanos y me pusieron un nombre en español, muchas veces me gusta leer en español o hablar con algún turista en español porque me recuerda a mi infancia, a mis abuelos, no sé…
-El español se parece mucho al italiano.-dijo él.
-El italiano es más bonito, es el idioma del amor.
-Ese es el francés.
-No, el francés es el idioma de “ten cuidado que te tiro un gapo”, porque siempre están con jjjjjjjjjjjj o con rrrrrrrrr, dan un poco de asco, demasiado nasales.
-Un día te tengo que invitar a comer pasta en mi casa.
-Cuando quieras, ¿te va bien mañana?
-Mañana estaré en el hotel, pero te puedo invitar a un restaurante.
-¿En serio? Muchas gracias por la oferta.
-Siempre es un placer acompañar a señoritas tan bellas para comer.
-Siempre es un placer que te halaguen.-me puse roja y sonreí.- Ya hemos llegado, ¿nos vemos mañana a la una aquí?
-Por mí perfecto.
-Adiós, Leo.
-Ciao, bella.

No paraba de pensar en él, vale no era romántico, pero era espontáneo y seguro de sí mismo, me fijé en como iba vestido, llevaba una chupa negra y una camisa blanca ajustada que le marcaba los abdominales, no se parecía en nada a Liam, Leo era varonil y extrovertido y Liam era más romántico y cerrado, pese a que era muy extrovertido dentro de lo que cabe.
No podía romperle el corazón así a Liam, porque en el fondo me seguía gustando, pero Leo formaba parte de mi corazón ahora y no sabia que hacer.

Llegué a la escuela y me duché otra vez, estaba sudada y agotada de caminar, empecé a cenar y mis amigas se unieron.
-He conocido a alguien.-dije.
-Uuh, ¿a quién?-dijo Camila.
-A un italiano guapísimo.-dije.
-¿Me lo regalas o ya te has enamorado?-dijo ella con naturalidad.
-Ese es el problema, que me gusta pero no quiero perder a Liam, no los puedo tener a los dos, pero es lo que me gustaría.
-Eso es difícil, hacer tríos nunca funciona, siempre hay uno que se pone celoso y acaba todo mal.
-Yo ya salgo oficialmente con Tom.-dijo Lidia, contenta.
-¡Qué bien, nos lo tienes que presentar!-dijo María.
-Hemos quedado dentro de 2 días aquí, así os lo presentaré.-dijo Lidia.
-¡Qué ganas de conocer al rey de tu corazón!-dijo Camila.
-¿Lo habéis…?-dijo María, burlona.
-Sí, pero no sé como la gente se vuelve tan loca, es una tontería.-dijo Lidia.
-Uy, eso es que no hay atracción, siempre suele ser la mejor experiencia de la vida y esta va y dice que es una tontería.-dice Violeta, extrañada.
-No seas cruel, puede que su relación no esté basada en eso sino en otras cosas…-dije yo.
-¿En qué cosas?-dijo María.
-Eso ya no es cosa nuestra.-dije yo.

Acabamos de cenar y nos fuimos a la cama, yo como la mayoría de los días estaba agotada, echaba de menos a dos personas y por un lado deseaba que fuera mañana para poder ver a una de ellas, y por otro lado deseaba que se olvidara de mí para no confundirme más de lo que estaba, seguí leyendo “97 formas de decirte te quiero” y cuando ya había leído unas 10 páginas me quedé dormida.

Capítulo 18 aquí.

Capítulo 16


Echaba de menos a Liam, lo quería tanto…no podía vivir así, si él muriera yo también moriría de amor. Había sido una estúpida.

-Voy al baño.-dijo David, desenroscándose de Violeta,¿no iban al baño juntos? Que raro…
-No tardes cariño.-dijo Violeta, David estaba más distante, yo lo notaba, seguían abrazándose y todo eso pero no veía sentimiento recíproco en sus ojos.
-Este sitio se ha convertido en nuestro lugar.-dijo Camila.
-Sí, ¿Quién lo hubiera dicho?-dijo María, le dio un dulce beso a Louise y le sonrió, esa relación la había cambiado ella siempre había sido la más infantil (en el buen sentido), la más inmadura y juerguista, siempre se reía, pero desde que salía con Louise no reía, era más seria. No porque no fuera feliz, sino porque no le hacía falta reírse para demostrar lo contrario.
Entonces vino David exaltado, vi como Charly, el dueño del café nos miraba y David me hizo muy feliz, cuando dijo:
-Rápido, Liam está en el baño.
Fuimos corriendo al baño, habíamos estado buscando por los alrededores de la fábrica y demás sitios sospechosos desde hace una semana, y de repente lo encontrábamos allí.
Estaba en el suelo, con alguna herida y atado a un baño, estaba inconsciente.
-¿Cómo nos lo llevamos sin montar un escándalo?-dijo Louise.
-Creo que no podrá ser, habrá que montar escándalo.-dije yo.

Nos fuimos a la salida del baño y todo el mundo nos miró con cara de “están locos, llevan a un chico inconsciente que ha aparecido mágicamente del baño”. Un poco de razón llevaban, nos apresuramos y fuimos a hablar con Dafne.

-Se curará pronto, son heridas leves.-dijo mirándole, yo también le miraba, esa preciosa carita de niño bueno que tenía, quería verle los ojos, quería hablarle y quería besarle, quería decirle lo tonta que había sido y que nunca volvería a pasar, pero apareció Sussy y lo recordé todo, yo no salía con él, él tenía un rollo con Sussy.
No estaba despierto pero Sussy le dio un beso en la mejilla.
-Pero, ¿tú de que vas?-reventé.- No te basta con quitarme al novio sino que encima no puedes dejarlo en paz ni un segundo, no puedes dejar que aproveche este maldito momento en que no lo estropeas todo con tu compañía.
Liam abrió los ojos y yo no me di cuenta, en vez de eso seguí hablando, cosa que nunca debería haber hecho.
-Mira, niñata, aléjate de él, es mío, sé que suena muy posesivo pero llevo tanto tiempo buscando a alguien especial, lo encuentro soy feliz y vienes tú y lo estropeas todo.-seguí, ella empezaba a llorar, pero yo había perdido los cabales y solo sentía un intenso placer por hacerla sentir mal.
-Lo siento, yo simplemente aproveché la oportunidad.-dijo ella llorando.
-Pues cuando encuentres a tu media naranja, no te preocupes que si tenéis una crisis te lo quitaré, no vaya a haber problemas.-dije furiosa de sus estúpidas excusas.
-Déjala en paz.-susurró Liam.
-Con mucho gusto.
Me marché de allí y mis amigas me siguieron.
-No, necesito estar sola, haced compañía a Liam.
-Como quieras.-dijeron ellas obedientes.

Subí a mi habitación y me eché a llorar, lo había echado a perder todo.
Encendí el reproductor de música y sonó la voz de Frank Sinatra con la canción Fly me to the moon, no, ese no era el momento de escuchar música romántica, cambié de canción hasta encontrar algo que me animara, Don’t stop me now de Queen, pero en vez de eso me puse a llorar, cualquier canción me hacía llorar, me encantaba esa canción, la música en general, pero ese no era el momento de escuchar, sino de interpretar y llorando me puse a tocar el piano hasta que me sentí saciada, como el vampiro que bebé sangre, y decidí parar, Habían pasado dos horas y me dolía un poco el meñique, pero era un dolor placentero. Entraron las Elegidas y David.

-Bueno, ya que no es momento para hablar de según que cosas, David y yo tenemos algo que decir-dijo Violeta sonriente.
-Sí, dentro de 2 meses, cuando se acabe el curso, nos casamos.-dijo David.
-¿Os casáis? Tenéis 16 años, os lo recuerdo, sois prácticamente niños en la vida, no podéis casaros.-dijo Camila.
-Totalmente de acuerdo.-dijo María, yo simplemente me eché a llorar.
-Bueno, pues no habrá damas de honor…-dijo Violeta.
-¿Damas de honor? Creo que me empieza a gustar la boda.-dijo Camila.
-Interesada…yo quiero ser madrina del hijo.-dijo María, sonriente, yo volví a llorar, no daba muchos ánimos pero era lo único que me apetecía hacer.
-Llorando, no lo vas arreglar, anímate, llama a Elías y dile que se prepare para el baile de mañana. No es la mejor solución pero te animará.
-De acuerdo.-dije yo con voz rota. Me lavé la cara, me peiné y llamé a Elías.

-Hola, guapo.-dije yo.
-Más tu, nena.
-¿Te apetece ir a un baile de mi instituto? Mañana a las 8 en punto de la noche.
-Allí estaré, ¿me paso antes a recogerte?
-Nos vemos a las 8 menos cinco en la puerta de la escuela, ¿vale?
-Nos vemos, adiós cariño.
-Adiós, guapo.

Ya está, me sentía un poco más animada, seguía vacía por dentro pero sentía que podía superar aquello, o no…Ese era el problema.
Liam entró con Sussy, no parecían novios. No pegaban, yo, pegaba, aishh,
¡qué guapo era!

-Os tengo que contar un par de cosas.-dijo Liam, mirándome con cara de “estoy enamorado, dame una oportunidad”.- Charly, el del café, no es de fiar, creo que está compinchado, porque aunque me taparon los ojos y no veía nada, a veces escuchaba voces, lejos, y una me pareció la de Charly, sé que puede que sean paranoias, pero hay que ir con cuidado…
-¿Qué ocurrió mientras estabas allí?-dijo Camila.
-La verdad, solo me dijeron que os informara de que tuvierais cuidado con ellos y de que esto no era un juego de niños, que raptarme a mi solo había sido el principio.
-Son unos mierdas, ¿pero que hacemos? ¿los cazamos o algo?
Ellos pueden hacer eso, lo único que no pueden hacer es cosas en contra de la ley americana, pero tener pensamiento malvados perfectamente. Podríamos encerrarlos en un universo paralelo, como en las pelis.-dijo María.
-Es cierto, puede que haya un conjuro para eso.-dijo Violeta.
-¿En serio creéis que han creado un conjuro para enviar a gente a universos paralelos que hasta ahora nadie ha descubierto y que nosotras vamos a poder acceder a ese hechizo?-dije yo con ironía.
-Por supuesto, nada es imposible para nosotras, podemos ir a hablar con Dafne.
-Veis demasiadas películas.-dijo Sussy riéndose, asquerosa roba-novios…
-Puede que sea que tú veas pocas.-dije cortante.
-Puede…-dijo temerosa de contraatacar.
-¿Con quién vas al baile?-le dijo a Camila, cambiando de tema.
-Supongo que con el que me ligué en el bar, no sé… Amelia va con Elías su nuevo novio, quarterback del equipo de softball, está para morirse…-dijo Camila, buena jugada, vi como se entristecía la mirada de Liam, pobrecito…-
¿y tu con quien vas?
-Con… con Sussy.-dijo él mirándome como si fuera la maldad personificada.
-Creo que os deberíais marchar porque no es vuestra habitación y os pueden reñir.-dije.
-Eso no es cierto.-dijo Sussy.-No hay tal norma.
-¿En serio quieres que te diga directamente que sobráis, porque lo estoy haciendo?-respondí.
-Ya nos vamos…-dijo Liam, sentí su tacto al pasar a mi lado y deseé lanzarme a sus brazos y besarle, pero me contuve y me fui hacía el sillón.
-Me voy a hacer la cena.-dijo Violeta mientras entraba en la cocina.

David se acercó a mi, ¡oh, no, espero que no se me declarara, ya tenía bastantes líos!
-Soy bisexual.-me dijo susurrando, me quedé con la boca abierta.
-¡Madre mía! Pero…pe,pe…¿pero lo de Violeta?-dije tartamudeando.
-Ese es el problema, al principio la quería, estaba enamorado, pero hace poco conocí a un chico por Internet y surgió…
-¿Y por qué le has dicho que te vas a casar?
-Porqué estaba muy obsesionada con eso, y no sé como decírselo.
-No hace falta que se lo digas, empieza mirándole el culo a los chicos, comentando cosas y cuando creas que está preparada dile que crees que eres gay, no le digas bisexual porque creerá que tiene oportunidades y intentará conquistarte y cosas suyas. Haz lo que te he dicho durante una semana y luego, ya me dirás como progresa la cosa.-dije, entró Violeta y nos callamos de repente.
-Me encanta la blusa, seguro que le queda genial a tu madre.-dije yo, menuda improvisación.
-Eso espero.-Se fue hacía Violeta y empezó a besarla, ¡qué buen actor era!
Decidí leer un poco de poesía de José Maria Heredia, abrí el libro y empecé a leer:
RENUNCIANDO A LA POESÍA
Fue tiempo en que la dulce poesía
El eco de mi voz hermoseaba,
Y su amor, virtud y libertad cantaba
Entre los brazos de la amada mía.

Ella mi canto con placer oía;
Caricias y placer me prodigaba,
Y al puro beso que mi frente hollaba,
Muy más fogosa inspiración seguía.

¡Vano recuerdo! En mi destierro triste
me deja Apolo, y de mi mustia frente
su sacro fuego y esplendor retira.

Adiós ¡oh Musa, que mi gloria fuiste!
Adiós ,amiga de mi edad ardiente:
El insano dolor quebró en mi lira.



Me sonaba a mi relación con Liam, ahora no estaba inspirada, estaba triste, sin él no latía mi corazón. Se oyó “All you need is love” de los Beatles y pensé que el mundo me estaba lanzando indirectas, encendí la radio y sonó la canción (preciosa, por cierto) de “Someone like you”, Adele.
Sí, definitivamente, el mundo me estaba lanzando indirectas. Cenamos juntos y pensé que era un poco egocéntrica, imagínate que yo estaba enamorada de otra y no sabía como decirle a mi novio que ya no le quería y que sentía haberle dicho que me quería casar con él. Me fui a dormir temprano y sentí como mis huesos lo necesitaban, al apoyar la cabeza me dormí y soñé con miles de Liams besándome, lo necesitaba, curioso, tenían el cuerpo de Elías, que malvada era…

Era sábado y, al contrario que yo, todo el mundo dormía aún, me acordé de que el primer día fui a comprar croissants y decidí volver a hacerlo. Cuando llegué seguían durmiendo, dejé los croissants encima de la mesa de la cocina y empecé a leer el libro que me había comprado y casi no había empezado, 97 formas de decir te quiero, de Jordi Serra i Fabra.
Todo el mundo se fue despertando y empezamos a desayunar.
-¡Qué nervios! Se me ha acabado el rimel, tenemos que ir a comprar a Boots.-dijo Camila.
-Sí, a mi se me ha acabado mi sombra favorita dorada y tengo que ir a comprarla.-dijo María, como me encantaría que mi máxima preocupación en ese momento fuera mi lápiz de ojos, que por cierto no me quedaba.
-A mi me hace falta lápiz negro.-dije yo.
-Yo lo tengo todo…-dijo Violeta- ¡Ay, no! Me faltan pintauñas, no puedo llevarlas de cualquier formas.
-¿Nos vestimos y vamos a Boots?-dijo Camila.
-Sí.

Y nos pasamos toda la mañana “yendo a Boots”, que todas sabíamos que significaba ir a comprar los últimos retoques para el baile. Yo me compré el lápiz negro, un anillo con un azabache negro en medio y una pulsera de plata.
Todas las demás hicieron lo mismo, compraron lo que les faltaba y algún accesorio.

Al fin estábamos todas preparadas, todas despampanantes frente al espejo, pintándonos las uñas, maquillándonos y alisando cualquier pliegue ,por muy pequeño que fuera, que tuviera el vestido.

Bajé a la entrada y allí estaba Elías, tenía un cuerpo (mmmh…), me acerqué y le di un beso en los labios. Iba vestido de traje, negro y bastante clásico, pero mono.
-Perfecto para la ocasión.-dijo él.
-¿Tú solo quieres una relación pasajera verdad?¿Nada comprometido?-dije yo.
-Eres la chica ideal, es lo único que quiero, si te vas con otro no importa, no es que me falten las chicas, ¿sabes?-me dijo con una sonrisita.
-Menos mal, eres fantástico pero creo que no eres para mí, no estoy cortando ni nada, simplemente te aviso.
-Tranquila, tú tampoco eres para mí.
-¿Por qué?
-Porqué simplemente no eres para mí.

Entramos de la mano y justo empezó la introducción del baile, Dafne empezó a hablar:
-Seré breve, espero que os lo paséis bien en el baile y bueno… divertíos.-con una enorme sonrisa se marchó.
Empezó bien, me lo pasé genial, el tema chungo empezó cuando comenzaron las canciones lentas, vi a Liam con Sussy y me invadieron los celos, me acerqué más aún a Elías y le empecé a besar, Elías se dio cuenta de todo y me dijo:
-Buen plan.

Liam dejó de besar a Sussy y se acercó a mí, yo no lo vi venir, estaba besando a Elías, había decidido mejorar mi técnica. Elías se separó al verlo, me guiñó un ojo y nos dejó a solas, empezó a ligar con otras, era un buen tío.

Nos alejamos de la pista de baile.
-Lo que estamos haciendo es de tontos.-dijo Liam.
-Lo sé, darnos celos él uno al otro.-dije.
-Debemos aclararlo todo, somos él uno para él otro y eso es de las pocas cosas que tengo claras en esta vida.
-Yo también.-me acerqué y le di un beso, ¡cuánto lo necesitaba!, había olvidado como era tocarle, sentir su boca en mis labios, saborear su saliva (suena repugnante, lo sé). – Estaba celosa de Sussy porque tú le prestabas demasiada atención, no te preocupabas tanto por mí.
-Es que Sussy es una amiga de mi hermana y lleva colada por mí desde parvulario, siempre le he tenido mucho cariño y al verla tan perdida… pero juro que no pasó nada.
-Debe irse.
-No.
-Entonces siempre ocurrirá lo mismo, me acabaré volviendo a poner celosa y esto no llegará a buen puerto.
-Tenemos que aprender a no ponernos celosos, estaba tan triste cuando te vi con ese tío. Sussy, es una buena chica, puede ser amiga tuya.
-Eso nunca, es como decirle “cómete a mi novio, amiguita”.
-No tiene nada que ver.
-Vale, tienes razón, pero no me cae bien.
-No la conoces.
-Ni la quiero conocer, ahora disfrutemos del momento, bailemos.

Y empezó la noche más romántica de mi vida, ¡cuánto lo había echado de menos!, sus caricias, ¿Cómo algo tan horroroso como la envidia podría haberla alejado de Liam, tan perfecto y romántico? Ahora todo iba bien, entonces vio a Violeta llorando y supo que David se había adelantado a esa “semanita”, toda la felicidad de la que había disfrutado se perdía por momentos, corrí hacia Violeta y entonces esa poca felicidad que me quedaba se convirtió en tristeza.

Capítulo 17 aquí.