jueves, 26 de julio de 2012

Capítulo 34

Cuando abrí la puerta de nuestro piso se abalanzaron sobre mi 4 chicas maravillosas: Charlotte, Camila, Violeta y María.
-Te hemos echado mucho de menos.-dijo Camila.
-Sí, nos hemos aburrido sin ti, sin vosotros.-corrigió Violeta.
-No preguntéis por Liam ni nada de eso, está en el hospital y eso.-dije yo riéndome. Violeta hizo una mueca de horror al ver que no se había acordado de Liam.
-¿Está bien?-dijeron todas.
-Sí, se empieza a recuperar y ha salido del coma.-dije yo con una sonrisa.
-¿Qué te ha dicho?-pregunto Camila.
-¿Has hablado con el de lo vuestro?-pregunto María curiosa.
-Sí.-dije.
-Chicas, os dejo con vuestro interrogatorio.-dijo Leo.- Voy a ver a Giulia.
-Si quieres te acompaño.-le dije yo acercándome a él y dándole un beso en los labios.
-No, es mejor que te quedes aquí contándoles toda la historia.-me dijo él con una sonrisa. Era un chico increíble, me acompañaba a Nueva York por mi ex y luego me decía que no hacía falta que yo lo acompañara al hospital más cercano.
-De acuerdo, pero si necesitas algo, llámame.-le dije.
-Pues claro, no te preocupes.-me dijo. Abrió la puerta y desapareció del piso.
-¿¡Qué ha pasado?!-dijeron Camila y María remarcando cada palabra y chillando.
-Pues que Liam me ha dicho que ya no siente nada por mi.-dije yo, esperando algún comentario.
-Eso no me lo creo ni yo.-dijo Violeta
-Completamente de acuerdo.-dijeron las demás.
-Una persona normal no puede dejar de sentir algo por una persona por la que ha intentado suicidarse en un día o menos.-dijo María.
-Cierto.-dijeron Camila y Charlotte.
-Pues lo que os voy a decir no os va a gustar.-dije yo.- Me ha dicho que quiere venir a Chicago, porque en Newport se siente muy solo. Sus amigos se han ido a la universidad y además nos echa de menos.
-Estás loca, y además yo no voy a dejar que lo cambies por Leo.-dijo Camila.
-¿Qué?! No lo iba a cambiar por Leo, yo estoy enamorada de Leo, no de Liam.
-Por que le dijiste que si?-pregunto Charlotte.
-Porque me dio pena, y además parecía triste y cansado. Quería darle una oportunidad.
-Todas las oportunidades acaban siendo errores.-dijo Camila mordiéndose las uñas.
-Lo dices porque eres una cínica.-dije yo riéndome.- Y además parecía sincero, no parecía mentir.
-Los chicos son grandes actores, son capaces de no llorar a pesar de sufrir profundos daños en su corazón.-dijo Violeta como si se tratara de una especie en peligro de extinción y no un chico.
-Simplemente, ten cuidado.-dijo Charlotte.
-Él no es un chico mas, fue mi novio. Estuve enamorada de él, es especial y no se va a comportar como un estúpido.
-Permanece alerta.-susurro Charlotte. Resople, si se les había metido en la cabeza que Liam era una amenaza iba a ser así hasta que se demostrara lo contrario.
-¿Qué día viene?-pregunto Violeta.
-En cuanto se recupere, hay que encontrarle un piso por la zona.-dije yo.
-Hablando de encontrar, mañana viene a comer Brandon. Quiero que lo conozcáis.-dijo Charlotte.-En poco tiempo os habéis convertido en grandes amigas para mi, y sería algo importante que lo conocierais.
Todas soltamos un "Oh" y le dimos un abrazo. Oí el tono de llamada de mi móvil. Era Leo.
-Hola, cariño.-dije yo.- ¿Algún problema?
-Sí, ven al hospital, rápido.-dijo él con brusquedad.
-Adiós, chicas. Parece que hay problemas en el hospital.-dije yo disponiéndome con la mano.
-Cuando puedas nos informas.-dijo María haciendo el símbolo del teléfono con la mano y acercándosela a la oreja.
Cogí mi bolso y baje rápidamente las escaleras para llegar a la parada de autobús.
En cuanto llegue al hospital vi a Leo apoyado en uno de los muros del hospital.
-Giulia se ha escapado del hospital.-dijo él con una mirada triste.
Le di un abrazo con energía.
-Tranquilo, ella sabe cuidarse. Seguro que está bien allá donde este.
-¿Tú crees?-dijo Leo como si fuera el niño más inocente del mundo.
-Pues claro que si.- me acerque a su cara y cuando iba a besarle pensé que no era adecuado, no en ese momento tan triste para él. Me aleje y le di la mano mientras me ponía a su lado y me apoyaba al muro.
-¿Por qué no?-me pregunto. Arquee las cejas, me hablaba del beso o de que estuviera bien?
-¿Por qué no qué?
-¿Por qué no me besas y como en las películas me susurras a la oreja que para ser felices solo nos necesitamos el uno al otro?-me dijo él con una sonrisa.
Me acerque a él y recordé algo, puede que una buena idea.
Le besé y lo más cerca posible de su oreja le dije;
-¿Qué nos une?
-Amor y mucho más...-dijo él con una sonrisa, y por extraño que parezca los dos nos sentíamos mejor.
-Se me olvida decirte que nos ha dejado una nota, una a ti y una a mí.-me dijo rompiendo el silencio.
-¿Las has leído?
-No, quería leerla contigo.-me dijo con una mirada dulce, muy dulce.
-Pues dámela.
Del bolsillo de su pantalón saco dos cartas dobladas por la mitad.
Me tendió una, donde ponía: "Para Amelia".
-¿La leo en voz alta?-le pregunte.
-No.-me señaló el césped para que me sentara y me senté junto a él.
Abrí la carta y leí mentalmente lo siguiente:

Querida Amelia:
Los médicos me dijeron que había mejorado mucho y decidí que era el momento de largarme y dejar un sitio libre en el hospital. He decidido escaparme a mi pueblo, Calabria, donde nadie me hace preguntas y simplemente soy yo misma, sin necesidad de esconder mi verdadera personalidad. Volveré en cuanto me libere y me sienta feliz.
Intentare ir a un psicólogo para desahogarme y por favor cuida a Leo y no le cuentes nada de esto. No quiero que se preocupe por mí.
Abrazos de Giulia.
P.D.: Escuche todo lo que me dijisteis cuando estaba en coma y tus consejos me van a ser muy útiles, espero que seáis felices juntos.

Las lágrimas recorrieron mis mejillas, no sé porque, pero sentía que Giulia era una gran persona y estaba haciendo todo eso para que Leo no sufriera, para que no la viera yendo al psicólogo y deprimida.
Leo se acercó a mí preocupado y pasó un brazo por mi espalda. Eso me hizo sentirme mejor y cuando le iba a explicar lo que ponía la carta recordé que Giulia no quería que Leo supiera todo aquello.
-En mi carta pone que decidió escaparse y viajar a algún lugar donde no le hagan preguntas, y dice que se encuentra mejor y no se suicidará, que irá al psicólogo para ponerse bien.
-¿Lo dices en serio?-dijo Leo con una sonrisa.
-Sí, y dice que volverá cuando se recupere.
-En mi carta ponía que no me preocupara, que fuera feliz y que disfrutara de la vida.-dijo él.
-Pues tiene mucha razón.
-Ella siempre tuvo razón, excepto cuando se volvía una loca.
-¿Nos vamos de aquí?-le pregunté mirando el hospital.
-Sí.-dijo él, me cogió de la mano y fuimos paseando hasta el piso otra vez.
-Que sepas que cuando menos te lo esperes te daré una gran sorpresa.-dijo él acentuando el gran.
-¿En serio? Seguro que es mejor que la mía.
-¡Qué va! Es mucho peor.-me dijo él riéndose.
-Así no quedas bien.-le dije haciéndome la enfadada y separándome de él.
Él volvió a cogerme de la mano y se acercó a mí, a mi boca y me dio un beso.
-¿Me perdonas?-dijo él.
-No sé…-dije dejándole con la duda. Él me dio otro beso, esta vez más apasionado y romántico.- Te perdono.
-Menos mal, pensaba que tenía que hacerte el amor en medio de la calle.-me dijo el riéndose.
-¡No seas pervertido!-le dije yo riéndome.
Y entre risas y bromas llegamos al piso.
Nico a había llegado y en seguida corrí a abrazarlo.
-¡Nicoo!-dije yo.
-Hola, Amelia. Te he echado de menos.-me dijo él con una sonrisa. Me reí de su forma de ser, tan agradable.
-Pues qué bien, yo también te he echado de menos.-le dije.
-Tengo que hablar contigo en privado.-dijo señalando las escaleras de la terraza.
-Vale.-dije subiendo las escaleras.
Al principio no dijo nada y simplemente contempló las vistas, yo le imité.
-¿Qué era aquello tan importante?
-Pues, Amelia, eres una persona muy importante para mí y confío en ti y lo que te voy a decir también es importante y necesito tu ayuda.-me dijo mirándome a los ojos. Yo solo rezaba para que no se me declarara allí.
-Muy bien, ya sabes que me tienes para todo lo que necesites.-dije sonriéndole.
-Pues, veras, sabes que yo soy muy tímido y que me cuesta expresar mis sentimientos.-me dijo bajando la mirada y mirando el suelo.
-Sí, lo sé.
-Necesito que me ayudes a pedirle salir a Violeta.-dijo él, con la mirada fija en el suelo, tartamudeando. Una gran sonrisa apareció en mi rostro.
-¡Pues claro que sí, para eso están los amigos!
-No sé como pedírselo, porque quiero que sea romántico, pero soy incapaz de decírselo cara a cara y un mensaje o una llamada quedaría muy cutre.-dijo él mirándome.
-Pues se me ha ocurrido una gran idea.-dije yo.
-¿Cuál?-me preguntó animado.
-Puedes escribirle una carta, yo bajaré a por el correo y tú me la darás. En la carta podrás poner lo que sientas por ella de forma bonita y sin atragantarte y tartamudear, y además es romántico. Pero la carta tiene que ser como las antiguas, ósea que tienes que empezar a buscar la carta perfecta para declararte.
-De acuerdo.-dijo él y los dos bajamos las escaleras con una gran sonrisa.
Me alegraba tanto por Violeta, al fin tendría un final feliz. Sabía que desde lo de David estaba diferente y seguro que eso la alegraba.
Comimos toda la pandilla junta, la pareja Zackila (suena fatal, ¿no?),Leo y yo, los que iban a ser Vicolas, Charlotte y María. Últimamente María solía ir a la discoteca con la que se había convertido en su mejor amiga, Charlotte. Aún no había encontrado a su chico, pero tenía la sensación de que faltaba poco para que lo encontrara.
Nicolas se fue pronto, supongo que para preparar la carta de amor a Violeta, Zack y Camila se fueron de cena romántica y Charlotte y María salieron de fiesta, bastante temprano, otra vez. Violeta también se fue a una cafetería para inspirarse en su siguiente novela. Finalmente habíamos decidido no enviar aquel correo tan crítico acerca de su novela y esperábamos el momento de decirle que era horrible.
Leo y yo nos quedamos solos en casa.
-¿Crees que Liam es una amenaza?-le pregunté.- Para nuestra relación y eso…
-Yo confío en ti, y sé que si le dijiste eso fue porque sabias que era importante para él que tu le dijeras que sí en un momento así, que le ayudaras en el momento más difícil de su vida.
-¡Qué profundo!-dije yo sonriendo. Leo se rió y nos sentamos en el sofá.
Hice un poco de zapping y no vi nada interesante en la televisión.
-He estado pensando en intentar convencer a algunas galerías cercanas para que expongan mis cuadros.-me dijo él.
-Sería fantástico.-le dije, noté preocupación en su mirada.- Cariño, ¿qué te pasa?
-Pues que a veces hay cosas que no me cuadran.-me dijo mirándome directamente a los ojos.
-¿Qué es lo que no te cuadra?-le pregunté extrañada.
-¿Qué hiciste en la terraza con Nicolas?-me preguntó.
-No te lo puedo decir, es un secreto. Pero no hicimos nada malo.-dije, y pensé que parecía que había dicho “Nos estuvimos besando, pero no te lo voy a contar”.
-¿Y por qué saliste tan contenta?-me preguntó.
-Porque es una buena noticia.-le dije sonriendo.
-¿Y por qué no me la puedes contar?
-Porqué él no quiere que nadie se entere hasta que sea el momento.-le dije, ¿por qué la verdad sonaba tan falsa, tan mentira?
-Cariño, por favor, dime la verdad.-me dijo él al oído.
-Esa es la verdad, antes has dicho que confiabas en mí, ahora es cuando tienes que demostrarlo, si no te fías ni del inocente Nicolas, ¿cómo te vas a fiar de mi ex?-le pregunté alterada.
-Tienes razón, lo siento.
-A veces eso no lo arregla todo.-le dije y vi su mirada de tristeza.- Pero esta vez sí.
Se acercó a mí y me besó, los besos fueron cada vez más apasionados y nuestras respiraciones se agitaban. Él metió su mano por debajo de mi camiseta y entonces apareció Violeta.
-Oh, vaya lo siento.-dijo ella con la cara completamente roja y retrocediendo.
Leo apartó la mano de mí y yo me alisé la camiseta.
-No pasa nada, tranquila, pasa.-dijo Leo con una sonrisa encantadora.
-De verdad, yo no, no quiero interrumpir-nos dijo.
-Cariño, ya has interrumpido, ahora pasa y cuéntanos qué tal va tu novela.-le dije dando una palmadita al sofá.
-Está bien, vi a Nicolas comprando una carta preciosa en un quiosco y me sentí alicaída pensando que era para alguna amante suya o algo por el estilo, como vosotros ya sabéis, a mí me gusta y no sé, no quería seguir allí.
-No te preocupes, seguramente sea para su madre.-le dije yo con mi sonrisa más falsa.
-Puede que sí, pero es un chico encantador, podría gustarle alguna chica y sin duda tendría muchas posibilidades.-dijo y tenía razón, Nicolas era un chico estupendo.
-Tú piensa siempre en positivo, si yo hubiera pensado que no tenía ninguna oportunidad con Amelia porque tenía un novio y estaba enamorada, ahora no estaría en Chicago y tú no me hubieras pillado metiéndole mano.-dijo él sereno. Al decir “metiéndole mano” Violeta se sonrojó y sonrió débilmente.
Al día siguiente yo esperaba un pitido en mi móvil que me indicara que Nicolas estaba abajo con una carta que cambiaría su vida.
Y cuando me comía una deliciosa magdalena sonó el pitido y asegurándome de que estuvieran todas despiertas bajé a por la carta.
-¿Nervioso?-pregunté yo.
-Muchísimo.-me respondió Nicolas y me tendió una preciosa carta.
-Suerte, aunque no la necesitas porque eres un tío fantástico y sé que ella te va a decir que sí, ¿pero cómo te va a contestar?
-Ya verás, he pensado en todo.-me dijo él con una sonrisa nerviosa.
Le di un abrazo y subí corriendo.
En el centro del sobre ponía Para Violeta: en letra cursiva y parecía escrito con tinta o algo parecido. Abrí la puerta y me dirigí a la cocina donde estaban todos desayunando.
-Traigo una carta para Violeta.-dije dándosela a Violeta cuidadosamente.
-Es preciosa, me suena de algo.-dijo Violeta, leyendo las letras que había escritas.
Abrió el sobre lentamente y empezó a leer en voz muy baja:

Violeta, me gusta todo de ti, hasta tu nombre me parece de los más bonitos que hay, cada vez que sonríes soy un poco más feliz, te miro y solo pienso en cómo deben saber tus labios y en los afortunados que pudieron saborearlos. Sé que esto suena muy cursi, pero es lo que siento y no me gusta mentir. Violeta, en pocas palabras yo te quiero, te amo, daría todo lo que tengo por ti, daría mi vida si me la pidieras. No sé si aún no has descubierto quien soy pero por si lo dudabas.
Tú amante secreto, Nicolas.
P.D.: Si sientes lo mismo que yo estoy en el portal esperándote, te he preparado una sorpresa.
¡Qué romántico era! Los ojos de Violeta empezaron a llorar, digo los ojos porque Violeta estaba sonriendo y riéndose, era feliz y sus ojos lloraban de emoción estoy segura.
Bajó corriendo al portal y se reunió con su enamorado.

Capítulo 35 aquí.

jueves, 12 de julio de 2012

Capítulo 33

Después de llegar a Nueva York nos habíamos perdido buscando el hospital y ahora estábamos allí enfrente de él.
Leo me cogió de la mano.
-¿Quieres que entré?-me preguntó.
-Acompáñame hasta la puerta y luego ya veré, depende de cómo esté.-dije yo.
-Buenos días, vengo a ver al paciente Liam, ingresado hace poco.-le dije a la enfermera.
-Sí, ya sé, pero es mejor que no le vaya a visitar, está en reposo.
-¿Está en coma?-pregunté.
-Parece que se empieza a despertar pero no estamos seguros.
-¿Cuándo podré ir a verlo?
-Si puedes esperar unas horas, mejor. ¿Eres pariente?
-No, soy Amelia.-le dije.
-Ah, ya entiendo.-dijo ella recordando lo que había hecho Liam en su intento de suicidio.- Pues yo le recomiendo que vayan a cenar y luego vuelvan a hablar con Liam.
-Pues nada, luego volvemos.-le dije a la secretaria.
Fuimos andando y encontramos una pizzeria italiana que tenía buena pinta.
-Definitivamente me gusta más Chicago, son parecidos pero, no sé, Nueva York es demasiado grande.-le dije a Leo.
-Sí, a mí Chicago me encanta.-me dijo Leo con esa sonrisa tan bonita que tenía. El camarero se acercó a nosotros.
-Buenos días, ¿Qué quieren para cenar?-dijo un camarero con una acento italiano como el de Leo.
-Una pizza capricciosa y una Coca cola.-dije yo.
-Yo, una pizza 4 quesos y otra Coca cola, por favor.
-¿Es usted italiano, no?-le dijo el hombre.
-Sí, soy de Nápoles.-dijo Leo con una sonrisa.
-Oh,io sono di Messina, in Sicilia, come mi manca l'Italia!- que debía ser que echaba de menos Italia, o algo así.
-Anche a me.
-Sai, per me il più bello paese sará sempre l'Italia.- Leo se rió.
-Certo. Per inciso, la pasta della pizza molto sottile, non come l'americano.-dijo él, yo no tenía ni idea de que decían pero aún así me encantaba como sonaba ese idioma.
-Certo, e anche portare limoncello, sulla casa.
-Non c'è bisogno...
-Sí, lo é, non tutti i giorni sono italiani qui.
-Okey, si vince.
-Vengo ora.
-Okey.
-¿Qué te ha dicho?-le pregunté yo cuando el camarero se fue.
-Que nos invita a licor, a uno italiano.-dijo él.
-¡Qué bien esto de tener novio italiano!
-¿Sólo tiene esto de bueno?
-Mentiría si dijera que sí.-nos dimos un beso.
-Ti amo.-me dijo él y nos volvimos a besar.
-¿Estás preocupada por Liam, verdad?
-Sí, es que era un gran amigo y es una gran persona. Lo que deben estar sufriendo sus padres y todos sus amigos.
-Estamos igual.
-No, yo hace poco que conozco a Liam, lo de Giulia es mucho más fuerte. Y estás siendo muy bueno conmigo.
El camarero apareció con las bebidas.
-El limoncello de postre.-dijo sonriendo.- Te gustará.
-Eso espero, tengo que acostumbrarme a lo italiano.
-¿Te irías con él a Italia?-me preguntó el hombre.
-Por supuesto, a Italia y a cualquier parte del mundo.
-Gran chica has elegido, gran chica.-dijo él mirando a Leo.
-Eso ya lo sé.-dijo Leo, mientras me besaba.
-¡Qué pena que no me quede tiramisú! Pero en Ferragosto estáis invitados.
-No sé si podremos venir.-dijo Leo.
-¿Dónde vivís?-preguntó.
-En Chicago, hemos venido a Nueva York porque han ingresado a un amigo en el hospital.-dijo Leo.
-¡Mamma mia! Qué pena, puede que Nueva York no sea como Italia, pero es bonita.-dijo él.
-Nos gusta más Chicago.
-Nunca he estado, no me muevo mucho por América.
-Venimos de un aburrido pueblo costero.-dije yo, el camarero se rió.
-En Italia los pueblos del sur nunca son aburridos.-dijo él.
Se marchó y esperamos a que trajera la pizza.
-Buon appetito.-dijo el camarero con dos pizzas.
-Grazie.-dijo Leo.
-Gracias.-dije yo en español.
-¿Española? Tendrías que haberlo dicho antes.-dijo en un español muy gracioso.- Yo estuve trabajando allí 6 años y algo de castellano aprendí.
Nos sirvió las pizzas y se fue.
-¡Están buenísimas, súper finas!
-¿Quieres probar la mía?-giró el plato y en la pizza hecho con salami había un enorme “Ti amo”. Puede que no fuera lo más romántico del mundo pero me encantaba.- Cortesía del camarero.
-Oh, cariño, yo también te quiero.-dije acercándome a él y dándole un beso con sabor a pizza.
Nos comimos las pizzas, felicitamos al camarero y nos fuimos al hospital a vivir la cruda realidad.
-Ya ha salido del coma, pero está muy débil, piensen que solo lleva dos días en cuidados intensivos y aunque la mayoría de sus heridas más están curadas las más profundas aún no. Pero pronto se recuperará.-nos dijo el médico que había allí.
-Leo, voy a hablar con él, tú quédate aquí afuera.
El médico me abrió la puerta y le vi allí tumbado, su rostro estaba muy pálido y su pelo rubio ya no desprendía vitalidad.
Parecía dormido, pero en cuanto dije “Hola, Liam, te he echado de menos”, abrió los ojos.
-Amelia, no tenías porqué venir.
-Si no tenía que venir, ¿por qué pusiste aquello en la pared?
-Por qué yo estaba allí con vosotros en Chicago. Había oído que os habíais mudado a Chicago y fui a visitaros. Iba caminando por la calle y te vi, estabas con un chico alto y fuerte, muy moreno, tu novio supongo, y oí lo que le dijiste, lo de que a veces el “te quiero” no es suficiente, que es algo fácil de decir, que hacen falta hechos para demostrarlo y entonces os seguí por la ciudad, cogí un taxi y le pedí que siguiera al que te habías subido tú.
Subí a la “Torre Willi” y escuché lo que le dijiste a Leo, era tan bonito y pensé que yo no te lo había demostrado y que aún no era tarde. No pensaba matarme, pero después de hacerlo, me sentí deprimido y me pregunté cual era el sentido de mi vida y no lo encontré.
-Liam, hay muchas cosas de las que no estoy segura, pero estoy completamente segura de que tú me amabas, no hace falta que me lo demuestres, lo que pasa es que yo no te amo a ti, y lo siento mucho, pero yo lo amo a él, a Leo y me gusta decirle que le quiero, me gusta sorprenderle. Liam, tienes que superarlo, tú ya no eres mi novio, no puedes hacer tonterías por mí, hay otra persona que las hace. Sé que estoy siendo muy dura contigo, pero es que yo te quiero un montón, como amigo y no quiero que sufras por mí culpa. No quiero que nadie sufra por mi culpa.
-Lo siento.
-Tienes que superarlo Liam, que lo hice mal lo sé, pero a veces esas cosas suceden e igual que yo he tenido que aguantar muchos amores no correspondidos tú tendrás que hacer lo mismo. No puedes pasarte toda la vida así, sabes, a veces las cosas pasan cuando menos te lo esperas. Camila, Camila la chica con el corazón de piedra, imposible de conquistar, está enamorada, tiene un novio al que quiere un montón y yo sé que tú encontrarás a otra, pero así no, no puedes encontrar a otra si no abres tu corazón.-le di un abrazo y un beso en la mejilla.-¿Me entiendes? Y en eso yo no te puedo ayudar.
-¿Me presentas a tu novio? Porque se ha llevado a la chica más buena del planeta y quiero ver al afortunado.-me dijo con una sonrisa.
-Está fuera esperándome.-le dije.
Abrí la puerta y le dije a Leo que podía entrar.
-Tío, tienes una suerte, cuídala, ¡eh! No la dejes escapar.-dijo Liam.
-Nunca la dejaré escapar.-dijo mirándome.
-Te dejamos solos para que lo pienses, ¿vale?-dije yo.
-Sí.-dijo él.
Bajamos al jardín del hospital y nos sentamos en un árbol.
-Ese chico tenía razón, soy afortunado, muy afortunado.
-¿Escuchaste toda la conversación?-dije yo riéndome.
-Nunca se sabe cuando uno puede necesitar esa información.-me dijo guiñándome un ojo. Me dio un beso y nos tumbamos en el suelo.
-Yo también tengo suerte.-le dije volviéndole a besar.
-¿Nos besamos por la suerte? ¿Por el día en que el destino nos empujó a conocernos?-me dijo él con una sonrisa irresistible.
-Yo te besaría aunque fuera por irte con tu ex.-le dije yo besándola.
-¿Segura?
-Antes perder mi orgullo, que no un último beso tuyo.-le susurré al oído.
-¿Cuándo volvemos a Chicago?-me preguntó él.
-Pues, mañana por la mañana.
-¿Crees que Liam estará bien?-me dijo.
-Si ya ha salido del coma y puede hablar sin delirar, yo creo que sí.
-Eres un poco mala.
-Sólo lo justo.-le dije a él, mientras le besaba.
-¿Subimos a despedirnos?-le dije yo.
Leo se levantó y me tendió la mano para que me levantase del suelo. Cogidos de la mano, subimos hasta la planta dos y entramos en la habitación de Liam.
-¿Estás mejor?-le pregunté a Liam.
-Sí, mucho mejor. Una pregunta, ¿puedo mudarme a Chicago?
-Liam, por mí sería genial, pero si te mudas a Chicago te costará más olvidar esto y pasar página.
-Ya lo he olvidado.-dijo él con una gran sonrisa.
-¿Tan rápido?
-Sí, cuando habéis bajado, yo he mirado por la ventana y os he visto sentados, tan felices como dos enamorados y no sentía envidia, al contrario me alegraba, erais felices, sentados en la sombra de un árbol y yo también lo era. Mis amigos se han ido del pueblo, y ya no hay escuela de Magia. Sois los únicos amigos que me quedan.
-¿Estás completamente seguro? Porque nuestra pandilla es una pasada, ¿vale? Y cuando pases este problema y te pongas bien va a molar mucho más.-dije yo llorando de la emoción.- Bienvenido, Liam, bienvenido a nuestra pandilla. De momento somos Violeta, Camila, Zack, María, Nicolas, Charlotte, Leo y…-me volvía a echar a llorar.- y Giulia que se pondrá bien y podrá ser una más del grupo.
Leo me sonrió.
-Pues claro que sí, cariño.
-Entonces, te llamo cuando me den el alta, ¿vale?
-Llámame un poco antes, a tiempo de que vengamos todos y te abracemos.
-Claro.-dijo él, me acerqué a él y le abracé, parecía que el que estaba hasta hace poco en coma y se había intentado suicidar consolaba a la chica feliz con novio.
-Cuídate.-le dije.
-No creo que aquí se pueda hacer otra cosa.-dijo señalando el hospital, me reí, lo echaba de menos.
Fuimos a un pequeño hotel que había por la zona y nos tumbamos en la cama.
-Estoy muerta de cansancio.-dije yo, mientras me quitaba la ropa y me ponía el pijama. No podía evitar mirar a Leo y su torso desnudo.
-Princesa, esto es va a arreglar, pronto estaremos en Chicago con Liam y Giulia recuperados y con toda la pandilla al completo.
-Seremos todo parejitas, Nico con Violeta, Zack y Camila, Liam y Giulia, Charlotte y Brandon, tú y yo…-dije mirándole a los ojos.
-Tú y yo durarán más.-dijo él con una sonrisa.
-Por supuesto, ellos durarán tanto que tendrán que enterrarlos en un ataúd doble.-Leo se río, me gustaba que se riera de mis chistes.
-Leo, tú eres un buen tipo, cuida de mí, mi angelito de la guarda dejó el trabajo porque decía que era imposible cuidar de una chica con tantos problemas.
-Yo cuidaré de ti y no te dejaré nunca.-dijo abrazándome.
-Más te vale, porque tengo una amigo que es boxeador.-dije con voz de niña pequeña.
-¿A sí? Tendrás que presentármelo.
-Mejor, no, solo para casos extremos.-le susurré al oído y me dormí abrazada a él, con esos brazos grandes y fuertes que valían más que 100 angelitos de la guarda juntos.
Me desperté y decidí prepararle una sorpresa a Leo.
Me vestí corriendo y en silencio, me cepillé los dientes y salí a la calle.
Compré fresas y entré en una cafetería para que me hicieran chocolate a la taza, tuve que salir y comprar vasos de plástico.
Cuando llegué Leo se acababa de levantar.
-Buenos días, amor.-le dije yo.
-Buenos días, cariño.-me contestó, y me dio un beso.
-Tengo una sorpresa.-le dije yo.
-Me encantan tus sorpresas.-me contestó con una sonrisa pícara.
-Tápate los ojos.-le dije.- Sino no es tan sorprendente.
-Uy, cuidado, que las sorpresas tienen que ser sorprendentes.
-¡Cállate!-le dije mientras mojaba una fresa en el chocolate.-Siéntate.
Le metí la fresa en la boca.
-Buenísima, perfecta para una mañana de verano.-me dijo.-Ahora me toca a mí.
Y estuvimos tomando fresas con chocolate.
-Mmmmh, estaban buenísimas.-me dijo él besándome, sus labios sabían a chocolate y hacía que me gustara mucho más.
-Tenemos que irnos al aeropuerto-le dije separando los labios.
Recogimos las pocas cosas que habíamos traído, le escribí una nota a Liam y la dejé en el hospital. Así seguro que se levantaba con una sonrisa.
Al fin llegamos al avión y nos sentamos en los sillones.
-¿La carta no sería de amor, no?-me dijo él con una sonrisa.
-Pues sí, era una carta de amor, ¿Por qué lo preguntas?-le dije.
-¿Me estás vacilando, no?
-No, era una carta de amor.
-Amelia, prométeme que me estás mintiendo.
-Si hiciera tal cosa, te mentiría. Porque era la carta de amor amistoso más bonita que he escrito nunca.
-Eres mala.-me dijo mientras me besaba, yo torcí la cara.
-Lo siento, estos labios no están disponibles, llame en otro momento o deje un mensaje después de la señal. Piiiip.
-Amelia, te quiero como no he querido a nadie nunca, porque me encanta cuando te pones celosa y quiero que sepas que si no me das ese beso moriré en cuanto lleguemos a Chicago.
Le di un beso.
-Eres un melodramático, y que sepas que si te he besado ha sido por si acaso. Nunca se sabe cuando la va a palmar uno.-le dije con una sonrisita.
-Ves, me encanta esa sonrisa que te sale cuando dices cosas que sabes que están mal y que retirarás si ves que alguien se ofende.
-Me conoces demasiado.-le dije.
Me despedí de Nueva York al oír el mensaje de abrocharse los cinturones.
Y saludé Chicago cuando vi la torre Willis donde proclamé mi amor a los cuatro vientos.
-Me encanta ese rascacielos.-dijo Leo, señalando al torre Willis.
-Y a mí.-le dije.
-¿Qué nos une, Amelia?
-Amor, amor y mucho más…
-Sería el título perfecto para una película.
-¿Y sabes que quiero que sea?, nuestra frase. Cuando estemos mal, cuando no podamos más, cuando queramos morir, el otro dirá “¿Qué es lo que no une? Y el otro dirá “Amor y mucho más…” y entonces estoy seguro de que nos sentiremos mejor, porque recordaremos los buenos momentos.
Le di un beso, tenía un novio perfecto.

Capítulo 34 aquí.

martes, 10 de julio de 2012

Capítulo 32

-¿Qué tal está Giulia?-le pregunté preocupada.
-Está mal, bastante mal, sigue viva, pero no sé cuanto tiempo tardará en curarse o si se curará, los médicos dicen que podría ser cualquier cosa, que fue una herida grave pero que como es joven tiene más oportunidades de curarse.
-¿Para qué tenía que venir?-le pregunté.
-Porque en la ambulancia dijo algo, se supone que está en coma y eso, pero dijo Amelia, muy flojito pero lo dijo y creo que puedes ir allí y hablarle. Dicen que cuando estás en coma oyes, si le dices que la perdonas y eso puede que muera más feliz, tú ya me entiendes.-me dijo.
-Ahora voy, sé que no era una mala persona.-le dije, y entré en la habitación.
Estaba tumbada en la cama, parecía que dormía porque al ser pálida no se la veía más blanca, la diferencia era que si estuviera realmente dormida no llevaría varias bolsas de suero y otras cosas y una máquina enchufada a ella.
-Hola, Giulia, soy Amelia. Me han dicho que cuando estás en coma oyes lo que te dicen por eso estoy aquí. Giulia, Leo me ha contado que eres muy importante para él, que aunque a veces haces cosas extrañas, como amenazar a personas con matarlas, eres una buena persona que ha pasado por cosas muy difíciles, no sé si esto te va a influir en algo, pero quiero que sepas que yo quiero ser tu amiga, que yo te perdono y que si en algún momento necesitas algo yo estaré allí para ayudarte.
Creo que me escuchó porque movió ligeramente la comisura de los labios.
-Giulia, quiero que si consigues salir de esta sepas que hay gente que te quiere, que no estás sola, que tienes amigos, como Leo y yo que te ayudarán a superar todo esto, te llevaremos a un psicólogo para que arregles tus problemas mentales, puedes volver a Calabria y encontrar a alguien, enviarnos postales, cambiar tu vida y empezar de nuevo cuando estés totalmente recuperada.
Otra vez la misma sonrisa. La acaricié y me marché.
-¿Has hablado con ella?-me preguntó Leo.
-Sí, creo que me ha perdonado. Creo que empieza a estar mejor. ¿Has hablado tú con ella?
-Sí, le he dicho que pese a lo que ha hecho y que hizo mal yo siempre estaré ahí con ella. No como pareja, pero ahí.-me dijo. Entonces empecé a llorar, Leo me abrazó.
-¿Por qué lloras?
-Porque yo siempre la odié, porque ella estaba enamorada de ti y te tiraba los tejos con total naturalidad, y nunca la traté como una amiga sino como un incordio.
-Yo también lo hubiera hecho, si un amigo tuyo te tirara los tejos descaradamente y fuera de superior intentando ser el centro de atención hubiera hecho lo mismo que tú. Ahora lo sabes, y lo has solucionado, ya no puedes hacer nada más, el destino elegirá su muerte o su vida.
-Tienes razón, no solo pintas bien sino que además eres inteligente.-le dije a Leo.
-¿Y tú qué? Aquella chica a la que la mejor amiga de su novio intenta matar y se pone a llorar porque ha sido cruel con ella.-me echo a reír, y le doy un beso.
-Tú siempre lo cuentas todo de forma que parezco una heroína.-le dije.
-Es que lo eres, una heroína, la mía. Tú eres mi heroína, rescataste mi corazón de la monotonía y le enseñaste a enamorarse, a besar a la chica de tus sueños con amor, de tratarla como una princesa.
-Eso lo aprendiste tú solito, porque eres así de genial.-nos dimos otro beso y salimos del hospital.
Íbamos caminando por la calle cogidos de la mano, hablando de todo y nada, de mucho y poco.
-Hay algo que nunca me cansaré de decirte, te quiero.-me dijo él de repente.
-Y yo. Pero no crees que no es suficiente, que a veces las personas necesitan decirse algo más, porque te quiero es tan simple, ni siquiera es difícil de pronunciar. Si hubiera que decir algo como “Doctor, anúlemelo” pues entonces habría que decir, “un respeto, que acaba de decir doctor, anúlemelo o esternocleidomastoideo”.
-Tienes razón, ¿y tú que crees que se podría hacer para demostrar amor eterno?
-Pues…-empecé a pensar.-escribir con una avioneta “Te quiero” o “Te amo” como en las películas. O subirse al Empire State de Nueva York y chillar “Yo amo a Leo Bianchi”, no sé… hay tantas formas.
-Un día te sorprenderé.-me dijo él.
-No si yo lo hago antes.-dije, subí a un taxi corriendo, detrás de mí subió Leo.
-A la calle South Wacker Drive, por favor.-le dije al taxista.
Llegamos allí y Leo supo donde lo llevaba, lo llevaba a la Torre Willis o Torre Sear, que durante 20 años fue el edificio más alto del mundo y que ahora mismo era el más alto de América.
-Eres de lo que no hay.-dijo mientras bajábamos del taxi.
-Lo sé.
Subimos al último piso, a la terraza, había bastante gente, pero no me importó, las vistas eran espléndidas y lo hice:


-Buenos días América, estoy en el edificio más alto de Chicago y de toda América y quiero decirle a Leo Bianchi que estoy enamorada de él y que me hace feliz, que me hace la mujer más feliz del mundo, que cuando me mira y me dice que me quiere, se detiene el tiempo, que nuestros besos son más románticos que los de las películas de amor y sobre todo quiero decirle a toda América, que le quiero como jamás he querido a nadie y que sería capaz de hacer 100 locuras como esta o más con tal de que me diga con esa sonrisa suya que estoy loca, y lo estoy, loca de amor, loca por él. Leo Bianchi, yo, Amelia Darío, te quiero.-dije yo chillando.
Y todo el mundo que estaba allí empezó a aplaudir, pero yo solo quería verle la cara a Leo. Estaba sonriendo, me miraba con la cara de enamorado que tenía, tierna, dulce y a la vez sexy y provocativa.
-Yo también te quiero, y voy a ser original y en vez de imitarte lo haré en otra ocasión, ya pensaré como.
-Por mí perfecto.-dije mientras él se inclinaba y me besaba.
Bajamos de ese edificio, que nunca olvidaría y continuamos nuestro paseo hacia casa. Tenía hambre y cuando llegué el pastel de carne se había reducido a menos de la mitad. Leo y yo nos lo comimos y los llamamos a todos para comernos el pastel de chocolate juntos.
Llegó toda la pandilla que había estado en la terraza bañándose en la piscina y empezamos a tomar el postre.
-¡A qué no sabéis lo que ha hecho Amelia!-dijo Leo.
-¿Hacer puenting?
-No, declarar su amor por mí en el edificio más alto de Chicago.-dijo.
-¡Qué romántica que eres!-dijeron todos.
-Lo que hizo Zack tampoco estuvo mal, cantar en el Grant Park mi canción favorita.-dijo Camila.
-¡Era el edificio más alto de América, Camila!-dijo Violeta.
-Tienes razón, pero a mí me encantó.-dijo sonriéndole a Zack.
-Un día de estos os tengo que presentar a mí novio.-nos dijo Charlotte de repente.
-¿Cómo se llama?-preguntó Camila.
-Brandon. Es pelirrojo, con los ojos verdes.-dijo ella.
-¿Guapo?-preguntó María.
-Para mí sí, pero cada uno tiene sus gustos.-dijo señalando a Zack, a Nicolas y a Leo. Me fijé en que eran muy diferentes, Leo y Zack se parecían por el carácter, pero físicamente eran muy diferentes. Zack y Nico se parecían un poco físicamente y sin embargo sus caracteres eran muy diferentes. Nico y Leo no se parecían en nada.
-Tienes razón.-le dije a Charlotte.
Zack y Nicolas se fueron y Leo los acompañó, supongo que para hablar de cosas de tíos.
María y Camila se acercaron a mí, mientras Charlotte y Violeta charlaban en la cocina.
-Tienes que leer la novela de Violeta, ya.-me dijo Camila.
-¿Por qué?-pregunté yo extrañada. Ellas pasaron de mí y encendieron el ordenador, abrieron la carpeta de “Mis documentos” y me dieron el portátil para que empezara a leer.
Empecé a leer la primera página y la verdad es que la novela era un auténtico, Camila y María me interrumpieron.
-¿Te gusta?-me preguntaron ellas.
-Mmmmh, no.-dije yo.
-¿Cómo se lo decimos?-me dijo María.
-Pues, podemos esperar a que alguien se atreva.
-Es que es aburrida hasta decir basta, es todo plano, no expresa emociones y todo pasa demasiado rápido. Muchas cosas que pasan son copias de películas. En definitiva, que es una mierda.-dijo Camila, un poquito drástica pero totalmente sincera.
-Podemos escribir una nota.-dije yo.- La dejamos por ahí y cuando la lea lo sabrá.
-No somos tantos, en seguida sabrá quien la ha escrito. Pero, se me ha ocurrido una idea.-dijo María.
Creo una cuenta de Hotmail de una escritora famosa y empezamos el plan.
-Violeta, puede que te hagas famosa, ¿Por qué no le envías un correo a algún autor famoso como por ejemplo: Stephany Mayer, la de la saga de crepúsculo
-¡Es verdad! Pero no me sé su dirección electrónica.-dijo ella.
-Me he tomado la molestia de conseguirla para ti.-dijo Camila, dándole un papelito donde estaba apuntado stephanymayerwriter@hotmail.com .
-Oh, muchas gracias, sois las mejores.-dijo ella dándonos un abrazo. Aunque sabía que se le iba a partir el corazón cuando recibiera la respuesta así era mejor.
-¿Escribes una novela?-preguntó Charlotte.
-Sí, ya la he acabado, si quieres puedes leerla, está en la carpeta “Mis documentos” y se llama Una noche en el River: 100 que nunca deberían pasar.
-La empezaré a leer cuando pueda. Chicas, tengo un problema.-dijo Charlotte.- Necesito una sala para practicar ballet, sino practico suspenderé y en el conservatorio solo puedes pedir una sala para ensayar una vez a la semana.
-Tengo una idea.-dije subiendo a la terraza.- Aquí arriba hay un trastero enorme que no usamos para nada. Lo podemos adaptar y llenarlo de espejos, con una barra para que tú puedas bailar.
-Muchas gracias.-dijo ella con una gran sonrisa.- ¿Puedo ver el sitio?
-Sí, mira, es ahí.-dije indicando una especie de caseta que había a un lado de la terraza.
-Es bastante grande.-dijo Charlotte al entrar.- Me llega para practicar.
Medimos las paredes y encargamos espejos del mismo tamaño en una de las tiendas de la ciudad. También compramos una barra en una carpintería.
-Con esto quedara genial.-dijo ella.- Pero hay que esperar a que acaben de hacer los espejos.
Entramos en casa y Leo ya había llegado, estaba sentado leyendo el periódico.
-Cariño, sé que preferirías no saber esto, pero te lo tengo que decir. Liam se ha intentado suicidar.-dijo Leo a mi lado, que leía un suceso que ocupaba una página entera del periódico.
-¿Sigue vivo?-le pregunté a Leo.
-Sí, pero es mejor que le vayas a visitar, lo han trasladado a Nueva York a un centro especial.
-Puedes leer la noticia en voz alta, yo no me veo capaz de leerla.-dijo llorando.
-Está bien.- se aclaró la garganta.- Joven de 19 años intenta suicidarse en una de las callejuelas de un pequeño pueblo de la costa norte americana, Newport. El joven se hizo un corte en las venas y con su propia sangre puso en el muro, “Amelia, siempre te amaré”. El joven se hizo cortes por todas las partes de su cuerpo como modo de tortura y ahora mismo está en Cuidados Intensivos en Nueva York.
-¡Oh, no! Pensé que lo había superado, pero tengo que ir a Nueva York a verle.-dije yo. Cogí uno de mis bolsos más grandes y metí un par de camisetas unos shorts y mi cartera.
-¿Quieres que te acompañe?-me preguntó él. Me quede en silencio pensando, no era lo mejor pero yo sola en Nueva York era algo que no es que me hiciera mucha ilusión, por otra parte podría llevar a alguna de mis amigas pero en el fondo echaría de menos a Leo y él no tenía porque entrar en la sala del hospital.
-Sí, prefiero que me acompañes.-le dije.- ¡Prepárate, no sé cuantos días estaremos allí¡
-Llámanos todas las noches, como si fuéramos tu madre.-dijo Camila mientras sacaba una masa de empanada de la nevera y empezaba a freír un poco de cebolla en una sartén.
-Os llamo a las 10.-les dije.
-Adiós.-dijeron todas, nos dieron dos besos a Leo y a mí y siguieron a su rollo como si no conocieran a Liam.
Nos fuimos en autobús hasta el aeropuerto y allí cogimos un vuelo a Nueva York.
Nos subimos en el avión y nos acomodamos en nuestros asientos.
El viaje duraba unas 3 horas y empecé a pensar en que le diría a Liam al verlo.

Capítulo 33 aquí.

lunes, 9 de julio de 2012

Capítulo 31

-No me cansaré de daros las gracias por dejarme vuestra casa.-dijo Charlotte.
-Charly, cariño, somos amigas, es nuestro deber ayudarte.-dijo Camila.
-Ya…Pero aún así creo que sois demasiado buenas.-dijo ella.- Y quiero compensároslo, ¿Por qué no me decís cuanto valdría el alquiler de una sexta parte de la casa y yo os la pago?
-Que no hace falta, pero serían…-cogí una hoja de papel y calculé más o menos cuanto podría costar, no era un precio elevado al ser entre 6 personas, pero me sabía mal hacerle pagar.
Le dije la cantidad y llegamos al acuerdo.
Oí el timbre, era Nico que traía un pastel de carne para hacer al horno.
-Hola, Nico.-dijimos dándole dos besos.
-Hola, chicas, ya os echaba de menos, ¿estamos todos, no?-preguntó.
-No, faltan Zack y Giulia, la amiga de Leo.-dijo Camila.
-Ah,¿voy metiendo esto en el horno?-preguntó.
-¿Cuánto tardará en hacerse?-pregunté yo.
-Una hora, más o menos.
-Mételo, porque es la una y media.-dijo María.
Charlotte apareció.
-Ya he metido toda la ropa en mi armario, y he adornado un poco mi habitación con mis cosas, estaba muy sosa.-dijo Charlotte.
-Antes toda la casa era sosa, ¿sabes ese espejo tan bonito del baño y las lámparas de lava de las habitaciones? Pues no estaban, tuvimos que ir decorándola.-dijo Violeta.
-Ahora es una casa preciosa.-dijo Nico.
-El día que digas algo que no sea agradable tendremos que grabarte para creérnoslo.-dije yo.
-No seas exagerada, yo puedo ser muy desagradable.-dijo él intentando no sonreír, algo imposible para él.
Todas nos echamos a reír.
-Nico, por eso eres nuestro amigo, porque eres único, muy poca gente es capaz de sonreír como tú a todas horas o de controlar algunos insultos que le gustaría chillar.-dijo María.
Oímos el timbre, era Leo, que había bajado a comprar pastel de chocolate para tomar de postre.
Le abrí y nos dimos un beso.
-Ciao,-nos saludó a todos en italiano.-La dependienta me ha dejado probar los cinco pasteles diferentes de chocolate y este estaba buenísimo.-dijo relamiéndose y señalando la cajita de cartón dorado que tenía en las manos.
-Déjalo en la cocina, cariño.-le dije.
-Sí, en la nevera, no se vaya a estropear.-la radio se encendió y sonó la canción “Clocks” de Coldplay.
-Me encanta esta canción.-dijo Violeta tatareándola.
Volvimos a oír el timbre, esta vez era Zack.
Camila le abrió la puerta y le dio un beso un poco agresivo, pero con amor.
-Te echaba de menos.-le dijo Zack.
-Y yo.-dijo Camila.
Violeta y Nicolas charlaban acerca de la película “Forrest Gump”, Leo y yo decidíamos cual era el mejor pintor del mundo, Zack y Camila se daban el lote en el balcón, y María y Charlotte hablaban de México, cuando sonó el timbre que indicaba que Giulia había llegado. Leo abrió la puerta y allí estaba ella, deslumbrante con sus largos rizos pelirrojos.
Le dio dos besos a Leo y nos saludo con un estúpido “Hola”. Se incorporó a nuestra conversación convirtiéndola en “Leo es el mejor pintor del mundo”, empezó a hablar de lo maravilloso que es Chicago, luego habló de Italia, de Calabria, su pueblo de origen y al fin Nicolas, dijo:
-El pastel de carne ya está hecho, ¡a poner la mesa!
Todos pusimos la mesa, excepto Camila y Zack que no habían salido del balcón a conocer a Giulia, ¡qué suerte tenían!
Cuando la mesa estaba puesta y lo único que se oía era la carcajada histérica de Giulia, Camila y Zack bajaron a la mesa.
Cuando Giulia vio a Camila,sus ojos pasaron a ser del color del odio en vez de verdes.
-¡Puta! Te voy a matar, y seguro que en esta cocina hay cuchillos.-dijo ella acercándose a los cajones y olvidándose de Leo.
-¿Eres la exnovia de Zack?-preguntó Leo.
-Sí, y pronto seré su novia, porque si no consigo que dejes de salir con esa mosquita muerta de Amelia, las mataré a las dos.-dijo ella sin pensar en lo que estaba diciendo.
-Cariño, tranquilízate.-dijo él, intentando que no abriera el cajón de los cuchillos.
-¡¿Por qué dejarla con vida?! Me ha quitado lo único que tenía y se merece morir.
-Giulia, lo nuestro se habría acabado de una forma u otra, no la culpes a ella.-dijo Zack.- Camila, vete, es capaz de hacerte daño.
-No la protejas, ella es la culpable de esta situación, pero si no te puedo matar a ti, la mataré a ella.-dijo señalándome a mí.
-Giulia, tranquila, escúchame, ¿Por qué no cambias de aires? Seguro que te va bien, vete a Calabria y seguro que conoces a un chico fantástico.
-No me da la gana.-dijo y consiguió empujar a Leo y coger un cuchillo.-Tú me has quitado a Leo, siempre lo quise.
-¡Pero si tú rompiste conmigo!-dijo él.
Vi como Violeta llamaba a la policía y ahora lo único que había que hacer era perder el tiempo.
-Venga, Giulia, podemos ser amigas, ¿no te gustaría tener una amiga?-le dije.
-Hace mucho que no tengo amigas, todas me fallan, se aprovechan de mí y me dejan plantadas, exactamente como todos los tíos.-dijo chillando.
-Tendrás que elegir mejor.-dije muy flojito.
-¡Basta de charla!-dijo.- Ahora tengo que acabar con esto, pero os mataré a todos, porque no puedo dejar pruebas, testigos.
-¿Y cómo vas a explicar que estuvieras en una cocina sola y de repente murieran más de 6 personas acuchilladas?
-Este cuerpo no sirve solo para ligar.-dijo señalándose a si misma.
-No todos los polis aceptan sobornos.-dije yo asqueada de lo zorra que era.
-Pero los que yo conozco sí.-dijo ella con una sonrisa.
-Giulia, las cosas no se arreglan matando a la gente, no eres la mafia italiana, eres una chica. No puedes matar a todo el mundo que te caiga mal.
-Sí que puedo, ¿quieres ver como lo hago?
-¡Las cosas no se solucionan así!-dijo Leo.- Si la matas no saldré contigo ni muerto, drogado, torturado y borracho.
Entonces empezó a llorar, se tiró al suelo y no se le veía la cara, su cascada de rizos pelirrojos se la tapaba, era una chica bipolar, eso estaba claro y estaba loca de atar.
-Yo siempre he sido la chica de la que todos los chicos se aprovechan, nunca me he enamorado y nunca nadie se ha enamorado de mí, nunca he sido feliz, sabéis, no es la primera vez que hago esto. Creo que es mejor que acabe con este sufrimiento.
-Lo podemos arreglar.-dijo Leo.- No es siempre la mejor solución la muerte.
-Pero es la más fácil.-dijo ella.
-Dame el cuchillo, vamos a arreglar todo esto.-dijo él.
-No, me voy a suicidar.-dijo ella.
-Giulia, hay gente que te quiere, Leo te quiere mucho, pero como amiga.-dije yo.
-¿En serio? Yo no lo creo, os he intentado matar, os he amenazado y aún así no vais a huir de mí y vais a dejar de quedar conmigo, yo creo que no.
Y entonces entró, al fin, la policía.
Llevaba una pistola y apuntaban a Giulia.
-No se mueva, señorita.-dijo el policía.
-¡Máteme, acabe con mi sufrimiento!-dijo levantándose.
-Señorita ,no se mueva, si quiere morir hágalo de otra forma, pero hágame caso por favor. No quiero hacerle daño.
-Por favor, máteme.-dijo ella acercándose a la pistola y llorando.
-No, no la voy a matar, aléjese y siga mis instrucciones.
-¿Tengo que amenazarle para que me mate? ¿Tengo que enseñarle el cuchillo?-dijo ella.
-Giulia, haz caso al policía, todo va a salir bien.-dijo Leo, acercándose a ella.
-No, déjame en paz, vosotros no me queréis, sois una panda de hipócritas.- Y tuve que admitir que tenía razón.
-Señor, máteme.-dijo ella.
Se acercó al policía y le acercó el cuchillo al policía, estaba a punto de clavárselo y matar al policía cuando se oyó un disparo.
Giulia cayó al suelo:
-Gracias.-susurró.- En el fondo espero que seáis felices, que tengáis mucho hijos.-y le resbaló una lágrima.
-¡Llamad a una ambulancia!-dijo Nicolas, que había cogido un trapo e intentaba que no saliera mucha sangre de el agujero que había ocasionado la bala.
Leo lloraba, estaba loca, había intentado matarnos, pero era su amiga, habían vivido muchas cosas, había sido su primer amor.
-Se pondrá bien.-dije acariciándole la espalda.
-No, Amelia, se está muriendo delante de mis propios ojos y yo no puedo hacer nada.
-El destino lo ha elegido así.
-Sabes, gracias a ella te conocí.
Una sensación de culpabilidad me llenó, había sido cruel con ella, ni siquiera la conocía bien.
-Ella me dijo, que si quería enamorarme tenía que ir a un pueblo perdido, lejano y que cuando viera a una chica y notara que ella estaba hecha para mí, le preguntara cualquier tontería y me inventara mi historia de amor. Fue una de mis mejores amigas durante mucho tiempo, juntos buscamos un pueblo americano que pareciera bonito y que estuviera en la costa, porque había muchas cosas en las que no estábamos de acuerdo, pero había una cosa que nos encantaba a los dos y era la costa, el mar, el océano.
Se acercó a ella y aunque estaba pálida y el corazón estaba a punto de dejar de latirle. Le susurró al oído:
-Giulia, siempre serás la mejor. Te echaré de menos, porque aunque estés loca, eres mi mejor amiga.-parecía que ella le había oído porque sonrío.
Y Leo le dio un beso en los labios. No me puse celosa, era su mejor amiga, había muerto, gracias a ella existía un nuestro.
Le sonreí.
-Ella tenía problemas familiares, había visto como su padre mataba a su madre, acuchillada. Era bipolar y en el fondo frágil, vivía con una familia que no era la suya, la típica familia feliz, pero no era la suya. Nunca perdonó a su padre. Él se suicidó cuando ella tenía 15 años, pero no fue a su funeral.
Por eso la comprendo, por eso no me enfadé con ella cuando te intentó matar, ella ha pasado cosas muy difíciles, si te hubiera matado me hubiera enfadado, pero en el fondo sabía que lo hacía para que le prestáramos atención.
Apareció la ambulancia, que felicitó a Nicolas por intentar parar la hemorragia.
-¿Qué carrera quieres estudiar?-le pregunto Violeta.
-Medicina, Cirugía. Pero no estética.-dijo él que se había puesto colorado.
-Perdonen, ¿puedo ir con ella en la ambulancia?-dijo Leo.
-Sí, pero solo puedes ir tú.-le contesto.
-De acuerdo.-me despedí de él con un beso y le dije adiós.
-Estaba rematadamente loca.-dijo Camila, me dolió que dijera eso, pero supe que yo habría dicho lo mismo si Leo no me hubiera contado todo aquello.
-Sí.-dijo Violeta, que no paraba de mirar a Nicolas cuando él giraba la cabeza.
-¿Todos los días son así para vosotros?-dijo Charlotte.
-Todos no, pero hay algunos que son parecidos.-dije recordando cuando ingresaron a Leo, ahora la magia no lo podía arreglar.
-Sí, aquí nunca pasan cosas normales, aquí a lo grande.-dijo María riéndose.
Todos nos reímos, tenía razón.
Nicolas se fue al balcón.
-Violeta, es ahora o nunca. ¡Tienes que seguirle!-le dije yo.
-Pero, ¿y si es gay?-preguntó ella.
-Tú ve allí e intenta ligar con él.-dijo Camila.
-Está bien.-dijo ella.
Todos observábamos lo que pasaba en el balcón, cuando Nicolas parecía que le iba a decir algo importante, se calló y siguió hablando de algún tema irrelevante. Puede que en el fondo, no fuera gay…
Cuando vimos que salían del balcón empezamos a hablar como si nada y no notaron nada, ¿o sí?

Recibí un SMS de Leo, ponía: “Te necesito aquí, princesa, ven si puedes ;)”
-Adiós chicos, voy al hospital.-les dije a todos, me despedí de todos con dos besos. Cosa que me costó unos 5 minutos.
Le envié un mensaje: “¿Nombre del hospital?”
A los pocos minutos recibí “Saint Anthony Hospital”.
Miré desde el móvil que autobús coger y llegué al Saint Anthony Hospital, donde Leo me esperaba con una noticia.

Capítulo 32 aquí.

domingo, 8 de julio de 2012

Capítulo 30

Son las 10 de la mañana y las Elegidas y Leo estamos desayunando en la cocina.
-¿Impaciente por a dónde te llevará Zack?-pregunto yo.
-No, seguro que es un sitio maravilloso.-dice con voz de enamorada.
-Algo que dijiste un día: Para las enamoradas todo es bonito.-dice María.
-Y lo es, pero eso es mejor.-dice ella.
-Seguro que se lo trabaja un montón.-dice Violeta.
-Esta en juego tu respuesta.-le digo yo.
-Le diré que sí aunque me lleve al basurero municipal.-dice ella.
-¿Cuál es vuestra canción favorita?-pregunto, recordando lo que me dijo Zack ayer.
-La mía es, sin duda, Yesterday.-dice Camila. Ya tengo lo que quiero pienso sin dejar de prestar atención a lo que dicen las demás.
-A mí me mata She loves you.-dice Violeta.
-Pues a mí me gusta Hello, Goodbye.-dice María.
-¿Y a ti?-dice Camila.
-Yo creo que, Something. Pero me gustan todas.-digo yo.
-¿Sabéis qué chicas?-dice Violeta.- Quiero tener un perro.
-¿Un perro?-dice María extrañada.
-Sí, pero no sé que raza.-dice ella.
-Una grande.-dice Camila, entusiasmada.
-Un gran danés como Scobydoo.-digo yo, riéndome.
-Ja,ja,ja, ninguna gracia, lo digo enserio.-dice poniendo cara de circunstancias.
-Está bien, ¿y uno como Milú?-pregunto yo.
-Sí, un fox-terrier tricolor. Seguro que son monísimos.-dice ella contenta.
-Ay, no os he dicho una cosa.
-¿Qué cosa?-preguntan todas alarmadas.
-Ayer conocí a una chica súper simpática.-digo yo entusiasmada.
-¿Tú por la calle que haces para conocer a tanta gente?-me pregunta Camila bromeando.
-La verdad, no lo sé.-digo yo sonriendo.
-Llámala y quedamos hoy por la tarde, vamos toda la pandilla y ella.
-Okey, ahora la llamo.-digo yo, mientras cojo el móvil.
-Hola, Charlotte. ¿Esta tarde puedes quedar y te presento a todo el grupo?-digo yo.
-Sí, con lo aburrida que estoy…-dice ella.
-Pues nada, ¿quedamos en Grant Park a las 6?-pregunto yo.
-Sí, nos vemos luego.-dice ella.
-Hasta luego.-digo yo y cuelgo.
Todas me miran.
-Es como la sustituta de Lidia, el hueco que había en las Elegidas.-dice Violeta.
-Nadie es como Lidia, es una amiga y punto, y nunca la podremos sustituir, se marchó y punto. No hay nada que hacer.
-Está bien.-dice Violeta secándose una lágrima.
-Ya pasó.-dice Camila abrazándola.- Un día la iremos a visitar, ¿vale?
-Sí.-asiente Violeta.
-Venga, anímate.-dice María.
-Voy a comprar la comida,¿vale chicas?-dice Leo dándome un beso y despidiéndose de las demás.
-Te quiero.-digo mientras se va.
Me guiña un ojo y me dice:
-Y yo, nena, yo también te quiero.-me dice con esa sonrisa tan suya.
-¿Problemas de pareja?-dicen las demás.
-¿¡Qué!? ¡No!- digo yo, son como, son… son únicas.
Llamo a Nicolas para quedar a las seis mientras me lanzan miradas. Últimamente están mucho peor que de costumbre.
-¿Puede venir?-dice Violeta.
-Violeta, estamos en verano, ¡pues claro que puede venir!
Nos sentamos en el sofá, calladas, algo raro.
-¿Música?-pregunta Camila.
-Sí.-digo yo.
Y suena la canción “Octopus’s garden” de los Beatles.
- I'd like to be under the sea, In an octopus' garden in the shade.-cantamos todas.
La mañana pasó mientras cantábamos canciones de los 60.
Llegó Leo, muy contento de la calle y recordé que tenía que enviarle un mensaje a Zack.
Le envié el mensaje y fui a la cocina con Leo.
-¿Qué ha pasado?-pregunto.
-Que me he encontrado a una amiga italiana.-dice él, con un acento italiano más marcado que de costumbre.
-¿A, sí?-digo yo un poco celosa.
-Es una chica maravillosa, aunque no más que tú.-dice sonriéndome.- Tienes que conocerla, seguro que os lleváis genial.
Pero desde ese momento supe que esa chica traería problemas.
Y por un impulso de sinceridad, le dije:
-Puede venir con nosotros al Grant Park a las 6, hemos quedado con una amiga.-digo yo.
-Sí, seguro que le hace ilusión. Llegó hace poco y no tiene muchas amigas.-dice él.
-Llámala.-le digo, me da un beso, y marca su número.
Eran las 4 y media y supe que el plan de Zack se iniciaba, me asomé al balcón y lo vi. Llevaba un micrófono y lo enchufó a unos altavoces.
Por Camila se había aprendido la canción “Yesterday” en menos de un día de memoria.
Entonces hizo la señal de que avisara a Camila.
-¡Camila, ven un momento, mira esto!-dije gritando.
Camila subió corriendo a la terraza junto a mí donde se veía perfectamente a Zack.
Se oyó un carraspeó y dijo:
-Camila, esto va por ti. Y empezó a cantar:
- Yesterday,
All my troubles seemed so far away,
Now it looks as though they're here to stay
Oh I believe in yesterday

Suddenly,
I'm not half the man I used to be
There's a shadow hanging over me
Oh yesterday came suddenly

Why she had to go
I don't know, she wouldn't say
I said something wrong
now I'm long for yesterday

Yesterday,
Love was such an easy game to play
Now I need a place to hide away
Oh I believe in yesterday
Camila bajó corriendo.
Y oyó la última parte de la canción:
Yesterday,
Love was such an easy game to play
Now I need a place to hide away
Oh I believe in yesterday

Camila estaba enfrente de él cuando cantaba ese trozo y cuando acabó, se fundieron en un beso. Esos besos tan bonitos, que solo se ven en las películas de amor, con la diferencia de que en las películas señalaban el final y aquí señalaba el principio de una gran historia.
Estaba contenta porque sabía que Camila lo había logrado, había encontrado a un chico que ocupaba su corazón, puede que no entero, pero lo ocupaba y eso era algo que ningún chico había logrado, porque lo de Pierre era más falso que las monedas de 3 euros.
Vi como se iban, seguramente al cine o a algún otro lugar típico encuentro de parejas.
Entré otra vez en casa y Leo se acercó a mí.
-Princesa,¿me permite que la pinte?-me dijo con una sonrisa radiante.
-Sería un honor.-digo, él se acerca a mí y me besa.
Él me dice como me tengo que colocar y se pasa una hora pintándome hasta que nos marchamos a conocer a Charlotte, la bailarina.

Violeta, María, Leo y yo, estamos en el parque esperando, una chica pelirroja y con una cascada de rizos, que aunque compartan pelo, no se parece en nada a Lidia, se acerca a Leo y le da dos besos.
-Esta es Giulia.-dice pronunciándolo Yulia.
-Encantada.-digo con una sonrisa hipócrita.
-¿Tú eres la novia de Leo, no? Leo me ha hablado mucho de ti.-dice sonriendo.
-¿Cuánto tiempo lleváis?-pregunta ella, ¿Qué puñetas le importa a esta cotilla?
-Un mes.-decimos a la vez.- Esperemos que muchos más.
Entonces veo llegar a Nicolas.
-Hola, Nico.-digo dándole dos besos.- Esta es Giulia, la amiga italiana de Leo.
Todas las demás saludan a Nicolas contentas de que haya venido, lo queremos mucho, es un gran amigo.
Damos un paseo en el que Giulia solo habla con Leo y le tira los tejos descaradamente con metáforas.
-¿Te sigue gustando el tiramisú o ahora tomas esas porquerías americanas?-dice, el tiramisú es ella y yo soy la porquería americana. Sólo tiene un fallo, no soy americana.
-Ahora me encantan las natillas.-dijo, supongo que refiriéndose a las típicas natillas madrileñas. Para mis adentros pensé que Leo se había defendido bien de aquella arpía.
-¿De dónde eres?-me preguntó Giulia.
-Soy de España.-le dije.
-Ah…-dijo recordando la frase de Leo.
Entonces apareció Charlotte corriendo.
-Hola a todos.-dijo con una sonrisa.- Soy Charlotte.
-Sí, Amelia nos ha dicho que os encontrasteis en la calle y que eres bailarina.
-Sé que os va a sonar muy raro pero necesito que alguien me deje su casa para vivir allí hasta que encuentre otro piso.-dijo ella de repente.
-Nosotras tenemos una habitación libre, puedes quedarte el tiempo que quieras.-dije yo.
-Muchas gracias, es que hoy me han dicho que tenía que pagar 500 euros y si no me echaban, y además me han dicho que van a subir el precio mensual y yo no me lo puedo permitir, por eso necesito una casa hasta encontrar alguna que tenga un buen precio.
-Nosotras si quieres te la damos gratis.-dijo Violeta.
-Luego hablamos de esto.-dijo Camila.- Ahora vamos a tomar algo.
-¿Tú donde vives, Giulia?-preguntó Leo.
-Cerca del ayuntamiento, muy cerca de aquí.-dijo ella, contenta de volver a ser el centro de atención.
Nos fuimos de copas por el centro de Chicago y a las tantas de la noche volvimos a nuestras casas.
A la mañana siguiente me desperté y miré hacia mi lado, por primera vez aún no se había despertado antes que yo. Me incorporé y le miré, parecía indefenso mientras dormía, era realmente guapísimo y se había enamorado de ella, Amelia, una chica normal.
Giulia era mil veces más bonita que ella y aún así ella era su novia, no Giulia.
Aunque posiblemente salieran juntos, ¿Qué chico puede ser tan solo amigo de una chica así? Le dio un beso a Leo en la mejilla dispuesta a averiguarlo en cuanto se levantara.
Eran las doce y solo estaba levantada Violeta que tenía el portátil encendido y tecleaba a toda velocidad en un documento de texto.
-¿Qué haces?-le pregunté.
-Darle los últimos retoques a mi novela.-dijo ella.
-¿Ya has acabado?-pregunté yo sorprendida.
-Sí, soy muy rápida, en una hora puedo llegar a escribir 10 páginas.-dijo orgullosa.
-¿10? Esas son muchas páginas. ¿Cuántas tiene tu novela?-pregunté yo.
-Pues, es cortita, unas 200, aunque no todos los días escribo 10 páginas.-dijo ella mientras me veía hacer una rápida regla de tres.
Oímos los pasos de María y más tarde los de Camila que no había venido a casa a dormir y venía de su cita con Zack.
-¿Hay una nueva pareja?-pregunté yo.
-Sí, pero va a ser muy duro.-dijo ella.
-¿Por qué?-preguntamos todas acercándonos a ella.
-¿Qué ha pasado?-dijo Leo, que se acababa de levantar, al vernos a todas alrededor de Camila.
-Que su novia no se lo ha tomado tan bien como esperaba Zack y por poco no me mata.-dijo ella.
-¡¿Qué?!-dijimos todos.
-Zack me quería llevar a su lugar favorito de la ciudad y como su coche estaba sin gasolina fuimos en metro. Estábamos en el metro esperando a que llegara el nuestro y de repente surge ella entre toda la multitud chillando como una loca “¡Te odio!” y “Eres un gilipollas”, “Te voy a hacer la vida imposible a ti y a tu novia”… Yo no le dije nada para que a aquella chica no le diera un ataque. Parecía que se había ido, pero cuando se oyó el ruido de un metro acercarse, surgió de la nada “Kate” que así descubrí que se llamaba y me intentó embestir para tirarme a las vías del metro. Por suerte, yo estaba cogida de Zack y cuando vino, aunque estuve a punto de caer, me ayudó a frenarla.
Os prometo que fue el peor momento de mi vida, que la ex-novia loca de mi reciente novio me intente matar, no pasa todos los días.-dijo ella, acabando de relatar su historia.
-Oh, Camila, si te llega a pasar algo…-dije yo abrazándola.
-Sí, estaríamos todas llorando y llorando y llorando aún más.-dijo Violeta acercándose.
-A Camila no la toca nadie.-dijo María.
-Si quieres yo te hago de guardaespaldas.-dijo Leo bromeando.
-Oix, sois todos monísimos.
-¿Y por qué salía Zack con alguien así?-pregunté yo.
-Porque era guapísima.-dijo ella.
Y antes de que pudiéramos preguntar nada más acerca de cómo era su ex, Violeta dijo:
-Bueno, pues ahora os tengo que decir algo muy importante.-dijo ella con una sonrisa radiante.-He acabado de escribir mi novela, y como os prometí hace unas semanas en otro lugar, muy especial para mí, os presento mi novela, titulada “Una noche en el River:100 cosas que no deberían pasar”.
El título era original, pensé para mis adentros.
-Pues ahora, os animo a que leáis mi libro y cuando acabéis me digáis si os gusta. Está en “Mis documentos”, ya sabéis.-dijo ella.
Camila y María se acercaron a la pantalla y empezaron a leer, viendo que no había más espacio, me alejé, tenía que hablar con Leo:
-Leo, acompáñame a la cocina.-dije.
-Sí, ahora voy.
Cerré la puerta de la cocina y le pregunté, sin indirectas:
-¿Tú saliste con Giulia?
-Cariño, ¿tú que crees? Es una chica guapa, agradable. Salí con ella, hace 4 años, fue mi primer amor, siempre la recordaré con cariño.
-¿Quién rompió?
-Ella, se enamoró de un tal, Roberto y me dejó. Lloré muchos días por ella, semanas se podría decir.-dijo, aunque me parecía fatal, me parecía algo muy bonito que un hombre llore por ti, no siempre es la mujer la que sufre.
-¿Te sigue gustando?-pregunté con un hilo de voz, a punto de llorar, bueno no, llorando.
-Cariño, ¿Por qué no confías en mí? ¿Crees que si me gustara otra persona saldría contigo? Además, es imposible que me guste alguien que no seas tú, porque tú eres perfecta, única y nunca encontraré a nadie como tú, y aunque me duele que no confíes en mí, me parece irresistible que pongas tanto empeño en no perder algo que llevas atado con candado.
-Es que no quiero perderte, ya lo sabes, yo soy así, cuando veo que no te pones celoso o que te vuelves amigo de tu exnovia, en vez de valorarte por tu gran confianza en mí y eso me vuelvo insegura pensando que hay una remota posibilidad de perderte.
-Quiero que tengas claro algo, nunca y lo digo enserio, nunca nos separaremos porque somos como las crêpes y el chocolate, pueden separarnos, pero nunca será lo mismo.
-Eso es lo más bonito que me han dicho nunca.-dije yo riéndome.
-Al fin, al fin oigo tu preciosa carcajada y puedo ver tu preciosa sonrisa.
Tendría que hacer un cuadro para no olvidarla nunca.-dijo él pensativo.
-Cuando quieras, pero aún tienes uno pendiente.
Y llegó, como al final de todas las discusiones, el beso de la reconciliación, el beso más dulce que existe, no porque sea el más dulce, sino porque contrasta con el ambiente negativo de una discusión.

Capítulo 31 aquí.

sábado, 7 de julio de 2012

Capítulo 29

Habíamos pasado una noche fantástica en un sitio VIP de Chicago, y todo esto solo en el segundo día en Chicago. Habíamos conocido mejor a Nicolas y a Zack, que se había hecho muy amigo de Leo, cosa que me alegraba. Eran las 3 de la madrugada y acabábamos de dejar con el coche de Zack a Nicolas en su casa, se había vuelto muy amigo de Violeta y de mí.
Ahora Zack nos dejaba en nuestra casa.
Llegamos a casa y Camila le susurró algo al oído que le hizo mucha gracia.
-Ya tenemos chófer para mañana.-dijo ella sonriendo.
-Muy bien.-dije yo, chocándole los cinco.
Todos nos fuimos a la cama y al tumbarme en la cama le di un beso a Leo y me quedé dormida.
Eran las 12 de la mañana, me levanté y miré el panorama de Chicago por la ventana. Hacía buen día. Me dirigí a la cocina.
En la cocina estaban Camila y Leo hablando de baloncesto para mi sorpresa.
-María y Violeta están duchándose en los dos baños.-dijo Camila cuando me vio.
-Genial.-dije yo adormilada.
Cogí una taza y me puse un poco de café, me sentó bien, cogí un cruasán y lo mordí. ¡Estaba riquísimo!
-Son de una pastelería cercana.-dijo Leo al ver mi cara de gusto.
-Están buenísimos.-dije yo.
Violeta apareció por la puerta y cogió un cruasán.
-Hay que empezar a organizar los muebles.-dijo ella.
-Llamaré a Zack para que nos recoja más tarde.-dijo Camila levantándose de la mesa.
Me duché, me vestí y me maquillé ligeramente.
La casa ya parecía la típica de las Elegidas, en todas las habitaciones estaban nuestras lámparas preferidas. Esas que tienen dentro como una especie de globos de colores que suben y bajan muy despacio.
Después de comer, subimos a la terraza, se veía todo Chicago, era preciosa. Nos bañamos en la piscina y mientras Leo bajaba a pintar estuvimos tomando el sol.
-¿A qué hora viene Zack?-preguntó María.
-A las 5 de la tarde.-dijo Camila.
-¿Y a dónde nos llevará?-preguntó Violeta.
-A una galería de arte.-dijo Camila.- Leo también quiere ir.
-Yo creo que no iré. Voy a comprar un espejo para el baño.-dije, ya que lo necesitábamos con urgencia.
-Sí, mi espejo de mano no da para mucho.-dijo María.
-¿Iréis con Nicolas?-pregunté.
-Sí, seguramente, le he dejado un mensaje. Es muy dulce.-dijo Camila.
-Sí, es encantador.-dijo María.
-¿A ti te gusta Zack?-preguntó Violeta, directa.
-No, ¡es un pervertido, me cae fatal!-dijo ella a la defensiva.
-¿Y por qué sigues diciéndole que venga?-preguntó confusa Violeta.
-Porqué nos debe un favor, y aunque me caiga mal, debe cumplir su promesa.
-Lo que tú digas…-dijo María.
-Es cierto, es un prepotente, chulo, malcriado.-dijo Camila y yo esperaba oír un “pero me gusta” que no dijo. Ella era así, se le había metido en la cabeza que no y aunque se muriera por sus huesos sería que no.

Cuando fueron las 5 y todos se habían ido con Zack, yo fui a la tienda de espejos dispuesta a encontrar uno perfecto para nuestro baño.
Después de mucho buscar lo encontré, era redondo y estaba adornado con un marco rojo brillante de metal y con forma de ondas. Un poco extraño, pero perfecto para nuestro baño, demasiado común para ser nuestro.
Salí de la tienda, solo tenía que andar unos 15 minutos hasta llegar de nuevo a casa. Miré el reloj, ya eran las seis. Caminaba rápidamente por la acera cuando vi a un chica, llevaba un moño alto y era delgada, no demasiado pero lo era, tenía el pelo negro y los ojos azules muy claros, y parecía tener unos 18 años. Iba muy cargada, con un montón de hojas , unas zapatillas de ballet y un traje precioso para una bailarina. Y mientras la observaba con curiosidad, vi como todo lo que llevaba se le caía. No había mucha gente por la calle, osea que cogí el montón de hojas y las zapatillas de ballet.
-Muchas gracias.-dijo ella con una sonrisa.- ¿Me podrías hacer un favor?
-Sí, claro.
-Podrías acompañarme hasta el conservatorio con todo esto, es que no creo que mi trabajo sobre la danza contemporánea llegue sano y salvo con este viento.-dijo ella.
-¡Claro, no te preocupes!-dije acomodando lo que llevaba en mis brazos.
-¿Estudias ballet, no?-pregunté.
-Sí, danza, en el conservatorio y tengo que entregar este trabajo si quiero pasar al grado superior, que sería como una carrera universitaria.-dijo con la mirada soñadora.
-Espero que entres.-la animé.
-Eso espero. Por cierto, me llamo Charlotte, encantada.-dijo ella.
-Yo me llamo Amelia.-dije esbozando una sonrisa.
-¡Qué nombre tan bonito, nunca he conocido a nadie con ese nombre!-dijo, se parecía un poco a Violeta, pero ella no era tan tímida y parecía mucho más segura.
-Yo este año empezaré la universidad.-dije cambiando de tema.
-¿Qué carrera?
-Periodismo.
-Oh, que bien. ¿Eres de Chicago?-preguntó.
-No, soy de España, aunque vivía en Newport, hasta que hace menos de una semana me mudé con mis amigas y mi novio.
-Yo hace mucho que vivo aquí, mi padre era inmigrante ilegal mexicano y mi madre nació en Chicago. Viví unos años en México y luego me vine a Chicago con 4 años. No recuerdo nada de nada.
-Osea que eres mexicana, increíble.-musité.
-Sí, mexicana.
-¿Te gusta el guacamole y esas cosas?
-Sí, me encanta el guacamole, pero no me gusta la música mexicana, me gustan los Beatles.-dijo sonriendo.- Y la música clásica para ballet.
Y entonces supe que esa chica estaba destina da a ser amiga nuestra.
-¿Me das tu teléfono, así un día podemos quedar y te presento a mis amigas y a mi novio?-le dije.
-Sí, últimamente casi no salgo, mis amigas están de veraneo o no salen de su casa de tanto practicar ballet.-dijo ella con una sonrisa.
Me dio su número y llegamos al conservatorio.
-¡Hasta luego, Charlotte!-dije dándole dos besos y todas sus cosas.- Espero que no se te caigan por el camino.
-Esperemos…¡Adiós!-dijo ella, que estaba realmente preocupada mirando el montón de hojas.
Seguí caminando y decidí coger un autobús, allí me encontré con Nicolas que volvía de la galería. Me acerqué a su asiento y le saludé.
-Hola, Nico.-le dije contenta de ver a alguien conocido.-¿Te vas a casa?
-Sí, a casita. ¿Tú también?-me preguntó.
-Sí, si quieres te puedes venir, voy a ver Sirenas, que hoy la echan en la tele y me encanta esa película.
-No puedo, tengo que preparar la cena para cuando vengan mis padres y ordenar la casa y… un montón de cosas más.-dijo mordiéndose los labios.
-Pues nada, tú te lo pierdes.-dije haciendo ademán de enfadarme.
-No te enfades.-dijo Nico preocupado.
-¿Cómo me voy a enfadar con el chico más mono del universo?-dije dándole un abrazo.
Nos soltamos y se abrieron las puertas del autobús.
-Mi parada, ¡nos vemos!-dijo él, mientras se despedía con la mano.
-Hasta pronto.-dije sonriéndole.
A los cinco minutos se abrieron las puertas de mi parada y bajé del autobús.
Entré en casa y pensé en aquella chica. Me alegraría mucho saber que algún día sería una famosa bailarina, era una chica muy simpática.
En seguida llegaron todos, y lo que creía que sería un día feliz, acabó en desastre.
Primero, subió Violeta con Leo.
-¿Y Camila y María?-pregunté yo.
-María está hablando con Zack en el portal, y Camila ha ido a comprar yogures y azúcar para hacer un bizcocho.-dijo Violeta.
Me asomé al balcón, curiosa por saber que hacían Zack y María en el portal.
En un principio, solo hablaban, pasaron cinco minutos hablando y supongo que tirándose los tejos.
Vi a Camila salir del 24h que había muy cerca de nuestra casa y justo cuando Camila cruzó el semáforo, los labios de María se acercaron a los de Zack y se besaron, con pasión, pero a simple vista sin amor. A Camila, en un principio no le gustaba Zack, pero todo el mundo sabía que sí, y María había hecho mal, muy mal. Camila al verlos, entró corriendo en el portal mientras se secaba las lágrimas.
Zack le dijo algo e intentó cogerla, pero ella sacudió la mano y se fue corriendo. Zack se quedó parado, también sabía que lo había estropeado todo.
Abrí la puerta corriendo y abracé a una Camila llorosa, deprimida y sin ganas de hablar de nada.
Nos sentamos en el sofá y le conté a Violeta que había pasado, Violeta bajó al portal dispuesta a reñir a María y a Zack.
Segunda vez que María y Camila se peleaban por un chico, en el fondo, eran parecidas; atrevidas y alocadas.
María entró por la puerta.
-Camila, lo siento mucho, no debía haberlo hecho.-dijo María.
-Ya es tarde para disculpas, hiciste mal, lo fastidiaste todo.-dijo Camila rompiendo a llorar.
María se acercó a ella.
-Por favor, vete, no quiero hablar contigo.-dijo Camila.
-Camila, tenemos que solucionarlo.
-Ahora mismo, si te acercas te meteré un guantazo osea que aléjate sino quieres una marca roja en esa carita traidora que tienes.-dijo Camila malhumorada.
María se alejó triste, pero antes de empezar a subir las escaleras se giró y dijo.
-Camila, no te enfades con Zack, él te quiere, yo simplemente quería probarle, no estoy enamorada de él, pero es guapo y quería intentarlo, tendría que haberlo pensado mejor, pero quiero que sepas que él me rechazaba, no quería nada y ese beso, fue frío, con lengua porque yo quise, pero te puedo asegurar que él no participó en ese beso.
Camila pareció alegrarse.
-¿Se ha ido Zack?-preguntó ella.
-No, está abajo, esperando a que tú quisieras hablar con él.
Camila se fue al baño, se limpió la cara, se peinó y bajó las escaleras que conducían al portal.
Allí estaba Zack, apoyado en los buzones. Seguramente en una postura irresistible para cualquier chica, y por supuesto irresistible para Camila.
-¡¿En qué pensabas cuando la besaste?! Porque yo no soy tan tonta como para creerme las mentiras que me ha dicho María para cubrirte.
-Camila, yo te quiero, y creo que no he querido nunca nadie como te quiero a ti, no de esta forma, por favor dame una oportunidad, no te arrepentirás, sal conmigo, al menos un día, vamos al cine, como una pareja y nos besamos en las oscuras salas que hay. Y si no te gusta ese beso, sino te gustaría que todos los días que saliéramos fueran así, entonces te dejaré ir, pero no puedo irme de tu vida sin haberlo intentado. No te fallaré.
Camila se puso a llorar.
-¿Te crees que yo no te quiero? Que cuando te miraba a los ojos y me perdía en ellos no tenía unas ganas terribles de besarte y decirte que te quería. Y además yo te quiero, desde que te vi en ese coche mirándome mientras te chillaba supe que eras mi hombre.
Zack se arrodilló, como si fuera a pedirle a Camila matrimonio y le dijo:
-Camila, Camila Shamhala ¿me das la oportunidad de hacerte soñar conmigo, mañana a las 5 en el cine más cercano posible?
Camila que aún lloraba se rió por la ocurrencia de Zack y se quedó impresionada por saber su apellido.
-Sí, Zack Nicholson, pero si rompes con tu novia.
-Rompí con ella la misma noche que te conocí.-dijo él.
Y juntos se dieron un abrazo, Zack quería un beso, pero Camila le puso un dedo en los labios y le dijo:
-Esta vez no lo quiero estropear, iremos despacio.
Y así empezó la historia de amor de Zack, un ricachón de Miami y Camila, una loca de Newport, esa historia que nunca se hubiera iniciado si nosotras no nos hubiéramos mudado a Chicago, a esa casa, y hubiéramos decidido dar un paseo por ese mismo camino, sino nos hubiéramos parado en esa zapatería y si ese chico, al ver a aquella chica tan guapa no hubiera decidido ir más rápido y acercarse a nosotras, manchando la ropa de Camila y provocando una ira que hiciera perseguir ese coche donde estaba el chico del que se enamoró Camila Shamhala.

-Destino.-dijo Violeta sonriendo, mientras seguramente pensaba que algún día ella pasaría por la misma historia de amor.
-Así lo llaman.-dije yo.
Zack se marchó guiñándole un ojo a Camila y nosotras subimos al piso de arriba, donde Camila le dio un gran abrazo a María olvidando su rencor y recordando lo más importante, la amistad que las unía.
Empezamos a hacer un bizcocho de yogur con extractos de nuez, nuestro fruto seco favorito y gotas de chocolate.
Y Leo metió en el horno una pizza margarita.
Me acerqué a él y le abracé, lo miré a los ojos y le di un beso. ¡Que bonito era el amor y cuanto sufrimiento conllevaba encontrarlo, lo que había llorado cuando le fui infiel a Liam por ese chico del que estaba perdidamente enamorada y que había encontrado gracias al incansable destino!

Capítulo 30 aquí.

viernes, 6 de julio de 2012

Capítulo 28


-Hemos conocido a un chico estupendo.-les dije a Camila y a María.
-¿Gay?-dijo Camila con suficiencia.
-Posiblemente.-al decir eso, oí un pequeño suspiro corto que provenía de la boca de Violeta.
-Violeta, tienes un problema.-dijo María que también se había percatado de su suspiro.
-¿Por?-dijo alarmada.
-Porque te gusta ese chico, y ese chico es gay.-dijo Camila abrazándola.
-No me gusta, me pica.
-Si te pica, ráscate.-dijo María riéndose.
-Va muy bien tener un novio cocinero.-dijo María mirándome.
-Es que yo tengo buen gusto y lo otro son tonterías.-dije riéndome.
-No nos lo restriegues.-dijo Violeta sonriendo.
-Ahora en serio, ser soltera tiene cosas buenas, podéis salir de fiesta y ligotear con quien os dé la gana, acabar a las 4 de la madrugada con alguien que no conoces en tu cama.
-Supongo, pero ya empezamos a madurar, llevamos mucha adolescencia tentando y ahora queremos un noviete.-dijo María.
-Aunque no dure mucho, aunque sepas que se terminará, aunque no te quieras casar con él, simplemente porque te gusta que te bese, que te diga que hoy estás preciosa.-prosiguió Violeta soñadora.
-¡Chicas, la comida ya está!-dijo Leo saliendo de la cocina sin la camiseta, mostrando a quien quisiera su tableta y provocando unos silbidos entre mis amigas.
-No puedes ir por la casa provocando.-dijo Camila sonriendo pícara.
-Sois malvadas.-dijo él mientras se ponía la camiseta.
-Ya ves…-dijo María.
-Hemos conocido a un chico súper amable.-dijo Violeta.
-¿Así, como se llama?-dijo Leo tranquilo, ¿y los celos que se supone que tendría que tener?
-Nicolas.-dijimos yo y Violeta.
-¿Y?-dijo Leo mirando a Violeta a los ojos.
-…¡me gusta!, ya lo he dicho.-dijo Violeta.
-Tranquila, no te vamos a matar.-dijo Camila dándole golpecitos en las espalda como si se fuera a atragantar.
-¿Ponemos música?-pregunté yo.
-Yo tengo que ir a pintar.-dijo Leo con un semblante serio. Me acerqué y le di un beso.
-Pinta, pinta mucho.-le dije al oído, cosas sin sentido que a él le gustaba que le dijera.
En cuanto se fue todas me miraron.
-¡Tienes que hablar con él!-me dijeron preocupadas.
-¿Por qué?-pregunté.
-Porque no se ha puesto celoso, ni un poco, ni siquiera ha preguntado si era guapo.-dijo María.
-Ya…-dije yo mirando el suelo.
-¿A qué esperas? Ya estás yendo a hablar con él.-me dijeron todas empujándome hacia su estudio.
-Ahora voy.-dije mientras abría la puerta de su estudio y oía como mis amigas reían poniendo la canción de los Beatles “With a little help from my friends”, les enseñé el dedo corazón y cerré la puerta.
-¿Qué pasa cariño?-dijo mirándome con preocupación. Primero lo intenté besándole, si no le apetecía algo raro pasaba. Me acerqué despacio y le besé, él se mostró receptivo y como no podíamos pasarnos 5 minutos así para ver si quería o no, decidí que eso no era.
-¿Por qué no te pones celoso por lo de Nicolas?-le dije dejando de besarle.
-Porque confío en ti.-me dijo y me sonó a miel, confiaba en mi y yo no en él, pensaba que no me quería o algo por el estilo, acostumbrada a Liam, que si le decía gracias al dependiente de alguna tienda se preocupaba por la relación.
-Lo siento.-dije rompiendo a llorar.
-¿Qué lo sientes por qué?-dijo extrañado.
-Por no confiar en ti, por pensar que pasaba algo por lo que no te pusieras celoso.-dije aún llorando, se agachó y me limpió las lágrimas con su enorme mano, como si fuera mi padre y una niña me hubiera roto y mi muñeca favorita, la diferencia es que mi padre no era tan atractivo ni tampoco me hubiera levantado la barbilla y me hubiera besado.
-Hay algo que no te he dicho.-le dije con una sonrisa melosa.
-¿El qué?-me respondió él. Me acerqué mucho a él, nuestras narices se rozaban y le dije mientras le miraba a los ojos, a esos preciosos ojos marrón oscuro que tiene:
-Te amo.
Y entonces surgió otro beso. Salí de la habitación y le dejé pintando.
-¿Arreglado?-dijeron mis amigas, que estaban espatarradas por el sofá escuchando “Yellow Submarine”, ellas compartían mi afición por los Beatles.
-Sí, Leo confía en mí.-dije, se escuchó un sonoro “Oooh, que mono” y pusimos la canción de “El secreto de las tortugas” de Maldita Nerea.
-¿Llamamos a Nicolas para quedar esta noche y así lo conocemos?-nos dijo Camila.
-Sí, Violeta, llámalo.-le dije.
-OK.-dijo ella y empezó a marcar, puso el manos libres y escuchamos los pitidos de la llamada.
-Hola.-se oyó la voz de Nicolas.
-¡Hola!-dijo Violeta.- Soy Violeta, ¿tienes plan esta noche?
-No…
-Pues podemos quedar y así conoces a toda la pandilla, ¿quedamos en el Grant Park a las 10?
-Sí, nos vemos allí.-dijo tímido.
Se oyó el pitido que indicaba que se había acabado la llamada.
-¿Qué hora es?-preguntó María.
-Las 4 de la tarde.-le respondí.
-¿Y qué hacemos hasta las 10?-preguntó Camila aburrida.
-¿Pasear?-dijo Violeta.
-Sí y si quieres nos tomamos un helado de nueces de macadamia como las desesperadas o no, mejor, vamos a GAES a revisar el oído como los viejecitos.-dijo Camila sarcástica.

Y pese a todo, salimos de paseo y empezó a llover.
-Es que lo venía venir, hoy no había que pasear.-dijo Camila.
-Cállate un poco.-nos sentamos en la acera esperando al autobús y entonces como en las películas un coche pasó a toda velocidad y nos manchó a todas.
A todas, y nadie, y digo nadie, mancha a Camila.
-Será imbécil el tío ese.-dijo Camila echando a correr calle abajo.
-¿Qué hacemos?-dijo María mirando a Camila correr.
-Perseguirla, aún la perderemos y tendremos un problema.-dije yo echando a correr.
El coche que perseguía Camila se paró, por suerte para ella y salió un chico alto, rubio y con los ojos azules, perfecto para Camila, si no le hubiera manchado de arriba abajo.
-¿Tú quien te crees que eres? Un macarra que pasa a toda velocidad y ni siquiera se disculpa.-dijo Camila enfurecida.
El chico parecía divertido y simplemente la miraba, a los ojos y muy profundamente.
-¿Me vas a responder o es que eres mudo?-dijo Camila, perdiendo los cabales. Me acerqué a ella y le dije que se relajase.
-Imagínate que es mudo, no queremos que se sienta mal.-le susurré.
-Sí queremos.-dijo Camila con una mirada terrorífica de asesina.
-Tranquilízate.
-No, ahora tengo que hablar con él.-dijo Camila acercándose a él, demasiado cerca de él.
-Escúchame, ahora mismo nos vas a acompañar a todas mis amigas y a mí y nos vas a comprar un precioso vestido de fiesta, después de eso, nos vas a acompañar en tu coche, a donde te digamos y te vas a quedar de guardaespaldas y chofer, ¿entendido?
Cuando creíamos que no iba a responder, dijo:
-Sí, entendido.- Abrió la puerta trasera del coche y nos dejó pasar a todas menos a Camila, a la que le abrió la puerta delantera.
-Bien, a lo mejor te doblo el sueldo.-dijo Camila, que se había empezado a relajar y ahora, incluso sonreía.
-¿Tú no eres muy hablador, no?-le dije yo.
-Bueno, tengo mis momentos, pero no creo que a mi novia le haga gracia que no la acompañe a ella de compras y sí a 4 completas desconocidas.-Todas nos quedamos sorprendidas al oír su voz, era preciosa, profunda y grave, muy armónica.
-¿Eres cantante?-dijo María.
-Era, ahora solo soy aficionado.-dijo él.
-Pues deberías hacerte profesional porque tienes una voz preciosa.-dijo Violeta.
-Muchas gracias, ¿cómo os llamáis?
-Yo soy Amelia, la loca es Camila, Violeta es la rubita dulce y María la morena de los ojos verdes.
-Ah,¿y tú que eres?-me preguntó.
-La afortunada con novio.-dijo Camila.
-¿Sois nuevas en Chicago?-preguntó el chico.
-No, nacimos todas aquí. En una de las calles que dan al Grant Park.
-¡Qué suerte! Yo vine aquí hace dos años para estudiar en la universidad de Chicago.
-¿Cómo te llamas?-preguntó María.
-Yo me llamo Zack.
-¿Cómo Zack Efron? ¡Qué guay!-dijo Violeta, profunda admiradora de Zack Efron.
-Sí, como Zack Efron.-dijo él.- Aquí está Prada, ¿os vale?
-Bueno, podría ser peor.-dijo Camila, con un gesto de desprecio. Yo y seguramente todas pensábamos “¡Ha dicho Prada!”.
Bajamos del coche, un precioso descapotable, eso no lo había dicho y entramos en Prada por primera vez en la vida.
Nos compramos unos vestidos preciosos y carísimos y él ni se inmutó, aunque yo me fijé en como miraba a Camila y creo que sentía algo por ella.
-Son las 8, ¿a dónde queréis ir?-dijo él.
-La pregunta es ¿a dónde irías tú?-dijo Camila, que no sabía a donde ir.
-Pues, creo que iría a mi casa, a ducharme y a tirar unas canastas.-dijo él, con una sonrisita.
-Pues entonces, iremos a tu casa, y jugaremos a baloncesto, luego te irás a duchar y nos llevaras otra vez al centro de la ciudad.
-Está bien.-dijo mientras conducía hacia las afueras.
Cuando llegamos a su casa, nos quedamos impresionadas. Era enorme, tenía un jardín gigantesco, una cancha de baloncesto y una casa enorme en medio de todo aquello.
Nos dejó unas camisetas suyas para cambiarnos y poder jugar a baloncesto y nos dirigimos a la cancha.
-Este es el trato, si ganamos nosotras nos llevas a un sitio VIP a tomar algo y si ganas tú…-dijo Camila esperando que él prosiguiera-.
-Si gano yo…-se quedó pensativo y sonrió- Si gano yo, me devolveréis los vestidos de Prada.
Todas pusimos cara de circunstancias, pero a Violeta se le ocurrió una idea algo malvada para una mente como la suya.
-Es injusto 4 contra 1.-dijo Violeta intentando parecer buena- Yo jugaré con él, así seremos 3 contra 2.-dijo sonriendo.
-De acuerdo.-dijo Camila.- Aún así vamos a ganar.
Sus miradas se encontraron, parecía como si quisieran esconder su amor, sus ojos decían que era una mirada desafiante, pero su corazón decía que era una mirada de amor.
-¡Qué empiece el partido!-dijo él.
Al principio íbamos perdiendo, pero llego el momento final y Violeta empezó a utilizar su gran plan, por los vestidos de Prada.
Empezó a jugar como si fuera de nuestro equipo, metía canastas donde no tocaba y cuando Zack la reñía se ponía a gimotear.
Al final ganamos nosotras, haciendo trampas, pero ganamos.
-Sois unas tramposas.-dijo él con una sonrisita.
-No dijiste nada de que no se pudieran hacer trampas.-dijo Camila, mirándole con picardía.
-¿A dónde nos llevarás?-pregunté yo.
-A un sitio que hay cerca del parque Harrison.-dijo él.
-Bien, pues nos vestimos, llamamos a Nicolas y a Leo. Y quedamos a las 10 en el Harrison Park.
Subimos a vestirnos y juraría que mientras nos vestíamos nos miraba por la ventana. Camila se percató y, en ropa interior, miró por la ventana.
Y allí estaba él.
-¡Eres un pervertido!-dijo ella, chillando. Él sonreía, simplemente sonreía.
-Voy a bajar a hablar con ese mindundi.-dijo ella.
Nos asomamos a escuchar lo que decían, ella estaba muy cerca hablándole enfadada.
-Nos debes otra, Nicholson.
-¿Cómo sabes que me apellido Nicholson?
-Lo pone en el buzón, tampoco es muy difícil.
-Estabas deseando que mirara por esa ventana.-dijo él, con una sonrisa.
-Eso no es cierto.-dijo ella, más enfadada aún, pero acercándose a él.
Entonces sus bocas se unieron y parecía perfecto, pero Camila se alejó y le día una bofetada.
Fue increíble, nunca la había visto pegarle a un chico, mentira, la había visto varias veces, pero parecía increíble.
Subió muy digna mientras gritaba “y no lo vuelvas a hacer”.
Nos acabamos de vestir, con las cortinas corridas y bajamos. Él llevaba un traje, muy bonito.
Llamé a Leo y a Nicolas para avisarlos de donde habíamos acabado y de que fueran elegantes.
Y estuvimos escuchando, evidentemente y gracias a la presión de Camila, “Heres comes the sun” de los Beatles hasta llegar al parque Harrison.
Un parque del cual me encantaba su nombre, por ya sabéis que…
Si no lo sabéis es que no os gustan los Beatles osea que os haré el vacío y seguiré mirando el paisaje de Chicago.

Capítulo 29 aquí.

jueves, 5 de julio de 2012

Capítulo 27

Estábamos en el avión y tan solo faltaba media hora para aterrizar. Mis amigas estaban detrás hablando de si los chicos serían igual en Chicago que en Newport.
Me alegraba tener a Leo a mi lado, lo miré, me acerqué a él y le besé.
¡Cuánta suerte tenía! Millones de mujeres de más de 30 años buscando al amor de su vida y yo con tan sólo 18 años ya lo había encontrado.
Empecé a ver aquella gran ciudad a la que habíamos decidido mudarnos.
-Ya llegamos.-murmuró Leo.
Tras esperar un rato, oí la señal que avisaba a los pasajeros para que se abrocharan el cinturón.
Bajamos del avión, eran las 2 del mediodía, habíamos comprado comida en el vuelo y simplemente nos dirigimos a nuestra nueva casa donde nos esperaba el anterior dueño para darnos las llaves y acabar de firmar el contrato.
-Buenos días.-dijimos todos.
-Buenos días, aquí tenéis las llaves del portal, del piso, del garaje y del tejado.
-Muchas gracias.-dijo Camila mientras le cogía las llaves de la mano.
El piso era un dúplex de dos plantas con terraza y piscina, en el centro de Chicago, cerca de un parque.
El dúplex estaba en los dos últimos pisos, era el número 7, y era el edificio 7, mi número de la suerte.
En la primera planta estaban las zonas, llamémoslas comunes, la cocina, el baño principal, la sala de estar y una habitación que utilizaríamos como estudio de pintura de Leo.
Todas las habitaciones eran enormes, había muy pocos muebles, un sofá, una televisión, una estantería vacía, una nevera y un congelador, una bañera, un váter… y demás muebles básicos. Pese a ser muy iluminoso y bonito era muy soso, quedaba el toque personal que cada persona ponía en su piso.
-¿El camión traerá tus cuadros?-pregunté.
-Sí, todos, los más bonitos, si os parece bien, los colgaré.-dijo él.
-Sí, ahora hay que ir a comprar algo de comida.-dijo Camila.
-Voy yo.-dijo Leo.
-Yo tengo que ir en función de mujer, porque a saber que champús compra.-dijo Violeta.
-Antes de que os vayáis tenemos que elegir habitación.-dije señalando la planta superior.
-¿Cuántas habitaciones hay arriba?-preguntó María.
-Creo que 5, pero hay una un que puede ser la de invitados.-dije yo.- Leo y yo dormiremos en la más grande.
-Está bien.-dijo Camila, subimos a la planta de arriba, donde había unas cómodas pero sosas camas, con unas sabanas blancas.
-Creo que tendremos que decorarlas un poco.-dijo Camila mirando con repugnancia la habitación que había escogido.
-Sí, será lo mejor.-dijo Violeta.- Mientras vamos a comprar lo mejor es que empecéis a guardar la ropa.
-Sí.-dijimos todas y Violeta y Leo desaparecieron escaleras abajo.
-He roto con Dino, no se viene a Chicago y no me gustan las relaciones a distancia.-dijo María.
-Es una pena, hacíais buena pareja.-dijo yo.
-Sabéis, chicas, me he propuesto enamorarme.-dijo Camila.
-Eso no va a funcionar.-dijo María.- Esas cosas pasan solas, no puedes controlarlas.
-Conoceré chicos, saldré todas las noches, alguien especial habrá.-dijo ella.
-Pues yo te acompaño, no puedo perder nada.-dijo María sonriendo.
-Tienes mucha suerte.-me dijo Camila, que parecía que por primera vez en su vida hablaba en serio.- Como me gustaría saber, que cada mañana hay alguien deseando besarme, pensando en mí… Tienes mucha suerte.
-Completamente de acuerdo con Camila.-dijo María.
-Algún día encontraréis a alguien, que esté hecho para vosotras, alguien con el que no puedas imaginarte la vida sin él. Lo encontraréis.
-Eso espero.-suspiró Camila.
-Bueno, empecemos a sacar la ropa de la maleta, ¿a qué hora llega el camión?-dije yo.
-Creo que a las ocho. Y tendremos que subir todos los muebles.-dijo Camila.
-No, han contratado una grúa.-dijo María.
-Menos mal, porque en el ascensor no caben.

Llegaron Leo y Violeta, más tarde el camión y poco a poco la casa iba pareciendo más nuestra. Leo había colocado sus cuadros favoritos y el que me hizo a mí, en nuestra habitación.
Me asomé al balcón, Chicago no parecía ni de lejos una ciudad aburrida, al contrario, parecía que miles de aventuras te esperaban allí abajo, y no sabía cuanta razón tenía.

-¿Qué hay de comer?-interrumpió mis pensamientos María.
-No lo sé, pregúntaselo a Violeta o a Leo.
-Hay raviolis, en honor a que nuestra querida Amelia se ha enamorado de un italiano.-dijo Camila detrás de nosotras.
-¿Saldréis esta noche?-pregunté mirando a María y a Camila.
-¿Estás loca? ¿Para quedarnos dormidas a la 1 de la madrugada? No, Camila y María lo hacen todo a lo grande, o noche en vela o no hay fiesta.-dijo Camila, exaltada.
Me senté en el sofá con ellas y entonces apareció Leo, que nos llamaba a comer.
-Este es un momento importante para Leo.-dijo Camila mientras se sentaba a la mesa.
-¿Por?-dijimos todos.
-Porque si están malos,-dijo señalando los raviolis.- Habrá defraudado a toda Italia como cocinero.¿Algo que añadir Leo?
-Sí, ¡Buen provecho!-dijo Leo y nos comimos aquellos deliciosos raviolis.

Al día siguiente teníamos que ir a la universidad a entregar algunos papeles y a confirmar el ingreso en la importante universidad DePaul.
-Yo te acompaño si quieres.-me dijo Violeta.
-Sí, así no serán tan aburridos esos 30 minutos en autobús.-dije yo.
-A lo mejor nos pasa algo emocionante.-dijo ella.
-Violeta, sólo vamos a la universidad a entregar unos papeles, no a la NASA a investigar el origen de Marte.
-Gracias por lo ánimos.-dijo ella.
-Creo que es mejor que nos vayamos a dormir, vosotros tenéis que ir al centro comercial a comprar sábanas decentes y una mosquitera.-dije yo.
-Buenas noches.-dijeron todas a coro y nos fuimos metiendo en nuestras respectivas habitaciones. Leo se acercó a mí, me cogió de la cintura y me dio un beso en los labios.
-Hay algo que no sé de ti.-le dije.
-¿El qué?
-Tú apellido.
-Es italiano, osea que te dará gracia.
-No me reiré, yo te diré el mío.
-¿A la vez?-dijo él.
-Está bien.
-Leo Bianchi.-dice él, que lo pronunciaba Bianqui.
-Amelia Darío.-digo yo.
-¿Darío como el poeta?-dice él.
-¿Bianchi como el entrenador?-dije yo.
-Sí.-dijimos a la vez.
-Me gusta tu apellido.-dije.
-Y a mí el tuyo.-me dijo.
-Ahora ya lo sé todo sobre ti.-dije, me tumbé en la cama y dí unas palmaditas en la cama para que se tumbara conmigo. Leo se tumbó junto a mí y me dijo mirándome muy flojito algo que nunca se había atrevido a decirme, algo que aunque últimamente se dice mucho, nunca es con ese sentimiento, con ese amor y mucho más que recorre tus venas cuando te lo dicen, esa sonrisa nerviosa que surge.
-Te amo.-me susurra, y no hace falta que lo diga más alto porque yo, sonriente le beso y los besos continúan hasta que la ropa se hace invisible y poco a poco hacemos el amor. Algo infinito, valioso y sobre todo mágico y romántico.

La luz que se filtra por la cortina de la ventana me despierta, ya no tengo sueño, me levanto y busco un beso de Leo que no llega, porque no está, ya se ha despertado, la puerta esta entreabierta. Me levanto, quiero un beso de buenos días, ese beso que solo consigues si vives con tu novio.
Voy dando tumbos por la casa hasta llegar al baño, me cepillo los dientes, me ducho y vuelvo a mi habitación a vestirse.
Cuando llego a la cocina, lo veo levantado, sin camiseta untando mantequilla en una tostada y esperando a que la cafetera haga el café.
Sigilosamente, me acerco y le tapo los ojos.
-¿Quién soy?-le pregunto.
-¿Mi princesa?
-Puede ser, ¿quién es tu princesa?-digo con una sonrisa.
-Amelia, Amelia Darío.- suavemente quito las manos y le doy un beso.
-¿Cómo lo has sabido?-le pregunto.
-Por tus manos, son suaves y delicadas.
-Como las de cualquier chica.
-No, no como las de cualquiera.
Desayunamos juntos hasta que al fin las Elegidas se levantan.
-¿Os habéis quedado pegadas a las sábanas o algo por el estilo?-digo yo.
-Con este calor, sería posible.-dice María mientras se abanica con las manos.
-Violeta, vístete rápido, que tenemos que ir a la universidad, antes de que se haga tarde.-le digo.
-Desayuno un poco y me visto.-dice mientras coge una de mis tostadas y se va cantando “We found love” de Rihanna.
-Acordaos de comprar las sábanas y la mosquitera.-digo yo.
-Sí, también vamos a comprar unas hamacas para la terraza.
-Seguro que quedan genial.-digo, oigo a Violeta bajando las escaleras y le doy un beso a Leo.
-Adiós, nos vemos luego.
Violeta y yo nos vamos hacia la universidad sin problemas, llegamos y entregamos los papeles.
-Muy bien, las clases empiezan en septiembre, hasta luego.-dice la secretaria.
-Adiós, encantadas.
Violeta y yo nos dirigimos al autobús y cuando yo subo el escalón, resbalo por culpa de mis sandalias de cuero y caigo al suelo con brusquedad.
Un chico, posiblemente universitario, me levanta del suelo y me mira.
Tiene el pelo castaño, los ojos de color verde y una mirada dulce y preocupada.
-¿Estás bien?-dice con un hilo de voz, producido por la vergüenza.
-Mentiría si dijera que sí.-digo tocándome el culo, me duele.
El chico me ayuda a sentarme en uno de los muchos sitios libres del autobús.
-¿Cómo te llamas?-le pregunté con una sonrisa.
-Nicolas, encantado.-me respondió con una tímida sonrisa, me caía bien, llevaba una bufanda y unas gafas de pasta, pero tras esas gafas se veía a un chico guapísimo. ¡Qué pena que fuera gay! O al menos lo parecía…
-¿Quieres venir con Violeta y conmigo a tomar algo?-le dije.
-No sé, no quiero molestar.-dijo poniéndose rojo.
-Te acabamos de invitar, no molestas.-le dice Violeta, sonriéndole.
-Está bien, ¿A dónde?
-Pues, la verdad es que no somos de aquí.
-Yo tampoco.-murmura.
-¿De dónde eres?
-De un pequeño pueblo de Oklahoma, Stratford.
-Ah, nosotras venimos de Newport, en la costa norte.
-Debe ser muy bonito.
-No, es el típico pueblo aburrido estadounidense, nada del otro mundo.
-Pues, igual que el mío.
-¿Bajamos aquí?-dice Violeta indicando el centro de la ciudad.
-Sí, parece que hay un par de bares.-dije yo.
Bajamos en esa parada y nos sentamos en un bar, con un cierto parecido al “River”.
Pedimos 3 cervezas y empezamos a hablar. Nicolas era cada vez más agradable y más sociable.
-¿Podremos quedar otro día?-dije yo mientras me levantaba de la mesa.
-Cuando queráis, yo estoy muy solo en Chicago.
-Tranquilo, que tenemos unas amigas que no te dejaran tranquilo.
-¿Cuántos habéis venido?-pregunta.
-Pues, nosotras dos, 2 amigas más y- cuando dice eso ve como la mirada de Nicolas se vuelve más triste, pero no le da importancia.- Y el novio de Amelia.
-Estáis muy bien acompañadas.-dice Nicolas.
-Sí, un día te las presentamos.-dice Violeta.
-¿Nos das tu número para llamarte?-digo yo.
-Sí.-y empezó a dictar su número.
-¡Hasta pronto, Nicolas!-gritamos Violeta y yo desde la otra acera mientras movemos la mano.

Lo que no saben, es que ese chico del que se acaban de despedir, se acaba de enamorar y no cree que lo que ha sentido sea algo pasajero. Nicolas, Nicolas Williams, excelente alumno y mejor persona, muy querido en su pequeño pueblo, se ha enamorado.

Capítulo 28 aquí.