domingo, 23 de septiembre de 2012

Liebster Award

La ganadora del premio Liebster Award, Alicia del blog Historias poco corrientes me ha nominado para responder a unas preguntas.

Aquí  están las normas:

-El que recibe el premio deberá escribir 11 cosas de si mismos(de cualquier tema)
-El que recibe el premio deberá responder las 11 preguntas que le ha enviado quien los ha nominado.
-El que recibe el premio deberá crear 11 preguntas mas para que las respondan sus nominados.
-Los nominados deberán confirmar que han recibido la nominacion.
-La nominacion no puede repetirse,es decir,los nominados no podrán enviar de vuelta la nominacion a quien ya los ha nominado anteriormente.

11 cosas sobre mi misma:
1.Odio a las personas hipócritas, supongo que todo el mundo las odia, pero me da mucha rabia que haya personas así.
2.Me encantan los perros.
3.Adoro la literatura romántica y juvenil.
4.No me importa parecer una empollona o una friki. Me gusta ser como soy.
5.Soy de las que piensan que hay chicas que pretenden parecer más mayores cuando deberían vivir el momento.
6.Tengo un amor-odio por las películas de drama, me encantan pero me dejan el ánimo por los suelos de tanto llorar. Así que intento no verlas muy a menudo.
7.Mi número de la suerte es el 7 ;)
8.Creo en el destino, en que cuando te sucede algo es porque de alguna forma tenía que suceder.
9.Me gusta pasear y imaginar las historias de las personas que veo a mi alrededor.
10.Siento una simpatía incondicional por la gente diferente.
11.Me encantan los sueños imposibles.

11 preguntas de Historias poco corrientes, Alicia:

1.Si te estuvieras muriendo,¿a quién le hablarías como la última persona con la que hablarás?
Con mi madre, supongo que es de esas cosas que no tienen explicación, porque es mi madre y punto, porque sé que me quiere y que nunca me fallará.
2.¿Algo que cambiarías del mundo?
Puff, hay tantísimas cosas mal en este mundo, pero yo creo que simplemente desearía que el mundo estuviera bien, sin agujeros en la capa de ozono, contaminación, lluvia ácida...
3.Una manía que tengas.
Creo que no tengo ninguna manía, o al menos una de la que sea consciente, quizás aunque no estoy segura de  que eso sea una manía, que cuando me pongo nerviosa al hablar en público cruzo las piernas, ¿cuenta? No lo sé.
4.Algo que detestes que te hagan.
Detesto que por las mañanas, cuando aún no me he peinado y estoy recién levantada me toquen el pelo. No lo soporto.
5.Si pudieras retroceder en el tiempo,¿qué cambiarías?
¿A nivel mundial o personal? Si te refieres a mundial, la esclavitud, la eliminaría de cuajo. Y si dices personal, cuando hace unos años me enfadé con una amiga por una gran tontería y no le volví a hablar.
6.Imagínate que se te quema la casa,¿qué salvarías?
Sonará muy superficial, pero creo que mi móvil.
7.Tu estación favorita y por qué.
Me encanta el invierno, porque aunque sea fría y tal, odio esa sensación de calor sofocante del verano y la primavera y el otoño siempre me han parecido estaciones de traspaso, mediocres, en invierno llueve, en invierno tomas chocolate caliente y te enrollas en una manta mientras lees un buen libro, la casa parece más acogedora, tiene algo.
8.¿Qué tipo de música te gusta?
Me gusta el pop y el indie.
9.¿Eres muy rencorosa/o?
Mucho no, quizás un poco, pero siempre acabo olvidando porque me enfadé con esa persona o olvido que estoy enfada y empiezo a hablarle como si nada.
10.Cuándo ves a una persona que físicamente no te agrada¿qué es lo primero que se te pasa por la cabeza?
Tristeza, porque hoy en día una persona guapa tiene más posibilidades en el mundo laboral que una fea. En los medios de comunicación visuales, en las tiendas, y en la mayor parte de los trabajos donde estás cara al público prefieren a alguien guapo, atractivo, pero no feo, a no ser que sea excepcional y tenga aptitudes increíbles para eso.
11.Algo que te gustaría que fuera una persona(por dentro)
Sincero, claramente sincero. Odio a las personas falsas que te tratan siempre con una sonrisa extraña y no sabes si te odian o te adoran.

11 preguntas para los blogs nominados:

1.¿Qué es lo que más valoras de una persona?
2.Nombra uno de los libros que más te hayan gustado.
3.Si pudieras elegir nacer otra vez como otra persona, ¿quién o como serías?
4.¿Qué es lo que más odias?
5.Di un sueño que te gustaría llegar conseguir.
6.¿Frío o calor?
7.Di tú idea de un día perfecto.
8.¿Algún vicio?
9.¿Dulce o salado? Di porqué.
10.Nombra un lugar al que te encantaría ir.
11.Di algo sagrado para ti.

Blogs nominados:

http://littera-recondita.blogspot.com


Por favor, recordad confirmar que habéis recibido esta información dejando un comentario :)

sábado, 22 de septiembre de 2012

Capítulo final

Queridos lectores, espero que el título de esta entrada nos os entristezca. Antes de que empecéis a saborear de la lectura del último capítulo, quiero informaros de que el 1 de Octubre subiré el Prólogo de mi siguiente novela. No estará relacionada con esta pero seguirá siendo juvenil y romántica.
Simplemente gracias por vuestro apoyo y que disfrutéis de la lectura.

Abrí los ojos como había hecho durante 30 primaveras. Al abrirlos recordé que no estaba en mi casa, sino en la casa rural que habíamos alquilado durante todo un mes todas las Elegidas para reencontrarnos después de estar todo el año dispersadas por diferentes partes del mundo. Me giré y observé a Will dormir. Roncaba sonoramente, pero no me importaba, después de unos años casados aquel no era su mayor problema.

Will abrió los ojos y como si me leyera la mente me preguntó.
-¿Te acuerdas de aquel día…-sus palabras se perdieron en la habitación, porque me sumergí rápidamente en ese recuerdo, bonito y sencillo, pero perfecto.

7 años antes.
Estábamos sentados mirando como brotaba el agua del río, llevábamos cuatro increíbles y apasionantes años saliendo juntos, pero aún no habíamos dicho la famosa frase que todo el mundo se precipita a decir en las relaciones.
-¿A qué saben mis besos?-le pregunté a Will. Will esbozó una sonrisa torcida.
-Tus besos no lo sé, pero tú sabes a fresa.-me dijo él mientras iba acercando sus pies al río.
-¿A fresa?-pregunté yo.
-Sí, porque eres dulce y fresca. Sincera, sin máscaras ni caparazones, sólo tú.
-Pues tú sabes a kiwi.-le dije pensativa.- Porque al principio eres áspero y difícil, extraño, pero luego cuando consiguen tú confianza y muestras tú interior, eres dulce y solo algunos lo saben apreciar. Por eso el kiwi es mi fruta favorita.
Él soltó una carcajada.
-A mí me vuelven loco las fresas.-dijo él acercándose a mí y besándome suavemente.
-Will, ¿qué pasaría si te digo, así de repente que te quiero y que estoy loca por ti?-le dije con coraje, aquello me estaba resultando difícil. Tragué saliva.
-Eso tendrás que averiguarlo.-dijo él con su sonrisa torcida. Siempre me hacia sentir segura de mí misma, ni siquiera sé por qué. Me mordí los labios y suspiré.
-Te quiero.-dije mirándole a los ojos y resistiendo las ganas de echarme a correr para no tener que escuchar la respuesta y desilusionarme.
-Amelia, no sé como decirte esto, pero ¿quieres casarte conmigo?-dijo él dudoso y inseguro.
-Sí, sí, claro que quiero.-dije gritando y abrazándole, nerviosa y alegre. Nos besamos apasionadamente, no hacían falta anillos, ni frases de amor empalagosas, simplemente él y yo, juntos. Me lo imaginaba, envejecer juntos, morir juntos, y una sensación de felicidad ascendió por mi cuerpo. Me imaginaba a mis hijos, dos, tres, cuatro, cinco, con él daba igual el número, todo sería perfecto.

Volví a la realidad y le di el beso de buenos días a Will.
-Springbrook, echaré de menos esa pradera.-le dije a Will.
-Pero si fuiste tú la que decidiste que teníamos que mudarnos a España.-dijo Will sonriéndome y encendiendo uno de sus cigarrillos.
-Quiero que esta niña nazca en España.-dije yo señalando mi abultado vientre.
Will acarició mi vientre y me dio un beso.
-Seguro que a Violeta le hará mucha ilusión tener una sobrina.-dijo Will. Me entristecí al pensar que Violeta no podía tener hijos, no había querido arriesgarse a operar sus piernas y el médico le había dicho que no era aconsejable tener hijos en ese estado.
-Sí, supongo.-dije yo al ver a Will mirándome atentamente.
-No te preocupes, Camila también tendrá un niño y Román no sé como no ha tenido ya 10 niños, si solo va de flor en flor. No serás la única.
-No quiero que Violeta se sienta mal, y sé que a Nicolas eso también le afectará.
-Amelia, no puedes satisfacer a todo el mundo.-dijo Will zanjando el tema que habíamos hablado miles de veces. Pensé en Camila y en su marido, Zack. En Charlotte y su encantadora hija, en su escuela de baile. También pensé en María y en su cuarto viaje a China. Todo lo que habían conseguido me hacía sentir bien, pero Violeta simplemente me preocupaba.


Miré mi mesilla de noche. Allí estaba, me leía aquella hoja todas las mañanas y todas las noches. Ni siquiera sabía por qué, pues me la sabía de memoria.
Recordaba perfectamente el día en que Will había leído ese texto en público, nunca había leído en público ninguno de los textos que tenía en su libreta y ahora era un famoso escritor. Recuerdo que lo hizo el día de nuestra boda, hace ya 4 años, pero aún así lo recordaba a la perfección. Lo repasé mentalmente.

¿Tú? Mi locura.
Quiero resistirme a la tentación. A la tentación de saborear tú boca, de acariciarte, de amarte. No quiero ser uno más, quiero ser tuyo y que tú seas mía. No puedo resistirme a ti, soy adicto a ti y eso no tiene solución, es como una droga que te consume lentamente. Amelia, no sé si lo sabes, espero que sí, me gustas, me gusta cuando me acaricias y me susurras algo al oído, me gusta cuando sonríes cada vez que me ves y me sigues con la mirada por miedo a perderme.
Me gustas cuando estás en tu mundo, cuando me miras y intentas adivinar lo que pienso. Me gustas hasta cuando me insultas y lloras, porque me demuestras que no eres perfecta, cuando chillas y te enfadas, cuando intentas impresionarme y haces alguna locura. Me gustas porque somos hermanos de sangre, porque eres buena persona, porque me ayudas cuando tú tienes el mismo problema. Me gusta cuando te olvidas de las personas que te rodean y empiezas a cantar canciones de los Beatles en el metro de Chicago. Me gustas desde que me miraste y te enamoraste de mí.


                                                                                      FIN

sábado, 15 de septiembre de 2012

Capítulo 49

Charlotte lloraba y el resto la consolábamos.
-Tranquila, no va a pasar nada.-dijo Violeta mientras le daba un pañuelo.
-No es normal que un niño nazca a los siete meses.-dijo ella.
-Yo nací sietemesino, necesitaba salir a ligar con todas las bebés del hospital.-dijo Román sacándole una tímida sonrisa.
-Y además mucha gente nace antes de tiempo y no ocurre nada.-dijo Camila, abrazándola.
-¿Y si algo sale mal?-dijo Charlotte.
-Nada va a salir mal.-dije yo.
-¿Y si tendría que haber abortado?-dijo ella triste.
-Ya has elegido, no pienses en lo que podría haber sido.-dijo Violeta.
Un señor con bata blanca se acercaba a paso tranquilo.
-¿Es usted Charlotte?-preguntó el médico.
-Sí, soy yo.-dijo Charlotte.
-Ya puede pasar.-la informó el médico.
-Oh, bien.-dijo ella. Se levanta dificultosamente y sigue al médico tranquilamente.
-Suerte, princesa.-dijo Camila.
-Gracias.-murmuró ella.
-Hay piruletas en una de las tiendas de enfrente.-dijo Román saliendo corriendo fuera del hospital. Llevábamos unos meses viviendo con Román y sabíamos algo a lo que no se podía resistir, las chicas y las piruletas. Le seguimos y esperamos a la entrada de la tienda.
-Esto es una pasada, hay piruletas naranjas.
Un vendedor ambulante vendía gafas, le cogió una sin pagar y empezó a cantar “Imagine”.

-¿Qué haces?-le pregunté riéndome de su pésima imitación.
-Imitar a John Lennon.-dijo él.
-John Lennon tiene el pelo largo.-dijo Camila quitándole las gafas y dándoselas al vendedor.
-¿Ves alguna tienda de pelucas por aquí?-dijo Román con los ojos como platos mirando en todas direcciones.
Violeta se aguantó la risa y Camila miró al cielo desesperada.
4 horas después, el bebé había nacido y estaba en la incubadora.
-Tendré que pasar aquí un tiempo.-dijo ella.
-Puedes estudiar para tu ciclo de peluquería, ¿no?-dijo Violeta animándola.
-Sí.-dice ella con una sonrisa.
El bebé era precioso, un poco amarillo, pero precioso.
-Tú hija es preciosa, ¿cómo la vas a llamar?-preguntó Violeta. Mueve aparatosamente la silla de ruedas y se acerca un poco más al bebé.
-Creo que la llamaré Estela.-dijo ella.
-Estela es un nombre precioso.-dije yo sonriéndole.
-Lo es, por cierto, gracias por no traer a vuestras parejas. Me hubiera sentido un poco incómoda.
-Oye, es tu parto no el nuestro, tu parto, tus normas.-dijo Román.
-¡Si tú no tienes pareja!-le dije a Román
-Sí que tengo.-dijo él a la defensiva.
-Esas chicas a las que traes cada noche que no sabes ni como se llaman, no cuentan.-dije yo.
-Si, que sé como se llaman, la de ayer era, era…-Román se quedó pensando.- Tú ganas.
-Siempre gano.-dije yo.
-Eso es discutible.-dijo Román.
-Os pasáis el día discutiendo, ¡¿os queréis callar de una vez?!-dijo Camila enfadada. Román y yo nos miramos y nos quedamos en silencio.
Charlotte se echó a reír.
-Os quiero.-dijo Charlotte.
-Y nosotras a ti.-dije yo, Román me dio un codazo.- Nosotros, perdona.
-No empecéis.-dice Camila arqueando una ceja.
-¿Empezar, nosotros, de qué hablas?-dijo Román, haciéndose el tonto. Yo me reí.

Cuando Charlotte te durmió, todos nos fuimos a casa, donde nos esperaban Nico, Will y Leo.
Abrí la puerta y lo primero que vi, fue como Leo y Will se peleaban.
-¡¿Qué hacéis?! -dije yo y me eché a llorar.-¿Por qué hacéis esto?
-Amelia, ese tío estaba hablando mal de ti.-me dijo Will- Lo siento, no esperaba que tuvieras que presenciar esto.
-Gracias por preocuparte por mí, pero me sé cuidar solita.-le dije a Will, aún así no pude evitar darle un abrazo.
-Lo siento, lo siento, lo siento, lo…-le interrumpí.
-Tranquilo.-acerqué su cara a la mía suavemente y le di un beso en la boca.
-He hecho pizza.-dijo Leo sonriendo, como si no hubiera hecho nada malo.
-Sé un poco valiente y dímelo a la cara, subnormal.-le dije a Leo.
-Amelia, no te pases con mi novio, piensa que le has hecho mucho daño.-me dijo Camila.
-Yo también he sufrido y aún así no voy insultándole a mis espaldas.-le dije Camila.
-Tiene derecho a estar enfadado contigo Amelia, solo digo eso.-dijo Camila.
-¿Y te parece poco? Si me insulta que me lo diga a la cara.-le dije a Camila.
-¿Me estás diciendo que nunca en la vida has hablado mal de nadie a sus espaldas? Porque yo misma puedo negarlo.-me dijo Camila.
-Tú no me entiendes, estás demasiado enamorada.-le dije yo llorando y me marché a mi habitación. Will me siguió y se tumbó conmigo en la cama.
-Déjala, no te enfades por esto. Esta mal que te insulten a tus espaldas, pero está peor enfadarte con una buena amiga.-me dijo él.
-Oh, Will, eres tan bueno.-le dije besándole.
-Yo no soy bueno, lo que soy es listo.-dijo él.
-¿Eres un chico malo?-dije yo con voz provocativa. Él se rió.
-Sí, soy un chico malo.-dijo él a su vez. Esta vez la que me reí fui yo.
-Venga, voy a disculparme, puede que haya sido un poco exagerada.-dije yo levantándome de un brinco de la cama.
Will me siguió y volví a la sala donde estaba Camila.
-Camila, lo siento. Me he portado como una cría, todo el mundo ha hecho eso alguna vez aunque no sea bueno hacerlo.-le dije a Camila arrepentida.
-Ven, aquí.-dijo Camila abriendo sus brazos para recibir un abrazo.- Yo también he exagerado un poquito.
-¿Un poquito?¿Te has pasado tres pueblos?-dije yo indignada.
Camila se rió.
-Esa es mi Amelia.-dijo volviéndome a abrazar.

El teléfono sonó y Camila se apresuró a cogerlo y ponerlo en manos libres.
-Chicas, tengo un problema.-dijo Zack al otro lado de la línea.
-¿Qué ha pasado?-preguntó Camila en tono preocupado.
-Es Elizabeth, la chica que conocí. Me he acostado con ella.
-¿Nos llamas para contarnos tu actividad sexual, o hay algo más?-dijo Camila indignada.
-No, sus padres se han enterado.-dijo Zack, su voz parecía inquieta, asustada y francamente triste.
-Se me ha ocurrido algo, pero puede que no funcione.-dijo Camila.
-Cualquier cosa, no tenemos ninguna otra oportunidad.-dijo Zack.
-¿Ella te quiere?-le preguntó Camila.
-Muchísimo, nunca la presiono, ella dicta el ritmo de la relación.-dijo Zack.
-Si ella no se pone completamente de tu parte cuando vayamos a hablar con sus padres no hay nada que hacer.-dijo Camila seria, como si estuviera en un juicio.
-Sus padres viven en vuestra misma calle, en la última puerta, en el piso 2.-dijo Zack.
-Quedamos allí dentro de dos horas, avisa a Elizabeth.-dijo Camila.-¿Queréis venir?
-No me perdería el primer juicio de Camila por nada del mundo.-dije yo sonriendo.
-Yo tampoco.-dijeron Violeta y Charlotte.
-Tengo que hacer un par de cosas, os espero a menos cuarto en el portal de los padres.-dijo Camila.
Y así lo hicimos, eran menos cuarto y estábamos esperando. El tiempo pasaba y pronto sería la hora. Zack apareció por allí.
-Hola, ¿no entráis?-preguntó.
-Tenemos un pequeño problema.-dijo Román que había vuelto de su cita con alguna chica.
-¿Y tú eres?-preguntó Zack.
-El novio de Charlotte.-dijo Román. Estaba empezando a ponerse pesado con eso de ser el novio de Charlotte.
-¿Y dónde está Charlotte?-dijo Zack.
-En el hospital con su hija.-dijo Román.- Tío, no seas pelma.
-Estamos esperando a que venga Camila.-dije yo. Will apareció detrás de mí y me dio un beso.
-Hola, ¿qué tal te va como taxista?-dijo Will mirando a Zack. Me quedé sorprendida, nunca le había hablado a Zack de Will.
-¡Cuántas cosas me he perdido! No sabía que salías con mi primo.-dijo Zack sonriendo. Miré a Zack, y luego a Will. No se parecían en nada.-¿Entráis o qué?
-No, por cierto ¿no estás nervioso?-le pregunté.
-No, sé que si Camila ha dicho que podíamos conseguirlo, es que podemos conseguirlo.-dijo Zack contento.
-No te hagas ilusiones, Camila no hace magia, simplemente convence, ¿vale?-dije yo seria.
Miré el reloj, ya eran y diez.
-¡Perdonadme, me he liado un poco!-dijo Camila agitada, estaba colorada y jadeaba por el esfuerzo.
-No pasa nada.-dijo Zack. Camila no llevaba nada encima, solo su bolso y me extrañó no verla más preparada.
-Pasad.-dijo una voz grave y seria.
Entramos en su casa y enseguida vino Elizabeth a saludarnos, era rubia y delgada, parecía Paris Hilton en versión barata, sin bolsos de Prada ni ropa de Gucci.
Parecía tirando a tonta, la novia perfecta para alguien como Zack.
-Buenos días, ¿sois los padres de Elizabeth?-preguntó Camila.
-Sí, somos nosotros.-dijeron ariscos.
-¿Les importa su hija?-preguntó Camila.
-Mucho, por eso no queremos que salga con gente como Zack, que no le conviene.-dijo su padre. Parecía que a la madre no le importaba tanto.
-Entonces es por la edad,¿no?-preguntó Camila.
-Sí, principalmente por la edad.-dijo el padre.
-¿Puedo preguntarles que edad tenía su mujer cuando se conocieron?-dijo ella.
-16.-dijo él rotundo.
-¿Y usted?
-18.-dijo él un poco avergonzado.
-Bien, no hace falta que explique nada más, pasemos al siguiente tema.-dijo ella.- He salido a la calle y he grabado a un par de chicos de 16 años, chicos de Chicago, de la zona central.
En las dos grabaciones los chicos decían sin ningún pudor que habían perdido la virginidad y que hacían el amor con todas sus novias, que tenían amigos de 18 y no había mucha diferencia. Los chicos titubeaban, repetían y a veces no encontraban palabras, así que se demostraba que no era ninguna trampa.
El padre estaba rojo como un tomate.
-Tengo más, sino os fiáis.-dijo Camila.- Solo tengo una pregunta más y os dejaré decidir a vuestras anchas.
-¿Perdiste la virginidad con Zack?-preguntó Camila.
-No.-dijo Elizabeth.- Fue con uno de mi instituto.
-Pueden comprobar el peligro de que su hija salga con cualquier chico, da igual la edad, todos piensan lo mismo y hacen lo mismo, algunos son más respetuosos y otros menos.
-Cariño, creo que tendríamos dejar que salieran juntos.-dijo su mujer.
-Puede que tengas razón, nuestra niña ya no tiene nada que perder.-dijo el padre.- Zack, no te vamos a denunciar, pero si te pasas un pelo con mi niña, eres hombre muerto.
Elizabeth corrió hacia Zack y le dio un beso. La madre sonrió y el padre se tapó los ojos.
Camila salió de allí con una gran sonrisa y enseguida fuimos al hospital a contárselo todo a Charlotte.
-Ay, que pena no haber estado allí.-dijo Charlotte.
-No te preocupes, no será la última vez.-dijo Violeta. Will me apartó a una esquina de la habitación.
-¿Te vienes conmigo a Springbrook, como en los viejos tiempos?-dijo él.
-Uff, no sé, aquí en el hospital, rodeada de enfermos se está muy bien.-dije yo, abrazándome a él y besándole.
-Pues nada, me voy con mi novia de repuesto, nos vemos.-dijo Will yéndose.
-Uy, ahora de repente me apetece mucho irme contigo a cualquier lado.-dije yo.
-Pues nada, la pobre perrita Lidia se tendrá que quedar en casa.-dijo Will cogiéndome de la mano y arrastrándome a la salida.
-Adiós, Charlotte, nos vemos mañana.
-Adiós, preciosa.-dijo Charlotte despidiéndose con la mano.


Estaba tumbada en la hierba y Will me dio su cuaderno.
-He escrito otro.
-Seguro que es precioso.-dije pasando las páginas.
-Está en la última página escrita.-dijo Will pasando las páginas rápidamente a mi lado.
Me apoyé en su hombro y empecé a leer.

Te quiero.
Quizás suene raro decírtelo por escrito, pero al contrario que a mucha gente a mi decir te quiero mi impone respeto, no puedo decírselo a cualquiera, es una palabra tan mágica, tan llena de significados como sin ningún significado, a veces quiero gritarlo, que todo el mundo lo sepa, pero no puedo porque en el fondo soy un cobarde, un cobarde que te quiere y no se atreve a decírtelo, pero es cierto, Amelia, te quiero y aunque intente hacerme el difícil no puedo resistirme a tú sonrisa, a tú carcajada, a tus caricias y quiero que lo sepas. Amelia, no sé ni tu apellido, pero te quiero.

Me acerqué a Will, le besé y sin decir nada más, sin dar explicaciones, le quité la camiseta e hicimos el amor en las bellas praderas de Springbrook.

Capítulo 50 aquí.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Capítulo 48

Estaba sentada en las escaleras del portal esperando a Will.


-¿Cómo está mi pijita?-me preguntó Will.
-Imbécil.-le dije enfada.
-Yo también te quiero.-me dijo él con su sonrisa torcida. Y me cogió de la cintura por detrás. Me gustaba que lo hiciera, el día anterior habíamos vuelto a quedar y habíamos flirteado con ganas. Pero estaba molesta y no me valían unas caricias.
-Will, siempre llegas tarde.-dije mirándole a los ojos.
-Lo siento, es que estaba por la calle saliendo a tiempo cuando me doy cuenta de que me falta algo y entonces, me giro y vuelvo a por él.- sacó una rosa.- Ten cuidado con las espinas.
-Oh, ¿es para mí?-le dije dando saltos como una colegiala.
-No, ¿a dónde vas? Son para la pared, la veo muy apagada últimamente.-me dijo él riéndose. Se acercó a mí.
-¿Quieres salir conmigo?-me preguntó. Y me besó, de forma brusca como solía hacerlo y con fuerza. Aquel momento que tanto ansiaba por fin había llegado, no fue algo inesperado, de echo fue predecible, pero aún así me encantó.
-¡Au, que mierda de espinas!-dije yo mirando mi dedo.
Él me cogió el dedo y lo lamió, luego me miró provocativamente y yo me reí.
-Están todos esperándote, sobretodo Román que tiene cara de estar aburriéndose.
-Quien me diría que pasaría la Navidad contigo.-me dijo él mirándome.
-Espero por tú propio bien que eso sea un cumplido.-le dije, mirándole.
Subimos por las escaleras y de repente me acordé de que Leo estaba allí arriba.
-¿Te pasa algo?-me preguntó.
-Sí, mi exnovio está ahí arriba, y es muy celoso y posesivo.-le dije.
-¿Y para que lo invitáis?-me preguntó él frunciendo el ceño.
-Porque ahora sale con Camila.-le dije yo.
-No sé como lo hacéis, pero siempre lo complicáis todo.-me dijo él.
-Lo sé, pero bueno, siempre podemos quedarnos aquí a celebrar la Navidad.-le dije señalando la escalera.
-Uf, sí, es un sitio perfecto.-me dijo él. Le pegué una torta.
-¿Se puede saber que haces?-me preguntó tocándose la cara donde le había pegado el bofetón.
Me reí a carcajadas.
-Cada día estás peor, tendremos que ir juntos al psicólogo.-me dijo él.
-Verás, es que estaba tensa y…-él me interrumpió.
-Mi cara estaba ahí, tan sin moraduras y tan preciosa y dijiste hay que estropeársela antes de que me denuncie por acoso.
Me reí y él me sonrió.
-Sí, se puede decir que fue algo así.
-No vuelvas a hacer eso nunca, serás una tía, pero caray como pegas.-dijo él tocándose la mejilla. Le di otra torta.
-¿Se puede saber por qué ha sido esta vez, querías igualarme la cara?-me dijo él irónico.
-No, ha sido por machista.-le dije seria. Él se echó a reír.
-Yo tengo más fuerza que tú.-dijo él.
-Eso no es cierto.-dije yo orgullosa, aunque sabía que tenía razón.
Me cogió de los pies y bocabajo me subió al ascensor.
-Suéltame, no me esforzaré en darte patadas porque solo voy a perder el tiempo. ¿Por qué no hablamos esto en el suelo?-le pregunté.
Un vecino entró en el ascensor.
-Buenas tardes.-dijo Will con tranquilidad. Él seguía llevándome como un saco y el vecino me miró extrañado.
-He herido su ego masculino.-expliqué al vecino.
-Entiendo.-dijo él silbando para disimular.
Los dos nos echamos a reír. La puerta del ascensor se abrió y salimos a la puerta de nuestra casa.
Will llamó al timbre y entró en casa.
-¿Cuándo me bajarás de aquí?-dije yo cansada.
-Antes tienes que decir, “mi novio es un cachas y tiene más fuerza que yo”.-me dijo él.
-Me niego a decir eso.-le dije.
-Como quieras.-dijo él mientras saludaba a Román.
-¿Qué le haces a tú…-Román esperaba información acerca de nuestra relación.
-¿novia? Muy fácil, ha herido mi ego y hasta que no admita que soy más fuerte que ella así se quedará.
Román se rió a carcajadas y le chocó las cinco a Will.
-¿Te traigo algo?-dijo Román.
-Sí, por favor, un chocolate caliente.-dije yo.
-No se lo traigas.-me dijo él.
-Está bien, mi novio es un cachas y tiene más fuerza que yo.- me gustaba como sonaba aquello y me gustaba que a Will no le diera vergüenza ir anunciándolo por ahí, lo de novio, está claro.
Will me dio una palmada en el trasero.
-Quedas libre de la maldición.-dijo él serio, me reí con ganas y fui a por un vaso de chocolate caliente mientras Will y Román hablaban.
-¿Ya estáis saliendo?-me preguntó Violeta sonriendo.
-Si.-dije contenta.
-Oh, cuánto me alegro.-dijo Violeta abrazándome, como si le hubiera dicho que me iba a casar con él.
Llamaron al timbre y supe que sería Leo.
Camila corrió a abrir y Leo pasó lanzándome una mirada de odio.
-Se está pasando con tu chica, tío.-le dijo Román a Will.
Camila corrió a besar a Leo y Román se metió dos dedos en la boca e hizo como que vomitaba. En el fondo añoraba aquella sensación de que alguien te quisiera tanto, quizás demasiado, pero era tan tierno que no podías como mínimo pensar que era algo muy dulce. Me puse melancólica y intenté disimular mirando hacia otra parte, pero Will que siempre me miraba fijamente lo notó y se acercó a mí. Me rodeó con sus brazos y cuando mi cabeza estaba en su hombro me susurró:
-Nadie es perfecto.
-Creo que tendré que conseguir una novia, esto está lleno de parejitas.-le dijo Román a Charlotte. Ella se rió y asintió.
-Tienes toda la razón del mundo, con el tiempo las arcadas se irán debilitando hasta acostumbrarte a tanto romanticismo.-dijo ella como si se tratara de alguna enfermedad.
-¿Mi hermana tiene novio?-le preguntó Román a Charlotte.
-No, hace mucho que no tiene novio.-dijo ella negando con la cabeza.
-¿Y tú?-le preguntó Román.
-No, me dejó hace unos meses.-dijo ella y rompió a llorar.
-Tía, ¿por qué siempre os ponéis sentimentales cuando habláis conmigo?-dijo Román abrazándola.
Charlotte rió.
-Tendrás un encanto personal.-dijo ella y Román sonrió satisfecho.
Después de una bonita víspera de Navidad, Román se fue a su sofá y todos se marcharon a sus habitaciones, Will a la mía, Leo a la de Camila y Nico a la de Violeta.
Estaba ya en pijama cuando Will entró en la habitación.
-Vaya, me he perdido la mejor parte.-dijo él. Yo sonreí.
-¡Qué poco romántico eres!-dije enfatizando todas las palabras.
Él se quitó la camiseta y pude ver en su espalda, debajo del hombro una frase escrita con letra cursiva “Nadie es perfecto”, la frase que me dijo cuando me conoció.
-Tienes la cremallera abierta.-iba a proseguir diciendo “¿Te acuerdas?” pero me interrumpió.
-No sé como te quitas tu los pantalones, pero yo suelo bajarme la cremallera.-dijo él irónico.
-Quería saber si te acordabas.-le dije.
-Claro que me acuerdo.-dijo metiéndose debajo del edredón.- ¿Cómo no me iba a acordar?
-Pero si es Will haciéndose el romántico, tendré que grabarlo en video.-dije yo riéndome.
-Ey, va enserio.-me dijo, él se giró y me miró a los ojos, me apartó un mechón del pelo y se acercó a mí. Me dio un beso, apasionado y suyo, completamente único y especial. Me mordió el lóbulo de la oreja y siguió bajando, tenía los pelos de punta y me encantaba, pero no sé si fue el cansancio o el qué que cuando me besó en la boca me quedé completamente dormida.

Unos rayos de sol entraban por la ventana y Will estaba de pie vistiéndose, yo abrí los ojos y miré hacia él.
-Ayer por la noche me dejaste mal.-me dijo él con una sonrisa torcida.- En un momento de pasión como ese y te quedaste dormida.
-Estaba cansada, Will, lo siento. Pero me gustaron tus besos.-le dije con una sonrisa mientras me levantaba de la cama.
Salí de la habitación y una Charlotte mareada y pálida me apartó de su camino hacia el baño.
-Me voy, nena, llámame.-me dijo Will dándome un corto beso en los labios y dándole una calada a su cigarro antes de salir por la puerta.
Charlotte estuvo un buen rato en el baño y cuando salió sus ojos estaban abiertos como platos y parecía que deliraba.
Todas estábamos en la sala de estar cuando se sentó.
-Chicas, creo que estoy embarazada.-dijo Charlotte. Román interrumpió el silencio.
-La primera vez que oigo eso y no tengo nada que ver.-dijo alzando las manos como si fuera inocente. Yo esbocé una pequeña sonrisa.
-¿Vas a abortar?-le preguntó Camila.
-Lo cierto es que no lo sé, a veces pienso que sería un problema tener un hijo, pero luego me imagino a mí misma con el bebé en los brazos y se me enternece el corazón.
-Sea lo que sea lo que elijas, nosotros te apoyaremos.-dijo Román, todas le miramos.- ¿Es lo que se dice en estos casos, no?
-Román tiene razón, nosotras te apoyamos pase lo que pase.-le dije yo abrazándola.
-¿Quién es el padre?-preguntó Camila mordiéndose las uñas.
-Brandon.-musitó ella.
-¡Qué horror!-se me escapó. Todas se rieron excepto Román, que no entendía nada.
-Si tienes el hijo no podrás seguir yendo a clases de danza.-le dijo Violeta.
-Lo sé, pero puedo aprovechar los 9 meses haciendo otras cosas.-dijo Charlotte, iba camino de tener el hijo y poco a poco se iba convenciendo de que podría buscar solución a los problemas.
-¿Por qué no lo solucionas a la antigua usanza?-dijo María.- Haz una lista de los pros y los contras de tener un hijo.
-Esa es una buena idea.-dije yo.- Aunque luego decidas algo diferente, te ayudará a guiarte.
-Pues hoy mismo empiezo con la lista.-dijo Charlotte, se levantó y después de coger un trozo de papel y un boli, empezó a escribir.

Las vacaciones se habían acabado y Román ya había denunciado a sus tutores por maltrato después de golpearse con una ventana.
Román les había pedido a los de servicios sociales que le dieran la custodia a su hermana, que estaba de acuerdo y ellos aceptaron.
Aún así, era algo temporal ya que tenían que hablarlo con los anteriores tutores y pensarlo bien. Román había conseguido plaza en un instituto cercano.
Todas estábamos allí, en su instituto, viendo como entraba en el instituto sonriendo a todas las chicas, ellas solían sonrojarse y nosotras supimos que a Román no le costaría integrarse.

Nos subimos al coche y llegamos a la universidad. Las horas pasaron y pronto llegó el final de ellas. Will estaba allí, saliendo por la puerta principal y fui corriendo a saludarle.
-Hola.-dije yo dándole un beso.
-Hola, Amelia. ¿Te vienes conmigo?-dijo él señalando su coche.
-¿Por qué no?-dije yo y subí al coche.- Will, hay algo que te tengo que preguntar.
-¿El qué?-dijo él.
-Verás, es sobre tu libreta, ¿qué escribes en ella? Me paso noches pensando en lo que podrías estar escribiendo.-dije yo.- Sé que es algo personal y siento entrometerme.
-Nunca le he enseñado a nadie lo que ponía.-dijo él.
-Eso suponía, no hace falta que me lo enseñes sino quieres.-dije yo.
-Ni a mi hermana.-Will proseguía con su anterior frase.- Ni siquiera a Sarah. Pero a ti te lo voy a enseñar, porque si te pasa algo y no lo has leído me arrepentiré toda la vida.
Le sonreí y le di un beso en la mejilla.
-Gracias por confiar en mí, sé que te cuesta salir conmigo, que es difícil afrontar una muerte.-le dije con la voz entrecortada.
El coche se paró, estábamos delante de un bosque.
-¿Dónde estamos?-le pregunté.
-Nunca me he parado a mirar el nombre.-dijo él.- Hay una zona donde nos podemos sentar.
Me cogió de la mano y fuimos caminando hasta una zona más despejada y con una fina capa de hierba y musgo.
Me acerqué a él y lo incliné despacio hasta que se quedó tumbado en el suelo, conmigo encima.
Le besé apasionadamente y él me devolvió el beso. Me agarró de la cintura y me estrechó contra sus brazos. Entonces vio mi pulsera roja y paró, como sino pudiera seguir.
-Tranquilo, te entiendo.-le dije acariciándole suavemente la mejilla mientras me tumbaba a su lado.
Él se incorporó y sacó de su mochila su famosa libreta.
-Toma.-me dijo él volviéndose a tumbar.
La primera página estaba llena de palabras, de palabras que no tenían mucho sentido juntas, ni siquiera estaban ordenadas y rectas, estaban espolvoreadas por toda la página. Las siguientes páginas eran parecidas y pasaron muchas páginas hasta que encontré una que me llamó la atención.

LIBERTAD
A veces, siento que estoy encerrado, que no puedo hacer nada sin ti, que te necesito y si estás lejos me muero. Entonces me imagino un prado verde, completamente verde, infinito, sin límites, y sueño que estoy allí corriendo, nada duele. Solo siento frescor y la libertad parece más cercana. No quiero parar de correr, cada vez lo hago más rápido, hasta que me da la sensación de que estoy volando, no hay barreras, no hay límites, solo tú y yo, porque tú también estás ahí, a mi lado, corriendo junto a mí y te deseo tanto que aunque me canso sigo corriendo para estar junto a ti.

-Este es precioso, me encanta.-le digo señalando la página.
-Ese lo escribí cuando te conocí, en el comedor.-me dijo él.
Le di un suave beso en los labios y seguí leyendo hasta que Will me dio un beso en la mejilla y noté que necesitaba mi atención.
Me acerqué a él y dejé la libreta a un lado, y nos besamos hasta que llegó el atardecer.

Capítulo 49 aquí.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Capítulo 47

Estaba pensativa mientras conducía en el coche, faltaban unos poco días para las vacaciones de Navidad y después de tantos meses Will y yo éramos únicamente amigos, pasábamos tardes entera con Lidia correteando por ahí y hablando de cosas sin importancia que nos hacían reír. Lo peor de todo era que no sabía como dar el siguiente paso, las cosas entre yo y los chicos siempre habían ido tan rápido que ni siquiera tenía que pararme a pensar como llegar al siguiente nivel, pero con Will era diferente, él estaba en una situación difícil y había superado algo horrible o puede que ni lo hubiera superado. Había llegado al punto de ser su mejor amiga, su segunda hermana, pero yo no quería eso.

-¡Amelia, te has pasado el garaje!-me gritó Camila sentada en la silla del copiloto.
-Oh, vaya, lo siento.-dije yo avergonzada.- Iba pensando en mis cosas.
-En las nubes de otro país en el que no hay garajes.-dijo Violeta riéndose, Nicolas le rió la broma y Camila sonrió.
Todo el mundo estaba de mejor humor cuando tenía novio. Y encima había olvidado que hoy Camila había decidido invitar a Leo a casa y a cenar para ir superando nuestros problemas.
Camila solía quedar con Leo en el parque, en el portal de la calle o como mucho en la puerta de nuestra casa.
Estaba acercándome al portal para subir a nuestra casa cuando un chico, de unos 16 años se acercó a nosotras.
-¿Vosotras sois María, Camila, Amelia y Violeta?-preguntó el chico con un marcado acento español que me recordó a mi lejana infancia.
-Sí.-dijo María.-Somos nosotras.
-Bien, pues tengo algo que contaros.-dijo el pequeño mientras nos observaba.
-Venga, cuenta.-dije yo, impaciente.
-Veréis, no sé si me creeréis pero soy vuestro hermano, bueno más bien soy tu hermano.-dijo señalando a María.
El chico era más bien moreno, un poco más que María y sus ojos verdes eran exactamente iguales que los de María, su pelo era castaño oscuro, casi rozando el negro.
-¿Os importa que os hable en castellano?-dijo él en castellano. Nosotras solíamos hablar en inglés, por inercia, además no queríamos parecer más extrañas de lo que éramos comunicándonos en castellano. El primer años si lo hacíamos, pero poco a poco fuimos adaptándonos a hablarnos en inglés.
-Claro, puedes hablar en castellano.-dije yo en castellano.
-Menos mal, sé inglés, pero no sé si sabría mantener una conversación tan larga con vosotras.
Abrí la puerta y todos, incluido el hermano de María, entraron.
-Tenemos que hacerte unas preguntas para averiguar que eres mi hermano realmente.-dijo María más animada de lo normal.
-Una pregunta cada una.-dijo Violeta.
-Empiezo yo.-dijo Camila levantando la mano.- Esta es fácil, ¿de que ciudad somos?
-Pues, de la increíble y alucinante Valencia.-dijo él sonriendo, todas asentimos, correcto.
-Ahora yo.-dijo Violeta que estaba cogida de la mano de Nicolas.- ¿Cómo murieron nuestros padres?
-Según me han dicho, tuvieron un accidente aéreo.-dijo él serio. Volvimos a asentir, dos de cuatro.
-¿Por qué has venido aquí?-dije yo pensando en la razón.
-Porque vivo con una asquerosa familia de acogida, donde soy “el adoptado” y aunque intenten cambiarlo son 5 chicos y yo soy el único adoptado. Esta es la segunda familia, antes estaba con otra chica que me quería, era hijo único, pero perdió su empleo y me trasladaron. Los que viven ahora conmigo están podridos de dinero y les dije que una hermana mía de 25 años me había invitado a su boda en Chicago, que me vendría a buscar al aeropuerto y tal. Si supierais lo que tuve que hacer para llegar hasta aquí.-dijo él con una sonrisa de orgullo.
-Última pregunta.-dijo María.-¿Qué quieres?
-Que me adoptéis, quiero sentir que tengo una familia de verdad, una hermana biológica, que no todo el mundo ha muerto para mí, que no tendré que ir de casa en casa toda la vida. Tengo un plan tranquilas, no os meteré en líos, iré al instituto yo solo y no os tendréis que preocupar por mí.
-¿Bromeas? Nos vamos a preocupar por ti, te llevaremos al instituto, te ayudaremos a hacer los deberes, te contaremos un cuento para que te duermas si hace falta.-dijo María abrazando a su hermano.
Charlotte apareció bajando por las escaleras.
-A que adivino, es un hermano vuestro que se perdió al nacer y os lo habéis encontrado en el bosque de camino a casa.-dijo ella riéndose.
-No vas desencaminada.-dije yo mirándola. Se quedó con la boca abierta.
-¿Habla inglés?-me preguntó.
-Pregúntaselo a él.-dije yo señalando al chico.
-¿Cómo te llamas?-le preguntó ella.
-Me llamo Román.-dijo él sonriendo a aquella chica que sin duda le parecía atractiva.
-Yo me llamo Charlotte.- Charlotte hablaba despacio y pronunciaba bien todas las sílabas.
-¿No me entiende si hablo en castellano, verdad?-preguntó él en castellano.
-No, pero si te burlas de ella en castellano, mientras tu vayas a clases de inglés, ella irá a castellano.
-De acuerdo.-dijo él.
Entonces sonó el timbre, era Leo. Estaba muy nerviosa, hacia meses que no le veía y no sabía como iba a reaccionar.
-¿Quién es?-preguntó Román.
-El novio de Camila, Leo.-le respondí.- Que antes era mi novio.
Él se rió a carcajadas, tenía una risa encantadora.
-Menudo lío, chica.-me dijo él.
-Ese de ahí.-dije señalando a Nicolas.- Es Nicolas, el novio de Violeta.
-Y también fue tu novio.-dijo él.
-No, ese no fue mi novio.-él siguió riéndose.- ¿Tenías novia?
-Querrás decir si tenía novias.-dijo alargando la ese de novias.- Montones.
Y se volvió a reír. Yo le sonreí con ternura, iba a ser divertido tener a Román con nosotras.
Camila estaba en la puerta esperando y Violeta y Nicolas estaban en la cocina. María nos miraba conversar y pensé que querría hablar con su hermano, así que me aparté y les dejé hablar.
Leo apareció por la puerta y Violeta sacó del horno el pollo asado.
Me senté al lado de Román y de Violeta. Leo acabó sentado justo enfrente de mí por alguna razón del destino. Todos estábamos en silencio y Román empezó a hablar en inglés.
-¿Qué tal va la empresa en la que trabajas?-dijo Román, no pude evitar reírme.
-No trabajo en ninguna empresa.-dijo él extrañado.
-Para una palabra que me sé en inglés.-dijo, exagerando, con una sonrisa.
-Soy estudiante de Pintura.-dijo él y recordé que Camila me había contado que se había trasladado a otra universidad para no toparse conmigo por los pasillos.
-Yo estoy en 1º de Bachiller.-dijo él como si aquello fuera todo un orgullo.- No sé si aquí tenéis Bachiller añadió.
-¿Tú eres el novio de Amelia, no?-dijo Leo, yo me puse roja y antes de que pudiera decir nada, Román contestó.
-No, yo soy el novio de Charlotte.-dijo él pasándole el brazo a Charlotte por la espalda.
Charlotte puso los ojos en blanco y yo reprimí una risa.
-¿Enserio?, Camila no me contó nada.-dijo Leo, ahora que ya no era mi novio lo veía con otros ojos, demasiado dulce e inocente, casi tanto como Nicolas, prefería a Will.
-Es que Román ha aparecido hoy mismo en mi vida.-dijo Charlotte intentando hablar como en una tele-novela.
Román se rió.
-Me estáis tomando el pelo.-dijo Leo.
-¡Qué va!-dijo Román y le plantó un beso largo a Charlotte allí mismo.
-Román estás mal de la cabeza.-le dijo María que intentaba parecer una hermana mayor.
-¿No puedo besar a mi novia, hermanita?-dijo con retintín.
-Charlotte no es tu novia.-dijo María.
-Eso depende de ella, ¿Charlotte quieres salir conmigo?-dijo Román mirándola.
-Román, hace menos de una hora que te conozco, no quiero-Román la interrumpió.
-No te enrolles, en esta mesa hay muchas tías.-dijo él mirándome a mí.
-Ni se te ocurra.-le dije a Román.
-No te hagas ilusiones, se lo iba a pedir a Violeta.-dijo él con una sonrisa torcida que me recordó a Will. Mierda, me estaba obsesionando.
Acabamos de cenar, la mayor parte del tiempo Román era el protagonista y empezaba a hacerme una idea de cómo era.

-¿Dónde voy a dormir?-preguntó Román cuando vio que todas desaparecíamos en nuestras habitaciones.
-La única que tiene cama de matrimonio es Amelia.-dijo María.
Leo me miró como si fuera un monstruo.
-Puedes dormir en el sofá como todos los invitados. Quédate ahí, ahora te bajo las sábanas.
-Prefiero una manta, son más suaves.-dijo él mientras cerraba los ojos como si pudiera sentir la manta entre sus dedos.
Subí, cogí la manta y se la bajé.
-Gracias, Amelia.-me dijo muy serio.
-De nada, supongo.-dije extrañada por tanta seriedad por una simple manta.
-Me refiero por ser tan buenas conmigo y acogerme aquí, creo que no os lo he dicho.
-Eres nuestro hermanito pequeño, aquí todas somos como hermanas y nos encantan las visitas inesperadas.-dije mientras me reía.
-Por cierto, ¿me dejas un cojín?-dijo él.
-Tienes un montón en el sofá.-dije yo.
-Pero esos no son de cama, son de sofá y-le interrumpí.
-Te aguantas.-le dije y me metí en mi habitación.
Al día siguiente fuimos a la universidad y como de costumbre saludé a Will que estaba fumándose un cigarrillo.
-Buenos días.-dije como si saludara al panadero del barrio.
-Buenos días, Amelia, cuando puedas pásate por la panadería a por la barra.-me dijo él leyéndome el pensamiento.
Me reí a carcajadas.
-Tengo que presentarte a un amigo, te caerá genial.-dije yo, pensando en Román.
-¿Un amigo?-dijo él con su sonrisa torcida y arqueando las cejas.
-El hermano de María.Will, no pienses mal.-le dije yo poniendo los ojos en blanco.
-Uy, perdone señorita inocencia.-dijo él burlándose de mí.
-Que venga a Springbrook, seguro que le gusta.-añadió cuando estaba a punto de irme.
-A las 5 estamos allí, parece que hablemos de un bar.-dije yo sonriendo.
Él sonrió, pero no dijo nada y sacó su libreta para apuntar algo.
Que ganas de quitársela y saber que ponía, me resistí y entré en mi clase.

Después de contarle la larga historia de mi amor por Will, llegamos a Springbrook y nos sentamos en la sombra del árbol.
Will llegó tarde cómo de costumbre.
-Hola, soy Román, el hermano de Amelia.-dijo él sonriente.
-Yo soy Will, el, el, el.-Will se quedó pensativo.- Yo soy Will.
Román se rió a carcajadas y me pareció ver algo de simpatía en los ojos de Will.
-Estoy rodeado de mujeres, tío, no sabes cuanto sufro.-le dijo Román, como si yo no estuviera justo a su lado escuchándole.
-Yo vivo con mi hermana y sufro a veces, imagínate tú que tienes 5 hermanas.-dijo él riéndose.
-Ya ves, estoy desesperado y encima no sé como quitarme de encima a mis tutores, me llaman a todas horas.-dijo él, Román no me había contado nada de eso y estaba un poco extrañada, pero realmente yo nunca había estado con dos chicos sola, para mí aquello era toda una novedad.
-No te atreves a bañarte.-dijo Román, en una conversación en la que ya me había perdido. El cielo estaba nublado y hacía frío, todos estábamos abrigados con bufandas y abrigos gruesos y aquella idea me pareció la más tonta del mundo.
Will sonrió desafiante.
-Los dos a la vez.-dijo.
-Está bien.-dijo Román con la misma mirada.
-Chicos, os recuerdo que estamos en diciembre.-les dije alarmada.
-Pues vamos allá.-dijo Will, haciendo caso omiso de lo que acababa de decir.
-Me niego a que os tiréis.-dije yo estirando los brazos para que no pasaran al río.
-Venga, Amelia, no seas aguafiestas.-me dijo Román.
-No es ser aguafiestas, es que soy yo la que tengo que llevaros al hospital y Román, tú eres menor de edad.-le dije gritando.
-Amelia, quítate de ahí o te caerás con nosotros.-me dijo Will.
-No seréis capaces de tiraros.-dije yo frunciendo el ceño.
-Te avisamos.-dijo Román. Los dos cogieron carrerilla y se tiraron al agua, empujándome a mi y cayendo al agua junto a ellos.

Will me cogió de la cintura mientras nadaba.
-Estás loca, ¿por qué no te apartaste?-me preguntó.
-Porque no quería que os hicierais daño, ni que os pasara nada.-dije yo triste. Will tiritaba, al igual que yo y Román estaba cerca de nosotros mirándonos.

Will me miró a los ojos,y entonces me di cuenta de que estábamos muy cerca, demasiado y de que él me cogía y me mantenía a su lado. Román me guiñó un ojo, como si hubiera sido cosa suya y me alegré de tenerlo como hermano. Nuestras respiraciones se aceleraron y poco a poco se acercó a mí, con la mirada fija en mis ojos y su sonrisa torcida. Rozó suavemente mis labios y me besó, quise que ese momento durará toda una eternidad y quería quedarme abrazada a él mucho más tiempo, pero pese al ardor de ese beso tenía frío.



Él me ayudó a salir y Román salió junto a nosotros.
-A nadie se le ha ocurrido traer una manta, ¿verdad?-dije yo tiritando de frío.

Will sacó su paquete de cigarrillos y le ofreció uno a Román, yo le fulminé con la mirada, pero Román aceptó. Will se sentó cerca de mí y pasó su brazo por mi espalda, dándome calor. Encendió un pitillo y le dio una calada, me lo dio a mí y yo me sentí mucho mejor rodeada por los brazos de Will y con un cigarro que me daba algo de calor. Will encendió otro y los tres nos quedamos mirando el río y pensando en la gran tontería que acabábamos de hacer.

Capítulo 48 aquí.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Capítulo 46

Estaba aproximando el sándwich a mi boca cuando lo vi. Entraba en el comedor con paso tranquilo como si no llevara 1 semana sin aparecer. Desde aquel beso, aquel día en que vino a la universidad en mi coche no lo había vuelto a ver.
Me levanté de la silla dispuesta a pedirle explicaciones.
-Will.-dijo tocándole el hombro para que se girara. Él no se paró y siguió caminando.-¡Will!
Todo el comedor me miró. Realmente no me importaba, solo esperaba que se girara.
-¿Sabías que existe una cosa llamada teléfono, visita o carta?-le dije con los brazos en jarra y el ceño fruncido.
-¿Por qué tendría que haberlo hecho?-me preguntó él, girándose súbitamente.
-Porqué somos amigos.-le dije con una sonrisa dulce.- Si he dicho algo que te haya molestado dímelo.
-Esto sonará a película romántica mala, pero, no eres tú, soy yo. Tú no has hecho nada, simplemente he decidido que es mejor que dejemos de ser amigos.-dijo él muy serio.
-No lo entiendo, simplemente no lo entiendo.-dije yo pensando en cualquier cosa que le podría haber herido.
-No tienes que entenderlos solo acéptalo.-dijo él prosiguiendo su camino.
Tenía ganas de llorar, él era un chico especial, a veces podía ser agradable y genial y otras antipático y ignorante, pero daba igual como fuera porque me gustaba y. no quería perderlo así sin más, sin haberlo intentado y volver a la recia cama a llorar, a llorar como siempre he hecho.
Una idea revolucionó mi mente, era alocada, pero ahora mismo y después de haber hecho tantas cosas alocadas no me importaba lo más mínimo. Saqué el teléfono móvil y deseé que Charlotte hubiera llegado a casa después de sus clases de danza. Crucé los dedos y oí la voz de Charlotte.
-¿Amelia?-dijo ella extrañada.
-Sí, soy yo, necesito que me hagas un favor. Ven a la universidad lo antes posible, si alguna amiga te puede llevar en su coche mejor. Es urgente.-le expliqué todo mi plan y vigilé a Will.
Unos 40 minutos si se daba prisa. Cuando Will se levantó de la mesa le seguí.
Will estaba a punto de cruzar la puerta de la universidad.
-Dime por qué, si no es por mí tiene que haber otra explicación.-le dije. 30 minutos hasta que llegara Charlotte.
-Ya, pero yo no quiero contártelo.-me dijo él con una pequeña sonrisa torcida.
Sacó un cigarro y se lo quité.
-Devuélvemelo, venga Amelia, esto no tiene gracia.-lo tiré al suelo y lo rompí. Will tragó saliva.
-Todos los que saques acabaran igual si no me lo cuentas.-dije yo. Hubo un silencio, quería que durara mucho, lo suficiente para que llegara Charlotte.
-Es personal, Amelia. No quiero contártelo.-dijo él sacando otro pitillo.
-Guárdalo sino quieres que ocurra lo mismo que con el otro.-dije señalando el cigarrillo que había en el suelo. Él esbozó otra pequeña sonrisa torcida.
-Las echaba de menos.-le dije cuando vi la sonrisa. -Y sin saber porqué me eché a llorar, quizás porque él no me necesitaba y yo si a él, quizás porque no me llamaba, no contaba conmigo, no me echaba de menos.
-No llores, Amelia.-dijo él.
-Abrázame, estúpido.-dije mientras lloraba y reía a la vez.
Él me abrazó y me sentí mejor, pero no paré de llorar hasta que vi aparecer a Charlotte bajando del coche.
-Adiós, Will.-dije en un tono suficientemente alto para que Charlotte me oyera.
El resto me esperaban en el coche, una media hora después Charlotte nos envió un mensaje y fuimos a buscarla en coche.
Will vivía en la calle donde nos habíamos hecho hermanos de sangre.
-Muchas gracias, Charlotte.-le dije.
-Te debía un favor por dejarme vuestra casa.-dijo ella sonriendo.
-¿Qué vas a hacer ahora que sabes dónde vive?-me preguntó Violeta.
-No lo sé, es una información que me puede venir bien algún día.-dije yo pensativa.

Al día siguiente, por la tarde, fui a casa de Will. Una chica, en concreto la chica que acompañaba a Will aquel día de lluvia me abrió la puerta.
-Hola, ¿está Will?-le pregunté.
-No, ha salido. Seguramente esté en Springbrook.-lo último lo dijimos las dos a la vez. Nos echamos a reír.
-¿Y tú eres?-me preguntó.
-Una amiga, una amiga de Will. ¿Tú eres su novia, no es así?-le pregunté educada.
Ella rompió a reír a carcajadas.
-Pasa, tú y yo tenemos que hablar.-me dijo haciendo señas con la mano para que entrara.
-¿Quieres algo para beber?-me preguntó, mientras me señalaba una silla para sentarme.
-Un vaso de agua fría, por favor.-dije recordando mis buenos modales.
Ella trajo una garrafa de agua y dos vasos. Los llenó y empezó a hablar.
-Yo soy Samantha.-dijo ella con una sonrisa enorme.- Y soy su hermana.
No pude reprimir un suspiro. Ella se echó a reír, era muy jovial, no se parecía a su hermano, serio y misterioso.
-Yo soy Amelia.-dije yo intentando ser igual de agradable que ella.
-Estarás pensando que no nos parecemos en nada.-dijo ella volviendo a sonreír.
-Pues la verdad es que sí.-dije yo dudando.
-Mi hermano habla de ti.-dijo ella.
-¿En serio?-dije yo ilusionada.
-Sí, Amelia, ¿a ti te gusta Will?-dijo ella sin rodeos.
-Bueno, la verdad, es que , es posible, un poco.-dije yo ruborizada.-¿Por qué no vino a la universidad estos últimos días?
-Quiere alejarse de ti, no se quiere volver a enamorar.
-Eso ya lo sé, pero ¿por qué?-le pregunté con los ojos muy abiertos y una mirada triste.
En ese momento se oyó la puerta de la entrada.
-Escóndete, corre, si sabe que le he contado algo me matará.-dijo ella en un susurro.
Y acabé en el armario de su habitación.
-¿Con quien hablabas? Pensaba que estabas con una amiga.-dijo la voz de Will procedente de otra habitación.
-No, estaba hablando por teléfono.-dijo ella. Me caía bien Samantha, parecía alguien en el que podías confiar.
Se hizo un silencio y oí los pasos de alguien y una puerta que se abría. Suspiré, no era en esta habitación. Entreabrí la puerta y vislumbré una ventana. Era un bajo, así que no podía ser muy alto. Abrí la puerta del armario y de puntillas fui yendo hacia la única ventana de la habitación.


Oí unos pasos y recé en silencio que no fuera Will. La puerta se abrió.
-¡Amelia, estás loca!-dijo Samantha gritando al verme con los pies fuera de la habitación sentada en la ventana.
-Shh, no querrás que nos pille.-le dije. Pero era demasiado tarde y los pasos de Will cada vez eran más cercanos.
-No saltes. Es culpa mía.-dijo ella mirándome.
-¿Samantha, se puede saber que-dijo él, pero nada más entrar en la habitación su voz se pausó.- ¿Qué pasa aquí?
-Pues, verás, tenía una duda sobre el- Samantha negó con al cabeza y me hizo callar.
-Amelia vino aquí para hablar contigo y como no estabas empezamos a charlar.-dijo ella.
-Y no hablabais de antropología, eso está claro.-dijo él frunciendo el ceño y con la mirada fija en mí, como si le hubiera decepcionado.
-Perdona por intentar hablar contigo, averiguar donde vives y venir a tu casa simplemente por la razón de averiguar que te pasaba, lo siento debe ser una enfermedad contagiosa, es mejor que no te acerques a mí.-le dije yo intentando reprimir las lágrimas, pero no pude y me fui llorando de allí, cerré la puerta cuidadosamente y seguí mi trayecto.
Un coche negro, pequeño y ruidoso se paró enfrente de mí.
-Amelia, sube.-me dijo Will desde dentro del coche.
No subí, estaba harta de intentar que las cosas funcionaran.
-Por favor, Amelia, ¿no quieres explicaciones?-me dijo él.
-La última vez que estuvimos a solas, en un momento de sueño dijiste que me ibas a violar, no sé si puedo confiar en ti.-dije yo enfadada.
-Amelia, sabes tan bien como yo que eso era un broma.-dijo él.- Venga, no me gusta verte llorar, tú siempre estás sonriendo.
Subí al coche, sabía que le había costado hacerme el cumplido.
-¿A dónde vamos?-le pregunté poniéndome el cinturón.
-Pues a Springbrook.-dijo él.
-Tenemos una hora de camino, cuéntamelo.-dije yo.
-Prefiero contártelo cuando lleguemos.-dijo él, encendió la radio. Sonaba algo de jazz, un saxofón hacía la melodía y notaba en los ojos de Will como disfrutaba de la música.
Estuvimos una hora escuchando jazz, apenas hablamos y me ponía muy nerviosa al saber que noticia tendría que darme.
-Venga, ya estamos aquí.-dije tumbándome en el césped. Él se tumbó a mí lado.
-Mi novia, bueno mi exnovia, bueno no sé… Ella murió.-dijo él dudando y titubeando en cada una de las palabras que salían de su boca.
No dije nada, simplemente le cogí de la mano. Creí que decir lo siento o algo así no solucionaría nada. Él se giró.
-El día en que nos hicimos hermanos de sangre, era el aniversario de su muerte, venía del cementerio con mi hermana. No quiero que me hagas daño, no quiero que te pase nada y mueras, porque entonces viviría lo mismo dos veces. Y es duro, es duro saber que alguien al que quieres tanto ya no está, que ya no volverás a oír su voz, ni a acariciarla por las mañanas para despertarla, a besarla hasta el amanecer, ni simplemente a tocarla, o a saber que está ahí, a tu lado.
-Will, si no te arriesgas, sino te arriesgas a seguir viviendo, a enamorarte, a volver a besar a una chica y aunque suene mal a sustituirla por la que falleció, nunca te sucederá nada bueno. Quien no arriesga no gana, eso lo sabe todo el mundo.-hice una pausa para que pensara.- Sé que es difícil aceptarlo, aceptar que ya no está, pero ella desearía lo mejor para ti, a ella no le gustaría saber que te quedas horas llorando por ella y que no quieres rehacer tu vida.
-Supongo que tienes razón, pero aún así es difícil, porque te da miedo. Hay gente a la que le dan miedo los tiburones, a otra las abejas y las avispas, a otra cantar o tocar en público y a mí me da miedo enamorarme otra vez.
Me acerqué a él y le di un abrazo.
-¿Cómo se llamaba?-le pregunté después del abrazo.
-Sarah, se llamaba Sarah. A veces la siento, creo que está ahí y que me está sonriendo, cuando no la noto empiezo a pensar en todas las discusiones, en las veces que le dije que la odiaba por alguna razón y quiero borrarlas y que desaparezcan, que solo queden momento felices.
-Eso es imposible, Will.-le dije a él.- Y seguro que ella recordará toda la eternidad todos los recuerdos con ilusión, todos, aunque sean malos, simplemente porque eran contigo y te quería y seguro que sabe que la quieres.
-Eso también me da miedo, me da miedo que haya muerto pensando que no la quería.
-Will.-le dije mirándole a los ojos.- Realmente, ¿crees que esos sea posible?
Will se quedó en silencio. No me hacía falta su respuesta, era algo que él tenía que saber.
Después de un rato pensando Will se levantó.
-Amelia, ¿puedes ayudarme un momento?- sus pies tocaban el agua y sabía exactamente lo que iba a hacer, pero no por ello me quité la ropa.
-Creo que no.-le dije. Corrí hacia el y le empujé para que cayera en el agua. Yo también me tiré y me hundí para refrescar mi cabeza.
Se me pegaba la ropa al cuerpo, igual que a él y me pareció tan sumamente sexy, que para reprimir mis ganas de abrazarle tuve que sumergirme y empezar a nadar.
Salimos del agua del río, que estaba muy fría y nos sentamos.
-Tú tiraste el anillo por mí.-dijo él.- Toma, te la regalo.
Se quitó la pulsera que llevaba. Nunca me había fijado mucho en ella, pero siempre la llevaba. Era de cuero roja y daba tres vueltas, había visto muchas pulseras como aquella, pero sabía que aquella era muy especial para él.
-Cuéntame su historia.-dije tumbando mi cabeza en sus piernas.
-¿La de la pulsera?-me preguntó.- Pues bien, ella siempre la llevaba puesta, hasta cuando iba a dormir, cuando se duchaba, continuamente, nunca se la quitaba.
Observé su cara, miraba algún punto enfrente de él y miraba con nostalgia, deseoso de poder volver a ese momento en que ella le saludó.
-Y un día, me dijo que me casara con ella, y yo le dije que no bromeara, que aquellas cosas eran serias, entonces se quitó su pulsera y me la dio, me preguntó que si la creía ahora. Desde entonces yo tampoco me la quito nunca, pero ahora, es tuya.-dijo mientras me la colocaba en la muñeca.
Le sonreí.
-Este es un gran paso, ¿estás segura de que quieres dármela a mí?-dije yo comprensiva.
-No, no estoy seguro. Pero, quién no arriesga no gana, ¿no es así?-me dijo con una sonrisa torcida.
-Oh, ¡como echaba de menos a Will!-dije yo abrazándole, él se quedó tieso y yo me reí.
-¡Cómo echaba de menos a Amelia!-dijo él, yo me volvía reír.

Unas horas después estaba en mi cama cerrando el libro de Romeo y Julieta tras leer la palabra “fin”.
Alguien llamó a la puerta.
-Adelante.-dije yo.
-Amelia, tengo algo que contarte.-dijo ella, su rostro era serio, como si se tratase de una mala noticia.
-¿Algo malo sucede?-pregunté preocupado.
-No, es algo importante, pero no malo, no sé como decírtelo, es complicado.-dijo ella mordiéndose el labio inferior.
-Venga, Camila, cuéntame.-dije yo intentando parecer tranquila.
-SalgoconLeo.-dijo ella rápidamente.
-¿Qué?-dije yo, no porque estuviera molesta, sino porque no había entendido bien.
-Salgo con Leo.-dijo ella más lentamente.- Lo siento, pero siento que esto será más duradero, prometo no traerlo por aquí, ni besarlo si tú estás mirando, ni decirle cosas bonitas, si quieres hasta puedo pasar de él o no sé… ¡Haré lo que tú me pidas!
-Ey, ey, estoy súper contenta por ti. Quiero que disfrutes de Leo.-dije yo con una sonrisa mientras abrazaba a Camila con fuerza. Y era cierto, solo esperaba que no fuera un ligue como todos los demás, Leo era sensible y era fácil romperle el corazón.
-Lo quiero muchísimo, Amelia . Es tan dulce y romántico, nos complementamos, somos polos opuestos y a veces discutimos, pero luego el beso es aún más dulce.-dijo ella con una expresión de felicidad en la cara.
-Puedes traerlo a casa siempre que quieras, será complicado, pero hay que superarlo, no me gustaría separarme de Leo por algo así y me alegra que seas tú la que salga con él y no otra.
-Gracias, Amelia, yo no sé si hubiera aceptado que hubieras salido con uno de mis exnovios, como Zack.-me dijo ella.- Bueno, te dejo descansar.
Salió de la habitación y yo me sumí en un profundo sueño.

Capítulo 47 aquí.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Capitulo 45

Estaba provocativamente apoyada en la pared cuando apareció Gaylord con su pitillo. Levantó las cejas y se quedó boquiabierto.
Me había puesto unos zapatos de tacón rojos, una falda de rayas con vuelo y una camiseta rojo ajustada y un poco escotada. Me había pintado los labios de color rojo y me había ondulado el pelo para parecer más sexy. 
En vez de una mochila había traído un enorme bolso que estaba en el suelo, cogí el bolso saqué un paquete de cigarros y empecé a fumar intentando hacerlo de la forma más sensual posible.
-Bueno, entonces aclárame una cosa, ¿si antes era pija, qué soy ahora mismo?-le dije con una sonrisa torcida como muchas de las suyas.
-Tú ganas.-dijo tras dar una calada al cigarro con una de sus sonrisas.
-¿Y bien?-dije dando una vuelta sobre mi misma.
-¿Bien qué?-dijo él levantando las cejas.
-Déjalo, eres un caso perdida.-dije yo desesperada, ni un cumplido después de todo el esfuerzo para demostrarle que no era pija.
-Te queda bien el modelito de pija.-dijo después de mirar mi cara de desesperación.
No me dejé ilusionar y le sonreí.

-Gracias.-dije y me fui sin dejar de sonreírle a todo el mundo, estaba rebosando felicidad.
Después de unas cuantas clases llegó la hora de comer, salí corriendo por el pasillo. Desde que había salido de casa esa mañana todos los chicos con los que me había topado me miraban embelesados o silbaban.
Odiaba que solo se fijaran en mí por ir maquillada y bien vestida, pero así era la vida.
-¿Ha funcionado?-dijo Camila con una sonrisa expectante.
-Sí, ha dicho que me quedaba bien.-dije yo con una sonrisa.
-¿Es ese de ahí?-dijo Violeta siguiendo con la mirada a Gaylord.
-Sí.-dije yo.- ¿Os conté lo que pasó el otro día?
-¿Qué pasó?-dijo Camila emocionada.
-Le mordí la mano y él me la mordió a mí y ahora somos hermanos.-dije yo emocionada.
-Cariño, ¿qué has tomado para desayunar, vodka?-dijo Camila.
-No, hermanos de sangre, ya sabéis.-dije yo.
Nico se echó a reír.
-Yo hice eso cuando era pequeño con un amigo, aún tengo la cicatriz.-dijo el enseñando su mano.
Yo les enseñé la mía y vieron la pequeña costra que había en mi mano, aún no había cicatrizado.
Me giré para mirarle, estaba sentado escribiendo en su cuaderno. Tenía cara de concentración y no quise molestarle.
-Sólo hay un problema.-dije triste.- Tiene novia. El día de los hermanos de sangre le vi con una chica.
-Puede ser una amiga.-dijo Violeta.
-No, creo.
-Tienes que pedirle una cita.-me dijo Camila.
-¿Tú crees?-dije yo emocionada.
-Sí.-dijo ella.
Gaylord me estaba mirando.
-Venga, ve a hablar con él.
-Vale, ahora voy.-dije yo levantándome de la silla y caminando hacia su mesa. Me daba la sensación de que todo el mundo estaba pendiente de mis pasos. Me senté en su mesa.
-Te llamas Will, ¿verdad?-dije yo. Él no me respondió, me seguía mirando.- Como William Shakespeare. Me gusta tu nombre.
-Me empezaba a acostumbrar a Gaylord.-dije él sonriéndome, esta vez la sonrisa no era torcida y era preciosa.
-¿Puedo hacerte una foto?-le pregunté.
-No, no pienso sonreír, ha sido un momento de amabilidad, no lo estropees.-dijo él serio.
-Perdón, señor cascarrabias. Me preguntaba si querrías quedar conmigo esta tarde.
-Me confundes, no quiero ser tu aventura.-dijo él mirándome la mano.
-¿A qué te refieres?-le pregunté yo.
-A tú anillo, es de esos de compromiso. Los he visto mil veces en las películas.
-Te espero a las cinco en Springbrook.-dije yo y me levanté. Él abrió la boca pero no le dio tiempo a rechistar.
-¡Chócala!-dijo Camila levantando la mano. Le choqué las cinco y me volví a sentar.
-¿Dónde habéis quedado?-preguntó Violeta.
-En las praderas de Springbrook.-dije yo.
-Perfecto.-dijo Camila levantándose.
Todos la imitamos, avisamos a María que estaba sentada en la mesa del pegote rubio y nos subimos al coche tras caminar hasta el párking.

Eran las cinco y estaba sentada donde había visto a Will las últimas veces.
Bajo la sombra de un árbol empezaba a pensar que no vendría así que decidí aprovechar para bañarme y mientras me quitaba la camiseta apareció.
-Eres una exhibicionista, ¿lo tenías todo preparado, verdad?-me dijo él.
Me reí a carcajadas. Y muy sensualmente seguí quitándome la camiseta, le miraba a él, le di vueltas a la camiseta mientras movía las caderas y se la tiré a la cara. Me quité los pantalones de la misma forma y con la misma sensualidad y se los volvía lanzar.
-Soy una stripper en prácticas, tengo que practicar la puntería.-le dije con una sonrisa.
-Estabas deseando fastidiarme, no lo niegues.-dijo él con esa sonrisa preciosa que solo mostraba a veces.
Por mí mente pasó una gran idea.
-¿Puedes abrocharme bien el bikini?-dije señalando el lazo que había en la parte trasera del bikini. Estaba muy cerca del río, aquel día no había mucha corriente y me mojaba los pies tranquilamente.
Él dudó, pero finalmente se acercó a mí y me desató el bikini y me lo volvió a atar.
Estaba acabando de atar el lazo cuando le agarré la mano y me tiré junto a él al río. Sabía que él se había dejado, porque de ninguna de las maneras hubiera conseguido tirarlo al agua.
-Yo que tú tiraría la ropa a la hierba.-dije yo señalándole. Estaba vestido y se había tirado vestido.
Se quitó la camiseta rápidamente y hizo lo mismo con los pantalones. Los tiró a la orilla y me miró.
-Estás loca de atar.-dijo él.
-Querías bañarte conmigo.-dije yo.- Y lo sabes.
Estábamos cerca, pero él se alejó se hundió. Me cogió de los pies mientras se sumergía y me caí completamente al agua.
-Espera, te he traído aquí para algo.-dije yo.
Salí del agua y volví con una botella de cristal con tapón de corcho incluido.
Metí el anillo en la botella y le puse el tapón. Le puse en las manos la botella.
-Ya no estoy prometida, Leo y yo rompimos hace un mes.-dije yo triste.- Tira la botella.
-Amelia, este anillo vale mucho, lleva un diamante. ¿Estás segura de que quieres que lo tire? Puedes venderlo y ganarás un dinero.
-Podría hacerlo, pero entonces no sería ni divertido ni romántico e iría contra mi ley de vida.
Él se rió. Quería besarle allí mismo y decirle que se casara conmigo que podíamos aprovechar el anillo, pero tenía la sensación de que me diría que no.
Él me cogió una mano y me la colocó en la botella. Cada uno tenía una mano puesta en ella.
-1, 2, 3 y… ¡Ya!-dijo él. Soltamos la botella y vimos como iba flotando hasta algún lugar donde se quedaría encallada y alguien la encontraría con gran ilusión.
Los dos salimos del río y yo me tapé con la toalla, una vez seca decidí tomar un poco el sol y la escampé por la orilla. Estaba cansada y me dormí.
Cuando me desperté él seguía allí, notaba su respiración cerca, no quería abrir los ojos. Me estaba acariciando, su dedo recorría todas mis curvas y me resultaba relajante. Cuando pasó por mi pie intenté no moverlo por las cosquillas y lo conseguí.
-Creo que voy a violarla aquí mismo.-dijo Will bastante alto.
-No.-dije yo abriendo los ojos.
-Sabía que estabas despierta.-me dijo él.
-¿Has venido en coche?-le pregunté.
-No, he venido nadando si te parece.-dijo él sarcástico.
-¿Nos vamos?-le pregunté, mientras me incorporaba.
-Sí.
-¿Me ayudas?-le dije dándole la mano. Él sonrió con picardía.
-No.-dijo mientras salía corriendo. Cogí mi bolso, su mochila y mi toalla. Metí la toalla en mi bolso y salí corriendo tras él.
-Will, yo que tú me quedaría quieto, tengo tu mochila.-pero él no paró hasta llegar a donde estaban los dos coches aparcados. Subí a mi coche y arranqué.
-No me puedes dejar aquí.-dijo él.
-Te avisé.
-Venga, Amelia, sé que estás loca por mí. Si me llevas duermo contigo y por una tarifa mínima te hago el amor.-dijo él con una sonrisa provocativa.
-¿De cuánto estamos hablando?-pregunté yo.
-Sabiendo que es toda la noche porque no me darás las llaves de mi esquina, unos 100 euros.
-Creo que no.-dije yo mientras me abrochaba el cinturón.
-50.-dijo él.
-Mmmh, no.
-Gratuito si me llevas a la universidad.-dijo él.
Me quedé pensativa, o al menos intenté parecerlo.
-Sube.-dije yo seria.
Él subió corriendo y me sonrió.
-¿Dónde vives?-dije mientras conducía.
-¿No quieres que duerma contigo?-dijo él poniendo una mirada falsa de cachorrillo indefenso.
Me reí.
-Venga, dime donde vives.-le dije yo.-
-Te lo diría, pero no quiero que me tengas localizado, prefiero que pienses que vivo en las esquinas o en la fábrica de chocolate.
-Está bien, dormirás en el sofá.
Él encendió el cigarro y sonrió.
-¿Cómo conseguiré mi coche?-me preguntó.
-¿No tienes una novia?-le pregunté.
-No.-dijo él con una mirada triste. Por un momento me pareció haberle herido, pero pensé que aquello era una tontería.
-Pues tendrás que venir conmigo un día.-dije yo.- Y con Lidia.
-¿Quién es Lidia? ¿Una posible clienta quizás?-dijo con una sonrisa torcida.
-Si admites perros entre tu clientela, sí.-dije yo riéndome.
-Hay que abrirse a nuevos mercados.-dijo él.
-Dios, que asco de tío.-dije yo sin mirarle.
Él se volvió a reír.
-¿Quieres que me disfrace de pijo para esta noche?-me preguntó.
Me reí.
-No hace falta, tú ya eres pijo.-le dije.
-No me tientes, soy capaz. No eres la única que hace cosas así por orgullo.-me dijo él.
-No te reconozco, hasta parece que estás de buen humor.
Él se volvió a poner su sonrisa torcida.
-Uy, la echaba de menos.-dije mientras aparcaba en el parking.
-¿Es aquí?-dijo mirando el subterráneo.
-Sí, ¿a qué es ideal, ves el coche azul? Queremos usarlo de cocina y el verde estamos pensando ponerlo de baño.-dije yo.
-Muy graciosa.-dijo él.
-Ya te puedes ir a tu casa.-le dije señalándole la puerta de salida.
-¿Y nuestro trato? Me niego a ir en autobús.-dijo dándole una calada al cigarro.
Le quité el cigarro y le di otra calada.
-Me pones nerviosa.-le dije.
-¿Yo?-preguntó extrañado.
-Empiezo a pensar que eres retrasado, tú no, la pared.-dije yo.
-Mi madre me decía lo mismo.-dice él con una mirada teatral al cielo.
-Venga, pasa.

Todos conocieron a Will y aunque no era muy hablador y se comportó como solía a nadie le disgustó.

Estaba tumbada en la cama acabando de leer las últimas páginas de Romeo y Julieta cuando apareció Will.
-¿Tienes sábanas? Me estoy helando de frío.-dijo él, quise decirle que no se preocupara que podía dormir conmigo, que le abrazaría y le besaría para que no pasara calor, pero me contuve.
-Sí, te acompaño, están en un armario en el trastero.-dije levantándome.
Fuimos caminando hasta el trastero y empezamos a buscar sábanas entre todas aquellas mantas. Me di contra todo el estante.
-¡Au! Duele, duele mucho…-dije yo.
-¿A ver?-dijo examinando mi frente.- Cura sana, cura sana, si no se cura hoy se curará mañana.
Se rió y me miró.
-Muchísimo mejor.-dije irónica.
-Lo suponía.-dijo él.
Le besé, no podía resistirme a besarle. El beso era perfecto, sonará a excusa pero aunque lo describa no será suficiente. Era un beso de cuando estás enamorada y llevas semanas soñando con él, crees que estás soñando, que has muerto y has ido al cielo y ese es tu regalo, eres feliz.
-¿Qué haces?-me susurró.
-Darte un beso de buenas noches.-dije con una mirada de culpabilidad, con los ojos muy abiertos.

Nos quedamos unos minutos en silencio. Él se acercó a mí y también me besó, él suyo fue más apasionado, más brusco y duro, como él. Me empujó hacia la pared y siguió besándome. Quería más, quería mucho más, pero de repente paró, como si hubiera recordado algo.
-No te lo voy a poner tan fácil.-dijo él con una sonrisa y se marchó con una manta.
-¿No buscabas sábanas?-le pregunté.
-Ha habido problemas, me he enamorado de una manta.-dijo él sonriéndome, con su maravillosa y increíble sonrisa.

Capítulo 46 aquí.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Capítulo 44

Estaba sentada en la escalera con un libro de Rubén Darío en mis manos. Aquel libro había sido mío cuando leía poesía. Una nube de humo me envolvió y una voz a mi lado me sobresaltó.
-Me gusta Rubén Darío.-dijo alguien al que yo había puesto de nombre Gaylord.
Oí a alguien gritar “Leo, cariño te he echado de menos”, y la voz de alguien que no era Leo responder pero aún así me entristecí, y una tímida lágrima salió de mis ojos, rápidamente me la seque y intenté disimular con una tímida sonrisa.
Él me cogió el libro de las manos, empezó a hojearlo y cuando encontró lo que buscaba lo cerró y empezó a recitar.

La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.


¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

-«Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-;
en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor».

Se había saltado trozos, pero los versos que había leído describían exactamente como me sentía. Estaba a punto de llorar, me acerqué a él y le di un abrazo. Me di cuenta de que todo el mundo que había por allí se había parado a mirarnos y me sentí muy observada. Él no me devolvió el abrazo, simplemente se quedó parado allí mientras yo le abrazaba.
-¿Cómo lo sabes?-le pregunté, cuando ya había dejado de abrazarle.
-Se te ve en los ojos.-dijo él sin mucho entusiasmo, mientras se fumaba el cigarro.
-Gaylord, ¿algún día me dirás tu nombre?-le pregunté.
Él no me respondió y se quedó en silencio, algo a lo que me estaba empezando a acostumbrar en él. Entonces como si se le hubiera ocurrido algo, rápidamente sacó un libro y me lo enseñó. En letras grandes y mayúsculas rezaba “ROMEO Y JULIETA” y un poco más arriba en letra cursiva “William Shakespeare”.
-Toma, piénsatelo.-dijo él dándome el libro. Cerró su mochila y se fue.

Aquel día no había querido ir al comedor para entregarle el libro a Gaylord, tenía la sensación de que empezaba a gustarme, pero estaba muy claro que Gaylord estaba lejos de sentir lo mismo. En unos minutos aparecieron todos de vuelta, les saludé y subimos al coche. Violeta y Nicolas se susurraban cosas bonitas y se reían mientras Camila y María miraban el paisaje distraídas.
-María, ¿te puedo hacer una pregunta?-le pregunté.
-Claro.-dijo ella con una sonrisa.
-¿A dónde vas todas las tardes?-dije seria. Nicolas y Violeta se callaron y miraron atentos a María, Camila dejó de mirar el paisaje y también miró a María.
-Verás, he conocido a unas chicas muy simpáticas y bueno, solemos quedar como hacen las amigas.-dijo ella nerviosa.
-Pues con nosotros no sueles quedar, ¿es que ya no eres nuestra amiga?-preguntó Camila enfadada.
-No, no, para nada, pero quiero conocer a gente nueva y Chicago está lleno de gente, me gusta salir de fiesta, quedar con chicos y esas cosas.
-Pues que te quede claro, que quedarse en casa viendo “Buscando a Nemo” es una de las cosas más divertidas del mundo.-dije yo sarcástica.
-¿No lo ves, Amelia? Vosotras sois amigas mías, y os quiero mucho pero no salís de fiesta, so comportáis como cincuentonas. Violeta sale con Nicolas y no sale de fiesta, Camila está pillada por-Camila le tapó al boca y sonrió.- Y tú acabas de salir de una ruptura, ¿con quien voy a salir de fiesta, con Lidia?
María tenía razón, estábamos envejeciendo, pero algo me había resultado raro en su conversación ¿quién le gustaba a Camila?
-¿Me entendéis?-preguntó ella con una sonrisa triste.
-Sí, ahora sí, pero podrías haberlo dicho. ¿Qué te parece si esta noche salimos las 3?-pregunté yo.
-Por mí genial, será como en los viejos tiempos.-dijo Camila.
-¿Yo no puedo ir?-dijo Violeta.
-No, solo solteras, tu quédate con Nicolas sola en casa.-dije yo, los dos se enrojecieron.
-Sois tal para cuál.-dijo Camila.- Podéis hacer el amor ¿y qué?
Los dos disimularon.
-Buf, sois imposibles.-dijo Camila cruzando los brazos.
Bajamos del coche, subimos en ascensor y finalmente llegamos a nuestro piso.
Charlotte lloraba en el sofá, un montón de papel arrugado estaba por encima del sofá.
-Brandon me ha dejado.-aclaró ella. Nicolas simplemente susurró “El destino” y se fue a la cocina.
Todas nos acercamos a ella y la abrazamos.
-¿Qué pasó?-preguntó María.
-Pues nada, hoy vino y me besó como si no pasará nada y yo le pregunté que por que no había venido los últimos días y se enfadó, se enfadó mucho. Olía a alcohol, a tabaco y quizás a droga.-dijo ella llorando.
-¿Por qué se enfadó ese imbécil, si se puede saber?-dije yo enfadada
-Por lo que yo suponía, porque no confiaba en él, que él si confiaba en mí y yo vivía con una panda de retrasados mentales y…-se sonó con uno de los papeles que no estaban usados. Y siguió hablando.- Y entonces dijo que esta relación no llegaba a ningún sitio y que cortaba.
-Todas sabemos que es un imbécil.-dijo Camila apartándole el pelo a Charlotte. Me la imaginé tan cerca de Leo acariciándole el pelo y diciendo “Amelia es imbécil” o algo por el estilo.
-Toma, Charlotte, helado y chocolate.-dijo Nicolas tendiéndole una tarrina de helado y una barra de chocolate.
-Gracias, Nicolas. Eres genial, ojala tuviera un novio como tú.-dijo Charlotte sonriendo y con alguna lágrima recorriendo su rostro.
-Oye, no sabía que había chocolate en la despensa.-dije yo sorprendida.
-Lo compré ayer, tengo contactos trabajando en el destino.-dijo él sonriendo.
-Vamos, que ya sabías que esto iba a pasar.-dijo Camila aclarando la metáfora de Nicolas.
-¿Te vienes de fiesta hoy?-preguntó María.
-No sé, no estoy para fiestas.
-Puede que te venga bien.-dije yo.
-Puede que dentro de unas semanas, pero ahora no.-dijo ella.
-Pues nada, no te presionamos.-dijo Camila.

Horas después nos preparábamos para ir de fiesta.
Yo escogí un vestido ajustado rojo y muy sensual, la melena suelta y los labios pintados de rojo pasión, un poco de base, colorete, rimel y lápiz.
Camila llevaba un vestido blanco que resaltaba mucho su piel morena y su pelo negro, ceñido y escotado.
María llevaba un vestido fucsia que también marcaba su bronceado, llevaba el pelo recogido en un moño y los labios de color fresa.
Nicolas nos hizo un bonito cumplido a todas y nos marchamos.

La fiesta fue divertida, alcohol, baile con desconocidos y esas cosas, pero llegado a un punto no me encontré bien, estaba mareada y tenía ganas de vomitar, puede que demasiado alcohol, posiblemente.
La cabeza me daba vueltas y deseaba no haber bebido tanto, no quería estropearles la fiesta a Camila y a María, así que me decidí a marcharme andando y les envié un mensaje. El cielo estaba un poco nublado, las típicas lluvias de principios de octubre, finales de septiembre, suponía. Hacía un poco de frío y empecé a ver como pequeñas gotas iban cayendo al suelo. Me gustaba la lluvia, así que como no vi a nadie por la calle empecé a cantar y bailar como Gene Kelly I'm singing in the rain.
Estaba empezando a gritar en vez de cantar cuando vi a Gaylord. Me agaché detrás de un banco para que no pudiera verme. Iba con una chica, bastante guapa, morena, con los ojos verdes y el pelo castaño.
-Cuídate, guapo, no quiero que pilles una pulmonía.-le dijo aquella chica, que debía ser su novia. La chica entró en la casa y él se marchó. Parecía más joven que él, quizás 16 años.
Gaylord se quedó mirando el banco fijamente y pensé que me había visto, pero siguió caminando hacia delante. Cuando desapareció de mi campo de visión me levanté del suelo y seguí cantando.
Noté que alguien se acercaba a mí y dejé de cantar, estaba un poco borracha, pero no lo suficiente como para no avergonzarme.
El chico me seguía, iba justo detrás de mí y empecé a sentir miedo. Chicago no era una ciudad pequeña y había asesinatos, robos y esas cosas, era más que posible que me quisiera violar.
Empecé a correr y el chico me cogió.
Empecé a chillar y el chico me tapó la boca, yo le mordí y vi como salía la sangre de sus manos.
-No sé te puede hacer una broma, mierda, como duele.-dijo Gaylord detrás de mí.
Empecé a reírme.
-Te lo merecías.
-Siempre que te veo estás mojada.-dijo mirándome. Yo estaba completamente empapada, pero ya me había acostumbrado a esa sensación.
-Siempre que te veo estás de mal humor.-dije yo a su vez.
-Eso no es cierto, y si lo estoy es porque con la lluvia no puedo fumar.-dijo él mientras se miraba la mano.
-¿Quieres que seamos hermanos de sangre?-le pregunté mirándole la mano.
-¿A qué te refieres?-me preguntó él.
-Muérdeme la mano, luego nos damos la mano y seremos hermanos de sangre.-dije yo.
-Estás loca.-dijo él con su sonrisa torcida.
-Venga, no seas gallina.-le dije yo.
-Vale.-dijo él, yo sabía que eso me iba a doler, pero me daba igual estaba enamorada, enamorada hasta lo más profundo de mi corazón y con tal de poder darle la mano tan solo un segundo me daba igual tener una cicatriz de sus dientes.
Le tendí la mano y él me mordió. El dolor era intenso, muy fuerte, apretaba los dientes para no chillar.
-Dame la mano.-le dije intentando disimular el dolor.
Me tendió la mano, era fuerte y no noté el dolor.
-Ya está, somos hermanos de sangre.
-Ahora hay que dejar que lo limpié la lluvia.-le susurré.- Siéntate en el suelo.
Él se sentó.
-No, esto hay que hacerlo en el número 7 de la calle.-le dije yo.- Si lo hacemos, lo hacemos bien.
-Enserio, estás fatal.-me dijo él mirándome a los ojos.
-Aquí.-dije yo señalándole el portal 7.
Yo me tumbé y él se sentó mientras miraba el cielo.
Saqué la lengua dispuesta a saborear las gotas de lluvia y miré a Gaylord.
-Creo que ya sé tu nombre.-le dije a Gaylord.
-¿A sí? ¿Has estado leyendo?-me preguntó.
-No, empezaré dentro de poco. Pero creo que ya lo he descubierto.-dijo yo con una sonrisa de picardía.
-Yo tampoco sé tu nombre.-me dijo él. Había parado de llover y encendía un cigarro.
-¿Te lo digo?-le pregunté acercándome a él. Él se apartó.
-Sólo si quieres, si no te pondré un nombre absurdo, como Gaylord.-me dijo con su sonrisa torcida.
-Amelia, me llamo Amelia.-le dije.- Estudias literatura, ¿verdad?
No respondió, siguió fumando. Le quité el cigarro y empecé a fumar.
-¿Qué haces? No sabía que las chicas pijas como tú fumaran.-dijo él, intentando quitarme el cigarro. Me gustaba fumar de él, porque sentía que saboreaba sus labios, los labios que se habían posado en ese cigarrillo. Me despisté y me quitó el cigarrillo.
-Yo no soy pija.-le dije.
-Mira como te vistes, como hablas, eres pija.
-Te equivocas, confundes ser pija con ser normal. ¿Tú que eres?
-Yo soy bohemio, está claro.-dijo él.
-Me voy.-dije tras unos minutos.- Nos vemos en la universidad.
-Adiós, Amelia.-dijo él, se levantó y se fue.- Un momento, me debes un cigarro.
Me reí y me marché.
-Acabarás dándomelo.-dijo él.
Llegué a casa empapada, me duché y me metí en la cama. Me miré la marca de la mano y suspiré. La cantidad de tonterías que se hacían por amor. Pensé que sería lo que estaría haciendo Gaylord en este momento y leí un poco de Romeo y Julieta. Cuando me desperté tenía el libro de Romeo y Julieta debajo del culo y ya eran más de las once de la tarde.
Me fui de compras y me compré un par de cosas para impresionar a Gaylord, Camila me acompañó y me aconsejó cada prenda y cada bolso. Nos gastamos bastante dinero, pero estaba dispuesta a cambiar. Entramos en una tienda de tatuajes y piercing y me hice un piercing en el ombligo.
Le dimos un paseo a Lidia y mientras tanto imaginaba la cara de Gaylord mientras yo aparecía ante sus ojos con toda aquella ropa. He oído mil veces que quien te quiere no te cambia, pero yo quería hacerlo y estaba demasiado enamorada como para evitarlo.

Capítulo 45 aquí.