jueves, 30 de agosto de 2012

Capítulo 40

-Cariño, te noto rara.-me dijo Leo, abrazándome.
-Sí, es que he hecho algo mal.-le dije. Leo frunció el ceño.
-¿Qué ha pasado?-me preguntó Leo.
-Que sigo sintiendo algo por Liam.-dije arrepentida.
-¿Quién te gusta más él o yo?-me dijo tras unos minutos de silencio.
-No lo sé, ése es el problema.-le dije yo dándole un beso.
-¿Le has besado?-me preguntó.
-Sólo un par de veces.
-¿Sólo? ¿Crees que soy idiota o algo así?
-No, yo te quiero, aunque también le quiera a él. Es difícil de explicar.
-Amelia, te estás convirtiendo en una zorra.
-Leo, sé sincero, si estuvieras como yo ¿Qué harías?
-Sinceramente, los dejaría a los dos.-dijo tras unos minutos de reflexión.
-Pero entonces sufrirían los dos.
-Ya, pero sería lo mejor. Imagínate que tú eres una de ellas y te digo que elijo a la otra, ¿no te sentaría peor que si os dejo a las dos?
-Sí, pero estás dejando a las personas a las que amas por hacer más o menos daño.
-No soy como tú, prefiero reducir el daño. Además, tarde o temprano se olvidarían de mí.
-Leo, te quiero.-le dije besándole, él se apartó.- Pero también quiero a Liam.
-Desde el momento en que os vi juntos supe que aún había una chispa de amor, que lo vuestro no había terminado. Tú no le dejaste porque no te gustara, tú le dejaste porque yo te gustaba más. Eso significa que te sigue gustando.
-¿Qué hago, Leo? Haga lo que haga os haré daño.-dije yo llorando.
-Sólo hay una opción, besarnos a los dos. El que más te guste será el que tenga que ser tu novio.
-¿Crees que esa es la solución?
-No lo sé.
-¿Quieres volver a besarme?
-No, si tú te acuerdas solo hay que esperar a Liam.
-Cuando amanezca le llamaré. Siento que sea así.
-Tranquila, no pasa nada.-me dijo él besándome.
-Eres el mejor novio de la historia.

Escuché el pitido de mi móvil. Lo cogí, era un mensaje de Liam.
“No puedo dormir, ¿vienes a mi piso?”.
-¿Qué dice?
-Que es el momento.-dije dándole un beso.
-Adiós.-dijo mirando cómo me vestía.
-Adiós.-dije yo cogiendo mi bolso.
Me lavé la cara, me cepillé los dientes y salí a la calle.
El piso de Liam estaba a 15 minutos andando, enseguida llegué y me abrió la puerta Liam. Estaba sin camiseta y con unos bóxer negros.
Me sonrojé, no estaba acostumbrada a verle así.
-Pasa.-me dijo sonriendo, al ver que me sonrojaba.
-Tengo algo que contarte.-le dije seria.
-Claro, siéntate y cuenta.
-Le he contado a Leo lo nuestro y cree que tengo que volver a besarte. El beso que más me guste tendrá premio.
-No hace falta que te inventes una excusa para besarme.-dijo él con una mirada sensual.
-No es una excusa, es…-no me dio tiempo a acabar la frase, se abalanzó sobre mí y me besó. Sus besos habían cambiado, al igual que él. Eran más naturales y no tan dulces y inocentes. Me seguían gustando.
Me empujó al sofá de piel que tenía y me tumbó.
-¿Quieres acabar con esto?-me preguntó. Estaba cerca de mí y no era capaz de decirle que no.
Como una verdadera zorra, hice el amor con Liam. Muy parecido a sus besos.
Seguía confusa, ¿Leo o Liam? Mi corazón estaba dividido.
-Amelia.-me dijo él, mientras me daba ligeros golpecitos en el hombro.- Amelia.
-¿Sí?
-Te preguntaba si habías desayunado.-me dijo él con una voz dulce.
-No.
-¿Quieres café?-me preguntó levantándose.
-Sí, por favor.
-¿Cuando elegirás?
-Pues, no lo sé. Aún no he decidido, tengo que pensar. Puede que dentro de unos días.
-Bueno, mientras…-dijo él acercándose a mí y besándome. Me aparté de él.
-Liam, que te deje besarme una vez no significa que seamos novios. Yo salgo con Leo aunque no te guste. No soy tu novia.-Pude percibir en sus ojos un poco de rabia.- Eres un buen chico, pero mi novio sigue siendo Leo. Aún no he elegido y mientras no lo haga, Leo será mi novio.
-Creo que eso es injusto. ¿Por qué no los dos a la vez? Estás intentando elegir entre los dos, los dos podemos ser tus novios.-dijo Liam. Era cierto, eso favorecía a Leo. Pero lo que había dicho sería cruel. Podía pedir la opinión de Leo.
-Voy al baño. Ahora vengo.-dije pensativa. Cogí el teléfono y pude ver la sonrisa de Liam.
Marqué el teléfono de Leo y me preparé para contárselo.
-¿Ya has elegido?-me preguntó él.
-No, lo que pasa es que Liam me ha dicho que sería injusto que pese a la “prueba” que os estoy haciendo tu sigas siendo mi novio y él sea mi amigo. Cree que sería más justo que…-hice una pausa, me daba miedo seguir.
-Que…-dijo él invitándome a seguir.
-Que los dos fuerais mis novios.-dije yo tragando saliva.
-Realmente eso es un poco raro, pero Liam tiene razón, no es justo que yo tenga ventaja.
-Estás siendo muy bueno, ¿estás seguro?
-Sí, no quiero ganar por haber tenido ventaja sobre él, quiero ganar porque sé que realmente me querías a mí y no a él. Si dijera que no me estaría convirtiendo en un cobarde.
-Vale. Te quiero.-le dije.
-Y yo.

Salí del baño.
-¿Soy tú novio hasta que decidas?-me preguntó él.
-Sí.-dije yo.
-Bien.-dijo él acercándose a mí y besándome. Sé que suena raro, pero se pasó una media hora besándome. Finalmente paró.
-He soñado mil veces con esto, y ahora que estás tumbada en el sofá y eres mi novia. Ahora eres real, no eres un sueño, ni una ilusión, eres mi novia compartida.
Me reí.
-No abuses de tu poder.-le dije.
-Es imposible no hacerlo, tener a la persona a la que más quieres en el mundo y no poder besarla, eso es crueldad.
-Liam, me tengo que ir. Nos vemos luego.-le dije.
-Adiós, cariño.-dijo él.
-Adiós.-murmuré.

Fui otra vez hacia mi casa, confusa, completamente confusa.
¿Qué coño hacía? ¿Qué coño tenía que hacer? Me estaba empezando a enfadar conmigo misma.
Al fin, llegué a casa. Estaban todos levantados, incluidos Nico y Violeta.
-Buenos días.-les dije.
-Buenos días.-me dijo Leo. Me acerqué a él y le dí un beso.

Entré en mi habitación y me eché a llorar. Nadie me interrumpió, sabían que necesitaba desahogarme y durante una hora, estuve allí sola llorando y cuando decidí ser fuerte y empezar a pensar en elegir, cuando alguien tocó a la puerta.

-Hola, cariño.-me dijo Camila acercándose a mí.- Sé que esto es muy difícil para ti. ¿Quieres ir a ver a Charlotte a su examen?
-Sí, quizás me ayude a despejarme. Voy al baño.-dije levantándome y dirigiéndome al baño.
-Oye, tía, sabes que puedes confiar en mí. Si necesitas algo, dímelo y lo haré.-me dijo ella en tono preocupado. Yo sonreí, Camila era orgullosa, escandalosa y presumida, pero por encima de todo era una gran amiga.

Me lavé la cara y salí del baño.
-¿Nos vamos?-dijo Violeta.- El examen empezará dentro de una hora.
-Sí, vámonos.-dijo Leo, acercándose a mi.
Salimos hacia el conservatorio y nos subimos al bus.
Cuando llegamos Liam estaba fumando en la puerta.
-¿Ahora fumas?-le pregunté.
-Sí.-dijo él un poco seco.- He cambiado.
Alzó la vista y le miré a los ojos. Parecía confuso con Leo a mi lado.
-Ahora no.-susurré, viendo que parecía querer darme un beso.
Leo se apartó de mi, molesto y todos entramos en el conservatorio.
Perfecto. Por el momento había pasado los momento más incómodos de mi vida.
Sabía que Charlotte había hecho el examen teórico y que había sacado muy buena nota, hoy tenía que interpretar música clásica y contemporánea y finalmente hacer una improvisación.

Nos sentamos todos y procuramos guardar silencio. Primero interpretó la clásica y pude ver como Leo disfrutaba de la música que sonaba. La contemporánea también fue perfecta pero un poco difícil de entender y la improvisación sorprendió a todos con algo mágico y maravilloso. Cuando acabó todos aplaudimos y la felicitamos. Pude ver la felicidad en su cara.
Comimos en un restaurante cercano y todo fue bien, hasta que de alguna forma acabé besando a Liam.
Leo se marchó al baño y él no pudo resistirse a mí. Cuando nos vio, se quedó boquiabierto y en silencio salió de allí.
-Voy a hablar con él.-le dije a Liam.
-No, quédate aquí conmigo.-me dijo él con una sonrisa. ¿Cómo se podía ser tan egoísta?
-No, mejor voy a salir de aquí.-dije levantándome.
Todos se habían mantenido al margen de aquello y simplemente nos miraban, todos excepto Camila que había salido a hablar con Leo.
-Ey, habéis hecho un trato, me lo has contado. Y los tratos tienen sus cosas malas.-oí que le decía Camila a Leo.
-No me he enfadado, simplemente no quería darme cuenta de que era cierto, nunca la había visto besar a otro, y me he dado cuenta de que todos sus besos son iguales.
-Ven aquí y deja de decir tonterías.-dijo Camila abrazando a Leo.- No puedes enfadarte por algo que hasta tú hiciste.
-Es cierto, pero no lo puedo evitar. Cuando se besen prefiero estar alejado.
Decidí ir hacia ellos, ya que no me habían visto.
-Esto es mejor que lo arregléis vosotros dos.-dijo Camila. Me acerqué a Leo y le besé.
-Lo siento. No volverá a pasar. Tenemos que hablar los tres.-le dije.
Llamé a Liam y salió del restaurante rápidamente.
-Hay algo que os tengo que decir.-dije seria.
-¿El qué?-dijeron los dos.
-Os dejo a los dos hasta elegir, os estoy haciendo daño. Tendría que haberlo pensado antes de haberlo hecho y no volverá a ocurrir, os conozco y sé como sois he salido con los dos por tanto puedo elegir sin que seáis mis novios.-les dije.
Les di un beso a cada uno en la mejilla. Parecían pensativos.
-Me mudaré con Liam.-dijo Leo de repente.- Si él está de acuerdo. Tenemos que estar en las mismas condiciones, no puedo dormir contigo.
Y ése era Leo, el bueno, aquel que quería siempre hacer justicia.
-Yo dejaré que duermas en mi sofá.-dijo Liam.
-Pues entonces, vamos a seguir comiendo.-dije yo.
Nos sentamos y seguimos comiendo.
En cuanto llegamos a casa todos empezamos a preparar algo importante. La universidad y su comienzo, solo quedaba un día y estábamos nerviosísimas.

Capítulo 41 aquí.

domingo, 26 de agosto de 2012

Capítulo 39

Me levanté temprano, tenía algo que decirle a Charlotte y tenía que ser rápida porque dentro de dos días empezaba la universidad y mañana tendría el examen de danza. Me vestí, me cepillé los dientes y me lavé la cara. Subí a la terraza, el único sitio donde estaría si estaba despierta.
Allí estaba, calentando, la saludé y empecé a hablar.

-Charlotte, tengo que hablar contigo sobre Brandon.-le dije seria.
-Claro, dime.-dijo mientras se ponía los zapatos de ballet.
-Creo que no tienes que dejarlo, que si lo quieres no deberías hacerlo. Olvida lo que te dije el otro día y dime sinceramente ¿Le quieres?
-Sí, para mí no hay nadie mejor que él, le amo.-dijo ella.
-Entonces no lo dejes marchar. Estuve pensando, y creo que si le dejas te sentirás mal, llorarás, no querrás salir de casa, todo te recordará a él y sufrirás, lo más importante. Por eso es mejor esperar a que tu corazón se canse de él. Ahora te parece imposible, pero tengo la sensación de que te acabarás cansando de sus defectos y se acabará.
-Gracias por el consejo, Amelia. No romperé hasta que deje de quererlo.
-Ah, otra cosa, no lo vuelvas a traer a casa.-dije yo bromeando.
-Tranquila, no lo haré.-dijo ella riéndose.
-Te dejo para que sigas practicando.-dije yo bajando las escaleras.
-Vale, adiós.

Mientras hacía el desayuno estuve pensando acerca de Liam. Durante aquella semana no nos habíamos vuelto a besar y procurábamos no quedarnos solos. Estaba hecha un lío, sabía que lo que había hecho estaba mal, pero Liam era mi amigo y no quería apartarlo de mí, tampoco quería hacer daño a Leo contándoselo. ¿Qué se suponía que tenía que hacer?

En seguida estaba toda la pandilla desayunando, incluyendo a Liam, que habían encontrado un pequeño estudio en el centro.
El único que no estaba era Nicolas, que solo venía por las tardes y se pasaba todas las mañanas con Violeta.

-Buenos días, familia.-dijo Camila.
-Buenos días.-dijimos todos a coro.
-Hoy tenemos que ir a ver a Violeta, seguramente ya pueda salir del hospital.-dije yo.
-¿Hoy? ¿Estás segura?-dijo María.
-Sí, le dijeron que con suerte saldría hoy.-contesté.
-Pues nada, vámonos.-dijo Liam.
Todos cogimos nuestras cosas y salimos del piso.
Llegamos al hospital y recorrimos el pasillo por el que durante semanas habíamos pasado millones de veces


Nico estaba con Violeta, susurrándole cosas al oído, cuando entramos en su habitación.

-Hola, Nico.-saludamos todas con dos besos. Leo y Liam simplemente lo saludaron con la mano.
-¡Dentro de media hora me sacan de aquí!-dijo ella contenta.
-Te echamos de menos en nuestro piso gigante.-dijo Charlotte.
Violeta se rió. Apareció una enfermera con una silla de ruedas.

-Muy bien, Violeta. Siéntate.-dijo señalando la silla mientras la ayudaba a sentarse.- Tendréis que ayudarla a vestirse y a ducharse.
-La ayudaremos en todo lo que sea necesario.-dijo Nico.
-Tendrá que venir cada mes a hacerse revisiones.-dijo la enfermera.
-Yo mismo la traeré.-respondió Nico.
-Veo que tienes un gran novio.-dijo la enfermera.
-Sí.-dijo sonriente Violeta.
-Pues nada, hasta luego. Si tienes alguna molestia ven aquí enseguida y recuerda tomarte la pastilla.-dijo la enfermera.
-De acuerdo, adiós.-dijo Violeta.
Nicolas cogió rápidamente el mango de la silla y la dirigió a la salida.
-Puedo hacerlo sola, Nico, he estado practicando.
-Está bien.-dijo él soltándola.
-No te enfades.-dijo dándole un beso.
-No me puedo enfadar contigo.-dijo él en tono meloso acercándose a ella y besándola.
-Ehem, ehem, estamos aquí delante.-dijo Camila.
Todos nos reímos y llegamos a la galería de arte de Leo.
-Tenéis que ayudarme a colocarlos.-dijo él parándose en un local bastante grande y elegante.
Estuvimos una hora colocando todos los cuadros de forma más atrayente a los clientes.
-Bueno, ahora hay que ver cómo nos ha quedado.-dijo Leo.
-Empecemos.-dijo Liam.
Fuimos viendo todos los cuadros que con mucha paciencia habíamos colocado por temática y colores.
Realmente Leo era un gran pintor, y en cuanto empezara a ir a clases en la universidad sería aún mejor. Llegamos a la temática más personal, se titulaba: Amelia. ¿Romántico? Mucho.
En ese apartado estaban todos los cuadros en los que me había pintado, algunos estaban hechos por su imaginación ya que yo nunca había posado tumbada en una nube. Lo extraño era que en cada cuadro se veía una parte de mí, en una mi parte preocupada y tensa, en otras relajada y bondadosa, pero en todos se podía percibir que el que los había pintado amaba a esa tal Amelia.
Liam interrumpió mis pensamientos.
-Leo te llama, está en la sala de los paisajes.-dijo Liam.
-Ah, gracias por avisarme.-dije yo saliendo de esa sala.
-Espera.
-¿Sí?
-¿Sigues sintiendo lo mismo por mí?-me dijo él tímido.
-Sí, exactamente lo mismo.-dije yo, Liam no contestó y me fui a ver a Leo.
-¿Te gustan?
-Sí, me encantan.
-Pues te los dedico todos.-dijo Leo abrazándome.
-Oh, no hacía falta.-dije yo besándole.
-Sí que hacía falta.-dijo él.
-Que no.-dije besándole más.
-Que sí.-dijo él besándome y metiéndome la mano en la camiseta.
-Que…-dije sin acabar la frase, sus labios se habían vuelto a posar en mí.
-Aquí, no, Leo.-dije yo, sin apartarme.
-¿Por qué no?
-No hay cama, y además están nuestros amigos por ahí.-dije logrando separarme de él. Me pareció ver a Liam mirándonos escondido.-¿Hay baño?
-No.-dijo él triste.
-No me vas a convencer, avisemos a los demás y vayámonos.-dije yo andando hacia la siguiente sala.
-De acuerdo, mamá.-dijo él.
No le contesté, se acercó a mí bruscamente y me besó.
Finalmente nos fuimos de la galería y mientras Leo subía las escaleras me paré a hablar con Liam.
-¿Qué te pasa? ¿Estás loco?-le pregunté.
-No, ¿qué ha pasado?-me respondió él, ingenuo.
-¡Que me persigues y me espías!-dije yo.
-Shh, no mientas, te estás obsesionando conmigo.
-¿¡Qué?! Tú eres el que está obsesionado, déjame en paz.-le dije. Y en vez de alejarme y irme, esa mirada desafiante me trastocó y le empecé a besar, mucho, metí mi mano por debajo de su camiseta.
-Amelia, no pienso hacer esto, no voy a caer tan bajo. Estoy colado por ti y me atraes mucho, pero no pienso hacerlo contigo en mitad de la calle.-dijo él riéndose.
-Has empezado tú.-me defendí.
-Eso no te lo crees ni tú.-dijo él.
-Tienes un novio. Sube y acuéstate con él.-dijo él yéndose.
Ni siquiera pude despedirme de él, me sentía tan mal. Tenía un novio y me lanzaba en brazos de otro.
Tenía que olvidar ese lazo con Liam, pero no podía, era imposible.
Los dos eran espectaculares, persuasivos, guapos, inteligentes. Y no me podía decidir, nadie podía decidirse.

Capítulo 40 aquí.

viernes, 17 de agosto de 2012

Capítulo 38

Estaba en el aeropuerto esperando que llegara el vuelo de Liam. Me había comprado un coche pick-up con 7 plazas, dos delante, tres detrás y otras dos al fondo del todo.
Era un coche enorme, aquella mañana misma lo habíamos comprado y le habíamos encontrado un garaje por la zona.
En seguida empezó a salir gente de la puerta de salida y vi a Liam. Una cosa había que decirla, estaba guapísimo, su pelo rubio había crecido, estaba un poco moreno y sus ojos verdes brillaban con intensidad.
Me sabía mal haber sido la única en venirlo a recoger, pero Charlotte estaba ocupada ensayando, Camila y María le estaban preparando una tarta de bienvenida, Leo pensó que venirlo a recoger sería un poco violento y Nicolas estaba cuidando de Violeta, que tampoco podía venir porque estaba ingresada.



-¡Hola!-dije corriendo a abrazarle, estaba más fornido que la última vez.
-Hola. Veo que falta mucha gente.
-Uff, tengo una historia larga que contarte.-dije mientras íbamos hacia el pick-up.
-Lidia se apartó de nuestro lado, conocimos a Charlotte, Violeta sale con Nicolas , tuvo un accidente y está en el hospital.
-¿Quién es Nicolas?
-Un chico que conocimos.
-¿Y María y Camila?
-Te están preparando una tarta.
-No hacía falta.-dijo mientras subía al coche.
-Bueno, ellas han querido hacerlo así.
-¿Y Leo?
-Creyó que sería incómodo.
-Sí, lo sería.
Le conté toda la historia de Lidia y llegamos casa.
María y Camila le dieron dos besos y le enseñaron la tarta, dónde ponía “Bienvenido, Liam”.
-Gracias.-dijo él con una sonrisa.
-Leo no está, se ha ido a una galería a enseñarles sus cuadros.-dijo Camila.
-Espero que los acepten.
-¿Es pintor?
-No, es camionero pero le da por pintar.-dije yo con sarcasmo.
-Voy a avisar a Charlotte para que baje a saludar.-dijo María.
-¿Te ha contado Amelia todas las novedades?
-Sí, ¿qué tal está Violeta?
-Pues deprimida.
-Entiendo, no es fácil afrontar esas cosas.
Entonces bajaron Charlotte y María.
-Hola, soy Charlotte, encantada de conocerte. Siento no haber bajado, estaba practicando para el examen de danza.
-No te preocupes.-dijo Liam sonriendo.
-¿Quieres ir a ver a Violeta?-le pregunté.
-Sí.
-Yo no voy, cada vez que voy me tira todos los trastos encima.-dijo Camila.
-Yo creo que tampoco voy.-dijo María.
-Yo iría, pero es que tengo que bailar, bailar y bailar.-dijo Charlotte.
-Pues nada, vamos tú y yo.-le dije a Liam.
-Sí, tengo ganas de ver a Violeta.-dijo Liam.
Íbamos andando hablando de nuestras cosas cuando Liam me miró, a los ojos directamente.
-Te necesito Amelia. Sin ti estoy perdido, por eso estoy aquí, con tal de ser tu amigo me basta.
-¿Me necesitas?- ¿Por qué eso me había afectado tanto?
-Pues claro que sí, Amelia, ¿por qué sino iba a estar aquí?
-Pues, porqué te sentías, porqué…-dije yo, nuestros labios estaban cerca, demasiado y nos besamos, no era un beso de amor, pero me gustaba, era de atracción. Le empujé contra la pared y seguí ¿qué estaba haciendo? Me había vuelto loca. Me aparté de él.
-Creo que ya sé que es lo que me pasa contigo.-dijo Liam.
-¿Qué nos pasa?-dije llorando.- Yo no quiero hacerle daño a Leo, yo lo quiero.
-Una amiga me lo contó hace tiempo, ella tenía un novio y le quería muchísimo, como tú a Leo. Pero había un antiguo ex novio que le seguía no gustando, atrayendo, y cuando él la necesitaba la atracción era tan fuerte que daba igual el novio, la novia, tenían un lazo que no se podía romper.
Daba igual que quisiera más a su novio, que le gustase más como la trataba, como era su carácter, que le amara a él y no a su ex novio. Tenía un lazo con él, una atracción y nada podía cambiarlo.
-Es eso, estoy segura. Cuando me dijiste que me necesitabas y me miraste a los ojos, había un lazo, algo que hacía que tuviera que besarte. Es como magia y creo que Leo no lo va entender.
-Solo lo entiende la gente que lo vive, que lo siente. Es difícil de explicar, pero existe.
-No se lo cuentes a Leo, para nada. No quiero que sufra por algo así, algo inevitable que no volverá a suceder.
-Yo haré lo que tú creas mejor, confío en tu buen juicio.
-No, no, no, ni se te ocurra confiar en mí, aún tendremos un problema.-dije yo, él se rió.
-No has cambiado nada.-me dijo él.
-Ya hemos llegado.-dije señalándole el hospital.
Entramos, saludamos a la secretaria y entramos a la habitación de Violeta.
-Liam, te echábamos de menos por aquí.-dijo ella de un buen humor extraño desde que le habían dicho lo de la silla de ruedas.
-Hola, Violeta. ¿Qué tal? ¿Te tratan bien aquí?
-Sí, estoy un poco triste, ¿te han contado lo que me pasó?
-No en detalle, pero sabía que habías tenido un accidente.
-Ah, bueno, con eso basta, no hace falta exagerarlo.-dijo ella.- Fue un autobusero ebrio.
-Vaya… ¿te duele o algo?
-No, simplemente me están haciendo pruebas y operaciones, dicen que puede que dentro de dos semanas, con suerte.
-Estoy deseando verte fuera de este hospital.-dijo él.
-Yo también quiero salir de aquí, me siento enferma.-dijo ella arrugando la nariz.
-Tú estás sana, simplemente no podrás caminar, pero estás bien.
-Liam, te equivocas, para mí no poder andar es muy grave, es estar enferma, aunque tú creas que todo es lo mismo pero en una silla.
-Lo siento.
-No pasa nada, todos pensaron lo mismo cuando me dieron la noticia.
-Aún así, no tendría que haberlo dicho.
-Iros, dentro de poco llegará la cena y me iré a dormir.-dijo ella triste.
Le di un beso y Liam se despidió.
-Adiós, chicos.
-Un momento, ¿y Nicolas?
-No sé, se fue hace una hora.
-Vamos a llamar, nos vemos mañana.-dije yo.
Salimos del hospital y marqué el número de Nicolas.
-Hola, ¿dónde estás?
-No os preocupéis, estoy bien.
-Responde.-dije yo chillando.
-En un callejón, que no conocéis.
-¿Y qué haces en un callejón? Violeta está preocupada por ti.
-Dile que no se preocupe.
-Dime que es lo que estás haciendo.
-Cortarme una pierna.
-¿Qué? ¿Estás loco?-dije yo preocupada.
-Loco de amor.
-Nombre de la calle, vamos para allá.
-Último callejón de la calle donde vivimos.
-No hagas tonterías, ahora vamos.
Mientras corríamos por la calle, le expliqué a Liam todo lo que me había dicho Nicolas y al fin llegamos al callejón.
Nicolas estaba apoyado en la pared junto a un contenedor de basura.
-¿Quién es él?-me preguntó Nico desconfiado.
-Es de confianza.-dije como si fuera el mafioso de alguna película.- Ya puedes empezar a explicarlo todo, ¿sabes cuánto hubiera sufrido Violeta si hubieras hecho esa tontería?
-Todo empezó cuando se enfadó porque no comprendíamos la gravedad del asunto, que no caminaría. Eso me dejó pensativo y culpable por haber estado allí y no haber hecho nada, no haber subido a otro autobús.
-No podías hacer nada, el destino lo quiso así.-dije yo.
-Pero aún así te paras a pensar todo lo que hubiera cambiado si hubiera sido a otra hora, si el conductor no se hubiera emborrachado, en todos los factores que hicieron que ocurriera. Y hoy cuando fui por la mañana a visitarla, vi como lloraba, lo hacía en silencio y discretamente, tumbada en la cama. La vi tan infeliz que pensé que si yo estuviera igual, si no pudiera caminar, no se sentiría tan sola.
-Y dijiste, a ver ¿por qué no me corto una pierna? No pensaste en estudiar la enfermedad, buscar uniones de gente así, no tú te quedaste con la mejor idea.
-Pensé que si no lo hacía me sustituiría por alguien como ella, que la comprendiera mejor que yo.
-Sabes perfectamente que si Violeta descubriera que te habías cortado una pierna por su culpa nunca se lo perdonaría.-dije yo.
-No pensaba con la cabeza, me guiaban los impulsos.
-¿Te has hecho algo?-interrumpió Liam mirando la pierna.
-No, justo cuando cogía el cuchillo me llamasteis.
-¿Pensabas cortarte la pierna con un cuchillo?-preguntó Liam.
-De los más grandes de la cocina.-dijo Nicolas a la defensiva.
-Claro que sí.-dije yo mirando el cuchillo.
-Por cierto, no le cuentes nada de esto a Violeta, por favor.-dijo Nico con el semblante serio.
-No le diré nada.-prometí.
-Gracias.
-Venga, vamos a tomar algo.-dijo Liam.
-De acuerdo.
Llamé a toda la pandilla, excepto a Violeta y todos vinieron al bar a tomarse algo.
Leo fue el primero en llegar, saludó a Liam y a Nico con la mano y a mí con un beso.
-Traigo buenas noticias.-dijo él contento.- Dentro de dos semanas, un día antes de que empiece la universidad, una galería de arte cercana mostrara mis cuadros durante todo un mes.
-¡Qué bien!-dijimos todos.
Le di un beso, en el fondo me sentía mal. No me gustaba saber que le estaba escondiendo algo.
-Quiero que seas la primera en verlos.-me dijo él, devolviéndome el beso. Yo noté la mirada triste de Liam clavada en nosotros, era duro saber que esos besos nunca serían suyos ¿o quizás sí?

Pasamos una maravillosa tarde rodeado de todos aquellos a los que queríamos, éramos como una familia, algunos pasaban por su mejor momento y otros como Camila deseaban saborear los labios de Leo o simplemente saborear los labios del amor, hablar con Cupido y decirle que necesitaba su ayuda, que cada día era peor sin un enamorado, sin una persona que surja de repente y que cada vez que te derrumbes te levante con un beso.

Todas las personas que había allí sentadas habían llorado alguna vez por amor, por su primera ruptura, por un amor imposible, o simplemente por el dolor de romper con alguien y pensar que quizás te equivocaste con él y se merecía otra oportunidad.
También todos habían llorado por una infidelidad, por ese dolor que sientes cuando te dicen que no eres tan especial, que alguien ha logrado besar esos labios que a ti algún día te parecieron imposibles, esos labios que ahora te parecen traidores y esa persona que quieres matar por haberte engañado, por haber dejado de pensar en ti un solo momento para pensar en otra con amor y estropearlo todo.
Querer pensar que nunca amaste a esa persona, cuando aún sigues perdidamente enamorada de ella, eso y todo lo que os cuento es lo que siempre pasa cuando te enamoras. Porque yo no creo en los finales felices, y cuando todo va bien, cuando todo es dulce, aparece alguien que te hace dudar y que te hacer volverte loca sin saber porque le besaste, sin saber porque te atrae, sin saber nada y ponerte en blanco cuando está a tu lado mirándote a los ojos, a esos ojos de enamorado a los que nunca pudiste resistirte.

Capítulo 39 aquí.

martes, 14 de agosto de 2012

Capítulo 37


-¿Qué le ocurre?-preguntamos.
-Que debido a la presión del metal en sus piernas no tiene ninguna
sensibilidad en ellas. No las siente, como si no tuviera.
-Entonces, ¿tendrá que ir en silla de ruedas?
-Los primeros años sí, pero si poco a poco vamos operando y va a
rehabilitación tiene un 25% de posibilidades de recuperarse y poder
caminar.
-Pero ese porcentaje es muy bajo.-dije yo.
-Hay porcentajes más bajos, señorita.-dijo el médico resignado.
-¿Cuál es la mejor clínica de Chicago? Porqué puede que en otra sea un
50%.-dijo Camila.
-Eso es imposible.-dijo el médico y se fue.
Tan centrados en el médico no nos habíamos dado cuenta de que Violeta
estaba llorando.
-Nunca más volveré a caminar.-dijo ella.
-Sí, nosotros te ayudaremos y te llevaremos al mejor médico.-dijo Nicolas.
-Todo se arreglará.-dijo Camila.
-Estáis muy equivocados, ¿no habéis oído al médico? Creéis que soy tonta,
pero lo he oído, 25% de poder caminar, y sabéis, ahora lo echo de menos.
Antes para mí caminar era algo normal, lógico y cada vez me gustaría más
poder mover las piernas.
-Cariño, ¿no crees que es mejor pensar que algún día se arreglará que estar
toda la vida sabiendo que nunca lograrás caminar?-le preguntó Charlotte.
-Sinceramente, prefiero saber la verdad y no una mentira que puede que
nunca se haga realidad. Puede que a vosotros no os afecté, pero yo, queridos
amigos no puedo caminar.
-No digas eso, por favor. Todos te queremos mucho y nos gustaría que esto
no hubiera sucedido, pero el destino es cruel en algunas cosas.-dijo María.
-La hora de visita se ha acabado.-dijo la enfermera con un plato de comida.
-Adiós chicos, venid mañana.-dijo ella.
Íbamos todos en el autobús de camino a casa, tristes por lo que le había
sucedido a Violeta cuando recibí un mensaje de Liam.
-Mañana me dan la libertad. Siento no haber avisado antes, pero me lo han
dicho hoy mismo, ¿podrás encontrarme un hotel barato para pasar allí una
semana? Mientras tanto buscaré un piso. Llego en avión a las 5 de la tarde.
Resoplé, ahora tenía que buscarle hotel a Liam, cada vez las cosas iban peor.
Cinco minutos antes de llegar a casa vi un hotel, contenta, entré corriendo y
me acerqué a la secretaria.
-Buenos días, ¿Qué desea?
-¿Podría reservar una habitación individual para mañana, durante una
semana?
-Sí, ¿7 noches?
-Sí, por favor. Es para un amigo.
-¿Cómo se llama?
-Liam Evans.
-De acuerdo.
-¿Admiten tarjetas de crédito?
-Sí.
Pagué y me marché de aquel hotel, decidí hacer otra ruta diferente que
creía más corta.
En una esquina, pidiendo limosna, una pelirrojilla muy guapa enseñaba la mano
para conseguir alguna calderilla, y gracias a una sonrisa la mayoría de los
señores dejaban caer alguna. Decidí dejar unas moneditas y al agacharme
me encontré con su cara y no pude evitar dar un salto hacia tras y
sorprenderme.
-¿¡Lidia?! –dije mirando a la que había sido una de mis grandes amigas y a la
que no reconocía.
-¿Amelia?
-¿Qué haces en la calle pidiendo limosna?
-No tenía dinero, no tenía nada.
-¿Y tú novio?
-Nos iba muy bien, vivíamos en una comuna hippie y no necesitábamos dinero
para sobrevivir, pero tuvimos muchas discusiones fuertes y rompimos, yo me
enamoré de nuestro camello y era alucinante. Ya no sabía ni cuantos días
habían pasado ni donde estaba, y no sé cuantos gramos de droga tomaba,
estuve a punto de morir un par de veces, me ingresaron en el hospital.
Conocí a un médico del proyecto de desintoxicación, jovencito y que parecía
que era el definitivo, pero era un poco depresivo e iba por camino de ser
alcohólico, me pegaba y entonces fue cuando decidí irme de Indianápolis,
que era a dónde había llegado.
-¿Estuviste en Indianápolis?
-Sí, y por favor no les cuentes a las chicas que estoy pidiendo limosna.
-¿Y qué vas a hacer?
-¿Con qué?
-Con tu vida, cariño, eres una yonqui que pide limosnas por las esquinas, no
tienes dinero. ¿Eres feliz?
-Nunca lo he sido, solo la droga me ha ayudado a serlo, echo de menos a mi
Harrison. Sabes, yo estudiaba porque creía que llegaría a ser importante,
que la gente conocería mi nombre, que saldría en las enciclopedias y los
chicos tendrían que estudiarme, y ahora me doy cuenta de que todo eso no
vale para nada.
-¿A qué quieres dedicarte?
-A ser rica.
-¿Eso es lo único que te interesa? ¿El dinero?
-Sí.
-Pues tengo a un chico para ti.-dije pensando en alguien.- ¿Y quieres volver a
ser amiga nuestra?
-¡No! Eso nunca.
-¿Por qué?
-Porque no soy como vosotras, nunca lo vas a entender por mucho que te lo
explique, me lo dice mi conciencia.
-Puede que te mienta.
-Ella no cree en la mentira, siempre dice la verdad.
-Pues, si quieres salir con el chico rico, tendrás que ducharte y arreglarte.
-No te preocupes, robaré ropa en la tienda cara que hay a dos calles,
siempre está llena y no tiene detector.
-¿Y para ducharte?
-Me colaré en el campo de rugby y me ducharé en los vestidores.
-Mmmh, de acuerdo, si necesitas algo llámame, no he cambiado el número.
Hoy a las nueve en el bar de aquí al lado.
-De acuerdo.
Fui a casa y pese que había dicho que no contaría nada se lo conté todo a las
chicas, el siguiente plan solo se lo conté a Camila, ya que supuse que le
gustaría.
-¿Te parece bien?-le pregunté.
-Sí, pero no podríamos buscar a un chico feo y rico en vez de a él.
-No, porque creo que están hechos el uno para el otro, me lo dice el corazón.
Personas superficiales que no creen en la felicidad y que son muy
cambiantes de opinión.
-Está bien, haz lo que quieras.-dijo Camila.
Nerviosa, le llamé, se me había ocurrido un plan, pero me arriesgaba a que
no funcionase.
-Hola, cariño.-dije en tono sensual.
-Hola.-dijo él algo confuso.
-Te deseo desde el día en que te vi con Camila.-dije con el mismo tono
sensual.
-¿Ah, sí?-dijo él animado.
-Uff, sí, no sabes cuánto.
-Camila se enfadará contigo.
-¿Crees que me importa lo que diga esa estrecha?
-No conocía esa parte de ti. ¿Y Leo?
-¿No sabes que me da morbo lo prohibido?
-Y a mí.
-¿Sales con alguien?
-No, pero tú sí, soy su cuerno, formo parte de esto.-me reí de su ocurrencia.
-Muy bien, ¿quedamos en el bar que hay cerca de mí casa, a las nueve?
-Allí estaré.
Colgué el teléfono y esperé que Lidia tuviera, cuando marqué su número.
-¿Qué quieres pesada? Ya he “comprado” el vestido y voy de camino a los
vestidores del campo de rugby.
-Para estar de segura de que irá me he puesto sensual con él y le he dicho
que iré yo, tú haz lo mismo y dile que no voy a ir, que te enseñe su casa y tal,
liga con él.
-Mmmh, me gusta el tema.
-Te envió una foto suya, para que sepas quien es cuando vayas al bar.
-OK.
Envié una foto.
-Es el que abraza a Camila.
-Pues nada, adiós.-dijo ella y colgó.
Asunto resuelto, ya había emparejado a dos personas más.
-Cariño, Leo lo ha oído todo.-dijo Camila.
-Se acaba de marchar corriendo.-dijo Violeta.
-¿Qué? No ha oído la segunda parte de la conversación.-dije yo cogiendo mi
bolso y marchándome enseguida.
-Adiós, guapa.
-Camila, cuéntaselo a todas.
Camila asintió y bajé las escaleras rápidamente.
¿A dónde podría haber ido? ¿A la torre Sears?
Decidí probar suerte y fui allí, subí en el ascensor y allí no estaba.
También fui al puerto, a la estación de trenes, a la de autobuses, al
aeropuerto, al hospital de Giulia y a todos los sitios en los que habíamos ido
juntos. Estaba yendo hacia casa cuando me pareció verlo, seguí a aquel señor
que no se parecía a él y pasé enfrente del bar en el que habían quedado
Zack y Lidia, asomé la cabeza para ver si habían llegado y vi a Leo sentado
en la barra.
Miré el reloj, eran las nueve menos diez, llegarían enseguida y ni Leo ni yo
podíamos estar allí. Entonces apareció Zack, agarré la mano de Leo y le metí
en el baño de chicas.


-¿Qué haces aquí?-le pregunté mientras le metía en una de las puertas al
váter.
-Quería hablar con el chico que había logrado enamorar a Amelia Darío.
-Leo, solo me has conseguido enamorar tú. No hay nadie más.
-Amelia, soy muchas cosas pero no retrasado mental, oí como hablabas con
él por el móvil y nunca en la vida le has hablado a un hombre con tanto
deseo.
-Estaba fingiendo, Leo. He encontrado a Lidia pidiendo limosna en la calle.
-Eso ya me lo has contado.
-No me interrumpas. Me ha dicho que lo único que le interesaba era ser rica
y he pensado que Zack era el mejor para hacerla feliz, porque es
inmensamente rico, pero he pensado que no aceptaría ir a una cita a ciegas
con una de las amigas de su ex novia, así que fingí eso para que viniera hasta
este bar y luego Lidia se encargaría de engatusarle.
-Vamos, que yo soy un estúpido posesivo de mierda que no confía en que su
novia se pasa todo el día haciendo que los demás sean felices.
Me reí. Ese era el chico al que quería.
-Tú no eres ningún estúpido.
-Pero posesivo, y desconfiado, sí, ¿verdad?
-Mmmh, creo que…
-No lo estropees, bésame.-dijo él.
Y le besé, y en ese mismo baño hicimos el amor, cómo en la típica película
americana, con una diferencia. No éramos dos actores fingiendo un amor
inexistente, éramos dos enamorados que habíamos convertido un baño en el
lugar más romántico del mundo.
-No puedes salir conmigo.-le dije.
-¿Qué, no quieres ser mi novia?
-No, tonto, no puedes salir conmigo del baño.
-Alarmista.
-Posesivo.
-Pero me quieres.
-Más que a nada en el mundo.
Oímos un “Oh” de las chicas del baño y le dije que saliera.
Esperé 5 minutos, en los que aproveché para hacer mis necesidades y salí
del baño. Tenía ganas de hacer una cosa, algo que siempre había querido
hacer.
Cuando salí del baño, Lidia estaba sentada enfrente de Zack diciéndole
cosas bonitas. Le hice una señal de que lo besara. Y cuando lo besó…
Le planté una torta en toda la cara.
-Pervertido.-chillé.- Vas preñando a todas las mujeres y luego les haces los
cuernos.
Todas las chicas le miraban mal y yo sonreí para mis adentros, me había
vengado del cochino de Zack.
Leo estaba esperándome fuera y para rematar más la cosa, en una posición
en la que solo nos podía ver Zack, besé apasionadamente a Leo y le enseñé el
dedo corazón a Zack, esperaba que leyera la nota que le había dejado
encima de la mesa, decía “Nunca juegues con el corazón de una mujer, puede
ganar él”.

Capítulo 38 aquí.

viernes, 3 de agosto de 2012

Capítulo 36

Me desperté preocupada por Charlotte. Quizás había sido demasiado dura y había otra forma de solucionar las cosas, puede que Brandon estuviera irritado por algún motivo y yo lo había juzgado mal. Me levanté de un salto, algo raro en mí y vi que Leo seguía durmiendo, eran las 9 de la mañana.
Decidí volverme a acostar pero no podía dormirme, no paraba de dar vueltas en la cama.
-Cariño, ¿qué te pasa?-me dijo Leo abrazándome con una voz adormilada.
-Nada, que estoy preocupada.-le dije.
-¿Qué ha pasado?-me dijo él muy relajado.
-Pues que ayer estuve hablando con Charlotte porque la oí llorar y le dije que lo mejor era que cortara con Brandon, pero ahora creo que puede que no sea tan buena idea.
-Nena, te estás metiendo donde no te llaman, todo pasa por alguna razón. Si Charlotte sale con Brandon será por algo.
-¿Pero tú no crees que es un cretino?-le dije yo.
-Sí, pero el mundo está lleno de ellos y aún así sigue habiendo chicas que pican en su anzuelo.-me dijo él.
-Leo, no me puedo quedar sentada mientras Charlotte sufre.
-No está sufriendo, está enamorada y le preocupa lo que pensemos de su novio. Tranquilízate, ¿vale?
-Está bien, pero no puedo dormir.-dije levantándome y dándole un beso de buenos días.
Leo parecía tan maduro a mí lado, y eso que teníamos la misma edad. Era tranquilo e inteligente y siempre sabía que había que hacer en cada momento, en cambio yo era más impetuosa y nerviosa, todo lo contrario a él.
Se levantó de la cama mientras me vestía y se empezó a vestir también. Cuando acabamos, me rodeó de la cintura y me dirigió al sofá.
-Espera aquí.-me dijo.
-Vale.
Estuvo en la cocina preparando algo y vino con una tarrina de helado, dos tazas de café y dos boles.
-Esto es lo que tomo yo para relajarme.-me dijo él besándome.
-¿Mis besos?-le pregunté confusa.
-También, pero sobre todo café y helado.-dijo él señalando lo que había traído.
-¿Juntos?-le pregunté extrañada.
-Hay que explicártelo todo, nena.-me dijo él.
-Aix, perdón.-dije yo haciéndome la ofendida.
-Y por eso me gustas tanto.-me dijo volviéndome a besar.
Cogió uno de los boles que había traído y puso una bola de helado, cogió la taza de café y echó al delicioso helado de Stracciatella un poco de café por encima. Me tendió una cuchara y probé un poco.
-Mmmmh, está buenísimo.-le dije yo saboreando el dulce y cremoso helado mezclado con el amargo y líquido café, que hacían una combinación perfecta, como Leo y yo.
-Lo sé, me lo preparaba mi madre en Italia, con helado casero y café, me decía que era para que me fuera acostumbrando al sabor del café y yo siempre lo tomaba cuando estaba tenso, agobiado, nervioso.
-Pero el café se utiliza para activarte, no para relajarte.-le dije yo.
-Lo sé, pero para mí esa combinación era tan mágica, que daba igual lo que llevara, cocaína, café, marihuana, tabasco… Me relajaba y punto.
-¡¿Le has echado marihuana?!-chillé despertando a todo el edificio.
-No, digo que da igual lo que lleve, como si lleva cocaína que te activa muchísimo, a mí me relaja.-dijo él.
-Me has dado un susto de muerte.-le dije yo.
-Si eres tú, que no entiendes las cosas.-me dijo él riéndose.
-Eres malo…-le dije yo, mientras se acercaba a mí y me besaba.
-No, solo soy hijo de Satán, nada más.-me dijo él ironizando.
Poco a poco el salón se llenó otra vez, estaban todas menos Charlotte que solía subir a la terraza a practicar para el examen que se acercaba de danza.
Nico llegó a casa con unos croissants.
-¡Nicooo!-le saludamos todas.
-¡Hola, chicas!-nos dijo él.- Os he traído croissants.
Los dejó encima de la mesa y se fue a saludar a Violeta con un beso.
-Nosotros nos vamos al cine, que por la mañana hay sesión matinal y es más barato.-dijo Violeta.
-¿A cuál os vais?- les pregunté.
-Puf, al quinto pino, en bus.-dijo Nico.
-Pues nada, ya volveréis para cenar, ¿no, parejita?.-dijo Camila.
-Sí.-dijeron los dos, abrieron la puerta y despidiéndose con la mano se marcharon.
-Son súper monos.-dijo María.
-Monísimos.-dijo Leo con sarcasmo.
-¿Qué vais a hacer esta mañana?-les pregunté a María y a Camila.
-¡Nos vamos de compras!-dijeron las dos chillando.
-Jo, yo también quiero ir.-dije yo.
-Pues ven.-dijo Camila.
-¿Tú que harás, Leo?-le pregunté cogiéndole de las manos.
-Pintaré, no te preocupes.-me dijo.
-¿Seguro?-le pregunté mientras María y Camila movían los pies impacientes.
-Sí. –dijo él, me besó y se fue hacía su estudio de pintura.
-¿Avisamos a Charlotte?-les pregunté.
-Sí, aunque no creo que venga. Está muy ocupada practicando para el examen.-dijo Camila.
Subimos arriba y observamos a Charlotte bailar en silencio.
Lo hacía genial, sus movimientos eran limpios y delicados, elegantes.
Cada paso que daba lo vivía, lo sentía, se le veía en la cara, en los ojos, en cómo se movía y era precioso verla bailar con tanto sentimiento.




Cuando acabó de bailar empezamos a aplaudir, ella se ruborizó y su cara se volvió roja.
-Lo hago fatal.-dijo ella.
-Eso es mentira, lo haces genial.-dijo Camila.
-¿Quieres venir con nosotras de compras?-pregunté yo.
-Me encantaría pero tengo que practicar para el examen.-dijo ella triste.
-Seguro que te sale genial.-dijo María.
-Gracias.
-Bueno, adiós Charly.-dijimos todas y nos fuimos de allí.
Estuvimos en prácticamente todas las tiendas de la zona, las caras, las baratas, las pequeñas, las grandes, en todas y en ese momento vimos el impacto de un autobús contra un coche. Rápidamente llamamos a la ambulancia y vimos a duras penas a Nicolas moviéndose dentro del autobús.
La parte de delante estaba totalmente aplastada y la de atrás parecía en buen estado, pero la preocupación se palpaba, ¿estaría bien Violeta?
-¡¿Estará bien Violeta?!-preguntó Camila.
-No sé…-dijo María.
-¡Mira, ahí está la ambulancia!-dije yo.
Estuvimos media hora allí intentando identificar a Violeta y finalmente tuvimos que preguntar a la policía.
-¿Han identificado a los heridos?-preguntó María con pose sería.
-No, pero todos van al hospital más cercano, a la sección de urgencias, si veis a algún conocido informadnos.
-De acuerdo, gracias.-dijimos todas yendo hacia donde nos había indicado que estaba el hospital.
-Rezad para que esté bien, si le pasa algo a Violeta yo me muero.-dije yo.
-Yo también, con lo buena e inocente que era.-dijo María.- Que es, perdón.
-Puf, seguro que está bien, si iba con Nicolas y él estaba bien ella estará bien.-dijo Camila.
-¡Chicas!-dije poniéndome la mano en la frente.- No le hemos preguntado a Nicolas.
-¡Llámalo!-le dijo María a Camila, que sacó precipitadamente su Iphone y empezó a buscar a Nicolas entre sus contactos.
Puso el altavoz y todos oímos lo pitidos.
-Este es mi contestador, si ves que no contesto es que estoy muy liado, pero no te preocupes, déjame un What’s App o tu mensaje después de la señal.-se oyó que decía la voz de Nico desde el contestador.
-Pues nada, debe estar “muy liado”.-dijo Camila.
-Sí, sigamos andando.
Al fin llegamos a la puerta del hospital y entramos.
-Pido por favor que no esté aquí.-dijo María.
-Buenos días, estamos buscando a Violeta.-le dijo María a la enfermera.
-Esperad un poco, le están haciendo unas radiografías y unos análisis. Os podéis sentar en esas sillas de allí.-dijo la secretaría señalando una sillas de plástico.
Al fin la secretaría nos dijo que podíamos pasar y fuimos pasando todas las habitaciones donde estaban los heridos ocasionados por el accidente y llegamos a una habitación igual que cualquiera, con diferencia que en aquella habitación estaba nuestra amiga Violeta. Tenía los ojos cerrados, pero en cuanto entramos los abrió.
-Hola, Violeta.-dije yo muy bajito, pero lo suficiente para que me oyera.
-Hola, chicas.
-¿Qué tal estás?-le preguntamos.
-Muy bien, pero estoy cansada.
-¿Te han dicho algo los médicos?-le preguntó María.
-No.-
-¿Qué pasó en el autobús?-le preguntó Camila.
-El conductor iba borracho, en un principio pensé que era el coche de enfrente, pero era el conductor. Cuando subí al autobús yo ya notaba algo raro, olía a alcohol y parecía un poco ido. Todas mis dudas se resolvieron cuando vi como se golpeaba con aquel coche, yo estaba consciente, me dolían terriblemente las piernas por el golpe del metal contra mí, pero lo vi todo.
-¿Y Nicolas?-pregunté yo.
-Tuvo suerte, íbamos los dos delante, sentados justo detrás del conductor y entonces a él le pareció ver a una compañera suya de clase del instituto al que iba en su pueblo y me dijo que la iba a saludar. Y justo en ese momento, cuando él ya estaba hablando con su amiga, chocamos.
-¿Contra qué te diste?-le preguntó Camila.
-Contra el separador de metal que hay entre el conductor y el cliente. Esa barra se deformó por el choqué y me aplastó las piernas, o al menos eso supongo.
-Lo importante es que ahora estás bien.-le dijo Camila.
-Sí, echo de menos a Nicolas.
-Le hemos intentado llamar y no contesta.-dijo María.
-Jo, quería hablar con él.
-Gracias, ya vemos que aquí molestamos.-dije yo.
-Ay, no, vosotras sois lo mejor que tengo y sé que estaréis siempre ahí dándolo todo por mí, pero también sabéis que Nicolas es muy importante para mí.-nos dijo ella, ¿cómo te podías enfadar con una persona así?
-Pues claro que sí, mujer. Era una broma.
Entonces apareció Nicolas preocupado y en cuanto vio a Violeta se abalanzó sobre ella y le dio un beso intenso y largo, que no parecía propio de él.
-No sabía dónde estabas y unos policías me han acribillado a preguntas, no he podido llegar antes. ¿Te encuentras bien?
-Sí, han estado cuidando de mí.-dijo ella.- Tengo hambre.
-Voy a llamar a una enfermera.-dijo él corriendo.
Nos asomamos a la puerta para ver la conversación de Nico con la enfermera.
-No puedo, ya le he dicho antes que la cena no se sirve hasta las nueve, y son las siete.
-Pero señora, no puede hacer pasar hambre a una paciente.
-Hable con un médico.-dijo la enfermera entrando en otra habitación.
Nico no se rindió y buscó a un médico, el médico le dijo lo mismo, que esperara y finalmente Nico volvió a la habitación con la cabeza gacha.
-¿Te traigo una hamburguesa del McDonalds?-dijo él utilizando su último recurso.
-No, cariño, un poco de agua irá bien.-dijo Violeta.
-Ahora vengo.-dijo él.
-Tienes que llamar a Charlotte y a Leo.-me dijo Camila.
-OK, ahora los llamo.-dije yo mientras llamaba por teléfono a casa.
-Buenas, nena, ¿qué ocurre?-dijo Leo al otro lado de la línea.
-Que Violeta ha tenido un accidente.-dije yo.
-¿Es grave?-me preguntó Leo.
-No creemos, pero aún no hemos hablado con el médico. Avisa a Charlotte, estamos en el hospital que hay cerca del cine.
-Ahora vamos, adiós cariño.
-Adiós amor.-le dije mientras marcaba la tecla roja.
-Se me ha olvidado contaros lo que pasó ayer con Charlotte.-les dije a todos y empecé a explicarles que Charlotte lo había oído todo y que yo le había dicho que cortara con Brandon.
-Puede que lo que le hayas dicho sea lo mejor.-dijo Camila.
-Pero puede que no.-siguió María.
-Puede que hayas hecho algo fantástico o que la hayas cagado absolutamente.-dijo Violeta.
-Puf, así no me animáis.-les dije.
-No nos has dicho que te animemos.-dijo María.-Nos has contado algo y nosotras te hemos dado nuestra opinión del asunto.
Aparecieron Charlotte y Leo por la puerta de la habitación.
-¿Te encuentras bien, Violeta?-le preguntó Leo.
-Sí, sobre todo con todos vosotros aquí.-dijo ella sonriendo.
-¡Qué pelota eres!-dijo Camila riéndose.
-No soy pelota, soy sincera.
De repente entró el médico que se encargaba de Violeta.
-Las pruebas ya han dado los resultados. ¿Son parientes?
-Sí, somos hermanas.-dije yo señalándonos a todas. No sé porque lo hice, pero pensé que si al médico le daba por hacerse el difícil y no contarnos lo que le pasaba a Violeta por no ser familiares, me suicidaría allí mismo.
Todas asintieron y el médico sentenció.
-Tengo malas noticias.

Capítulo 37 aquí.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Capítulo 35

Me levanté de la cama y vi la cama vacía, Leo ya se había levantado. Miré el reloj, eran las 10 de la mañana, la hora a la que me solía levantar todos los días. Charlotte y María aún no se habían levantado y Violeta no estaba en casa. Estaba sola con Camila.

-He roto con Zack.-me dijo tranquilamente mientras miraba la pantalla de su Iphone.
-¿Y por qué?-le pregunté alarmada.
-Porque era un subnormal.
-¿Y por qué era un subnormal?
-Montó todo el numerito aquel por una cosa, sexo.
-No me lo puedo creer. ¿Estás segura?
-Sí, le oí hablando con un amigo por teléfono y si para él sólo soy eso creo que no me conviene, además ya no había tanta química, era una relación aburrida. No salíamos juntos, casi nunca venía por aquí, no era un buen novio.
-¿Y qué vas a hacer?-le pregunté.
-Pues lo que he hecho toda la vida, envidiarte mucho por tener novio y beber demasiado.
-Camila, tú eres una chica fantástica y si alguien tiene que envidiar a alguien creo que esa soy yo, tú eres más guapa, divertida y simpática que yo.
-¿Y entonces porque tu encuentras millones de veces al chico perfecto y yo no lo logro encontrar ni una puñetera vez?-dijo ella llorando. La abracé.
-Al chico perfecto basta con encontrarlo una vez, y yo he sufrido mucho para encontrarle, he tenido que hacerle los cuernos a mi novio, portarme con una cerda con otros y hacer millones de cosas más para encontrar a Leo. Seguro que logras encontrarlo. Dentro de unas semanas empieza la universidad, puede que esté allí.
-¿Tú crees?-me dijo secándose las lágrimas.
-Por supuesto que lo creo.

Recibí un mensaje de Leo. Lo leí, ponía “Nos vemos en el muelle Navy Pier”. Le contesté que estaba de camino y cogí mi bolso dispuesta a ver que había preparado Leo.
Estaba sentado en un muelle hablando con una chica y por curiosidad me escondí para oír de qué hablaban.

-¿Entonces conocías a Giulia?
-Sí, trabajábamos juntas en un restaurante cercano.
-¿Y qué tal le iba?
-Pues bastante bien, tenía muchos ligues de un día y tal.
-Bueno, te podrías ir es que estoy esperando a mi novia para darle una sorpresa.
-Ah, de acuerdo.-dijo ella triste y la oí murmurar, “Para uno guapo que había…”
Me coloqué bien el pelo y me acerqué a Leo.
-Hola, cariño.-le dije y le di un beso.
-Hola, amor.
-¿Qué querías?-le dije sentándome a su lado.
-Principalmente besarte, ahora que ya lo he hecho solo quiero que veas una cosa.-me señaló el cielo y me quedé mirándolo, estaba despejado y era muy azul. Hacía un día precioso. Y cuando estaba a punto de preguntarle por qué tenía que mirar el cielo una avioneta blanca pasó con la típica pancarta publicitaria, pero la pancarta era diferente, en letra cursiva ponía “Amelia, te amo”.
-Oh, Leo, me encanta.-le dije y nos dimos un beso. La avioneta estaba justo encima de nosotros y de ella cayó algo, era de color granate y tenía una forma cuadrada, cayó lentamente gracias a un mini paracaídas rojo. Una vez en el suelo pude ver con la claridad lo que era, una cajita de terciopelo granate, de esas que dentro guardan joyas caras. Estaba nerviosa, ¿qué habría dentro?
-Ábrela, es para ti.-me dijo él con una sonrisa. Antes de abrirla le di un beso.
-Gracias.- le dije mientras cogía cuidadosamente la cajita y poco a poco la abría. Cuando vi lo que había allí dentro me quedé a cuadros.- ¡Oh, Dios mío! Es precioso Leo.
Era un bellísimo anillo de plata con un diamante en el centro. Justo el tipo de anillo que siempre había pensado que algún día tendría.





-Mucho menos que tú, porque más guapa que tú no hay ninguna.-me dijo, me acerqué a él despacio y le besé.
-Tú sí que eres guapo.-le dije dándole un segundo beso en la mejilla.
-No mientes bien.-me dijo él.
-Pues no estaba mintiendo, imagínate cómo debo mentir.-le dije riéndome con él.
-Puff, fatal.-me dijo él.
-No miento tan mal…-le dije yo.
-“No molestas, Violeta”-dijo él intentando imitar mi voz.
-Para empezar, no lo dije en ese tono y además imitas fatal.-le dije.
-Venga, vamos.-me dijo él cogiéndome de la mano y levantándome del suelo.
-¿Más sorpresas? Vas a dejar mi detalle de la declaración de amor por los suelos.-dije pensando en aquella gran sorpresa que me había preparado. Me puse el anillo en el dedo anular y me levanté de la mano de Leo.
Empezamos a pasear en silencio.
-¿Sabes que significa el anillo?-me preguntó.
-Creo que sí.-le dije.
-Entonces, ¿te quieres casar conmigo?-me preguntó, arrodillándose como en las películas y con una sonrisa sarcástica.
-Leo Bianchi, yo Amelia Darío quiero casarme contigo.-dije yo con el tono que usan las novias en las iglesias, los dos nos empezamos a reír.
Me arrodillé frente a él.
-¿Y tú, te quieres casar conmigo?-dije más seria.
-Por supuesto.-me dijo él.
Nos miramos mutuamente y acercamos nuestras bocas hasta besarnos.
-Te quiero.-dijimos los dos a la vez.
Entramos en una cafetería italiana que se llamaba “Caffe per due”.
-He encargado un tiramisú para los dos.-dijo él con una sonrisa sensual.- Giulia trabajaba aquí.
Ahora entendía porque estaba hablando con esa chica.
En seguida apareció la chica de antes y le sonrió.
-¿Os traigo algo más aparte del tiramisú?-preguntó ella.
-Mmmh, ¿batido de chocolate?-pregunté yo mirando a Leo.
-Sí, 2 batidos de chocolate.-dijo Leo cogiéndome de la mano.
-Ahora los traigo.-dijo la chica con una mirada cargada de odio hacia mí. ¿Por qué?
-Creo que le caigo mal.-dije yo.
-Será envidia.-me respondió Leo con una sonrisa.
-Será eso.-dije más pícara acercándome a él y dándole un beso.
Entonces de la nada apareció aquella chica con los batidos.
-Leo, aquí está el tuyo.-dijo agachándose lo suficiente para que Leo pudiera ver su escote de cerca.- Y aquí está el tuyo.
Me atravesó con una mirada vacía y se marchó moviendo mucho las caderas con la intención, supongo, de llamar la atención de Leo.
-Y ahora es ella la que me cae mal a mí.-dije enfadada.
-Cariño, disfruta de nuestro día, yo solo te quiero a ti, da igual lo que haga esa zorrita para llamar mi atención, no lo va a conseguir porque no puedo desviar mi mirada de ti.
-Lo sé, pero aún así me parece muy mal por su parte que haga esto sabiendo que tienes una novia y que está justo delante de ti.
-Nena, déjalo, enserio, no vale la pena.-dijo acercándose a mí y dándome un beso antes de que yo dijera “Vale” resentida.
Volvió a aparecer con el tiramisú, tenía un corazón en medio hecho de nata. Empezamos a comérnoslo mientras hablábamos.

-Leo, te esfuerzas demasiado.-le dije besándolo.
-Por ti esto no es nada, nena.-me dijo él con una sonrisa.
-¿Ah, no? ¿Qué serías capaz de hacer?-le pregunté.
-Puff, por dónde empezar, por ti haría cualquier cosa, y no hay más. Da igual lo que me pidas, por ti, hasta la Luna te traería, envuelta en el papel dorado más bonito del mundo y con un lazo rojo.
-¿Y si quiero el Sol?-le pregunto.
-Pues moriría en el intento, pero sé que tú eres buena y no me pedirás el Sol.
-Hay muchas cosas de mí que no conoces.-le dije yo sensualmente.
-¿Ah, sí?-me dijo él con una sonrisa.
-No, lo conoces absolutamente todo sobre mí, ¿qué poco misterio, no?
-¡Qué va, tú eres una misteriosa de cuidado, como con lo de Nico!-me dijo él.
-Eso era necesario.-le dije yo.
Oí el tono de llamada de mi teléfono y lo cogí, era Charlotte.
-Cari, no quiero cortaros el rollo, pero Brandon llega en 15 minutos y me gustaría que estuvierais aquí.-dijo ella.
-Ahora, vamos, guapa, adiós.-dije mientras colgaba.
Ya no quedaba nada de tiramisú en el plato.
-Tenemos que volver, cariño.-le dije.
-Pues, espera un momento que pague y ya está.
-OK.
En el mismo instante que Leo dijo eso apareció la camarera.
-Tú no pagas, nunca has oído lo de “los chicos bonitos no pagan dinero”.-dijo ella sonriendo.
-No, nunca lo he oído.-dijo él tajante y no sé si para demostrarme algo o para dejar mal a esa vaca-burra, pero me plantó un beso con lengua que flipé en colores. La camarera se fue y después de quedarme sin respiración nos levantamos de allí y nos fuimos.
Subimos al piso y saludamos a toda la pandilla que ya había llegado para conocer a Brandon, allí estaban; Nico y Violeta, Camila, María y Charlotte.
-Llegara en muy poco tiempo.-dijo Charlotte nerviosa.
-Tú tranquila, cari, que nosotros somos muy moldeables. Seguro que se adapta bien a la pandilla.
-Ya, pero, no sé… Estoy nerviosa.-dijo ella.
Estuvimos esperándolo media hora y cuando decidimos que no vendría y empezamos a sacar la comida para comer, oímos el timbre.
-Buenos días, nena.-dijo él cuando ella le abrió la puerta y se abalanzó a ella como si fuera un mamut. Empezó a besarla por muchos sitios y parecía que iba a por más, cuando se dio cuenta de que había seis personas de piedra observándole. Era bastante normalito, tal y como me lo había descrito Charlotte, pero normalito.
-Hola, Brandon.-dijimos todos como si fuéramos una clase de parvulitos y no seis jovencitos llenos de personalidad.
-Eheem, hola.-dijo él.
-Charlotte nos ha hablado mucho de ti, pero se ve que ha dejado algunos detalles para sí misma.-dijo Camila cabreada por la personalidad de Brandon.
-Sí, eso parece.-dije yo.
-Me había dicho que tenía una sorpresa, no sabía que estaríais todos aquí y además es mi novia y puedo hacer lo que quiera con ella, ¿no?¿O aquí todos sois unos angelitos?-dijo Brandon, que cada vez que habría la boca me caía peor.
-Brandon, déjalos.-dijo ella en voz baja.
-¡Los dejaré en paz cuando dejen de meterse conmigo!-dijo él chillando.
-Por favor, no chilles.-dijo ella.
Brandon la miró y decidió callarse.
Nos sentamos a comer y todos decidimos pasar de Brandon un poco.
Cada vez que hablaba era para insultar algo o decir alguna guarrada, era un cretino total, pero Charlotte parecía tan enamorada de él. Charlotte le miraba con cara de amor y él la miraba a ella con desprecio, pero Charlotte no se daba cuenta.
-Bueno, yo me piro de aquí, estoy harta de compartir mesa con pardillos.- oí que le decía a Charlotte antes de irse sin despedirse.
Seguimos comiendo sin decir nada.
Cuando Charlotte se fue al baño aprovechamos para dar nuestras opiniones acerca de Brandon.
-Es un cretino total.-dijo Camila.
-No se merece estar con Charlotte.-dijo Violeta.
-Ni siquiera es guapo.-dije yo.
- Un pervertido.-dijo Nicolas mirándonos a todos con una sonrisa porque acababa de insultar a alguien. Todos nos reímos.
-¿Y qué le decimos a Charlotte?-dijo Leo.
-Está claro que no le podemos decir que su novio es un cero a la izquierda, un cretino, un pervertido y lo peor que pueda haber.-dijo Camila.
-¿Entonces?-dijo Violeta.
Y apareció Charlotte, disimulamos un poco.
-Entonces no podremos ir Violeta, si es tan caro.-dije yo.
-¡Con la ilusión que me hacía!-dijo Camila.
-¿De qué habláis?-dijo Charlotte.
-De que queríamos ir a Arizona de viaje, pero el vuelo es muy caro y tal.-dijo Leo.
-Pues vaya pena.-dijo ella.
-Sí.
Por la tarde nos fuimos a dar un paseo y fuimos a un café, fue fantástico.
Cuando ya habíamos llegado a casa y todo el mundo estaba en su habitación, oí un lloriqueo leve y como sorbidos de la nariz. Seguí caminando por el pasillo hasta llegar a la habitación de Charlotte que era de donde procedía el sonido. Llamé a la puerta y pasé.
Charlotte estaba en la cama llorando con una caja de pañuelos al lado.
-¿Qué pasa, cariño?-le pregunté acercándome a ella y abrazándola.
-Pues…-me dijo ella mirándome y rompió a llorar otra vez.
-Ahora vengo.-le dije a ella.
Fui a la cocina y preparé un chocolate caliente, cogí un par de nubes y se las llevé a Charlotte. Al llegar a Chicago habíamos decidido tener un cajón de la tristeza, donde metíamos helado, chuches, chocolate, chocolate fondant, bollos… Para cuando estábamos tristes poder tener algo en lo que desahogarnos, también había pañuelos, cosa que a todos nos había parecido bien tener.
-Toma, esto siempre consuela.-le dije dándole el chocolate caliente y poniendo las nubes en su mesilla de noche.
-Gracias.
-¿Qué pasa?-dije volviéndome a sentar a su lado.
-Que sé lo que pensáis de Brandon.
-¿Nos oíste?
-Sí, y sé que es normal que penséis eso después de cómo se comportó, pero es que a veces le pasa eso, y tuvo que pasarle ese día, normalmente es un chico súper amable y bueno, pero de vez en cuando bebe y ya no es persona.
-¡¿Bebe?!-dije yo exaltada.
-A veces…
-Ese chico no te conviene.-le dije yo a Charlotte.
-¿Tú crees?
-Es que yo… Yo, yo le quiero. Aunque sea un estúpido alcohólico de mierda, le quiero y no lo puedo evitar.
-Tienes que cortar por lo sano.
-¿Cómo?
-Rompiendo.

Capítulo 36 aquí.